martes, mayo 08, 2018

El navegante

 La idea del troll. De hecho pienso que puede ser el personaje central. ¿Quién es un troll? Igual
Todos somos el troll de alguien, de algo. No me gusta la palabra. No sé si engloba bien al personaje. Me gusta la idea de frustración y tristeza que hay detrás de ese navegante de redes en busca de bronca e indignación. El navegante, quizá esa palabra me guste más. Porque hay algo de la soledad en la que habitamos mientras navegamos. En esa reflexión contra lo abstracto, en esa rabia contra lo otro. Es una rabia solitaria, es nuestro dolor proyectado hacia afuera para que te vuelva. El troll en el fondo está cabreado consigo mismo. También es el habitante del silencio, es el ruido que no deja salir el poderoso silencio que todo lo gobierna. El navegante como naufrago. El troll es un náufrago. Navega a la deriva.

lunes, enero 29, 2018

La mesa redonda. El círculo de silencio

 Es un círculo, aún sin definir de cuantos personajes, pero en cierta manera tiene la forma de una mesa redonda. El centro de la mesa es el silencio, que es la trama, lo afecta a todos los que rodean el círculo. El centro de la mesa, que es el silencio, está por definirse si personificarlo o si dejarlo en esa abstracción/concreción que gobierna la vida de todos los que rodean el círculo.

Silencio

No amanece igual en todas las casas, eso lo sabemos. Hay casas con ventanas donde la mínima luz del arranque del día ya da algo de visibilidad y hay casas donde apenas entra la luz hasta el mediodía. Hasta la luz natural nos divide según nuestros ventanas y la posición de nuestra casa. También hay casas sumidas en el silencio y casas donde casi no hay. Hay barrios donde los coches empiezan a arrancar pronto y el ruido del principio del tráfico ya se escucha desde temprano y hay otras casas donde no hay ruido hasta mucho más tarde, a veces no hay ruido en todo el día. También es cierto que no siempre el silencio sea de verdad el silencio, el silencio que importa, el silencio que nos gobierna, el silencio que transcurre en el fondo de la vida. Hay casas que amanecen, pues, con luz y con silencio. Con un silencio suave, roto por el sonido del locutor en la vieja radio. Alguien se prepara un café mientras escucha la emisora de siempre. Se oye la voz de ese locutor que cuenta, que habla, que narra, pero en realidad hay mucho silencio. Suena la cafetera y entran los spots publicitarios, compañias de seguros que te ofrecen los valores de la amistad, bancos que hablan de sueños y facilidades, coches que te prometen el horizonte y alguna ong gubernamental concienciando sobre dramas. El café ya está fuera y la mujer se sirve lentamente. A veces echa de menos fumar, esa otra forma de silencio, pero lo evita con destreza. La casa está quieta, lleva años quieta. Sus hijas a esa hora estarán metidas en ritmos distintos, vistiendo niños para llegar a tiempo al colegio, viviendo los años del no silencio, porque ese silencio sólo suena cuando ya todo se ha ido parando, como las máquinas. Piensa en su no silencio y el silencio del que no hablan. Porque también hay silencio con las hijas, porque todo en verdad es el silencio. Sobre todo es el silencio lo que importa. Y no lo piensa como metáfora, como cosa mística, lo piensa con pragmatismo: es lo que no se escucha lo que de verdad gobierna nuestra vida. Suena el aviso de la hora, sube la intensidad de la luz natural, el sol parece ya de primavera. La casa sigue vacía, el marido duerme, sumido en el silencio roto por ronquidos soberbios. En el salón quieto, allí entra más luz, las ventanas son amplias y la suave luz del arranque entra soberbia. Ya empieza el día, ya se acaba el silencio, el silencio visible, porque el silencio invisible también despierta de buena mañana.

lunes, enero 08, 2018

Autobiografía

Me metí en el despacho (aunque en realidad no tengo despacho) y me senté a escribir (en realidad no soy escritor). Estaba decidido a abordar mi autobiografía, a escribir mi vida, pero lo cierto es que ni siquiera sabía qué era mi vida. Entonces tecleé a ritmo constante. La manera en que tecleaba se asemejaba más a llevar un ritmo que a escribir. Se podría decir que no estaba escribiendo mi autobiografía, la estaba tocando. En realidad no me interesaba mi vida, mi propia visión de mi propia vida. A quién le puede interesar la propia visión de la propia vida de alguien. Así que como todo autobiografista me interesé por la vida no mia, sino de la invención en la que convertimos nuestras propias vidas. Entonces tecleé a buen ritmo para abrir las habitaciones donde habitan esos personajes inventados que habitan la invención de mi vida. Fue a ellos a quienes les pregunté sobre mi autobiografía. ¡Contadme! Les supliqué. Casi todos permanecieron callados al principio. Alguno sonrió burlonamente, otro tosió, como tosemos cuando queremos obviar un compromiso. Ninguno de aquellos seres se animó y lo intenté por segunda vez: ¡Contadme! ¿Qué es mi vida? No hubo reacción. Los seres imaginarios no querían escribir mi autobiografía porque en cierta manera era desvelar su identidad invisible. Me indignó su cobardía y entonces descubrí la mía. Temian implicarse, temian meter la pata, temian consecuencias, temian el conflicto. ¡Hablad, maldita sea! Alguno volvió a toser, alguno se giró renunciando definitivamente a hablar y en alguno vi indicios de empezar a hacerlo. Seguí sin escuchar nada. Supe entonces que tenían miedo a parecer ignorantes, a no saberse expresar. Tenian miedos. Los personajes inventados de mi propia autobiografia no hablaban, no se animaban a dictarme mi propia vida porque no querían revelar o descubrir. Como si ese entramado que formabamos ellos y yo se desvaneciera en el momento en el que nos contaramos quienes eramos. ¡Hablad! Grité. ¡Hablad! existís porque yo os he creado. ¡Hablad! Y alguno dio un paso adelante. Supe que vendrían ya las grandes reveleaciones. Arrancaba así mi autobiografía.

viernes, octubre 06, 2017

Más personajes para la idea

Hay dos ideas para personajes de la idea que me atraen mucho.

