viernes, mayo 28, 2010

Biografía musical

A principios del 2003 me uno a Morning Night como guitarrista de apoyo y arreglos de teclas y detalles rítmicos en una gira extensa que empieza en el sur de CAlifornia y termina en septiembre en un festival independiente de Hungría. Morning Night acababa de publicar un albúm que rompe y lanza el Pop eléctrico a una atmosférica e interesante gama de Noise Dream y Pop épico. La gira es devastadora pero me propociona el dinero suficiente para pasar 2004 relajado en el sur de España. Allí investigo con un alemán que tiene montado un estudio cerca de la playa las posibilidades de crear un disco puramente electrónico y experimental con la idea de crear un concepto cercano al soundtrack. El disco nunca lo concluimos, a cambio sufro un deterioro psicológico importante. Mi vida se centra en la noche. Logro emplarmar días enteros sin dormir, conociendo turistas sin límites y lugareños desenfrenados. Ese verano me llaman para unirme a un grupo canadiense en su gira por Estados Unidos, reviso el estado de mis cuentas, escucho las canciones y analizo la propuesta, dos meses después estoy en los escenarios de festivales y en carreteras americanas. Los canadienses parecen una secta sin serlo. Generalmente me aburro en la gira. EL grupo tiene una lucha bestial entre los dos cantantes y la sección de cuerdas. Yo colaboro de bajista. En el penultimo concierto discuto con uno de los cantantes y le digo que su grupo no llegará a nada, que su grupo es una oda a la mediocridad y que su propuesta es absurda. En mitad de ese concierto dejo de tocar, hay, durante media canción, tensión entre todos los integrantes, pero yo no decaigo en mi acto, al contrario. Doy pasos al frente y en actitud provocadora, lanzo el bajo al suelo y miro al público, el cantante primero me susurra al oido que por díos siga tocando, le miro y le escupo, me da un puñetazo yo le devuelvo otro. Se desata la histeria en el público asistente. La mayoría de los asistentes se terminan creyendo que aquello es parte del show. Evidentemente la gracia me cuesta reputación y por lo tanto menos llamadas. Me voy a Berlín a involucrarme en la electrónica de Alemania. Alli trabajo y me uno a un grupo de Punk electrónico. comparto apartamento con un inglés que no cree en la música y planea destruir todo desde dentro. Su plan es disparatado y enloquecido, pero yo todas las noches escucho sus largos discursos sobre el fin de la música y sobre esa forma de violencia invisible que el llama terrorismo musical. En Berlín mis perspectivas profesionales se hunden, en Berlín no hay dinero y me largo a Londres. En Londres entro a trabajar en un popular estudio como músico para grabaciones. Allí grabo discos de muchachas que van a ser estrellas pop y algún fenómeno consolidado, gano buen dinero y me planteo, por primera vez, hacer mi primer proyecto en solitario: Una colección de canciones inspiradas en calles de la capital inglesa. El proyecto jamás lo concluyo pero logro vender algunas composiciones para la banda sonora de una serie con poca audiencia. Participo en el colectivo London Sound and Visions como interprete instrumentista. Hago mis primeras sesiones de Dj. Como Dj comienzo una carrera veloz. Al poco estoy viajando por todos los festivales veraniegos de europa. En Barcelona aterrizo en el Sonar, uno de los importantes festivales de música electrónica, y conozco a una gallega con la que me quedo a vivir. Vivo de sesiones salvajes en fiestas para extranjeros. La gallega es adicta al cristal y a mi me empuja al abismo. Nos vamos a vivir a Sitges. En Sitges alquilamos una casa casi abandonada a las afueras. Ella vive siempre postergada en un sofá que hemos encontrado en la calle y yo creo ver una nueva forma de composiciones eléctricas cargadas de cuerdas. Invierto el dinero que me queda en grabar a un cuarteto las composiciones que he escrito bajo los efectos del cristal, cuando termino de grabar agrego capas de ruido y sonidos pregrabados en salidas nocturnas a la playa. El resultado es atroz, pero yo no soy consciente de ello hasta pasados los años. La gallega se suicida, la encuentro una tarde colgada de una soga sobre el sofá, la banda sonora de su suicidio es ese experimento sonoro. Me largo de Sitges, me largo de España. Aterrizo en Nueva York. Busco a James M. que tiene mucho éxito con su sello de punk.funk, colaboro como bajista de Le Lion. He dejado el cristal pero he vuelto a la cocaína. Con Le Lion giramos por Estados Unidos y parte de Canada. Una noche confieso mi pasión a la chica de los teclados. Hacemos el amor, pero al terminar me llama inutil. No nos hablamos el resto de la gira. De vuelta a Nueva York hablo con James M. y le propongo producir mi primer disco. James dice que no tengo talento y la confesión me hunde en una profunda depresión. Me largo a París, en París las cosas se vienen abajo, termino viviendo lejos no ya del centro, sino lejos del mundo. Me planteo abandonar la música. Encuentro trabajo en lugar de Kebabs pero aguanto tres turnos. Veo un precipicio ante mi. Vivo mal. Deambulo por las calles en invierno y siento más frio que nunca. Conozco a un marroquí que me habla de Marrakech, de instrumentos, de mercados. Nos largamos. EN Marrakech trabajo haciendo isntrumentos para un tipo que tiene una tienda llena de fotos con Robert Plant. Conozco a Robert Plant y me trata con desprecio. Definitivamente abandono la música. Ahora vivo de la venta de abrasivos en el lago de Maracaibo.

jueves, mayo 27, 2010

Pero, ¿dónde? ¿cuando?

Habíamos llegado por la mañana, habíamos dejado las maletas y bajamos directamente a bañarnos al mar. La playa era abierta, y ancha, el acceso era difícil, lo que la embellecía. Había oleaje intenso pero, a pesar de todo, el agua no estaba nada fría. En la playa casi no había gente. Algunas toallas desperdigadas que parecían pronunciar la inmensidad de esa playa salvaje. Al cabo de un rato yo quise subir a ducharme y cambiarme para salir por la noche. Volví con la novia de Pier hasta los apartamentos. El camino desde la playa era arenoso, claro, e irregular y la vegetación seca y espinosa. La novia de Pier se quitó las sandalias y dijo que prefería el calor de la arena en los píes. Al llegar a los apartamentos dudamos porque el conjunto residencial estaba formado por tres edificios iguales y no recordábamos cual de los dos que estaban más al este era el nuestro. La novia de Pier dijo que ella creía que era el bloque C, yo no aposté por ninguna opción así que fuimos al C y nos equivocamos. Lo descubrimos porque no entró la llave en el apartamento que por piso y letra correspondía con el que habíamos alquilado, así que bajamos del C y subimos al bloque B y ahí la llave si encajó. Entramos, yo coloqué mi maleta en la habitación que, por pura obviedad, me debería corresponder, la más pequeña y con una sola cama. Comprobé el colchón, me senté primero, me tumbé después, me quedé un rato así. La novia de Pier se duchaba y me agradaba estar tan tranquilo, acompañado por el zumbido del agua de la ducha reverberando por el apartamento. Pensé en la cara de alguien que hacía años que no veía, luego pensé en los gastos que me iban a suponer esas vacaciones, luego pensé de lado, no de frente, sino como un coche que pasa por la autopista, en el motivo que provocaba el viaje, pero concluí o creo que concluí que en realidad en la vida nunca hay un motivo evidente, sino excusas. Dejó de sonar el agua de la ducha. Me levanté, salí al salón, vi pasar a la novia de Pier desnuda. Ella, por supuesto, no me había visto. Me gustó ver a la novia de Pier desnuda y pensé en entrar de nuevo a mi habitación y masturbarme, pero me pareció exagerado. Fui hasta el baño, me quité la ropa y pensé en una escena idónea para la masturbación y para una película porno pero floja para la realidad o para un cuento. En la escena, la novia de Pier tocaba en la puerta del baño, yo abría y me decía que si la dejaba coger un momento sus cremas o una toalla para secarse el pelo, la escena continuaba que al entrar la novia de Pier me decía que en realidad yo le gustaba y que aprovecháramos ese tiempo a solas para hacer el amor. Luego barajé varias posibilidades de guión:

1.-Abrir la ducha y desfogarnos como posesos.

2.- Lanzarnos al suelo

3.- Salir al pasillo

4.- Lanzarnos en mi cama

5.- Lanzarnos en su cama

6.- Hacerlo de píe y caminando por la casa.

