martes, enero 11, 2011

Viaje al DF

La tipa vivía en la colonia del Valle, en un edificio de unas cinco plantas rodeado de árboles. A mi me gustaba la colonia del Valle porque me recordaba a los Palos Grandes en Caracas, que era donde había vívido yo. Llegamos en taxi y a mi me pareció que el tipo dio giros innecesarios, según mis cálculos giramos dos veces hacia el este y dos al oeste para terminar poniéndonos hacia el norte, alguno de los giros pareció forzado o innecesario y visto que el precio del taxi era pre-acordado no entendí muy bien el motivo. Durante todo el trayecto el taxista habló de las esculturas de una de las primeras plazas que cruzamos. Hablaba de ellas de un modo solemne, como si aquellas esculturas mediocres fueran algo más que unas esculturas mediocres. La conversación del taxista me pareció delirada, extraña, pero le presté mucha atención, como si de ese modo fuera a comprender mejor el DF. Llegamos, anochecía. Pagamos lo acordado y yo saqué las maletas. Cruzamos el portal y fue cuando pensé que todo aquello me recordaba a Caracas. Subimos a su apartamento. Cruzamos la puerta. Me senté agotado en un sofá y ella se metió en su habitación a buscar algo. Llegó con una especie de cartera de cuero. Parecía hecha a mano. La abrió y saco opio. Me preguntó si alguna vez lo había probado, contesté que no. Fumamos y yo sentí una enorme y bestial laxitud. Se detuvo algo, no se que, pero algo se detuvo. Nos asomamos al balcón y de repente me golpeó todo el DF, una masa exageradamente activa y nerviosa, una nebulosa de colores plásticos. Un poco como los primeros salvapantallas. Movimientos químicos. Luego me senté y respiré profundamente, me tranquilicé. Percibí la altura del DF y le pedí a ella que pusiera música. La música sonaba agradablemente, el tráfico en la calle era extremadamente tranquilo y había poca luz en la calle. En una esquina se veía una luz suave de un local, era una especie de bodega. Vi salir a un tipo que me pareció que me miraba desde allí y levanté la mano para saludar. No contestó. Ella me habló de trabajo, de su vida en esa ciudad, de un tipo con el que se acostaba por el que no sentía nada especial, pero con el que le gustaba hacer el amor. La miré y repentinamente me atrajo. Algo que nunca me había sucedido. Pero preferí obviar a mi instinto. Luego me quedé dormido. Soñé con Michael Douglas, estábamos en una fiesta y el tipo me hablaba preocupado de la política internacional de Angola, yo le decía que desconocía la situación y él, nervioso, me argumentaba que el futuro de la diplomacia internacional se jugaba ahí. Me sonó exagerado y se lo hice ver y me dijo que Angola tenía mucho de final de campeonato internacional. Luego Douglas se perdió por una sala y me quedé mirando un chorro de agua que caía del tejado hacia el balcón, sonaba una música y todo parecía tener sentido. Desperté en el balcón ya de mañana. Entré en la casa y ella estaba dormida en el sofá, la televisión estaba encendida. Abrí mi maleta, saqué ropa limpia y me duché. Cuando salí del baño ella estaba en la habitación, con la puerta entreabierta, la vi casi desnuda y volví a sentir el puñetazo de la atracción. Me di cuenta entonces que la percepción de la noche no estaba empujada por el opio o que por el contrario el opio había abierto una percepción que permanecía oculta a mi consciente. Fui al salón, ella me gritó dulcemente que se vestía y salía. Cuando apareció me pareció guapísima. Pensé rápidamente que debía detener esas sensaciones. Ella comentó algo sobre el viaje mental de la noche. Yo le dije que para mi había sido excesivamente fuerte, que era hipersensible a las drogas y ella sonrió. Salimos. Fuimos en taxi a la calle río Sena. El trayecto me pareció extraño, bajábamos por una avenida de la que salimos y a la que entramos mas de una vez. Le dije a ella que creía que no había manera de entender el DF, ella contestó que realmente el DF no existía y el argumento me resultó muy convincente

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