1- El quijotesco de la transición.  Es una caricatura, una hipérbole, una exageración o quizá no. Me viene ese personaje que ha renacido con furor estos días. Ese tipo sin ninguna cultura democrática, extremo, brutal, bestial, pero que en su discurso está defendiendo permanentemente la democracia. No es demócrata, pero se cree que representa la democracia. Es un demócrata quijotesco. Es un delirio de loa democracia. Es un quijote de la democracia, la defiende con furor y demencia, sin saber que representa exactamente lo contrario. El espectador asiste a su delirio. "¡Es la democracia!" Grita, cuando todos vemos que son molinos.

2- La idea de un personaje que nunca hable. El silencio absoluto.

El Silencio en la idea

El silencio. Ayer J me habló del silencio. De articular la idea sobre el silencio. Es curioso, porque a raíz de los acontecimientos de violencia en Cataluña el domingo recordé esa fragmento de Pedro Paramo sobre el silencio y el silencio y lo silente es algo en lo que he pensado mucho cuando pienso en la idea. El Silencio es un fantasma. A veces dice cosas el silencio, a veces oculta otras. Y cuando oculta cosas, a veces, oculta el horror. Estamos presenciando el principio de un gran silencio que oculta cosas feas. También estamos descubriendo lo silencioso que es el poder real, como silentemente nos dirige. España es un país en el que el poder es absolutamente silencioso. El Presidente es un tipo que vive en el silencio. Su estrategia política es el permanente silencio y es una estrategia con la que supera las más graves crisis. Silencia las crisis, las va dejando en silencio, las va haciendo desaparecer del ruido y las sume en un profundisimo silencio y sólo usa el silencio, porque el silencio lo gobierna todo. Los tipos más influyentes de este país no hablan: viven en silencio. Ni siquiera sabemos muy bien quienes son porque viven en silencio. Cuando volví aquí como emigrante retornado, después de años complicados en el exterior, mi abuelo sólo me dió un consejo para sobrevivir en este país: "Pasa desaparecibido". Lo que traducido significa: permanece en silencio. Mi abuelo habitaba en el silencio. El silencio es la mejor manera de parecer educado e incluso más culto de lo que eres. Salirte del silencio te compromete y comprometerte en un lugar donde impera el silencio es ser mirado con temor, porque estás rompiendo el silencio, ese silencio atroz. Sólo habla si es para no alterar el silencio, habla si dices lo mismo que si quedaras en silencio, habla si es para darle la razón al silencio. El silencio es un fantasma. La idea debería ir articulada en ese silencio, en esa fuerza poderosa de ese silencio. Es como al aire, no se ve, ni siquiera piensas en él, pero está ahí, lo necesitas para vivir, es lo que te mantiene con vida. Los intelectuales de este país lo son por su silencio, los periodicos sobreviven por su silencio, a las personas nos va bien o mal por el silencio. Quien mejor se maneje en el silencio, mejor habitará. Porque nadie te enseña a sobrevivir en el silencio, tienes que aprenderlo. La idea arranca con esa primera escena que define perfectamente ese silencio. Una casa con poca luz, está amaneciendo, es la hora de silencio. Suena a poco volumen la emisora que habla de actualidad, desde el silencio. Las voces silentes hablan de actualidad. En general parece qyue hablan, pero en realidad esos locutores están hablando en silencio. Sólo los días puntuales hablan, hablan para reestablecer el silencio. La idea gira en torno a uno de esos días. Todos los locutores hablan para reordenar el silencio, porque ha habido vestigios de romper el silencio. Algo ha estado a punto de romperlo. Ese algo es nuestra historia. Ese algo que casi rompe el silencio y todo el orden tratando de reestablecer ese silencio es basicamente la idea.

Seguimos.

jueves, junio 08, 2017

La hipotética primera escena de la Idea

Hay una imagen que siempre aparece cuando pienso en la idea. Podría casi rodarla. Si hubiera presupuesto y esto fuera una película me resultaría francamente fácil rodarla. Esa imagen, esa escena, siempre se me parece como el arranque de la idea. Apenas hay luz, entra esa luz mortecina aún de los primeros minutos del amanecer. Estamos en la casa de P. La casa amplia, limpia, ordenada, decorada con esmero y gusto de clase media alta. Una imagen que desribe  a su vez  a P, puesto que P es todo eso: Amplia, limpia, ordenada, meticulosa, es el paradgima del gusto de la clase media alta. Muchísimos libros en las estanterias. La cultura dominante, la cultura elevada dominante. La inquietud y las sensibilidades están, la preocupación de ese mundo que tiende al desastre están, pero no se filtran en el día a día, no se filtran en el orden de las cosas en la casa de P.  Todo sucede en el plano de los libros decimonónicos leidos con atención y con emoción. También hay libros modernos. Toda la literatura reglamentaria, por definirlo de algún modo. Esa imagen arranca con la luz casi inexistente del arranque del amanecer. P está en la cocina, se escucha la radio, un viejo aparato que P guarda por nostalgia o por devoción, pero la radio la escucha siempre desde ese artilugio viejo, que nada tiene que ver ya con la tecnologia del presente. P siempre escucha la radio a esa hora, la misma emisora, el mismo programa. La radio tiene la cadencia para arrancar el día. Se hace el café y de fondo la voz de la locutora por la que casi siente algo, esa voz no es la de una periodista que habla de actualidad y cuenta lo que ha pasado en el mundo, es algo más. A veces esa voz parece parte de la casa, parte de se vida. No hay apego, podría vivir sin esa voz, pero esa voz es casi suya, no suya interior, sino suya como parte de las cosas, como es suya esa cocina o la nevera.  P se prepara el café, en paralelo piensa en cosas de su vida y escucha cosas de la vida en el mundo, un día las noticias sobre elecciones en Francia mientras piensa en una de sus hijas, otro dia el estado de las cosas en el parlamento nacional mientras piensa en la otra hija. El despertar se sucede en varios planos. El suyo y el del mundo. Escucha a la locutora, firme, seria. Los colaboradores que van deshilachando la realidad con sus analisis y comentarios. Así P se va formando su opinión, en esas voces que pululan por la cocina, invisibles, pero contundentes. La primera imagen de la idea siempre me parece así. P oyendo la radio y de repente la noticia que destapa todo lo que será la idea.