8.- Un variación de la 7 todavía más salvaje

Abrí el grifo y noté que el agua caliente tardaba en salir. Cuando empecé a meter el cuerpo escuché la voz de Pier a lo lejos. Agitado, angustiado. Luego escuché a la novia de Pier llorando. No sabía si seguir duchándome o salir. Cerré el grifo y me quedé, estúpidamente, un rato incalculable quieto, mojado. Salí, me puse una toalla y abría la puerta de la baño. Discutían o parecía que discutían. Me senté en el retrete con la tapa bajada. Mientras trataba de indetificar palabras en esa maraña de murmullos elevados que me llegaban hasta el baño. Se pisaban las frases, no había orden en su dialogo. Luego pensé que sería imposible transcribir ese diálogo, que generalmente es imposible trasladar los diálogos reales a diálogos escritos. Aquello me originó una sensación confusa. Como si aquello no me estuviera pasando del todo o como nos pasan las cosas cuando las leemos: que le pasan a otros pero te pasan a ti. Me miré en el espejo y comprendí que con los años me iba pareciendo más a mi padre, aunque mantuviera rasgos de mi madre. la genética es una licuadora, creo que concluí. Abrí la puerta y no vi a nadie, caminé hasta mi habitación. ME vestí pensando que Pier y su novia se habían ido pero cuando terminé de vestirme y salí a la sala les vi sentados y callados, Pier leía un periódico deportivo, ella miraba por la ventana con cara de sentir algo semejante a la tristeza. Me hubiera gustado decir alguna barbaridad, romper esa escena con algo brusco "Pier, tu novia gana en pelotas y me la follaría en tu cara" porque Pier me caía mal y me parecía un cretino, pero no dije nada, dije algo más mediocre:

.- ¡Que bien sienta la ducha!

Y ella me miró y me sonrió y creo que además de deseo pensé que esa chica era adorable y que Pier, y esto no era envidia, era cada segundo cósmico más y más mamarracho. Pier sin embargo dijo algo del partido de su equipola noche anterior. Que estaban preparando la temporada muy bien y que el nuevo entrenador estaba dándole una filosofía apropiada a la plantilla. Que la estructura del medio campo era rígida pero eficiente, un embudo perfecto con salida creativa. Que la delantera era algo académica pero con vestigios artísticos. Que había sabido conjugar las carencias y virtudes de los jugadores para armar un bloque pensando como una orquesta. Soy tímido y generalmente educado y jamñas había respondido así a nadie:

.- Pier, eso que dices es una soberana estupidez. Tu equipo es, como todos los equipos, el paradigma del vacío La meta de la barbarie y del desorden total. Los fichajes son el último peldaño de la tristeza y los aficionados la catarsis de la neurosis.

La novia de Pier dijo:

.- Alguien sensato

Y yo, definitivamente me enamoré de Laura. Así fue y así terminé casándome con tu madre, hijo.

miércoles, mayo 26, 2010

Escena en la terraza del chiringuito

Los de la mesa de al lado están viendo unas fotos. A ratos sorbo mi cerveza, a ratos miro el mar desde esta terraza con vista privilegiada, a ratos trato de comprender si hay un orden en ese movimiento constante de los tres camareros entre las mesas. Hay un bullicio que no perturba, el sol va bajando y siento algo parecido al sosiego. De vez en cuando trato de descifrar la conversación de los holandeses y trato de ver las imágenes de las fotos que se pasan entre ellos. En una de ellas creo que he visto a la chica con un tipo que no está en la mesa. Están muy abrigados y he pensado que extrañamente los turistas también tienen inviernos. Tiendo a creer que salen del subsuelo, que son parte de algo hueco y sin embargo esa foto con bufandas y abrigos les otorga una vida en otros meses, en otros lugares, cuando no son turistas sino gente. El más mayor, que va sin pareja ha reído sonoramente y me ha parecido desconcertante ese tono, ese volumen en la risa. El chico más joven que está sentado al lado de la chica que no habla se ha levantado y ha seguido el camino al baño, la chica que no habla me ha mirado y me he sentido indiscreto y capturado. He rotado los ojos pero me he sentido, si cabe, más ridículo tratando de disimular. Luego he visto pasar un vendedor de relojes y gafas de sol por el otro lado de las sillas, he seguido su camino hasta que ha pasado a mi lado y me ha enseñado su mercancía con desgana, sabiendo de antemano que no voy a interesarme por nada, ha seguido por ese laberinto encubierto que son las mesas y las sillas de toda la terraza. En una mesa de Alemanes le han pedido ver las gafas, pero han rechazado los precios. Luego el vendedor se ha desviado en la puerta del baño. El chico joven de la mesa de los holandeses sigue allí e imaginado ese encuentro casual. He bebido dos tragos largos de cerveza y he dibujado una línea larga en una servilleta, he pensado que llevo una vida entera haciendo esas líneas sin saber muy bien que significan, he trazado una paralela a la anterior y luego un trazo anárquico, por alguna razón he pensado que tiene que ver con mi forma de razonar e incluso con mi manera de sacar conclusiones. En ese momento he levantado la mirada hacia la mesa de los holandeses, seguían con las fotos y he caído en cuenta que el muchacho seguía en el baño y que se habría encontrado con el vendedor de relojes y que ambos seguían allí. EL holandes más mayor ha cogido la última foto que andaba dando tumbos de mano en mano y se la ha pasado al tipo que veo de espaldas. En la foto está el chico que está en el baño sosteniendo una lampara que emite una luz rojiza, a su lado hay una escultura que simula un árbol de formas muy cuadradas, muy geométrico. Me ha parecido un árbol de un mundo en el que no quedan árboles. Me he puesto en pie y me he ido al baño, había algo allí que debía descifrar. El tamaño, si había varios retretes, si el muchacho y el vendedor se habían visto, la duración exagerada de las visitas de ambos al baño. Si era un encuentro casual o quizá programado. Según caminaba he pensado que quizá el vendedor de relojes y gafas podría ser además vendedor de hachís y marihuana y no era más que la cita para una venta. He abierto la puerta, la luz estaba encendida, el muchacho estaba llorando frente al espejo, el vendedor estaba orinando en uno de los retretes con la puerta abierta. No he sabido que hacer. El chico me ha mirado y se ha secado sin disimulo las lágrimas, el vendedor ha tirado de la cadena y se ha girado, nos ha mirado con desconfianza. El chico ha entrado en el retrete del que ha salido el vendedor, el vendedor se ha lavado las manos, ha recogido la mercancía que tenía apoyada en la parte del lavabo donde están el secador y los jabones y ha salido, el muchacho holandés ha orinado con la puerta cerrada, se oía el chorro por todo el baño, ha tirado de la cadena y ha salido, no se ha lavado las manos y ha seguido de largo hacia afuera. Me he mirado en el espejo las entradas, me he mojado un poco el pelo y he vuelto a salir. Cuando me he sentado he descubierto que el chico holandes se había cambiado de sitio en la mesa, la chica seguía callada y el más mayor ya no estaba. Había cierto cambio de tono en el ambiente de la mesa, pero un cambio poco apreciable. La chica me ha vuelto a mirar y ha sonreido. El chico holandes en ese momento ha descubierto que yo estaba ahí y me ha dado la sensación que me ha relacionado con el tipo que le ha visto llorar en el baño. Ha dicho algo al que veía de espaldas y este se ha girado y se ha puesto en píe. Se ha acercado y en un muy mal español me ha dicho que si me podía sentar con ellos. En ese momento me he puesto en píe y he salido corriendo. He corrido el paseo marítimo. Unos doscientos metros más adelante he visto sentados en el muro bajo al vendedor con el holandés más mayor. Se daban la mano en ese momento. No he parado de correr hasta el coche. Lo he encendido y ha saltado la radio. Daban las nueve de la noche.

martes, mayo 25, 2010

El 7 rojo

En el kilómetro 14 de esa carretera me da por hacer una reconstrucción veloz de los acontecimientos que me han empujado a que esté ahí, en la parte de atrás de una Wagoneer, a las 3 de la mañana dirección de un lugar desconocido, con dos tipos que jamás había visto. Ellos hablan con tono jocoso y miran al frente, yo voy atrás, callado, sufriendo la contundencia del mareo de una profunda borrachera. Miro a lo lejos donde todo está oscuro y me pregunto como es posible que exista una carretera semejante, destrozada, estrecha, oscura, iluminada por unas llamas lejanas producidas, y eso me lo dicen ellos, porque ahí está el vertedero de la ciudad que hemos dejado atrás. LAs llamas, la decadencia del asfalto y la estrechez de la carretera me hacen pensar en imágenes post apocalípticas y eso lo digo en alto "esto parece un mundo perdido" y ambos se ríen. Luego giran en una curva, un letrero rojo anuncia sexo barato. Entramos en un terreno de arena y piedras y detienen el coche a 20 metros de la puerta de un club que potencia la sensación de mundo acabado. Entramos, suena música que no reconozco y que bailan decadentemente una prostituta y un tipo gordo en medio de una pista vacía. Nos abordan unas mujeres mayores y muy entradas en carnes y nos dicen preguntan que queremos beber. Nos sentamos con ellas en unas butacas lamentables y llenas de agujeros. Yo me siento de manera que puedo seguir viendo la solitaria pista de baile. Una de las mujeres me pregunta que de donde soy y miento. Digo que me llamo Samuel y que vengo de muy lejos y ella se ríe y dice que aquí, a este lugar todo el mundo viene de muy lejos porque este lugar esta muy lejos. La sentencia me inquieta tanto como su sonrisa a la que no acuden algunos dientes. Mis dos compañeros beben y al unísono cogen a las otras dos mujeres y se ponen en píe. Los cuatro bailan a Hector Lavoe en la pista. La mujer que me acompaña me pregunta por mi vida y trato de mentir, pero cuando llevo un par de frases me dice que no mienta: "aquí nadie viene a mentir" y me quedo callado. Miro a la pista, el movimiento caótico de los cuatro bailarines me resulta, repentinamente, hipnótico. Hay en ese caos de movimientos y de danza desequilibrada algo hermoso que no alcanzo a entender. La mujer que tengo al lado sonríe de nuevo y suelta:

.- Curioso. Resulta hermoso mirarles. Tiene tanto del orden del mundo. De ese azar impredecible bajo el que se gobiernan nuestras vidas. Estamos aquí y giramos bajo los movimientos no dictados de un destino borroso e indeciso. El gran problema es que el destino existe, claro que existe, pero este duda y nunca sabe que hacer. El destino es humano en ese sentido. Decide muchas veces por la pura emoción y detrás vamos nosotros. A eso se parece ese baile.

