martes, octubre 30, 2007

Impulsos

Soy yo, Laura, soy yo. Soy el mismo, el de entonces. Soy aquel que se vió obligado por el destino, por el momento. Soy yo, trágicamente soy yo. El mismo que abrió la puerta y se alejó por dolor. Mirame, hasta para mi es doloroso llevarme dentro, si tan solo pudiera ausentarme de mi mismo, dividirme y dejar a aquel y quedarme solo con el que merece quedarse, pero no se puede Laura, no se puede. No hay manera de fraccionarse. Todo es lo mismo. Aquel, el de la mirada ensangrentada y colérica y este que se arrodilla y suplica. Son todos lo mismo, dentro del mismo. Laura olvida a uno y quedate con el otro, esa parte que se que también necesitas. Ignoremos aquella tarde, aquel instante y aceptemos que aquel no está, que no volverá, por que yo creo que no volverá. Vino, vino un instante y marcó mi destino pero no le demos esa fuerza, ese poder sin tan solo fue un minuto, quiza menos. Que mas da ahora el tiempo. Olvidemosle, yo también quiero ignorarle, saberle fuera de mi y estar aquí, Laura. Soy aquel, lo acepto, pero fui aquel brevemente y vivir marcado por ese que fui tan momentaneamente tampoco es justo. Fue un impulso doloroso, creéme, mas doloroso para mi que lo viví, que me recorrió el cuerpo y se adueñó de mi y de mi destino, yo no quería, yo no acepto eso, pero ese impulso todopoderoso me recorrió las entrañas y domino la sangre, cada órgano, la repiración y el decidió, decidió. Yo no soy ese, fui ese pero ese no soy yo. Olvidale y abrazame de nuevo, Laura. Olvidemosle juntos. Laura yo no maté a ese hombre que fue él, yo no enterré ese cuchillo en el corazón, en cuanto fui yo de nuevo, abrí los ojos y me fui para evitarte de mi, para no mancharte, pero ese, Laura, no era yo.

lunes, octubre 29, 2007

Cambio de estación

Hoy viene el verano. Es hoy, es otoño pero de alguna manera estoy en el verano. Me he despertado y he recordado aquel hostal y era como si me estuviera despertando allí, en el verano pasado. Hacía calor y había planes de ir hasta esa playa donde estuvimos leyendo y paseando entre un montón de rocas. Era verano y hoy es otoño pero es como si fuera verano, el verano pasado. Hemos salido de esa habitación a la que en el fondo le cogimos cariño, y salimos a la plaza donde un montón de gente estaba sentada en los bancos hablando, un tipo que pasa en bicicleta, un bar en el que repetimos por ambiente y por que el camarero nos cae bien, el café y las pocas prisas. Hoy he abierto los ojos y era ese verano, el último, el de hace nada y he mirado a la calle y aunque era otoño y lo acepto, por que tampoco tiene la culpa el otoño ( no se culpe a nadie... en verano se está tan cerca del mundo, tan piel contra piel), había vuelto el último verano, con lo complicado que resulta que venga la estación anterior, por que la siguiente siempre viene, vendrá el invierno, hará mas o menos frio, luego vendrá la próxima primavera, pero el verano pasado resulta raro que se presente de repente en mi cama, a la hora de despertar, sin que nadie diga nada, sin que en los periodicos nos preparen para tal evento. Un titular, esto se merecía un titular: "Mañana llega el verano anterior". Incluso una editorial. Información. Explicaciones. "El cambio climático revuelve las estaciones y nos trae el verano anterior". Por que hoy es otoño pero estoy allí, en la ciudad en la que nadie nos conoce y vamos a ir a la playa, y paseamos por esas calles sin prisa y tu vas con tu bolsa y tu libro metido y unas cremas y no te das cuenta que es otoño, que es verano, que estamos en el verano pasado, pero es otoño

viernes, octubre 26, 2007

la mañana que fui Julio

Esta mañana me he levantado y era Julio Cortázar. No me malinterpreten, no es que fuese yo pero con determinadas características de Cortázar, no. Era él completamente. Esta mañana me levanté y era considerablemente mas alto, tenía un curioso acento argentino, bebía mate y fumaba con cierta intensidad. Salí de la cama con todo lo que eso conlleva. Al princpio sabía que no era yo, pero ¿Quien era entonces?. Todo quedó claro al encontrarme conmigo mismo, o con el mismo, en el espejo del baño. Buenos dias, Julio, me dije o le dije o se dijo.