miércoles, mayo 31, 2017

Los límites ficticios

¿Cómo es eso de sentir la patria? ¿Qué sientes cuando eres patriota? ¿Te levantas al amanecer y respiras y todo ese aire que entra lo sientes como tu patria, la patria entrando a tus pulmones? ¿Qué es ser patriota? ¿Dónde empeiza tu sensación de patria: justo en las lineas de la frontera o un poco antes, quizá un poco después? ¿Sigués siendo patriota en el mar? ¿Son esos peces que habitan cercanos a la orilla parte de tu sentimiento de patria? ¿Cuál es la última roca que sientes como tu patria? Por la mañana, cuando conduces aún con sueño, camino del trabajo a la multinacional que te contrató, ¿vas sintiendo la patria en las calles? ¿Te une la patria a ese que pitas y gritas porque no ha puesto el intermitente? ¿Es tu compatriota? ¿Cuando está sonando el claxón sientes que el claxón suena en tu patria? ¿Qué es tu patria? ¿Qué sientes, patriota? ¿Qué te une a mi, que no la siento? ¿Me desprecias o soy parte de tu sentimiento de patria? ¿Yo formo parte de esa abstracción tan profunda que sientes?  Nací entre esas líneas, en el mismo perímetro. Compartimos terreno y presidente. Compartimos el país y tu sin embargo tan vinculado y yo tan poco. No es desprecio. No siento especial desprecio por el país. Desprecio algunas cosas y otras me gustan, pero no por su pertenencia al país, sino por su naturaleza.  No te niego, por ejemplo, que me atrae su geografía. No soy de los que rechaza la vaciedad de sus paisajes, más bien al contrario, hay algo en los paisajes de este país que a mi me atraen mucho, pero no me siento vinculado especialmente. Cuando llego a zonas que no conozco me siento extraño, desconocido, así que nada me vincula especialmente a todo el territorio nacional. Si buscara mi patria no sabría decir cual es mi patria, porque no tengo ni idea de cómo se siente la patria. Y si me apuras, y sin ánimo de ofenderte, te diré que creo que la patria no existe. Así, al menos, lo vivo yo. No es más que una fantasía o el intento de hacer realidad ciertas fantasias. No sé qué se siente cuando se es patriota. Me lo pregunto cuando veo a algunos patriotas tan orgullosos y a mi me resultan raros, extraños. Me pasa cuando veo a alguien que en su coche lleva la bandera. Porque si amas tu patria, ¿me amas a mi que estoy dentro, que en la teoria soy parte de tu patria, o la patria es lo que tú quieres? ¿Haces selección de lo que sí es tu patria y lo que no? ¿ Es tu patria el que pasa hambre y el desahuciado? ¿Es tu patria el ladrón y el corrupto? ¿Es tu patria el camarero extranjero que te sirve la cena? ¿Es tu patria sólo el paisaje? ¿ Es tu patria todo aquel que desprecias? ¿Es tu patria el que no siente la patria? ¿Es tu patria el que nació en tu patria, pero no quiere ser de tu patria? Dime, por favor: ¿Qué es tu patria? ¿Dónde empieza, dónde acaba?

martes, mayo 30, 2017

Sobre la idea (primeros perfiles)

Nunca he sido metodico en cuanto a la escritura, puesto que no soy escritor. En general el proceso de ponerme a escribir arranca con una especie de zumbido. Como cuando un mosquito te perturba en media noche y pensaras que la única manera de deshacerse de la molestia fuera escribir sobre ese zumbido que te tortura. Como si desahacerse del mosquito y toda su estrategia desestabilizadora en medio de la madrugada fuera escribir: "Un mosquito me perturba en medio de la madrugada". Escribir es revivir a ritmo distinto, también es vivir lo que no has vivido o reescribir lo que no sucedió, manipular vidas inexistentes o manipular lo que sucedió y/o cómo sucedió. Sin embargo "sobre la idea" suceden cosas distintos en mi proceso habitual que es basicamente un no proceso. La idea me abruma porque no siendo autobiográfica, sino siendo de caracter casi sociológico, la vivo como de mi vida, como si el día que de una vez decidiera lanzarme a escribirla ya no hubiera vuelta atrás, ya todo se viera definitivamente afectado. En general trato de descubrir los personajes, conocerlos de una vez. Como si necesitara que alguien me los presentara, sabiendo de antemano que ninguno de ellos aún existe como tal. A día de hoy creo que sólo existe GZ.

GZ:

 Es amable, educado. Viene de una familia cuyo pilar educacional ha sido la cultura, el amor a la cultura, pero no una cultura entendida con pedantería, sino una cultura entendida como arma para sobrevivir. No una cultura entendida para elevarte sobre el resto, sino para unirte al resto. No hay elitismo en la eduación infantil de GZ. En el entorno de GZ la cultura ha sido un unirse. GZ es un tipo con valores muy claros sobre el colectivo. En el colectivo nos salvamos y la cultura es el vehiculo que va de uno a otro, es el lenguaje más preciso que el propio lenguaje para comprender al otro. También pienso en rasgos precisos de GZ que aún no tengo claros: ¿Es perezoso? Creo que sí, le cuesta madrugar. En soledad es un tipo con cierta tristeza, no profunda, no dañina, pero tiende a la tristeza. Es un tipo sin ira, de hecho la ira el abruma, le asusta. Se pierde en lo abstracto, le falta concretar y eso a veces desespera a los que conviven con él. Se interesó pronto por lo político. Llegó de manera casi ficiticia, más por su pasión a los comic. Ese subtexto político de ciertos comics que leyó en la post adolescencia le llevaron a querer batallar por un mundo más justo. Si  en algo cree es en la justicia, porque cuando abre los ojos percibe la injusicia a cada paso. Empezó cierta actividad en el instituto, algún centro social. Primeros pasos algo torpes. Fue comprendiendo que el  activismo requería un sacrificio profundo, dejar de lado una forma de vida que era la úncia que conocía, pero no sintió demasiado temor en vivir de otra manera. Estudió en una universidad pública. Ahí expandió su circulo de activismo político. La universidad le interesó más por el entorno que por la faceta de estudio, sin embargo fue un estudiante aplicado. GZ posiblemente sea el personaje clave de "sobre la idea" Representa generacionalmente el hecho fundacional de lo que sucede en la idea, en lo que quiero contar. En GZ se sucede el nudo, la grieta, la sinopsis casi.