La miro sobrecogido:

.- ¿Dónde carajo estoy?

.- Ya lo sabes. Hace dos días que has muerto.

miércoles, mayo 19, 2010

Nefasto

Ayer escribo un texto localizado en la ciudad de México. En un momento, casi al principio, una mujer va en un taxi, el taxi va oyendo un programa de radio que en el texto describo como extraño. Bien, momentos antes de teclear el adjetivo extraño, estuve tentado de escribir que el taxista va oyendo Soda Stereo, lo cual no es nada improbable que suceda en un taxi que atraviesa el DF de madrugada. Termino de escribir el texto a trompicones y me dedico a otras labores y ociosidades. Pasa el día y llego a casa de noche. Me entero que el cantante de Soda Stereo está ingresado en una clínica de Caracas. Como no es la primera vez que invoco a algún artista y poco después sucede algo trágico en su vida me siento relativamente culpable. Se, por supuesto, que no soy culpable, pero la repetición me asusta.

18 de abril del 98: Llevo pocos meses en Madrid. Generalmente paso muchas horas solo y me entrego con devoción, y casi como salvavidas, a leer horas y horas en bancos de parques de Madrid. He oído muchas veces el nombre de Octavio Paz, tengo muchas referencias, pero aún no he leído nada. Camino por el centro y de me viene su nombre. Entro en el Fnac, subo hasta la planta de los libros y selecciono el que será mi primera lectura de ese autor. Pago, salgo a la calle y camino. Pasado un buen rato me siento en un banco. Leo con atención y con algo de solemnidad las primeras páginas de la Llama doble. Dos días después, el día 20; me entero que Octavio Paz ha muerto. Curiosamente aquel libro lo perdí.

13 de Julio de 2003: Estoy convaleciente. He pasado por el momento más delicado de salud de toda mi vida. Hace 3 días me han dado el alta. No me siento bien, estoy en casa. Salgo a dar un paseo. Entro en una tienda, compro Nocturno de Chile. Vuelvo a casa. Leo otras cosas. A media tarde me sube la fiebre. El libro casi lo olvido. Pasan varios días, todas las tardes me sube la fiebre, hasta la tarde del 19 de julio que sube excesivamente. Vuelvo a urgencias, paso la peor noche de mi vida. Me ingresan. Le digo a M que me traiga unos libros de casa, entre los seleccionados está Nocturno de Chile, sin saber que un día después de comprarlo Roberto Bolaño ha fallecido en un hospital. M trae el libro junto con el periódico donde puedo leer una columna que recuerda su obra, es justo en ese momento que me entero de la muerte del autor del libro que avabo de empezar a leer.

martes, mayo 18, 2010

El noveno cuento

Llama a la línea de taxis que siempre usa, y más de madrugada. El taxi la recoge en Génova casi en la esquina con Reforma. Cierre la puerta, da la dirección y mira por la ventanilla. El Taxista va oyendo un programa de radio extraño, ella lleva el teléfono en la mano y marca ese número que ya se sabe de memoria. No calcula la diferencia horaria. da siete tonos, ocho, diecinueve y nadie atiende. Es madrugada y apenas hay coches por las calles. En Matías Romero el taxista cambia de emisora. Ella cree que está cogiendo un camino incorrecto y se la hace saber. El taxista contesta que el cree que ese camino es mucho mejor. Se queda callada. Poco después giran en su calle. EL taxista se detiene y cuando va a pagar el taxista le pregunta que si le podría hacer un pequeño favor. Ella mira la calle, la calle vacía, la ciudad contenida esperando el amanecer. Por un instante se arrepiente de todas las decisiones de su vida que la llevaron a terminar viviendo en esa jaula infinita, siente el pánico de la leyenda. El taxista le dice que lleva desde algún tiempo escribiendo unos cuentos, que no los ha leído nadie pero que le gustaría una opinión objetiva. Ella sonríe, pero sonríe más por ver que sus temores bestiales se diluyen, que su breve paranoia queda en una anecdota y acepta. El taxista coge del asiento del copiloto una carpeta con folios. Quedan en que en unos días pasará por ahí mismo a buscarlos:

.- Si usted no quiere darme su opinión hablada, me puede dejar una hoja con sus reflexiones y críticas dentro de la carpeta.

El taxista no acepta el dinero que cuesta el trayecto. Se despide con un buenas noches y entra en el portal. Sube hasta su casa. Abre la puerta y enciende la luz. Se lanza en el sofá, coge las hojas empieza a leer, pero la borrachera la hipnotiza y la duerme. Despierta destrozada por la intoxicación etílica y con la carpeta a un lado. Llama al trabajo. No va. Se pasa el dia entero leyendo los cuentos. Ella no es precisamente una gran lectora, pero los cuentos le resultan desconcertantes por distintos, por peculiares.

El primero va de un mono que se pierde en el distrito federal. El segundo va de un trayecto en taxi que empieza y termina en el mismo punto y en el que taxista y cliente van pensando paralelamente en sus vidas si llegar a dirigirse la palabra más que lo necesario para hacer recorrido y pagar. El tercero es la historia de una chica de helio. El cuarto la hace llorar por que va de un padre que pierde a su hija en el parque de atracciones. Antes de leer el quinto baja a comer aun restaurant que hay enfrente de su casa muy agradable y entrañable. Sube, se queda dormida, marca de nuevo y de nuevo nadie atiende. Sigue leyendo. El quinto es un cuento inexplicable. El sexto no lo entiende. El septimo y el octavo son muy parecidos pero con distinto final. Anochece en la ciudad y empieza a leer el noveno. El noveno empieza con una mujer que llama a un taxi, el taxi la recoge en Génova casi en la esquina con reforma. Sabe desde ese instante que lo que va a leer a partir de ese instante es el trayecto de la noche anterior. La mujer llama por teléfono. Todo lo que lee es ese trayecto desde el punto de vista del taxista. Lee descripciones sobre si misma que le cuesta afrontar. Termina el cuento como terminó el trayecto. Cuando termina de leer el cuento comprende, entonces, que el taxista, que le viaje y que seguramente esa ciudad no existen, que todo es parte del cuento y ve desde la ventana como todo se acaba.

sábado, mayo 15, 2010

El odio

La imagen avergüenza y describe lo que muchas veces es este país. Un territorio donde generalmente se confunden las formas, donde se habla al otro con bastante brusquedad y se actúa bajo el impulso de los actos no pensados. Hay aparte de soberbia, un problema monumental de educación. España tiene cosas buenas, las tiene, pero a mi ya me cansa tanta mala educación y tanta sinceridad mal comprendida. Aquí cualquiera te lanza su dardo porque si, porque el debe sospechar que tiene mucho criterio y un descomunal conocimiento de la verdad. No va esto en contra del criterio y de la opinión, que va muy en contra de lo que hablo. Aquí se juzga sin reflexión y con desconocimiento. Eso no es opinión, ese es el primer paso de la barbarie. En este país hay una preocupante falta de empatía, aquí nadie se pone en en el lado del otro, porque el otro, generalmente, es gilipollas y medio tonto. La imagen del periodista entrando en directo desde Hamburgo, rodeado de hinchas de uno de los equipos de la capital, totalmente desaforados y actuando sin control, sin medida y utilizando a un mendigo asustadizo como fin de sus gracietas ante la cámara produce sensaciones nada agradables y preocupantes sobre el estado mental de esta sociedad. Hasta ahí de acuerdo. Yo también pienso que una llamada de atención por parte de la cadena para la que trabaja y una disculpa pública por parte del periodista que va de graciosito y que a mi no me ha sacado todavía la primera sonrisa en años es algo correcto. Pero luego entra internet y sus redes sociales y todo me recuerda a los apedreamientos públicos: Cortémosle la cabeza a la bruja. A mi me aterra como maneja la gente sus frases y sus insultos. Insisto, estoy de acuerdo en que el acto es repulsivo, pero me aterra el odio, me aterra la rabia. En este tiempo todo va a la velocidad de la luz. En horas ya hay una página en facebook pidiendo la dimisión no sólo del inepto periodista sino de todos sus compañeros, el incremento de seguidores de la página aumenta a una velocidad desmesurada donde estos dejan frases y ahí, ahí cuando te pones a leer se te puede poner la piel de gallina:

El perro que acompaña al mendigo tiene más coeficiente intelectual que los votantes socialistas...
Hace 2 minutos ·

Lama no tienes verguenza. Sino dimites no eres persona ni nada.
Hace 19 minutos

por qué no preparamos un apagón a cuatro? y sobretodo si hay alguien con audímetro mejor...