A media mañana me senté y me puse a escribir. Y estuvo bien, por que era Cortázar escribiendo, lo cual viene a ser algo, además de divertido, bastante sublime e importante. Me ví y pensé: "Soy Cortázar y estoy escribiendo, por ejemplo, Carta a una señorita en Paris" y comprendí el peso que eso tenía. Tecleé y disfruté como nunca había disfrutado y me dije o le dije o se dijo :"Que bien escribís, Julio". Eso pensé mientras era Cortázar. Pensé que también me gustaría ser Cortázar pero sin dejar de ser Leprince. Me gustaba ser Cortázar, pero me hubiera gustado mas ser Cortázar siendo, aún, Leprince. Es decir, y esto no es sencillo, seguir siendo Yo pero escribir como Cortázar. No me malinterpreten, no es por gloria o fama que me gustaría ser Yo pero escribir como Cortázar, sino por que además de que Julio escribía exageradamente bien, hay una diversión en ser Cortázar escribiendo que a mi, por ejemplo, me está negada y era algo que iba comprobando mientras seguía siendo él. Fumé, como era Cortázar lo hacía y le daba vueltas a un relato que tenía en mente. Me dió la risa, ustedes comprendanme, había algo de niño que le llevan al parque de atracciones por primera vez. Había algo de enloquecido y divertido en todo aquello. No solo era Cortázar (No es que me disguste ser yo, creanme, pero ser Cortázar por un rato me estaba resultando algo inolvidable) sino que además era Cortázar dandole vueltas a un relato: "¡¡¡Que grande, coño!!!". El proceso era veloz y profundo, la mente de Cortázar, que en ese momento era la mia, iba veloz y no dejaba escapar ningún detalle. Perfilaba los detalles, los giros del relato, me planteaba la narración :"Mejor en tercera persona. Convenientemente en pasado". Fumaba y pensaba en todo eso, me asomaba a la ventana y sorprendentemente mi calle era una calle de París.

Así estuve unas cuantas horas. Relatos, un poco de lectura, un paseo y un café, una charla con un vecino. Esas otras cosas de Cortázar que no eran literatura, las otras cosas. De repente fui yo de nuevo, en un parpadeo y ¡¡zas!!, era Leprince de nuevo. Era yo en mi casa, en mi salón. Y me dije, aprovechando la inercia, que quizá debería sentarme y escribir un relato, tenía en mente el modo de trabajo de Julio y si me ponía quizá escribía algo decente por una vez. Me senté, recordé lo que hacía Julio mentalmente antes de teclear. Los giros del relato, las vueltas, el protagonista, la primera persona, el presente, el pasado... Tecleé. Fui yo, fui Leprince. Me levanté, cogí un libro y releí "La autopista del sur" y pensé : "Que bien escribes, Julio". y Comprendí que ser Leprince tiene la ventaja al menos de leer a Cortázar sin ser Cortázar.

jueves, octubre 25, 2007

Lugares vacios

Entonces fuimos mas felices. Nos hicimos mas reales, nos metimos en la piel y nos alejamos de los plasticos. No fuimos ni una cosa ni la otra. Eramos. No nos dividimos en varios sino que cada cosa era una y la multiplicación infinita de las variantes nos hacía mas ciertos. Nada era por que cuando sucedía ya cambiaba a otra cosa. Avanzamos como avanza el tiempo, la sangre o el universo, pero avanzamos acompasados, ni mas deprisa ni mas despacio. Estabamos pero no anclados, los pies se movian sin fijarse en la tierra. Hubo, claro, errores pero estos eran parte del todo y como tal eran tratados. Sin exageraciones ni carencias. Mirabamos en todas direcciones, no solo a izquierda y derecha, arriba o abajo. La mirada de algún modo era circular. Tampoco nos mirabamos mirar, salvo en contadas ocasiones. Hay un punto de cocción para las cosas. Hay un instante donde el agua rompe y salta en burbujas. Hay eso, pero no hay nada. Somos e inmediatamente dejamos de ser, asi fue y así lo vivimos. A menudo, en los ratos libres, también cantabamos, pero eso es otra historia.