miércoles, marzo 22, 2017

Más sobre la idea

La idea empezó en un asunto amplio socialmente. Los protagonistas, muchos y muy dispares, abarcaban un amplio espectro social. Lentamente la idea se ha ido cerrando hacia un argumento que bien podría centrarse en dos o tres familias. Incluso en la historia de dos familias políticas. La idea de los cambios generacionales, de los conflictos sociales, de los relatos hegemónicos, se puede contar a través de los distintos miembros de una familia y sus interelaciones. Pienso mucho en la historia social a través de mis abuelos, de mis padres y de los miembros de mi generación. Un siglo de historia que va de mi abuela a mis hijas. Esa evolución social, esos restos de cosas que aún pululan. Esos choques que generan los distintos relatos o como los miedos o angustias se trasladan o se van transformando en otras cosas, pero siendo las mismas angustias. Los temores sociales, los temores, si cabe, de clase. La transformación de la misma clase social, de los gustos, de las apetencias, de sus culturas, dentro de los miembros de una familia o dos. La idea de como se escriben nuestros relatos. De como lo social nos construye como individuos. Abuelos que van del campo a la ciudad, que trabajan en los aparatos de ese nuevo estado, que habitan en las primeras periferias de la capital. Que van modificando su vida a los nuevos gustos. Que conocen los primeros veraneos. Que temen llevar la contraria y llamar la atención. Que son ajenos a otras ideas políticas más que las impuestas. Temerosos, asustadizos. Tienen hijos, sus hijos ya se han transformado en otra cosa. Se crian en ciudades, son niños que crecen jugando a las canicas en el asfalto. Hacen fiestas, conocen grupos anglosajones. Transforman la ropa. Y ajenos al ruido, viven una irrealidad. Crecen atemorizados, pero desconociendolo. Su vida está basada en el miedo y en la obediencia, pero disfrazada con rock anglosajón y las primeras drogas. Son torpes con el sexo. Son torpes con el dinero. Son torpes con el mundo, porque su mundo no tiene referencias y ellos están obnubilados con las estéticas. Una estética engañosa, pero fascinante, llena de imágenes potentes, abruptas, de una sensualidad adictiva. Son adictos a la estética. Sus conflictos son nuevos, porque estéticamente también lo son. Sus vidas llevan otra velocidad. Leen periodicos que les entienden. Columnistas que susurran ideas apasionantes. Se escribe silenciosamente un nuevo relato, un nuevo poder, pero no lo cuestionan del todo, porque esa nueva estética parece su propia conquista. Ellos, no saben muy bien como, han conquistado un nuevo mundo, lleno de una forma indefinida de nueva libertad. Hay autocomplacencia. Mirad que mundo hemos creado. Las nuevas formas de cultura, las nuevas formas de relación, la nueva forma de la economía. Sus casas son mejores casas que eran en las que crecieron. Viajan y conocen mundo. Hablan de lugares remotos. Hablan de literatura underground. De repente el mundo de sus padres, queda lejos, invisible. No hay que preguntarse mucho ya por él porque su fascinante estética lo va conquistando todo.

martes, febrero 21, 2017

Sobre la idea

Anotaciones:

La idea arranca con cierto desasosiego que refleja con bastante exactitud la evolución de mi pensamiento en los últimos años. Más que evolución, la ampliación de ciertas visiones, o no lo llamemos ampliación, llamemosle nuevo enfoque. Hay algo en el momento presente, en el momento histórico si nos ponemos grandilocuentes, que abruma. Parece que de repente las luchas de poder se hacen ya sin mucho pudor. A mi en cierta manera eso me parece bien. Es un poco: "Abajo caretas", pero abruma saber que siempre fue así y que quizá ha habido unos años que se hacía sin foco, con enorme discreción, lo que lo hace, si cabe, más terrible aún. El momento presente es un salvese quién pueda de cualquier tipo de poder por imponerse, como una carrera desemedida, enloquecida, histérica, pero una carrera en la que estamos todos afectados. La idea arranca a partir de eventos que en cierta manera están conectados entre sí, en los que uno de los poderes intenta impornerse a las nuevas aparaciones en los viejos poderes. A veces, si quitas la superficie de intrascendencia, parece que debajo de todo se está sucediendo una guerra, una nueva forma de guerra. En la que el ciudadano común va a perder de cualquiera de las maneras. La idea arranca de ahí, de ese desasoeigo. De acontecimeintos cotidianos que me han ido potenciando esa idea. La idea se cuece ahí. A veces en una ciudad ficitia que suma muchas ciudades que conozco, a veces en mi propia ciudad. A veces con personajes que veo, que conozco, de loa que sé su nombre y cosas importantes de sus biografías, a veces son personajes difusos, vapuleados o terrorificos, irreales, pero brutalmente ciertos. La idea está ahí, y me supera. No sé agarrarla del todo, pero sigo mirandola para comprenderla.


jueves, febrero 18, 2016

Anotaciones

No soy pesimista, lo que no me hace optimista. No soy pesimista por pura supervivencia. No soy optimista por puro realismo. No creo que el no optimista sea pesimista y viceversa. En realidad, creo, que la mayoría nos movemos en el intermedio. Me agarro con vehemencia a los elementos díarios que me hacen no ser pesimista: mis hijas, mi pareja, mi afición a la música, los otros, el amor que me despiertan los otros, determinadas y contundentes acciones del ser humano. Eso que mueven y empujan el muro para que casi inapreciablemente, pero con una fuerza descomunal empujan para hacer un mundo algo más optimista. No soy optimista con el simple hecho de ver la realidad diaria que acontece en el mundo: el frenesí mediático, las turbulencias de los fanáticos, los economistas, los ambiciosos.

martes, octubre 20, 2015

Gas

 Las metáforas son perversas, muchas veces. Suelen servir para el humor, para lo superficial, pero no para lo importante (no digo con esto que el humor no sea importante. Lo es y mucho, me refiero a lo importante como crucial, en eso en lo que nos va la vida y no hay hueco para el equívoco). Lo importante lo es porque no tiene comparaciones, no es metaforizable. Quizá uno de los problemas es la tendencia a la comparación y a la metáfora, y esto no sería problemático si en la mayoría de los casos no lo viéramos como respuestas a lo que no entendemos. Las metáforas en lo importante debería de servirnos como apertura, no como cierre.