Has reafirmado lo que siempre has sido....un payaso patético. De los bufones que tienes contigo en el programa mejor no hablar.
Hace 40 minutos ·

Este tipo de personas ni deverian existir y menos en la television
Hace 44 minutos

Q asco de gentuza ...
Hace 45 minutos

El tendria que ser el humillado!!!!!!!

Pero ¿ a qué esperan para echar a este niñato sinvergüenza ?. si fuese una persona normal debería haberse ido él mismo pero ni es persona ni nada parecido.
me avergüenzo de gente de esta calaña

vamos a por el millon de miembros...
Hace una hora aproximadamente.


menudo soplapollas!!!
Hace una hora aproximadamente.

a la calle y a ver si te encuentras tu como el señor y su perro,IDIOTA
Hace una hora aproximadamente.

Quien siembra vientos recoge tempestades

hijos de puta...
Hace 2 horas

si te encuentro por la calle me voy parati hijo de la gran puta gente como tu no se merece otra cosa puto payasso reirse de una persona asi mamon
Hace 3 horas

FUCK MANOLO LAMA!!!
Hace 3 horas

ojala un grupo de mendigos le de una paliza a manolo lama!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Hace 3 horas ·

manolo me llegas a la polla anda hechate adormir pelotas de mierda

Por esO y por ser tan merengue!! como todos del cuatro!!! VISCA EL BARÇA!!!

Esto es guerra. Hay que atacar los suministros.


Así ad nauseam

viernes, mayo 14, 2010

Me quedo

.- Creo que ya te vi. Estabas aquí, en este mismo sitio la semana pasada. Yo estaba en el otro lado, al lado de los altavoces de la izquierda. Estabas ahí mismo, entre la oscuridad del público, iluminado esporádicamente por las luces del escenario, te pude ver desde allí. A mi me gustó mucho ese concierto, pero me está gustando más el de hoy. Yo estaba allí y en el estribillo de la sexta canción miré atrás, a lo lejos. No buscaba nada pero un fogonazo que iba a ritmo con el cambio para entrar en el segundo estribillo iluminó todas las cabezas, entre todas las caras que miraban a ese desgarrado cantante, destacó la tuya, que mirabas con ese aire mismo con el que miras ahora. Esa nostalgia, esa distancia. Eras tu, estoy segura que eras tu. Y hoy, fíjate: Suena La superbe, ese estribillo, esa intensidad, ese corazón, ese saxofón que podía ser patético y sin embargo le da tanta elegancia y Benjamin se desplaza por el suelo y nos mira desde una sinceridad sobrecogedora, desde ese confesionario que es su micrófono y nos agradece de corazón la terapia. Estabas aquí, en este mismo punto la semana pasada, en aquel otro concierto y hoy sigues aquí.

.- Sigo aquí. Siempre sigo aquí. Pase que pase quien pase por ese escenario. Benjamin o cualquier francés, cualquier islandes o cualquier inglés. Soy lo contario a una gira. Ellos pasan, son fugaces y se van, yo siempre estoy aquí, al lado de esta columna. Si vienes la semana siguiente, que tocará alguien que ni conozcas yo estaré aquí. Yo también te vi, mirabas desde allí y vi el fogonazo y la luz reventando en las caras y tu cuello girando. Si, también te vi, pero yo siempre estoy aquí. Lo sensato contigo, con ese rostro, hubiera sido acercarse. Pero yo no me acerco. Yo estoy aquí. Siempre estoy aquí.

.- Pero fíjate, hoy Benjamin, La Superbe, esas cuerdas, esa cadencia, ese andar entre entero y melancólico. Avanzar sabiéndose derrotado, la gloria del perdedor, del desconocido. Hoy estoy aquí, yo hoy también estoy aquí.

.- Si, hoy estás aquí, pero te irás. Yo siempre estoy aquí. Cuando Benjamin bajé el telón y se pierda por el fondo, derrochando cariño y gratitud y la sala se irá vaciando, yo me quedaré aquí y puede ser que durante un rato tu te quedes, pero cerrarán la sala y se apagarán las luces y te irás.

.- No me iré. Me quedaré. Te ví desde allí y ahora estoy aquí.

.- Pero, no lo entiendes. Yo llevo años aquí. En el año 97, en el año 96, antes incluso ya estaba aquí. Tu estarías estudiando o viajando a Budapest o incluso a Paris y aún no sabías que existía Benjamin. Y ya estaba aquí. Desde aquella noche, desde aquel concierto, nunca me moví. Llevo años aquí. Cierran la sala, cambian de dueño, hacen reformas y yo sigo aquí. Aquella maldita noche yo no lo decidí. Me quedé por accidente.

.- Pero yo me quedaré.

.- No te quedarás. Nadie lo aguanta. La culpa fue mía. El chicle lo había tirado yo al suelo. No fue otro, fui yo. Llevaba mucho rato, desde antes de entrar aquel concierto masticando chicle. Empezó el concierto. Aquel amigo del que hace años que no se nada compró un par de cervezas y lo tiré al suelo. Fue mi culpa.

.- No entiendo.

.- Lo lanzé yo y lo pagué. Al poco rato, entre canción y canción lo pisé. No me di cuenta hasta que fui a mover levemente un píe. Fui yo y ya nada fue igual. Se vació aquel concierto. No me podía mover. Me había quedado pegado al chicle y el chicle al suelo. Yo ya estaba aquí, llevo desde entonces aquí.

.- Yo me quedaré.

.- Lo dices ahora, pero nadie aguanta. Terminará Benjamin, aguantarás esta noche, pero te irás. Lo se.

.- No me iré. Tengo un paquete entero de chicles. Mastica conmigo, amor. Mastica. Quedemonos pegados al suelo los dos. Veamos todos los conciertos, vivamos aquí. Mastica, amor. Mastica bien y lanzalo que ya los piso.

.- ¿Te quedas? ¡De verdad te quedas?

.- Me quedo. Lánzalo. Mira como los piso.

.- ¿Entonces es verdad?