http://www.youtube.com/watch?v=fzGSNomC5kk

miércoles, octubre 24, 2007

El gran literato

Al tercer dia de concurso Perez Reverte sintió su primera crisis. "¿que hago aquí?" se dijo con solemnidad. Se quedó mirando a Paulo Coelho que aun dormía y que muchos daban como favorito para ganar el concurso y tuvo ganas de salir de la casa, abandonar, entregarse y no volver, pero no lo hizo. En un ultimo arrebato de optimismo pensó que siempre quedan posibilidades de ganar y aunque nadie es profeta en su tierra siempre podían girar las cosas a su favor y atraer al público.

El Concurso "El Gran Literato", llevaba una semana en las pantallas. Un reality en el que seis escritores grandes ventas se habían encerrado en una de estas casas en las que durante 24 horas al dia son grabados y controlados por camaras. La respuesta del público había sido sensacional, el programa era lider de audencia semanal sobre todo después de la polemica surgida entre Perez Reverte y Dan Brown en la que el español era muy crítico con "el codigo da vinci". En el programa además, los escritores debían ir creando un libro que se publicaría al concluir la primera edición de "El gran literato". Con lo cual el público no solo juzgaba la convivencia de los escritores sino el modo de creación de estos.

Cada mañana los seis escritores desayunaban juntos. aunque el ambiente crecía en hostilidad y las conversaciones eran cada vez mas reducidas. Luego cada uno se colocaba en una esquina del salón y comenzaban a narrar frente al ordenador. El silencio era el dueño de esa casa plató la mayoría de los dias. Por las noches, cuando el programa se emitía en vivo. Cada uno de ellos debía contar como llevaba el libro, que estaba sucediendo en sus respectivas aventuras y debían soportar la inmediatez de la crítica de prensa y público. Ahí fue donde habían comenzado los problemas de Reverte, desde el primer dia había recibido fuertes críticas por parte de los mensajes SMS de los espectadores. Sin embargo Paulo Coelho era apoyado por unanimidad. Los celos surgen en cualquier porofesión y Perez Reverte no podía ver con buenos ojos aquello, pues menudo es Perez Reverte. Dan Brown sin embargo era bastante misterioso y esquivo con las explicaciones de su libro. Decía que andaba dandole una vuelta al argumento del codigo da vinci, que era parecido pero algo mejor. Ken Follet, que curiosamente era el mas tranquilo de todos, soltaba explicaciones sin demasiados reparos, como si la obra no le perteneciera o no tuviera demasiado peso en su existencia. Incluso seguía los consejos de los SMS de los espectadores y hacía cambios que le proponian los espectadores. Sin embargo Ken Follet no tenía tirón en el programa, caía bien, pero no emocionaba a los espectadores. En eso Coelho estaba resultando inalcanzable. Tenía una manera de hablar y un carisma que traía a la audiencia enloquecida. Poco se hablaba eso si del silencio constante y de la casi ausencia de Katherine Neville, conocida por su obra " El ocho". No entraba a polemicas por mucho que Reverte le hincara el diente para hacerla irritar, está tenía claro que el programa era un paso mas de su vida. Llegó , se instaló, escribía su libro cada dia en silencio y con dedicacion, daba sus explicaciones diarias a la audiencia y aceptaba sin mas las criticas de los SMS, a pesar de la que le había caido por estar haciendo "el nueve", lo que muchos vieron como una continuación o casi imitación del anterior "el ocho". Pero Katherine Neville iba a lo suyo, y tampoco parecía que le importara demasiado ganar el rpograma. AL menos esto pareció asi hasta la noche que el sexo explotó en "El gran literato" y Katherina se entregó con pasión y sin disimulo, para las camaras y los ojos de todo el país a los brazos de Danielle Steel, que tampoco había hecho mucho ruido hasta entonces. A partir de ahí los hombres se vieron desplazados de la atención mediatica. Katherina Y Danielle Steel cambiaron el rumbo del programa. Por ejemplo: Comenzaron a escribir su libro a cuatro manos, cosa que Perez Reverte sintió como una trampa, un engaño mas. Que estaba seguro que si el lo hubiera hecho, por ejemplo, con Ken Follet la audiencia les habría expulsado "en este país hay mucha envidia y como soy el único español, la audiencia me maltrata", pero Katherine y Danielle recibieron , atraves de los SMS, el beneplacito de la audiencia. Las criticas por su libro a cuatro manos eran cada vez mas entusiastas, se hablaba de "Super libro" o la obra suprema del Best Seller. Paulo Coelho se sintió desplazado del cariño de los espectadores y en el argumento de su libro comenzó a meter mas sexo, cosa que no funcionó. La audiencia estaba con Katherine y Danielle realmente fascinada. El libro era hermoso, se decía, pero la historia de amor entre ellas dos parecía un cuento de hadas.

