viernes, enero 28, 2011

Grace Kelly

Estoy seguro que no soy al primero que le pasa. Si algo le falta al destino de los individuos es originalidad. A todo el mundo ya le sucedió antes. Nunca eres el primero. Eso, en cualquier caso, ahora me da igual. A mi me pasó, anoche, de repente. Había llegado a casa cansado, el día largo, el clima nefasto, los días de lluvia resultan tremendamente agotadores (gotas agotan). Cené algo rápido, hay veces que la cena es un acto indiferente, un trámite al sofá y al zapping. Me tumbé, me tapé con la manta y deambulé por canales de televisión más perdido entre programas que los tipos esos que se estrellaban con un avión en una isla absolutamente rara. Un canal, otro canal, otro canal, la programación puede ser el sitio más desolador del planeta. Terminé enganchándome a la mitad en La ventana indiscreta de Hitchcock. Me la sé de memoria pero siempre termino cayendo, indiscretamente, en esa trama. El gran logro de esa película es que el que la ha visto, lo ha hecho más de una vez, lo cual nos vuelve a todos tan terriblemente cotillas como su protagonista: todos volvemos a mirar ese patio. La cosa no es esa, lo raro, lo contundente, lo anormal sucedió después. No soy el primero seguro al que le sucede eso, pero seguro que tampoco soy el primero que siente una increíble fascinación por Grace Kelly en esas escenas. Es esplendor, algo parecido a la maravilla. Y Grace Kelly va apareciendo tan elegante, tan inaccesible, y sin olerse, uno sabe que huele tan bien cuando ella entra en ese apartamento. Y Ahí esto yo, tumbado en mi sofá y el espíritu de Grace Kelly en pantalla. Ahí se va sucediendo la trama cuando, inexplicablemente, Grace Kelly parece estar en 3D, como los protagonistas de Avatar. Superpuesta a todo lo demás, dimensionada, con profundidad, tan casi presente que incluso distingo rasgos naturales, la rugosidad que no se aprecia en el film, la textura irregular de la piel humana. Ahí entre James Stewart en dos dimensiones y ella que parece que va atravesar el salón. Y es así, de repente es así. Está ahí. No está, pero está. No es un efecto, es Grace Kelly con volumen, atrapada en la película proyectada, detenida siempre en esos actos, repitiendo una y otra vez, los mismos gestos. La ventana indiscreta es, entonces una obra teatral. Grace Kelly habita en esos fotogramas, siempre. Ahí, en ese mundo grabado, ella está. Su existencia, no obstante, se basa en repetir, en cada proyección de la película los gestos, las frases, los movimientos que indicó Hitchcock años atrás, en pleno rodaje. Y lo se porque hay un gesto adorable de Grace Kelly en esa película que ayer, en la proyección de ayer, en ese canal temático, no estaba. La descubrí, entontré la diferencia, porque siempre miraba ese gesto, un gesto que a nadie más he visto. Ayer, en su actuación de anoche, no salió, no lo repitió. La próxima vez lo verás, fíjate.

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