.- Me quedo

jueves, mayo 13, 2010

Fugaces

Desde la habitación se escuchaban coches pasar: El sonido más extremo de la fugacidad. La ventana daba a una autopista con poco transito y a un par de montañas que anunciaban un cambio radical del paisaje. Me detuve ahí porque estaba agotado. Pedí algo de comer en el comedor que estaba ocupado por un tipo inmenso que miraba obsesivamente la televisión y un tipo delgado que comía con su hijo de unos cuatro o cinco años que hablaba sin parar en ese idioma del que no entendía nada. Comí poco y mal. Una sopa aguada y una carne mal guisada. Bebí tres cervezas, la primera de ellas en dos o tres tragos. Pagué. Mientras me traían la vuelta me quedé algo concentrado en un comercial del que no comprendí que anunciaba, pero que mostraba unas imágenes sorprendentes de unas piedras que emitían una luz poderosa. Me despedí del camarero y salí. Subí los dos pisos y entré en la habitación. Me tumbé en la cama, quería dormir pero no lo lograba, entraba la luz extrañamente blanca, pálida pero intensa del frío a través de la ventana. Cerré los ojos un rato aún vestido. No pensé o el pensamiento se movía en sensaciones. Al rato comencé a escuchar la cadencia irregular de los coches pasando. Pasaba uno y, sin pensarlo de antemano, sin calcularlo, mantenía la respiración mientras pasaba de un lado al otro de las puertas de mi oído. Cuando dejaba de oírlo, volvía a mi ritmo respiratorio. Fue anocheciendo y fue disminuyendo ese fugaz paso de coches. Creo que comenzó a llover o algo parecido al sonido de la lluvia me pareció interpretar durante un rato. Me puse en píe, me desnude y me metí en la ducha. Puse el agua hirviendo y me deje empapar. Colgué mi cabeza y durante unos minutos sentí el calor artificial del agua. Noté mi piel leve y agradablemente enrojecida. Dudé en salir, me hubiera quedado horas bajo ese chorro cálido. Cerré el grifo, el baño estaba envuelto de una nube. Pasé mi mano por el espejo para verme, con el dedo escribí Johannsson. Me cubrí con algo de ropa y salí de nuevo a la habitación. Me asomé a la ventana, había una niebla espesísima, la luz del hotel rebotaba contra ella a un par de metros de la fachada. Parecía como si el mundo hubiera dado por finalizado su espacio justo ahí delante. Me vestí completamente y bajé a cenar algo. No había nadie en el comedor. Me senté en una de las mesas al azar. La televisión estaba encendida, pero no tenía volumen. Un tipo sentado en un plató daba, aparentemente, las noticias. Cada poco entraban imágenes de lo que había sucedido en el mundo o en ese país silencioso. Apareció un camarero, me ofreció la carta. En inglés pedí una cerveza y un pescado. Entró una pareja de mediana edad, se sentaron a unas mesas de mi. No hablaron hasta pasado un buen rato. Ella le dijo algo a él, él soltó un discurso largo y de tono entusiasta, ella sonrió al final, le pasó la mano por el pelo y sonrió. Me trajeron mi cerveza, la bebí con cierta rapidez. Me trajeron el pescado, dejé la mitad y pedí otra cerveza. Me quedé un buen rato, ojeando a ratos la televisión muda, a ratos a la pareja. El camarero me preguntó, en inglés, si no me había gustado el pescado; Mentí,contesté que tenía poco apetito. Se llevó el plato. La pareja terminó de cenar, yo pagué. Saludé al pasar cerca de su mesa. Subí a mi habitación. Me asomé a la ventana, aún había niebla, pero había bajado su espesura. La pareja salió y en el estacionamiento se montaron en un coche. Se perdieron dirección Norte. El sonido de su coche también se fue perdiendo. Entré en el baño para orinar, al encender vi a Johannsson sentado en el retrete, vestido de gabardina y con unas gafas que nunca le había visto. Extrañamente pensé que las gafas le quedaban bien y que quizá por edad ya tenía vista cansada. Sin forzar mucho, me agarró del brazo, bajamos y me montó en su coche. Fuimos dirección Sur. Pensé en la pareja, pensé en el sonido del coche de Johannsson desvaneciéndose en mi habitación. Pensé en ese país. Pensé que nada tenía mucho sentido. Miré a Johannsson y me pareció un tipo triste. El coche, sospecho, se fue perdiendo en la noche.

miércoles, mayo 12, 2010

Café sobre papel

Se cae la taza de café empapando las hojas donde había comenzado a escribir. El efecto del líquido repartiéndose por la hoja, extendiendose y diluyendo las letras y transformándolas en pequeñas lagunas negras le producen primero una profunda molestia convertida velozmente en una enorme atracción ante el proceso que está viendo. Es consciente de la incapacidad de haber generado semejante transición, de haber logrado nada parecido a lo que se está produciendo, en ese instante, sobre la hoja. Sin limpiar nada, sin alterar el proceso se queda mucho rato observando la evolución del mismo. Llega un momento en que el café esparcido se detiene, se queda estático. Durante un rato la tinta negra se sigue aguando, deshaciendose las letras escritas, uniéndose al café y formando un líquido de un color básicamente feo. Pasado el tiempo, el liquido comienza a secarse, se va pegando extrañamente en la hoja y la hoja va sufriendo un velocísimo proceso de envejecimiento. Lo que inicialmente era un folio blanco, nuevo, en el que se habían escrito unas cuantas frases se ha convertido, en un proceso bastante veloz, en una vieja hoja con manchas repartidas irregularmente. Teniendo en cuenta que sus primeras frases merodeaban la idea de un cuento con un pequeño juego temporal, el suceso le parecen, con toda seguridad el mejor texto que jamás haya escrito, porque es la metáfora más exacta que nunca haya escrito. El accidente le proporcionan, de repente, la felicidad de haber logrado, por fin, un texto preciso, minucioso y completo. El juego temporal está plasmado, lo que empezó ahora fue un viejo veloz a un envejecimiento repentino. El presente sucede tan veloz que el ahora se convierte en un remoto futuro de un plumazo, un plumazo que en este caso es una taza esparciéndose por la hoja. La hoja, por supuesto, la lleva a su editor. El editor la mira y no comprende.

.- Es mi último cuento. El mejor que jamás haya escrito.

Obviamente el cuento jamás es publicado.

martes, mayo 11, 2010

Dobles

¿Doble vida? Yo no lo llamaría exactamente doble vida. Siempre soy, fui y seré el mismo. Como una vez me dijo una amiga:"Uno se carga puesto". Así que yo no lo llamaría doble vida. No era feliz. No era infeliz, pero no era feliz. Este debate sólo surge en una generación como la nuestra, en un mundo hastiado y cansado de si mismo como el nuestro. Somos la generación de insatisfechos y yo fui el paradigma de esa insatisfacción. Tenía una carrera que me agradaba pero no me enloquecía. Mi vida universitaria fue divertida, bastante rica y me proporcionó bastante conocimiento. A ratos viajábamos como beatneaks por Europa en trenes pagados de antemano, a ratos éramos intelectuales hablando de política exterior y del conflicto balcánico. Lo mismo leíamos a Borges que a Brillat Savarin que Bertrand Russell. Hablábamos de Latinoamérica, de Ruanda o de historia húngara. Luego aquello se fue acabando. La gente se fue colocando en buenos puestos a la salida de aquellos estupendos masters, pero algo se había quedado a medias. Entonces nos convertimos o me convertí, porque hablar de los otros, en una división de cosas. Durante ocho o más horas iba de traje, después iba de Converse. De día me reunía y decidía, aplicaba aquel conocimiento del master, de noche volvía a las sensaciones beatneaks y las noches de marihuana en habitaciones de hostales en ciudades europeas. Por el día me sentaba en aquella sala, en aquel ritmo que me gustaba pero no me llenaba, a cambio salía y me convertía en aquello que también era: Libre, experimental, algo bohemio, un tipo sin ataduras. Tenía inquietudes creativas y vitales que no coincidían con las horas de despacho, así que en los ratos libres me transformaba. Siempre, sin embargo, hubo un punto en común. Tanto en el despacho, como en el otro lado, donde aún fumaba y salía y experimentaba con mi vida y aún era un pseudo beatneak, todos me decían que era igual, sorprendentemente parecido, a Bruce Willis, pero a Bruce Willis con mi edad, al Bruce Willis de Luz de luna. En la oficina, en aquella seriedad, en aquel ritmo frenético, ausente de humor, mi mote era la pizca que convertía el despacho en algo un poco más alegre, levemente más divertido: "Bruce, te paso el informe" "Bruce, ¿te puedes reunir en media hora?". Cuando me quitaba el traje y volvía a las converse rojas, a los vaqueros rotos, a relaciones fugaces e insatisfechas era Bruce. En ambos mundos era Bruce. Así que fue pasando el tiempo y la distancia entre mis mundos acrecentándose brutalmente, unidas sólo por mi mote, por mi parecido. El puente de unión de todo era Bruce, Bruce Willis en luz de luna. Llegué a los 30, las dudas sobre mi existencia. ¿Era ese el camino correcto? Peleado entre la solidez del despacho y la insatisfacción del mundo exterior, Bruce volvía tantas noches a casa con el desasosiego de una vida que no era la mía.

Pero la vida es azar. Alguien lanza un dado. Un producto encarga una campaña, un creativo publicitario recuerda Luz de luna y ve el filón y la conexión del producto con la serie y el target. Alguien hace un casting, se lanza la rueda y un dia, a la salida del despacho, un compañero me dice:

.- Bruce, tengo un amigo que trabaja como realizador de publi. Andan buscando a un doble de Bruce Willis para un anuncio.