 No hay metáforas para el presente. No las hay. El mundo nunca fue como es hoy en día. No digo que este sea un momento más importante que los anteriores, también solemos ser bestiales en esto, pero sí que este momento nunca fue, nunca sucedió. Este momento es así y jamás hubo algo ni remotamente parecido y así, suele pasar a cada instante. Nos gustan las fechas, las marcas en el tiempo, los días históricos. La historia es diaria, cada segundo. No avanzamos hacia esa fecha importante. Estamos en ella permanentemente y quizá uno de los cambios sociales más importantes sería si empezamos a vivir con ello, bajo ese prisma. En el presente nos va la vida, porque es lo único que tenemos. Sirven las marcas como conquistas logradas, es posible, pero eso tiende a borrar todos los presentes que nos llevaron hacia ello. Celebrar el primer voto de una mujer a veces nos hace borrar lo que cada mujer empujo hasta ahí, se queda la efeméride  que tiende a borrar lo que la hace efeméride. Deshace un poco todo, cada frustración, cada disparate de esa sociedad previa, cada instante de reclamo y de soledad de esas mujeres incomprendidas, borra a cada una de ellas. Borra a esos que les ofenderían por decir imposibilidades y disparates, por plantear posibilidades que se asumían como imposibles. La historia es esto, a cada instante. El lento despertar. Ese pensamiento que aborda a un peatón en medio de una acera y le hace comprender que quizá no todo está dicho, que quizá la verdad no era sólo eso que creyó verdad. Esa lenta construcción del relato histórico, que irá quedando marcada en fechas, pero que llevan un sigiloso camino, a veces brutal, pero siempre pasando como gas, de cabeza a cabeza. Un gas soltado o o un gas construido. Un gas dirigido con unas u otras intenciones. Un gas que va transformando invisiblemente esto que vemos.


jueves, agosto 20, 2015

El Máquina

 Con el Máquina no me llevaba del todo bien, pero no había más remedio. El máquina tenía algo desagradable, pero no era evidente. Había algo de El Máquina muy molesto, pero nunca supe qué fue. Simplemente El Máquina me resultaba desagradable, pero era parte de los cuatro y los cuatro siempre viajábamos juntos cuando llegaba el verano. Generalmente viajábamos al sur, aunque hubo un verano difuso que subimos al norte. El Máquina, todo hay que decirlo, era el más trabajador de los cuatro, era el que estaba más pendiente de la organización del viaje y además, durante los días fuera, era el más activo, el que siempre resolvía las vicisitudes y las complicaciones. El Máquina era un tipo de acción, nada perezoso. Dormía poco, pero siempre estaba activo. No era el más musculado de los cuatro, Jorgito tenía más perímetro en pectorales, a pesar de su fisonomía, pero El Máquina era, sin ninguna duda, el más veloz. No de correr, porque nosotros nunca hicimos carrera, era el más veloz vitalmente. Su tiempo vital pasaba de otro modo que el nuestro. Era nervioso, pero su nervio no le llevaba a la ansiedad, sino al movimiento, a veces demasiado. Quizá eso era lo que me molestaba del El Máquina, que nunca estaba quieto, que no paraba.

 Aquel verano bajamos al Sur. El viaje en coche fue terrible porque tuvimos dos averías y tuvimos que hacer noche en Sevilla en un hostal dónde hubo problemas con la tarjeta para pagar y por la noche hubo una pelea bestial al pié de nuestro balcón. Esa noche soñé que se acababa el verano y que cuando llegábamos al camping donde teníamos reservado lo habían cerrado por culpa de la crisis. De Sevilla a la costa tardamos poco, pero cogimos un atasco monumental en la autopista. Nos paramos en una gasolinera. A las diez de la mañana hacía un calor de las tres de la tarde. En el césped de la gasolinera, una niña jugaba con su padre al escondite y me quedé un rato mirándoles. Cuando nos montamos en el coche Jorgito discutió con Arnold, pero Arnold no contestaba, en realidad no era un discusión, sino que Jorgito hablaba con indignación de una situación abstracta y Arnold bebía un batido mirando al frente. El Máquina estuvo callado un rato y me dijo que sacara la marihuana e hiciera uno, pero yo hice como que no le había escuchado. De repente pensé que ese grupo que habíamos conformado para viajar en verano se había caducado. Durante el invierno apenas nos veíamos y de repente no entendía porque llegado el verano nos reunimos para viajar si en realidad no teníamos casi trato. Para mi El Máquina era un desconocido, Jorgito era amigo desde pequeño y Arnold era indescifrable. Arnold había bajado de peso ese año, pero aún seguía siendo ancho. Siempre me preguntaba cosas de mis series y de mi forma de trabajo en el gimnasio, pero yo a veces le engañaba, minimizaba horarios y días. Me molestaba que no valorara mi esfuerzo y al minimizar hacía ver que mucho de mi musculatura era natural, genética. Cuando llegamos al camping, descargamos muy rápido y montamos nuestro campamento con una rapidez digna de El Máquina. Jorgito propuso bajar a la playa sin transiciones y todos aprobamos. No recuerdo todos los pasos siguientes, lo que sí recuerdo es que pusimos las toallas al lado de unas tipas de Córdoba que tomaban el Sol boca abajo. El Máquina hizo unos mojitos usando una botella de cristal como coctelera. Nos sirvió la bebida en vasos plásticos. Bebimos rápido y yo sentí un mareo violento en seguida. Me metí en el mar para diluirlo. Buceé y todo se ralentizó extraño. Al salir me fijé en las tipas de Córdoba. El máquina intentaba hablar con ellas, pero ellas no contestaban con mucha amabilidad. ME tumbé en la arena, di vueltas aún mojado y me cubrí de arena incluso la cara. Creo que en ese momento me hubiera ido de la playa, pero no lo hice. Vi como Arnold entraba al agua y saltaba haciendo una pirueta extraña, se hundía en el agua y tardaba mucho en emerger, tanto, que parecía que nunca iba a salir. Durante unos segundos pensé que Arnold jamás saldría a la superficie, que quizá Arnold se había vuelto arena o una concha, pero que Arnold como tal, como lo conocíamos, no volvería a salir. De repente el cuerpo salió de golpe y volvió a hacer una pirueta. Las chicas de Córdoba hablaban entre si de algo, de alguien, de un mundo lejano. A mi todo aquello me parecía estar pasando en otro momento, como si lo estuviera recordando en vez de viviendo. Aquella noche Arnold llegó muy borracho al camping y montó un escándalo. Algunos vecinos salieron de sus tiendas de campaña y la situación fue muy violenta, desagradable. El máquina habló con todo el mundo y disculpó a Arnold. La gente fue volviendo a dormir y el camping se quedó en silencio. De repente pensé que no dormiría, pero sin embargo me debí dormir en seguida. Soñé con mi madre y luego soñé con un evento gigante, una especie de concierto en un estadio. Cuando desperté El Máquina no estaba y Arnold y Jorgito seguían dormidos. Salí de la tienda y caminé por el camping. Salí y me metí por un camino entre pinos que había por detrás. Leí un letrero que anunciaba varios senderos y caminé sin leerlos. El camino de tierra a veces era de tierra dura, a veces se reblandecía con arena de playa, como si en cierta manera, en la costa se librara una batalla invisible entre playa y montaña. Caminé un buen rato, me crucé con un caballo. Estaba en el suelo, miraba hacia arriba, con nostalgia. Pasé de la lado con algo de temor, pero el caballo parecía no percibirme. Más adelante el camino se volvía aún más frondoso. Nunca iba en línea recta. Zigzagueaba permanentemente, como si se hubiera trazado sin saber muy bien dónde se quería llegar. A ratos, la arena de playa desdibujaba el camino y emergían otros caminos o eso parecía. La arena de playa desmontaba las rutas, bifurcaba los caminos y confundía el sendero: me perdí o durante un rato pensé que me había perdido. Seguí avanzando. Alcé la vista, vi la parte de atrás de la montaña, había girado entero, ahora estaba en la otra cara de la montaña. Vi una cerca, al otro lado unas cuantas vacas pastaban, el cielo era grisaceo, la humedad elevadísima. De repente se abría una inmensidad. Terrenos secos y algún animal disperso. Al fondo vi una casa. Caminé, un perro ladró. Observé la casa un rato, parecía vacía. No supe por donde volver y me dejé llevar por el sentido de la orientación: simplemente tenía que rotar al rededor de la montaña, seguir para alcanzar justo el otro lado. De nuevo caminé entre pinos, ya sin camino marcado. Allí al fondo, de repente vi a alguien. Miré, alguien hacía gestos bajo un árbol, contoneaba el cuerpo de un modo extraño. Era El Máquina. Nunca supe qué estaba haciendo. Me desvié para que no me viera. Tardé un rato en llegar al camping. Cuando llegué Arnold aún dormía y Jorgito masticaba una galleta. Saludé y hablamos de la humedad. Al rato apareció El Máquina, dijo que venía de comprar café. No sé por qué, pero de repente El Máquina me pareció un tipo terrorífico.

