sábado, febrero 21, 2009

Exorcismos estéticos

Hay un momento en tu vida en el que te lo tienes que plantear. Las cosas no son eternas y menos la piel. Llevaba un tiempo que me veía y notaba cierto envejecimiento y realmente no se trata de una frivolidad o una dependencia del físico para ser aceptada, pero también es importante sentirse guapa, atractiva. Lo que quería era algunos retoques. De algún modo una operación estética es un exorcismo al revés. En el exorcismo se lucha porque un espíritu abandone un cuerpo invadido, en esto se pide a un cuerpo que abandone un espíritu. Mi espíritu es joven, mi cuerpo ya no tanto, había que exorcizar a ese cuerpo, alejarlo de ese espíritu. Consulté varias clínicas, me asesoré con detenimiento y decidí. Con un especialista revisamos cuales serían los toques necesarios y precisos para mejorarme. Era poca cosa, una solución a tiempo y me operé.

Ahora me miro en el espejo y veo, veo y ya no soy yo. Unos simples retoques, elevar levemente la nariz, engordar ligeramente el grosor de mis labios,remarcar los pómulos y de repente el espejo, insaciable y cruel, por una jugada impensable, me devuelve el rostro exacto de la Tía Sara. Siempre fui tan parecida a los Pascual. Siempre la frase:"igualita que su madre" y claro, mi madre siempre guardo ese parecido lejano y cercano que tienen los hermanos con Sara, la temible y terrible tia Sara. Estos retoques, estas leves variaciones en mi genética ahora me dan ese rostro que tanto detestamos mis primos y yo. La solterona amargada, la cruel y dura Sara. Aquellos veranos en la finca de mis abuelos marcados por sus gestos, por sus jugadas de mujer diabólica, por sus trampas a un montón de niños liberados en el campo los dias de calor y vacaciones. Si algo marcó nuestras infancias fue la Tia Sara, la mujer que odiaba a cualquier ser humano, pero mas si tenía menos de doce años. Y ahora ese espejo me devuelve esa cara, la misma cara, esa mirada profunda y dolida, cargada de dolor. Me miro y veo a Sara y siento la distancia y vuelvo a ser esa niña mirada por Sara, que me mira desde ahí, desde ese espejo. Es Sara, soy Sara. Me miro en el espejo de la habitación y oigo a mis hijos jugando al otro lado de la puerta, con esos amigos que han invitado a pasar hoy el dia en casa, y les escucho haciendo ruido y me miro y no quiero salir y que vean a la tia Sara, no quiero que sientan el temor de ver a la temible Sara, y ahora golpean la puerta con un balón y Sara que me mira desde el espejo y sigo sintiendo el dolor de ver a Sara de frente, mirándote con desprecio, ese desprecio que se siente a lo que no se puede evitar, la niñez, y otro balonazo en la puerta y mi hijo que grita gol y giro y abro la puerta y los niños me miran y entonces soy Sara, ha vuelto Sara y se lo que sienten los niños, el temor y el dolor, se que a partir de ese instante soy esa cara, ya da igual, ya no soy yo, ya soy Sara y ellos lentamente, también lo comprenderán

1 comentarios:

Anónimo dijo...

"Cada minuto que pasa es una oportunidad para cambiarlo todo". Sería el instante de oro para que Sara saliera a darles calor y dulzura a sus hijos.


CL

Barra de video

Loading...

Mi lista de blogs

Afuera

Recent Posts