Las cosas fueron a peor. Ken Follet mal terminó su libro y abandonó la casa. Dan Brown escribió sin mucho entusiasmo una especie de segunda parte de "El codigo Da vinci" que tampoco interesó demasiado a la audiencia y fue explusado por los votos de los espectadores. Paulo Coelho convirtió su libro en argumento pseudo erótico que lo colocó en tercer lugar. Perez Reverte despues de varias llamadas de atención por parte de la cadena que restrasmitía el programa fue expulsado por mala convivencia y por no respetar a los otros concursantes. La escena final de Perez Reverte en la casa fue uno de los videos mas vistos en youtube, insultando a diestro y siniestro, argumentando que le expulsaban por envidia. Quemó en directo un ejemplar de "El ocho" mientras llamaba a Katherina y Danielle viboras. Las ganadoras fueron las dos literatas. El libro se publicó y funcionó de maravilla en las librerias del mundo. Nunca se planteó una segunda parte de "El gran literato".

martes, octubre 23, 2007

Amores robados

Las cosas siempre se complican laboralmente y mas cuando hay una relación de por medio o como se dice de manera mas vulgar pero mas directa y efectiva "donde tengas la olla no metas la polla". Y eso fue lo que nos pasó a Laurita y a mi. Que mezclamos pasión con dinero, negocios con sexo, amor con cuentas y todo se nos fue al carajo.

Laurita y yo comenzamos a robar bancos por estilo, por riesgo y por que si había que ser modernos a Laurita y a mí no nos ganaba nadie. En las fiestas llegabamos contando nuestro último atraco y se formaba un coro alrededor de nosotros dos. Los planes trazados de antemano, los planos que conseguiamos para ir entrando con cuidado hasta la boveda, los trucos admirables para conseguir contraseñas, los juegos de espejos para engañar a las cámaras, la compenetración sublime que teniamos Laurita y yo en esos tiempos para trabajar. Claro, en nuestro entorno aquello fue una bala, nadie supo arrebatarnos el título de la modernidad después de aquello. Nos parecía que el cine y las exposiciones eran muy del siglo XX y quisimos darle a la modernidad un nuevo aire. Robar bancos se convirtió en las mas deseada profesión de la élite artistica de la ciudad, pero nadie tenía valor, solo Laurita y yo lo hicimos y durante un tiempo fuimos magistrales en nuestras performance.