Y fui, claro. Le debía algo a mi mote. Fui por humor y por cansancio. Probaría algo nuevo en esos días de desgaste, de desesperanza. Pasé, me eligieron como doble. Yo protagonizaría la campaña. Pedí tres días libres en el despacho para el rodaje y las sesiones de fotos. Nunca más volví. Me convertí en el doble oficial a nivel mundial de Bruce Willis: Campañas, fotos con el Bruce Willis real. Rodajes de películas en las que protagonizaba los flashback de Bruce Willis, sus recuerdos del pasado. Anuncios en Japón, fotos en Turquía. Publicitáriamente me había convertido en un filón. Mi trabajo era suficiente pero nada excesivo. Quedó atrás aquella vida. Desde entonces soy Bruce Willis 2 o el Bruce Willis más joven y fui considerablemente más feliz.

lunes, mayo 10, 2010

Anotación

Las vidas salvajes, dice Bastian, no están escritas. La literatura no abarca determinadas biografías, las biografías de determinados personajes que uno conoce y de los que escucha la narración apresurada de su vida tomando conciencia de la posición de la propia. Hay escenas que vuelcan y dan un giro a tu existencia. Se comprende mejor el pasado y te ubica en ese presente alcanzado y en el que no siempre se reflexiona. Un presente que se ve, que se percibe, como la forma natural que ha ido tomando el tiempo y sin embargo, de repente, el presente, tu propia vida toma una nueva dimensión porque te encuentras con las vidas salvajes del pasado, esas vidas de las que de algún modo fuiste parte: La imagen es nítida, muy sólida. Veo a Bastian y veo a J. A Bastian el encuentro le está alcanzando más allá de la mera reflexión, de la mera emoción que siempre produce el pasado lejano traído de golpe. A Bastian el reencuentro le ubica en el presente, le está dando una nueva dimensión a los días que vive. Para J todos es cálido, porque el ya sintió esa calidez hace años. Afuera llueve y las luces de los bares rebotan en el asfalto mojado. La ciudad le trasmite una vida que no sentía desde hace años. Le agrada lo que percibe, no lo traduce, no piensa demasiado en ello, pero siente que esto es tan nuevo que casi lo ha vivido. J es el paradigma de la vida salvaje. Movido por el instinto de la supervivencia ha llegado a la ciudad y ha llamado a esos dos tipos que le abrieron alguna forma de vida en aquellas calles infernales, en aquellos años frenéticos. J es entrañable porque en el cariño encontró la única forma de estabilidad que ha rodeado su vida. Si J no fuera tan cálido, su vida se hubiera desmoronado. A las puertas de la delicuéncia, a las puertas del vértigo, esa forma bohemia de comprender la vida le han salvado de caer en ese precipicio que tuvo siempre a dos pasos de sus zapatos. J corre y va, pero todo el mundo le quiere, todo el mundo le quiso y se mantiene enérgico y en píe por eso mismo. j es un gatillo que corretea por los tejados al que todo el mundo en los vecindario le deja un platillo con agua y algo de comer. Ese gatillo corretea, salta y va alimentándose de lo que genera su capacidad de calor, su ternura intacta a pesar de la velocidad, a pesar de los riesgos. Bastian le escucha y dimensiona su vida, la ubica y la comprende en un plano mucho más amplio. Está aquí porque estuvo allí. Bastian comprende exactamente las palabras de J, la narración bestial de una vida que a cualquiera le hubiera dejado hecho trizas. Escucha los recuerdos que ni Bastian ni su hermano recuperan con facilidad. J evoca aquella época mientras Bastian y su hermano la van trayendo torpemente desde el punto opuesto. Para ellos los años aquellos fueron el precipicio, la incomprensión, para J ellos signficaban exactamente lo contrario: La fascinación de un mundo distinto, bien engrasado, atractivo. Para ellos J era el paradigma de la nueva situación. El mundo marchitado, agitado y bestial. Nunca lo pasaron tan bien ni tan mal. Era lo que había allí, en el mundo de J. Los extremos vitales: La salvaje alegría, la salvaje desesperanza. J es todo ello y pide más alcohol, porque queda poco tiempo, porque se tiene que ir. Beben, brindan de nuevo por ese reencuentro acelerado, veloz e intenso. Se recupera. Si algo se sabe de un reencuentro es que el tiempo en segundos se comprime y quince años sin ver a alguien se convierten en nada y se está de repente en el mismo plano, en la misma conversación y salvajemente se recupera algo que estaba detenido.

viernes, mayo 07, 2010

Idea autobiográfica

He llegado al ordenador, café en mano; decidido, constante, con esa luz azulada entrando por la ventana. He tenido algunas sensaciones, ¿Cómo llamarlas? ¿Poéticas? Había silencio en casa, esa luz fantástica entrando por las ventanas y maquillando el ambiente de esa atmósfera agradable y esperanzadora del día que arranca. He bebido café, he tecleado usuarios y contraseñas, convencido de escribir otro post en este blog perdido. La idea era clara, estaba prefigurada en mi cabeza, estaban ya hilados algunos tramos; luego siempre me impulso por ese aire de improvisación, para unir los cabos sueltos. Esto, sospecho, que nunca queda resuelto. Las pocas veces que releo posts descubro amontonamientos de palabras, errores a la hora de teclear o fallos por ir pensando mientras se escribe, problemas serios de puntuación y palabras escritas que aparecen sin ser esa la que tenía que ir ahí, en suma los graves problemas de la no corrección. No es la primera vez que pasa, pero siempre molesta que en el momento exacto que me pongo a teclear desaparece, se desvanece la idea, se fuga. Huye inesperadamente. Como si en ese despiste de los actos burocráticos, de entrar a la página, de introducir contraseñas, la idea aprovechara para escabullirse. Eso siempre me hace sospechar que las ideas trasladadas a texto no se sienten cómodas. A las ideas les gusta andar liberadas, como ideas, como abstracción. Si las atrapas y las encierras en palabras se sienten presas, se sienten amordazadas. Por eso ha escapado esta, por eso se fue. La idea estaba clara. Creo que pensé ayer en ella cuando bajaba en bicicleta por la calle Miguel Ángel, e incluso recuerdo la invasión de esa idea como un aire con el que te das de frente. Lo recuerdo porque en ese momento saltó la cadena y me tuve que frenar y colocarla justo en un portal en el que entraba una señora muy arreglada. Vino como ese airecillo que te agita el pelo (Que por cierto te tienes que cortar ya) y comencé a jugar con algo que debería llamar estructura, pero en ese instante saltó la cadena y dejé aparcada la idea y me centré en los piñones del plato, en esa mecánica abismal de la bicicleta. Creo que pensé también en que sería de un virtuosismo inalcanzable para mi, obvio; hacer un cuento que estuviera tan hilado como el mecanismo de una bicicleta. Se mueve la rodilla, gira el pedal, la cadena comienza su ciclo y esta arrastra la rueda que a su vez empuja a la otra rueda que es sostenida por mis manos para mantener la dirección. La fuerza que sale de mis rodillas, que ejecuta el movimiento corporal, activa toda una cadena para terminar en mis manos que dirigen toda esa fuerza mecanizada. Eso se interrumpió cuando la cadena, improvisadamente, saltó. Claro que eso también podría ser un texto o el final inesperado de un texto escrito por un virtuoso, porque si aun virtuosismo tal le agregas esa pizca de improvisación, de fantasía, de juego, el cuento sería redondo o al menos el concepto de cuento redondo que transita por ese otro mecanismo, bastante más imperfecto, que es mi cabeza. El caso es que ese acontecimiento desvió mi atención de esa idea que me había alcanzado mientras pedaleaba, bastante contento, calle Miguel Ángel hacia abajo. Luego, bien pensado, todo se parece o todo puede ser metafórico: El tiempo es la cadena, mi vida esa fuerza que activa la cadena. Despierto, entra la luz de la mañana que tanto se parece a ese airecillo que me alcanzo en la calle Miguel Ángel. Y claro, la metáfora es circular si la idea, como la cadena, saltan. Salta la cadena, se fuga la idea en un instante en el que debían seguir continuando los ciclos, las cadenas, los pedales, las ideas. Se detiene la bicicleta.

jueves, mayo 06, 2010

Paréntesis

Se decide un punto donde arrancar. ¿Qué importa ahora la parte anterior de esta historia? ¿Qué importará lo que vino después? Lo que es evidente es que hubo cosas antes y sucedieron cosas después y aquí, sin embargo abriremos y cerraremos paréntesis. Pudo empezar ahí, pero ¿Qué sucederá con lo no contado previamente? Y si en vez de arrancar la historia con mis pasos sobre aquel paseo cerca del río, lo arrancara antes, cuando aún no había aterrizado en aquella ciudad y miraba desde el avión el paso de nubes y la vista de una ciudad que en ese instante todavía desconocía. Si en vez de terminarla en esa habitación de aquel apartahotel, la terminara después, en el taxi al aeropuerto, para volver a casa. Podría empezar mucho antes: Recogiendo las cosas en casa, haciendo las maletas, mientras hablaba por teléfono y seguía escogiendo las camisas, las chaquetas precisas y las ordenaba a mi antojo en ese espacio siempre escaso de la maleta. Y si prolongara la historia mucho más allá. Más allá del taxi. Llegando al aeropuerto, mirando los paneles para averiguar la salida, la puerta de embarque. Montándome en el avión y sobrevolando esa ciudad que ahora ya si conocía y dejaba atrás y que condensaba esa historia, ese paréntesis. SI fuera mucho más allá. Si describiera el aterrizaje y mi vuelta a casa y como afectó a mi vida todo aquello. Como me derrumbé en la cama agotado, aturdido y descargué en lágrimas toda la tensión contenida. Si en vez de arrancar donde arranco, pusiese la primera palabra los días previos, cuando llega la carta y decido hacerlo. Si describo mis sensaciones en aquella lectura terrible y dolorosa. Su letra describiendo lo que jamás hubiera querido leer. O antes incluso, cuando nada sabía ni sospechaba de todo ello. Un día cualquiera, caminando por la ciudad o tomando algo en un bar a solas como tantas tardes. Volviendo a casa de madrugada, por las calles vacías, arrastrando mis pies con esa melancolía en la que tantos años llevaba instalada mi vida. Sin sospechar ni imaginar que la carta llegará en unos días. Si continúo más allá de cuando ya me recupero y me levanto de la cama y decido recuperar la normalidad en mi vida. Despierto en casa y tomo café y disimulo y me niego ese paréntesis, lo ocurrido y como sin embargo la imagen de ese apartahotel viene constante a mi cabeza. Los olores de ese instante, el olor de su perfume, el olor que sube por el patio de ese edificio: Un olor a comida. Y trato de seguir mi vida pero mi vida ha quedado ya condenada a esas imágenes insuperables. Y salgo de nuevo a las calles y recorro la ciudad y retomo mi vida, el trabajo, las reuniones, la soledad. Y como van pasando semanas y el paréntesis, lo marca todo. Si en vez de arrancar donde arranco, arranco mucho antes, en aquella época en que les conozco, que nos involucramos más allá de lo sano, en como dependemos los unos de los otros, en como se forma el círculo impenetrable, en como vamos llegando a conclusiones y decisiones radicales. Y si termino mucho más allá, donde el paréntesis se desplaza, porque el paréntesis lo abarca ya todo, todo lo que viene, todo lo de después, porque ya nada nunca es igual, por más que se mire, antes ni después de esta historia que aún no he empezado.