miércoles, julio 22, 2015

Verano inaudito

 Quizá es la violencia de este verano inusual, quizá es la edad, quizá es la época que corre o la paternidad, que cambia todas las perspectivas, pero este calor no me lleva a otros calores, parece un verano nuevo, un verano inaudito. Este calor no evoca con facilidad otros calores. Sólo es el verano que conozco cuando me meto en el agua de cualquier piscina o charca. No voy a desviarme por temas que sólo le corresponden a los expertos, entre otras cosas esta época tiene el problema de que se opina con una facilidad asombrosa y una de mis metas de aquí a fin de año es opinar sólo cuando tenga uno mínimo de criterio para hacerlo, abandonar el vicio de la opinión gratuita y desmedida. Yo no sé de cambios climáticos, uno los sospecha, pero yo no tengo ninguna autoridad ni conocimiento para decir que este calor novedoso es su producto. Yo jamás había pasado el calor que estoy pasando este verano, es lo único que puedo aportar a la ciencia. Yo, que siempre me vanaglorié de llevar bien los calores de verano, este año lo padezco, pero no puedo asegurar cuál es la razón, salvo que parece que está haciendo un calor que sube directamente desde el infierno. El caso es que estos días son nuevos. Tengo tendencia a que los días reverberen en otros días. Percepciones de la realidad que me evocan pasados y que se cuelan en la luz que atraviesa una ventana en invierno o el olor a tierra en medio del campo me lleva a la niñez, a un viaje casi olvidado. Este verano es nuevo. No hay excesivos momentos de reverberación. También es la paternidad. El verano ya no sucede tanto en mi como en mis hijas. Vivo su verano. Vivo sus saltos a la piscina y sus buceos bajo el agua. Vivo sus percepciones: las noches prolongadas, la ausencia de horario rígidos, ese montón de sensaciones difusas que serán su biblioteca sensorial, esas sensaciones que reverberarán en sus veranos lejanos, cuando sean mujeres de cuarenta y caminen y se cuelen sensaciones de este verano, del siguiente. La paternidad lo cambia todo. Vives sus veranos, sueñas desde ellas. Una de las cosas más desconcertantes es que ya no sueño tanto conmigo, sino en ellas. Sueño sus temores y sus extrañezas. En cierta manera mis sueños les pertenecen a ellas. Son sus sueños. Este verano parece un poco algo de eso: un sueño difuso. Los días pasan raros. Ayer, por ejemplo, me reuní con ellas a las siete de la tarde. Llevaba todo el día agitado laboralmente, en esa carrera delirada que es el trabajo, esa carrera hacia la nada. A las siete el día me parecía terminado. Me reuní con ellas y jugamos al escondite los tres, luego nos bañamos en esa piscina que estamos usando como si fuera nuestra. Me agarraban con fuerza, nos reímos mucho. Fuimos a casa, cenamos y vimos caer la noche. Luego jugaron y se fue haciendo muy tarde. Vi la hora: las 23:00. Ese fragmento del día me pareció, de repente, ajeno al resto del día, días superpuestos en un mismo día. Desde las 19:00 a las 23:00 me pareció un día gigante, inmenso, muy lejano del otro. Sin ningún hilo argumental que los uniera. Nos quedamos dormidos. Soñé desde ellas, algo, no muy claro, impreciso, abstracto, parecido a este verano enigmático.