En robar bancos hay algo mas que el dinero. Es como el sexo, el orgasmo es sensacional pero hay algo de elevación en el previo. Ese ir creciendo con delicadeza, ese camino que se convierte en el fin, en robar bancos sucede lo mismo, hay veces que te gustaría no llegar hasta el dinero por que todo lo que sucede hasta que llegas a la boveda y abres y coges el dinero y te vas es emocional y potente, pero esa emoción contenida que se disfruta el doble. Fue ahí el problema. Robabamos por expresión de emociones, por arte, por eso que sucede mientras se ejecuta y en eso Laurita y yo eramos insaciables, pero sobre todo Laurita buscaba mas, siempre mas y después de unos cuantoso exitosos robos Laurita me propuso que en el siguiente hicieramos el amor en el mayor momento de riesgo, en la oscuridad de las cámaras de seguridad, en esos lugares blindados que para Laurita tenian algo de religiosos. Fue así como a cada robo se le sumo un polvo. Haciamos todo nuestro plan y una vez abiertas las bovedas y con el dinero a mano, Laurita se desnudaba sin ninguna prisa y nos lanzabamos con la adrenalina disparada a los recovecos del placer. "Esto es el verdadero amor", gritaba con esa vena pseudo-poética que nunca acepté del todo en Laurita. Así las cosas se comenzaron a complicar. Yo no podía evitar el temor y los nervios y trataba de disuadir a Laurita, pero Laurita lo llevo a otro terreno. Lo tomó como un desprecio y lo trasladó al terreno de las inseguridades. Sospechó que ya no me atraía, lo cual no era cierto, pero no la pude convencer. La crisis de pareja fue en aumento y los robos a mas. Como si de alguna manera nuestra frustración sentimental la ocultaramos en el trabajo. Laurita fue a más, si no haciamos el amor dentro tampoco fuera y el sexo se redujo a la nada. Con lo cual solo trabajabamos como obsesos. Un promedio de robos brutal. Los primeros títulares de periodico, la policia que no encontraba nada, pero nuestra relación que caía en el tedio, que se reblandecía velozmente. Laurita que lloraba, yo que me justificaba pero ella no me creía. "Simplemente ya no te atrigo", concluia ella así todas nuestras discusiones. Y así fue como lo dejamos. Desgastados despues de tantas discusiones y conflictos, forrados de dinero, eso si, pero tristes y deprimidos. Por que el dinero, el dinero no calma al desamor. Y hoy, aun hoy me levanto y pienso en ella.

lunes, octubre 22, 2007

Extraños

Es de noche y la chica se ha parado en una gasolinera. Ha llenado el tanque de gasolina y ha ido a pagar. Se ha comprado un chocolate y ha vuelto hacía el coche. Arranca y cuando ya está en carretera descubre a un hombre detrás. Se asusta, grita y se detiene. El hombre no va armado, por la reacción no tiene malas intenciones, pero la chica grita y en el arcen abre la puerta y sale del coche casi corriendo, el hombre la detiene asustado. Hace gestos con la mano pidiendo calma. El hombre es africano y apenas suelta palabras comprensibles, pero las justas como para que el dialogo llegue a buen puerto. Acaba de cruzar la frontera, ella no termina de entender muy bien como. Su gente está en Francia y quiere llegar allí lo antes posible. Ella se va tranquilizando a pesar de la situación, acepta llevarle, se montan y arranca de nuevo el coche. No hablan, el hombre cabecea, seguramente agotado por horas de vertigo. Ella reflexiona entonces la situación. LLeva a un inmigrante ilegal en el asiento de atrás, un tipo que por su manera de actuar se mueve desde el desgarro, avanza por la carretera y en su desesperación se monta en un coche con el riesgo que eso supone, sin embargo ella ha perdido el miedo y en ese momento pretende ayudarle. Le mira por el retrovisor y le pregunta si tiene hambre, si quiere comer algo, el dice que si. Se paran de nuevo, el se queda dentro del coche, ella baja pero se lleva la llave. Vuelve con unos bocadillos y agua, se los da y arranca de nuevo. El hombre come con velocidad extrema y bebe las tres botellas de agua. Siguen por la carretera, ella vuelve a mirarle, el mira por la ventanilla. El viaje es largo y apenas hablan. El hombre duerme a ratos y se despierta siempre muy agitado, preocupado. En seguida ella le tranquiliza. Ella entonces siente sueño y se preocupa, no le gusta conducir así. Quedan aun doscientos kilómetros. Pone música, el no dice nada. Solo mira por la ventana. Las luces de los coches por el otro lado de la autovia, los neones de los clubs que aperecen intermitentemente, poblaciones que se van quedando a los lados. En la radio el locutor habla sobre un trompetista de los cincuenta, un tipo con vida extrema y agitada y pone canciones para ir completando el programa biográfico. La trompeta parece un eco, una navaja que suena en la noche, en la inmensidad de lo que el coche atraviesa. Ella entonces se pone a llorar, llora desconsoladamente y se detiene. Se baja del coche en una especie de merendero. Llora fuera del coche. El hombre sigue en su sitio, inmóvil, como si nada pasara. Ella llora fuera y grita algo, le da una patada al coche. El hombre no hace nada, no mira, no reacciona. Sigue estático dentro, en el mismo sitio en el que lleva todo el viaje. Ella abre su puerta y le indica que baje y se abraza a él como si le fuera la vida en ello. El hombre está asustado y no comprende. Ella llora apoyada en su pecho y él está quieto haciendo practicamente lo que ella le hace hacer. Es de noche y él no comprende, pero es que nadie comprende nunca nada