miércoles, mayo 05, 2010

La última fiesta

No se como pero había llegado la madrugada. Miré un reloj que había en la calle y me sorprendió la hora, encendí un cigarro en el balcón y me ausenté del ruido que había dentro. Se escuchaba un disco con una trompeta lejana y una voz desangelada. Yo no conocía a nadie allí y debí irme antes pero las horas se fueron amontonando y me pilló la madrugada. El dueño de la casa se llamaba Ángel y había cerrado la puerta con llave y luego la llave la había lanzado por el balcón donde yo ahora fumaba. Un poco antes había estado hablando con él, bebíamos ron y observábamos a Lucía y la chica de las luces bailando de un modo peculiar y arrítmico. Me dijo que su idea de la vida era escapar, saltar y que el salto era la fiesta. Su obra final sería la fiesta eterna y según le vi lanzando la llave por el balcón comprendí que esa noche pretendía realizar su obra definitiva. La fiesta, realmente tampoco había sido ni estaba siendo para planteársela como una fiesta eterna. Yo estaba fuera, porque no conocía a nadie salvo a Lucía, con la que aquella tarde había quedado a intercambiar unos documentos del trabajo en el que andaba metido. Entre café y café me dijo si la acompañaba a una fiesta y acepté por que no tenía nada mejor que hacer y porque creí leer en la invitación de Lucía algo que no estaba escrito. Había gente diversa y fui hablando con unos y otros sin demasiada implicación. Había un tipo que todo el rato me miraba desde la puerta de la cocina que me pareció un detective malo o un tipo con problemas de discreción, este había venido con una chica que parecía un Elfo. La chica Elfo se había sentado en una mesa a leer las cartas a los invitados, creo que fui el único que no había pasado. Curioseé un rato y escuché sus predicciones sobre la vida de Lucía: Qué venían cambios, que tendría que tomar una decisión radical y que caería un misil emocional en su vida. A Ángel le dijo una frase incomprensible que traté de memorizar: "No habrá hogueras en las próximas estaciones. Sin embargo flotarán las cenizas". La chica Elfo cuando dejó de leer las cartas se sentó en un sofá que había al lado de una escultura de cartón piedra que resultaba horrorosa y que evocaba un volcán. Ella miró mucho rato el volcán, seguramente adivinando el destino de algo, quien sabe si de la mismisima tierra. Lucía venía a veces a hablar conmigo, me preguntaba si lo pasaba bien y me daba una palmadita en el hombro. Hubo una canción que me incitó a bailar pero yo no se bailar y debí mover tan torpemente mi cadera que sutílmente giró y se buscó otra pareja de baile que fue la chica de las luces, que era una chica que llevaba una camiseta con pequeñas bombillas pegadas y absolutamente extrañas. Luego estaba un francés que contó a toda la fiesta que el había visto a unos tipos de tres metros en una carretera a la salida de Burdeos. Cuando narró la experiencia yo pensé que aquella reunión más que una fiesta parecía un mercadillo esotérico y estuve a punto de contar una historia inventada y muy irreal sobre mi encuentro con entidades en una playa del caribe. El caso es que era madrugada y la puerta estaba cerrada con llave y yo no podía salir de aquel apartamento. Abajo la calle estaba vacía y lancé mi cigarro. Quizá distorsionado por el ambiente y por los vasos de ron ingeridos, entré de nuevo en el salón y soberbiamente dije que me largaba, abrí el balcón y salté. No se que me hizo pensar que volaría. No se que me llevo a imaginar que algo se me había pegado de ese grupo. Salté y ví acercarse a una velocidad incalculable el asfalto. Reventé en el suelo y fue así como absurdamente morí.

martes, mayo 04, 2010

No presente

El tiempo no es uniforme. La sentencia es copiada, pero aún sabiendo de donde viene, quien es su autor; la siente suya, porque en el fondo las sentencias no tienen dueño, son reflexiones aleatorias que se colocan en la cabeza de un autor por un simple movimiento del azar. Sorbe, de nuevo, un poco de café. Poca leche y templada, una cucharada de azúcar. El café está vacío, la chica que lo gobierna está atareada tras la barra. Abre puertas, guarda botellas, pasa el paño. Nunca está quieta y él se pregunta si esas actividades se realizarían si el café estuviera siempre lleno. De algún modo, en otro tiempo, el café está lleno y ella no lo hace, no ejecuta todas esas acciones, que sin embargo ahora realiza con esmero. Bebé un poco más de café. Al otro lado del cristal, por la acera, pasa un tipo que lleva una camiseta que pone "Tu puta madre" y ha seguido de largo. En la acera de enfrente pasa un tipo con un perro. El tipo fuma un puro y camina tieso, algo más tieso, si cabe, que su perro. Ninguno de los dos mira a los lados. Perro y fumador pasan de largo. De nuevo, la cristalera se queda vacía. En la calle hay algo de viento y una bolsa de papel pasa dando tumbos y de un modo indescifrable, va recorriendo un camino preestablecido por el viento. Mira a la chica tras la barra. El cuello tieso, las mangas cortas, la camiseta negra, el pelo recogido, el gesto serio, algo de ojeras, el andar rectilíneo le hacen pensar en una bailarina retirada. De repente imagina que ella no está desplazándose por el café, sino que danza por el café. Ha agachado la mirada cuando ha sido descubierto por la mirada de ella. Piensa que sería tan sencillo como decirle:"En realidad miraba como danzabas" pero sería tan absurdo explicarlo que por supuesto no lo dice. Se abre la puerta, entran dos chicas hablando alto. Le gustaría mandarlas callar, pero vive en sociedad y esto requiere un mínimo de transigencia. Bebé el último sorbo de café y apoya la taza. Al apoyarla recuerda a Emilio, algo de Emilio. Nada concreto. Recuerda la sensacional de Emilio. Levanta la cabeza. La camarera danza diligente hasta la mesa de las dos chicas. Ellas dudan, dudan más de lo soportable. Ella espera paciente. ¿Qué carajo irán a pedir? Él piensa en ese momento que es incapaz de tener a nadie esperando tanto. Hay decisiones a las que no se les puede dejar tomar tanto tiempo. "¡Dilo ya! Un Café, una cerveza. Dilo" Piensa mientras la más morena mira hacia la carta sin mirar nada, tardará unos segundos más para seguro terminar pidiendo una coca cola. Predicción acertada. Coca cola. La camarera se desliza en tres por cuatro hasta la barra. Mira otra vez hacia la cristalera y vuelve a pensar: "Es imposible describir el presente, suceden mil cosas coladas entre las pensadas. Están las otras, las que invisiblemente suceden y se perciben sin tomar forma o tomando formas de un modo ajeno a las formas en las de las que se detiene la atención. La camarera se desliza si, pero a su vez sucede lo otro, lo inexplicable. Lo que trasmite y me viene dado de la nada o de la intuición" Al otro lado de la cristalera pasa un tipo, es el mismo de antes, con la camiseta absurda "Tu puta madre". El tiempo no es uniforme, esto, ya había sucedido. Antes, después, pero ya había sucedido. Paga y se va, con la vana esperanza de bailar y deslizarse en otro tiempo, en otra capa, con la hermosa camarera.