domingo, julio 19, 2015

El bien

 Creímos en sus canciones, en sus libros, en sus relatos. Creímos que creímos, y que lo que creíamos merodeaba la línea de lo correcto. Creímos que había sensatez y pensamientos pausados. Tipos (generalmente tipos, porque siempre venía de un mundo masculino), que pensaban y que lo que pensaban parecía pensado. Parecían aquellos tipos venir de cuevas de pensamiento iluminado, sosegado, amplio, incluso elevado. Sí, creímos que había pensamientos elevados, no contaminados, puros. Creímos su mundo como mundo nuestro, como mundo conquistado y creímos que aquello lo habíamos alcanzado entre todos, en un ejercicio de no sé qué y de consensos. Sí, de consensos, como si todos hubiéramos llegado a un acuerdo colectivo, conjunto, participado. Creímos, incluso, que todos habíamos participado y que nos pertenecía aquel relato, que éramos parte importante de aquella narración. Actores primordiales. Creímos en sus historias e incluso en sus personajes más delicados, como si todo aquello fuera una narración a la que todos pertenecíamos. Creímos, en definitiva, que aquello era nuestro mundo y que casi éramos felices en aquello. Y no sé cómo fue pasando, pero fuimos dejando de creer y vimos las costuras e incluso asumimos el error de haber creído. ¿Cómo es posible que pensáramos que aquel mundo era el nuestro si dejamos, totalmente, de ser nosotros? Ahora empiezan a vociferar aquellos pensadores de las cuevas imposibles. Nos dicen insensatos, porque les vemos desnudos. Recurren, como siempre pasa, que te dicen que no, que estás siendo víctima de una obnubilación, que eso que piensas no es cierto, que vuelvas, que lo que yo te decía era lo bueno, lo sensato, lo moderado y que fuera de sus terrenos todo es caos y resulta que estábamos así, en el borde de la angustia y sí, nos hemos lanzado por el precipicio porque ya todo da igual y más vale lo malo por conocer que lo bueno conocido. Porque si lo bueno era aquello, ya no creemos en el bien.

viernes, julio 17, 2015

Biografías basadas en hechos reales (I)

 La luz salvaje del atardecer de verano revienta por la ventana y deja la habitación en una temperatura insoportable. Está tumbado en el suelo, golpeado por el mareo etílico. La cerveza pesa en su cuerpo como líquido espeso y suda de un modo exagerado, como si sudar fuera la única opción de mantenerse vivo. Piensa, pero no de un modo concreto, analítico o profundo. Merodea pensamientos molestos, que le llevan a estados internos difusos, pero parecidos a la rabia. Recrea frases en una conversación imaginaria, que no sucedió y que jamás sucederá, y grita a su interlocutor con una contundencia que no tiene, que jamás ha tenido. A ratos, por segundos, todo su cuerpo se revuelve en una especie de espasmo, que traducido sería la violencia. Se imagina pegando un golpe seco y brutal a ese interlocutor. Luego, sin hilo argumental, recuerda una tarde lejana, en playa azul, cuando todo parecía eterno y surfeaba con Andrés y a media tarde vacilaban con muchachas de las que ya no recuerda el nombre. El mundo es cruel, piensa con rencor. Luego analiza sin tapujos su país: "Nosotros también fuimos culpables. No supimos frenarlos. Ahora sólo lo arreglaríamos matándoles. De esto ya sólo se sale con violencia, pero entonces pudimos hacer algo y no lo hicimos" Para él no hay pacto, a él le gustaría volver a su país y recuperar el estatus perdido. No reconstruir, no. Volver a donde todo se quedó. Como una maquina del tiempo que borrara todos esos años, toda esa miseria. La luz parece inmóvil, como si la tierra hubiera decidido detenerse ahí, y dejar la luz, ese instante del atardecer, terriblemente cálido, ahí, para siempre. Sigue mareado, en ese estado que da el alcohol desagradable y pesado, espeso, molesto. No le gusta esa luz, no le gusta la vista de la ventana, la forma de la vegetación en ese país donde es extranjero, donde se acabó ser élite. Cuando era joven siempre se estaba en un estado especial. Se mira, el cuerpo que empieza a estar magullado por los años, las carnes cuelgan y ya no hay brillo en la piel. Marcas de piel desgastada. Recuerda una tarde cerca de Barinas, donde su tío tenía una finca eterna. Salvajes a tiempo parcial. Noches infinitas. Sexo con tipas en ríos, marihuana y botellas de ron. "Yo fui un demonio" piensa ahí, tirado en el suelo, bajo uno de los veranos más calientes de los últimos cien años, en esa habitación que parece que le estuviera cocinando lento. "A veces huele como si aún estuviera vivo todo aquello", pero luego percibe la muerte del pasado, en realidad vive de luto porque su vida murió y se reencarnó en el mismo cuerpo y ya sin ser joven, en otro país, en una vida que no quiere. A veces imagina abstracciones, porque lo que recordamos del pasado son abstracciones, una acera desgastada en Altamira, el árbol en la esquina de la Avenida 1 con primera transversal. Fotos dispersas, como si la memoria actuara como el timeline de una red social, un goteo de imágenes sin continuidad en el relato. Se levanta y percibe la leve variación de la luz del Sol, empieza a anochecer. Se acerca a la nevera y coge otra lata, la abre con desgana, pero sabe que se la va a beber. En breve la puerta se abrirá, entrarán los niños y su mujer. Y disimulará ser feliz en esa vida que detesta.

lunes, julio 13, 2015

Verano en Europa

 Los días nos ratifican. Este tipo de sentencias me suelen tocar un poco los cojones, pero últimamente pienso mucho en eso, en cómo adaptamos todos la realidad a un relato que nos da la razón, en como nos ratifican nuestras ideologías. No soy una persona muy conocedora de asuntos económicos, ni siquiera políticos. Tengo mis ideas, no muy sólidas, lo admito, o más poco solidas, poco fundamentadas. Sigo con atención este momento, este presente agitado en el que estamos. Supongo que cada cierto tiempo a todos nos invade la idea de que el momento es muy revuelto. A lo largo de mis años de vida he comprobado que tenemos cierta tendencia a ver que los presentes parecen estar anunciando tormentas apocalípticas. No digo que las tormentas luego no vengan, sino que no son como sospechamos en el presente. Recuerdo las reflexiones, por ejemplo, en los días y semanas después del 11S. Aquella sensación de vértigo, más allá de lo que cada uno concluyera de aquello, había una sensación de que el orden de las cosas estaba alterado, y efectivamente se ha alterado, creo que el mundo en 14 años ha cambiado muchísimo, pero no ha sido una cosa repentina, se han ido sumando capas de cambios que llegados aquí miras atrás y percibes los efectos de aquello sobre nuestro mundo. Entonces, seguramente aquel vértigo era justificado, pero el cambio no iba a ser inmediato, más allá de los detalles. Hoy siento que se ha anunciado una tormenta terrorífica. Insisto en mi poco conocimiento real sobre política, economía e incluso historia, pero lo de hoy, las condiciones a Grecia, ese tercer rescate, altera el mundo que conocemos. Y la tormenta no será inmediata, más allá de la tormenta que vivirá el griego de a pié, el ciudadano que camina ahora mismo por una acera camino a un trabajo, pero esto marca otra era seguramente al continente, con probabilidad al mundo. Anoche pensaba en esto. En la influencia real de la política en nuestras biografías. Lo trasladaba al terreno de lo personal. ¿Hacia dónde ira Europa? Estas decisiones tomadas en un despacho, en una reunión salvaje, ¿Cómo afectará al destino del continente? y esto, como será trasladado a mis hijas, la Europa que ellas vivirán, el mundo donde crecerán. No me pongo catastrofista, pero hacia donde se dirige el mundo en el que habitarán mis hijas, ¿Cómo será su vida en este camino de Europa, del Mundo, del Ser Humano?

