domingo, enero 30, 2011

Silencio

Vivía en una de esas zonas de la periferia de la ciudad, pero no en un barrio, sino en una de esos sitios que tiene toda ciudad grande donde la ciudad ya casi ha desaparecido y surge un simulacro de pueblo, con casas que parecen de pueblo y con alguna huerta triste y algún animal desubicado. Generalmente estos pseudo pueblos son pequeños, comprendidos por tres o cuatro casas y que no se sabe muy bien como es posible que hayan surgido ahí. Su casa estaba muy deteriorada, pero eso aparentemente le daba igual. Lo importante era seguir escribiendo la enciclopedia universal del silencio. Una obra a la que se dedicó en cuerpo y alma y cuyo único fin era ir enumerando alfabéticamente las pocas situaciones en las que el silencio se consolida en la realidad. Su esfuerzo se dedico a ello, a analizar y buscar las situaciones vitales en las que el silencio existe, aunque sea brevísimamente. Se retiró a esa zona extraña y comenzó su estudio. Pasados dos años la enciclopedia tenía sólo dos entradas, pero el estaba convencido de que la enciclopedia podía rellenarse, llegar a completarse, con muchas situaciones de silencio. Se concentró entonces en encontrar más silencio. Las situaciones más evidentes de silencio eran bajo el agua y en determinados sueños en los que todo se mutea. Se sentaba cada tarde, la ciudad se veía allí, formada como un boceto rápido, el murmullo de coches aún alcanzaba en esa zona de retiro. Se sentaba y percibía, analizaba. Tres años después anotó la posibilidad de otro silencio: el frío excesivo también es silencio: "Físicamente- escribió- la nieve absorve el sonido. Si tuviéramos una habitación repleta de nieve e introdujéramos a un individuo en el centro de esa habitación rellena de nieve, con toda probabilidad ese individuo percibiría un inmenso silencio. Trabajó un tiempo en demostrar esa probabilidad, pero la demostración de la teoría era compleja. No obstante el ánimo decayó, en cuatro años sólo había anotado tres posibilidades de silencio total. Miraba la ciudad cada tarde, ese enemigo del silencio que es toda urbe y sentía una forma de odio por ella. Al tiempo pensó en la sordera, el silencio absoluto y lo anotó. Siete años después, desolado ante el poco silencio universal pensó, concluyó con su gran teoría filosófica: el universo, como tal, no es más que la guerra del ruido contra el silencio. Se expande este como se expande el ruido. No somos más que el final del silencio. Y miró la ciudad y comprobó que en esos años de retiro, había crecido, había cambiado el perfil, esa silueta caótica.

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