domingo, enero 09, 2011

Combate

Se puede escribir con radicalidad intelectual o con radicalidad vital. Se puede escribir sentándose frente al teclado con cierta furia o se puede escribir de píe, cubriendo con tensión los pómulos y lanzando derechazos contra la página en blanco. El ring, en este caso, no tiene límites precisos. Se desplaza el contrincante, cubriéndose de ese rival invisible. El combate es duro, salvaje y deja golpes y moratones en toda la piel. Hay que buscar, no obstante, el punto débil del texto. Es ahí donde se gana la batalla porque es ahí donde aparece toda la honestidad. Combate contra el espejo, el texto gana donde se pierde, cuando el luchador encuentra en el espejo su propio punto débil, derechazo al hígado, escupitajo de bilis, sale el verdadero texto, sin filtros. Ese golpe que da un calambrazo en los músculos del abdomen y lo libera de repente y se suelta un quejido grave, profundo, tremendo y sale disparada la saliva hacia la lona. Y el luchador, batalla contra el espejo hasta que uno de los dos se rinde y se acaba.

Comienza el combate.

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