lunes, junio 15, 2015

Los choques

 Entiendo tarde que uno de los problemas del mundo son las luchas internas, las miles de luchas internas que hay en cada parcelación de la sociedad. Uno puede ponerse todo lo remilgado que quiera, pero a nada que se observe con cierta atención ves que por supuesto que existe una lucha de clases, y en general muchísimo más feroz y despiadada  que lo sospechado o que lo asumido. Y este tema es tratado con frecuencia por estudiosos o ideólogos. Pero además hay una lucha que también tiene sus víctimas y una permanente batalla, y es la lucha generacional. Y en este país es, seguramente, un problema grave. El poder económico y de los medios lleva demasiados años siendo de una generación que no asume los cambios con facilidad y dicta desde una visión, con frecuencia, del miedo a lo nuevo, el pensamiento colectivo. Cuando pienso en esto pienso sobre todo en gente de mi alrededor, mayores que yo, que llevan años consumiendo los mismos medios de comunicación, los mismos columnistas de opinión, las mismas líneas editoriales, que tienen como guías de la opinión a sus mentes lúcidas, en las que creen, rodeadas de un halo de lo que se llama la sensatez, el equilibrio,  de cierta moderación. Han escrito el relato del presente y llevan varias décadas escribiéndolo y los mayores de mi alrededor son los lectores de ese relato, un relato dominante y que cada vez encuentra menos lectores de mi generación para abajo. Y uno de los problemas que veo de aquí en adelante es que su relato y el que no se escribe aún de las generaciones posteriores cada vez va a chocar más y cada vez va a producir más distancia y me temo que esto va a volver los próximos tiempos a este país en una cosa posiblemente cada vez más crispada y cada vez más revuelta.

miércoles, junio 10, 2015

La mutación

Llevo dos o tres años mutando. Creo que no es un proceso individual. Hay algo que se ha removido a nivel global mucho más allá de lo evidente, pero no tengo la perspectiva histórica como para hacer un análisis. Por ejemplo, un detalle nimio,  durante algunos años este blog era una rutina en mi vida, algo con lo que tenía un contacto permanente. Mucha gente en mi entorno tenía un blog, los usaba y era consumidor de blogs. Hoy el blog, este formato como tal, parece anticuado. Ese uso que hubo hace cinco, seis años de los blogs parece desaparecido, y bien visto tiene sentido, ha pasado más de una década desde que empezamos a usarlos. Todo este lenguaje de los blogs, ese uso que se hacía, ha ido transformándose en otra cosa. En cierta manera se ha ido transformando el tamaño de lo que contamos. No estoy de acuerdo en que la velocidad o lo escueto hayan empeorado las cosas, esas nostalgias suelen ser falsas, la memoria suele ser lo primero que nos miente y en general esas reflexiones suelen tener algo más de reacción que de adaptación. Creo que tengo la edad suficiente para notar que el mundo ha variado. Hay mil detalles del día a día que ya son distintos. Llegué a Madrid a finales de siglo y la ciudad se ha transformado mucho. Hay variaciones en las construcciones, tiendas nuevas, reformas de plazas, nuevos edificios, pero también las transformaciones sociales, esta ciudad ya ha cambiado con respecto a aquella que era cuando llegué. Tiendo a ver que los cambios son una cosa muy difusa, que va sucediendo permanentemente y que es un tira y afloja. No sé si el mundo fue mejor, lo que sí creo es que el mundo pudo ser mejor: es decir, tuvo la oportunidad de ser mejor. Que en general se va han ido perdiendo, permanentemente, oportunidades de hacer del mundo un sitio mejor. Estos dos o tres últimos años, quizá cuatro, lo que sucede es que esa mutación de lo que fuimos a lo nuevo que seremos, tiene que ver más con un descrédito de lo que hemos asumido como real, como inamovible. Habitamos aquí, y parece complejísimo darle la vuelta, pero cada vez hay menos gente que cree en esta forma de vida. A veces me sorprende hasta la persona más insospechada, esa que crees absolutamente insertada en este sistema, con un discurso fugazmente hiper crítico con esto. Casi nadie acepta ya esta vida entorno a lo laboral, se acepta, pero cada vez más gente le ve las fisuras a ese disparate. Sólo hace falta tener un hijo para comprender que la forma en que estamos organizados es delirada y va contra la vida esencial de los seres humanos. Somos capaces de hacer por la vida laboral cosas que vistas con perspectiva, son enfermizas, épicas, pero esa épica terrible que nos lleva hacia el delirio. Somos capaces de hacer por el trabajo lo que no somos capaces de hacer por cambiar la vida, por modificar el mundo. Somos capaces de pasar tres horas al día en transporte público, para pasar nueve horas en una oficina y volver a casa exhaustos. Somos capaces de soportar con paciencia la hostilidad de pasillos en el entorno laboral, ser sumisos ante exigencias incomprensibles, de tipos que están por encima en una escala ridícula de la organización empresarial. Somos capaces de organizarnos con tipos que detestamos para sacar un departamento de una empresa cualquiera adelante, y no somos capaces de organizarnos con los que amamos para vivir en un entorno más amable. Estamos mutando sí, y nos va la vida en ello. Y sin embargo seguimos en ello.

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