viernes, febrero 27, 2009

El primer día

El ingeniero S sintió como una losa la jubilación. Por extraño que parezca hay gente que ve como un castigo el dejar de trabajar y eso le sucedió al Ingeniero S, que interiormente sentía la perdida de trascendencia, el valor de la satisfacción de terminar un proyecto, el saberse valorado, un tipo efectivo y sólido, dinámico y con capacidad de decisión. En el fondo el Ingeniero S sentía eso. el pánico a la mañana libre donde la motivación dependía única y exclusivamente de él para él, el vértigo de los días libres donde la ocupación no venía dictada por una planificación superior, casi invisible. Hasta ahora sus mañanas estaban acordadas en largas reuniones "El ingeniero S estará dedicado los tres próximos meses al proyecto de expansión de la empresa en Asia Central, contará con el apoyo del equipo B.1".

Al ingeniero S le gustaba eso. Llegar por las mañanas, reunirse con el grupo B.1. Hablar de las estrategias a seguir. Programar los viajes para estudiar las necesidades de la zona y construir el proyecto con esmero y dedicación. Al cabo de los tres meses entrar en la sala de juntas y entregar un informe detallado y preciso, casi seguro con éxito de sus tres meses. El ingeniero S es un tipo brillante laboralmente. Lo sabe y ahora se extiende inabarcable el desierto de la jubilación, de las horas libres. Una pregunta planea su inconsciente ¿Quien necesita del ingeniero S ahora?. Si hay algo terrible para el Ingeniero S es eso, saber no ya sólo que a partir de ahora la empresa, incluso la sociedad, el mundo, no necesita de su liderazgo, de su buen desempeño, si hay algo mas terrible es saber que realmente nunca se le necesito. Si con treinta años hubiera colgado la corbata, ese uniforme, la rueda hubiera seguido girando.

Así ahora cierra el cajón donde ha encontrado papeles innecesarios ya. Ha mirado el despacho por última vez, ha lanzado la mirada al ventanal que tantas veces ha sido su cuadro de fondo, la vista diaria de la ciudad extendiéndose inabarcable de la ventana hasta el horizonte. Camina sobre la alfombra que el Ingeniero D pisará a partir de mañana y sale de allí. Se despide de J, de V, de M, de K, de N, de U y finalmente de P. Baja en el ascensor. Sale a la calle y comienzan las horas libres. Hay algo extraño en pisar la calle así por primera vez. Decide caminar, ahora que comienzan tantas horas de caminatas, las largas caminatas del jubilado. Lo hace casi como acto de inauguración. La primera caminata de la jubilación. La ciudad, de algún modo empieza a ser otra. En la acera ve una hoja en el suelo. Siente que es algo metafórico. De algún modo el Ingeniero S está algo deprimido y siente una conexión fuerte con cualquier metáfora melancólica. Coge la hoja del suelo y la guarda en el maletín que mañana dejará de usar. Sigue caminando. Mira los edificios altos, el tráfico de coches que pasan, un ritmo distante. Sigue caminando, ve una calle vacia y entra. Hay un café, se sienta en una mesa pequeña, pide un gin tonic, deja el abrigo, el malentín y la chaqueta en la silla que tiene enfrente vacia. Le traen el gin tonic con unos cacahuetes. Coge un pequeño puñado que se mete de golpe en la boca. Se sube el vaso hasta los labios y siente la indescifrable felicidad de un trago a media tarde. Apoya el vaso en la mesa y ve una revista en la mesa de al lado. La coge y lee la portada. Hay un articulo sobre los fenicios, otro sobre un escritor prescindible, otro sobre una ciudad del norte de Italia, otro sobre un pintor abstracto que le llama la atención. Observa las fotos de los cuadros y siente un conexión hasta ahora inalcanzable hacia ese tipo de arte. Anuncian una exposición en un centro de arte que desconoce. Mira los horarios, la dirección y decide terminarse el Gin Tonic y salir corriendo hacia allá. Llega con el tiempo justo. Un tipo en la puerta inicialmente antipático y que lentamente se vuelve en un alguien agradable le permite entrar. Le ha confesado que es su primer día de jubilado. La sala está vacía y observa los cuadros con cierto encantamiento. No sabe de que tratan, pero le gustan. Hay algunos con títulos, otros que simplemente están ennumerados. Al salir a la calle descubre que hay algo acuatico en esas imágenes abstractas. No sabe que es, pero ha sentido que algo ha cambiado al ver esos cuadros.

Mientras tanto sigue caminando.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Es cierto, el mundo sigue girando, y júralo que va a haber un post sobre el tema.

Hay procesos que van en el sentido opuesto, y conozco de uno que se ha cruzado justo hoy con el del ingeniero S.


CL

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