miércoles, marzo 02, 2011

Descriptivo

Poeta extremo, en el sentido más estricto de extremo y de poeta, el gran problema de G. Quiñones era su afinado sentido de la descripción, su no frenarse en la narración minuciosa del decorado, de los detalles, de las facciones, de las emociones, de lo que sucedía. G. Quiñones quería atrapar el instante, lo real. Y así le pasó, que describió, fue tan minucioso, fue tan preciso, quiso obtener en palabras todos los detalles que no pudo volver, que no había camino de vuelta. Aquel texto terrible arrancaba con una panorámica de la habitación de un hotel donde andaban enredados aquellos dos amantes. Antes de enredarse en emociones, en líneas argumentales, Quiñones lo quiso dejar todo bien atado, el ambiente, la decoración de aquel lugar era imprescindible para él. Y empezó paso a paso: Primero fue una descripción dimensional del espacio, la habitación y su primera impresión. Luego la forma de las paredes, la perspectiva de estas, sus rugosidades, sus grietas, las dimensiones de aquellas grietas, los espacios casi invisibles a donde se abrían aquellas grietas, la descripción precisa de la oscuridad que entraba por aquellas grietas, luego los perfiles de las grietas, pero Quiñones no se frenaba, iba más adentro. El universo que entraba en aquellas grietas, la descripción de una hormiga olvidada deambulando infeliz pero segura por la grieta, el tránsito de esa hormiga hacia ese submundo interior que se abría en la puerta, ya externa, de la grieta. Dentro, en el primer nivel de la grieta, otras hormigas, un regimiento de hormigas. Quiñones describe entonces la organización minuciosa y militar de esas hormigas y la trágica existencia de una de ellas que por error dirige su camino en dirección contraria, no hacía la grieta que da a la pared, sino al otro lado, donde la pared termina en el pasillo del hotel. Quiñones, entonces, quiere atar y sigue: Describe el deambular de esa hormiga desdichada por el otro lado de la pared, describe el pasillo, las alfombras, el polvo de las alfombras, la historia de ese polvo que ha terminado en las profundidades de la alfombra, los hilos de la alfombra, la forma de los hilos, las partículas de los hilos, el universo que se abre en cada partícula de hilos. Las formas de ese otro universo que también es infinito. Quiñones se pierde en dimensiones inabarcables, describe hasta el delirio. Quiñones describe el universo dentro del universo que hay en lo más profundo y minúsculo de esa alfombra. Quiñones lleva dos semanas encerrado, escribiendo, preparando, con descripciones el hilo argumental, lleva seiscientas páginas y la trama no ha empezado. A esas alturas Quiñones habla de Pseudo Dioses o el Dios minúsculo de un ínfimo cosmos, pero sobre todo, a esas alturas, Quiñones no sabe volver, no hay forma de volver. Sigue describiendo sub mundos, planetas que hay en esos submundos, polvo, habitaciones con otros amantes, otras alfombras y antes de la página mil, Quiñones muy lejos, ínfimo, casi nada, se describe a si mismo en ese más allá de un mundo de descripciones encadenadas. Quiñones escribe: "Allí, en el fondo de una alfombra, que esta más alla de otra alfombra, encadenada a un mundo que lleva a otros mundos, a otras partáculas, que más arriba contiene otra alfombra que son todas las alfombras estoy yo, está Quiñones, y me veo, me veo escribiendo esta descripción"

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