Mujer en domingo

A las 13:12 pasará el tren. Espera en esa estación al aire libre, amplia y de hierros que se entrecruzan lineal y racionalmente para conformar un espacio y una amplitud que han ido transformándose desde el principio de su existencia para convertirse en esta estación fugaz y céntrica, de flujo intenso pero veloz. Aquí nadie aguanta más de siete minutos que es lo que tarda en pasar el siguiente tren. Hay un par de gatos al otro lado de las vías que caminan sigilosos, como si se supieran observados y poca gente que espera el mismo tren que ella. Todo es de paso en el andén. Es domingo y el cielo anuncia tormenta vespertina. Calcula el tiempo que durará su trayecto, y si le dará tiempo a caminar desde la estación hasta la casa de su hijo sin que empiece a llover. Mira hacia el norte, tratando de ver en que estado están las nubes en aquellas alturas y no deduce nada. Llega el tren. Sube y se sienta. Se sienta junto a una pareja que van con un recién nacido en brazos. Ella no puede evitar hablarles y preguntarles por el bebé. Mientras, el tren va saliendo de la ciudad. Afuera comienza a sucederse la constante variación del paisaje:

- Yo he tenido cinco y ahora once nietos. Claro, los nietos se han ido haciendo mayores también. Hay tanta alegría y luego tanto vacío. Ocupan tanta vida cuando son pequeños y luego se van yendo y la casa se va quedando vacía. Los ciclos. Ley de vida. Sin embargo el segundo. El segundo nada de esto vivió. Nació marcado. Todos seguían prestando atención a la mayor, yo me centré en él. La ilusión se la llevaba la mayor, la atención de todos y él, tan menudito desde pequeño. Creció, siempre fue buen chico. Una madre conoce a sus hijos. Puede cegarse pero los conoce. En seguida dijo que se iba al ejercito. Muy decidido. Le gustaba aquella vida. Le gustaba el aire. Allí, fíjense, le llamaban "el niño", porque era un niño de espíritu, de cuerpo. Tenía ese carácter. En el quinto salto. Fue en el quinto salto. No le abrió el paracaidas. Eso es lo más duro para cualquiera. No le abrió, fíjense. Yo perdí un poco la cabeza, pero tenía cuatro más y no podía perderme. Ellos me necesitaban, pero estuve un tiempo en otro lado, fuera. La vida. Una manivela decide. No abrió. Era joven, muy joven. Eso es lo que mas me angustia. Se perdió los ciclos. Apenas empezaba. No le dio tiempo y en el quinto salto. Y una madre nunca espera eso, que en el quinto salto, pero fíjense la vida sigue. Más ciclos. Como las estaciones, como este tren. Ahora voy donde el pequeño. A comer. Subo algún que otro domingo. Los nietos crecen. El pequeño es tan gracioso.

lunes, mayo 03, 2010

Espera

La espera. Es larga, por corta que sea, la espera; pero si además esta es larga, larga e infinita se hace la espera. No hay experiencia donde se mastique más el concepto tiempo que en la experiencia de la espera. Se toma conciencia de su paso, de su relatividad, de su movimiento acordeón. Sentado o de pie, la espera sucede siempre en algo que nosotros no manejamos, no controlamos y por lo tanto no decidimos, sin embargo en esa espera, de algún modo, se decide nuestro porvenir, nuestro destino, nuestra existencia.

Espera, eso hace desde hace varias semanas. Ya no mira el reloj o el teléfono. Busca trucos para distraer el pensamiento, manías, supersticiones: Si abro la nevera sonará el teléfono, si marca Messi me llamarán, si miro el reloj a la 1:23 sucederá el acontecimiento esperado; pero sin embargo sabe que nada hay de cierto en estos juegos. No es supersticioso, sin embargo la cabeza encuentra en la superstición un relajo, un orden inexistente que le ayuda a soportar la espera. El que espera desespera. Luego enciende un cigarro, esa otra forma de tiempo y mira la extensión de tierra, a lo lejos se anuncia tormenta, contempla las formas de esa tierra que ya pronto abandonará. Él cumplió su parte. Salió de madrugada y mató al tigre. Nadie imaginaba que lo pudiera hacer ya, pero lo hizo. Sereno, seguro, contundente. Ya todos sospechaban al tigre inmortal y él lo aniquiló. Fue preciso, intenso y algo brusco. Lo abrió en canal y dejó el cadaver junto a la orilla del río. Volvió al hotel, se sentó al borde de la cama y esperó, aún espera. Encendió la televisión. Encendió un cigarro, encendió su impaciencia. Pasaron horas, días y no se movió. Hubo momentos en los que casi ya no quedaba esperanza. "No sonará. No llamarán" Durmió. Soñó. Despertó. Esperó. Cuando se espera se pueden hacer otras cosas, pero apenas se hacen, todo sucede en la espera, todo es espera. Ahora mismo, mientras yo tecleo espera. Está allí, mirando sin mirar la televisión. Cada poco mira su reloj. Cierra los ojos. Un tipo, en otro lado comienza en este instante a marcar números en el teclado de un teléfono: 00.58....... La señal arranca su veloz camino. Reverbera el sonido de su teléfono en toda la habitación. Lanza la mano y suspira:

.- Aló

domingo, mayo 02, 2010

Borrado

Como muchísimas otras mañanas, despertó enérgico y bastante vital. Descorrió un poco la cortina, miró hacia el cielo y sintió esa sensación de conquista que se tiene cuando el cielo está limpio y muy azul y anuncia día soleado y y de agradables temperaturas. Salió de la habitación, fue hasta el baño a orinar, mientras lo hacía intentó torpemente reconstruir los sueños de la noche y se fue hasta la cocina. Hizo café y caminó hasta el ordenador y allí se detuvo como tantas otras mañanas. Abrió la página en blanco y comenzó a teclear. Recorría el camino de un texto que había prefigurado entre la noche anterior y en algunos momentos del sueño cuando descubrió que una palabra importante se había borrado de ese espacio abstracto donde se guardan las palabras que conocemos. No recordaba cual era, pero sabía que había una palabra que no emergía, que cada vez que la intentaba teclear no lograba recorrer ese laberinto donde en la salida se sustraen las palabras que necesitamos para completar las frases de lo que estamos contando. Cada vez que la requería, la palabra no acudía. Entonces construyó el texto esquivando, circunvalando esa palabra, usando sinónimos o palabras que la complementaran. Pero comprendió que aquello no era más que el principio de una catastrófica y constante perdida de palabras. Aquella fue la primera, pero notó que cada poco debía detenerse por la ausencia de otras y le obligaba a buscar algunas semenjantes que perfilaran el texto. Era un goteo de ausencias, cada vez tenía menos. Hasta ese momento nada se hubiera resentido pero empezaron a desaparecer unas importantes, fundamentales, necesarias. Se hacia vacío. No se entendía. No había. Esperaba y nada. Muy pocas. Tecleaba. Empezó a dejar . Esperó. Respiró. . , , , nada, todas desaparecían. , . Palabras. Vacío. . La nada.

sábado, mayo 01, 2010

Batalla

A las dos de la mañana se levantó de golpe con la imagen nítida, contundente y única de un poema. Ella sintió el movimiento en la cama y sin desplazarse completamente de la zona difusa del sueño y en la penumbra le preguntó:

.- ¿Dónde vas?

.- A escribir este poema

Caminó descalzo. El suelo ya no estaba frío porque los días ya eran más largos y cálidos. No encendió ninguna luz, pero si el ordenador. Mientras la máquina realizaba sus procesos de encendido, luces que van y vienen, logotipos que aparecen y se van, pensó en lo horizontal de la palabra. Luego pensó en el arrebato y en la inspiración, aunque él nunca había creído en la inspiración. Creía en la batalla. En esa batalla salvaje de letras y ritmos, de versos y contenidos. No hay inspiración, pensó: hay guerra. Las batallas no tienen hora y como guerrero o soldado obediente se acude al enfrentamiento a la hora que sea. Eso es lo que hay, lo otro son complementos. Son las dos y diez. Durante unos segundos la imagen nítida, contundente y única que era el poema que le había despertado, se diluye en alguna esquina inaccesible debajo del pelo de la cabeza, pero cuando dirige los dedos al teclado la recupera.

.- Ahora hay que traducirlo- Pensó con la cara iluminada por esa extraña luz que proyecta el ordenador en el salón.

Lanza los dedos casi al azar. Los primeros tiros reverberan en el campo. Se oculta bajo la indecisión y de nuevo teclea, de nuevo dispara. Comienza el bombardeo. Corre por el descampado rifle en mano. Hay que moverse por la supervivencia, pero sobre todo por la estrategia y también la intuición. Se oculta tras unas piedras que son los primeros versos, al frente el enemigo. Se apoya el rifle en el hombro y apunta. Es preciso y, asustadizo, retrocede el enemigo. Entonces acude con todo, la batalla está encendida y el se sabe esa madrugada preciso. Se mueve y apunta, dispara. Ya el enemigo se desvanece, se retira. Sigue, sigue persiguiendo tras los matorrales, tras el descampado la imagen nítida y contundente, ya casi la tiene traducida. Ya se volvió poema, ya termina la batalla. Ya descansa y vuelve a la cama. Sueña

Camina feliz el hombre, el que camina, feliz e incansable en su camino;


Al poeta, con afecto.

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