domingo, octubre 21, 2007

El otro

La habitación se había quedado vacia unos dias antes y a mi me avisó una compañera de trabajo y llamé para ir a verla, evaluarla y tomar una decisión. En seguida fue mia. Compartíría el piso con él. Dos habitaciones amplias, un salón que nunca usamos mucho ninguno de los dos, un baño común, una cocina que tampoco usamos demasiado y poco mas. En seguida dejamos claras las normas de convivencia y realmente nunca hubo problemas. Cada quien cumplía su parte del trato, cada quien hacía lo que debía y las cosas se movían siempre dentro de la correción. El trato, por lo demás, nunca pasó de la cordialidad y la educación. Nunca se rozó la confianza, pero jamás hubo gestos reprochables. Yo lo prefería así y sin conocerle pienso que el también. Coincidiamos a veces en la cocina por la noche, cruzandonos en la salida del baño por la mañana y como mucho en hablar de ciertas cuentas que siempre quedaban claras con inmediatez y que ambos pagábamos con puntualidad. Poco mas. Nunca supe bien en que trabajaba, tampoco supe nada de su vida. Una vez le vi llegar con una chica para coger una maleta e irse en seguida, a la chica la ví mas veces en visitas rápidas o saliendo de la habitación por la mañana, lo cual me hacía suponer que era su novia. Así fueron pasando los meses que viví allí. Hasta la noche que llegué después de cenar con una amiga que hacía tiempo que no veía. Abrí la puerta, colgué el abrigo y ví luz en su habitación y la puerta abierta. Pasé de largo, sin mirar, entré a mi habitación , me desvestí y salí a cepillarme los dientes. La luz seguía saliendo de la habitación, ningún ruido, la puerta abierta. Me cepillé, me quité las lentillas y salí de nuevo del baño. Saludé por ver si estaba todo bien, pronuncié su nombre y justo en ese momento me dí cuenta que jamás había usado su nombre, que todo se había reducido a un Hola y poco mas. Lo volví a pronunciar. Me acerqué a la habitación y vi su cuerpo tendido en el suelo, los ojos semi abiertos, vestido. El cuerpo apilado contra la cama. Volví a pronunciar su nombre. Comprendí que estaba muerto, que aquello era un cadaver. Entonces no reaccioné, me quedé mirandolo desde la extrañeza, planteandome su muerte, como había sido, como había terminado así, en esa posición. Al rato llamé a una ambulancia. Suicidio. Los trámites entonces fueron molestos. Interrogatorio para descartarme como culpable, aviso a la familia, funeral. Ala chica, aquella chica que ví varias veces con él, no la ví en todo ese ajetreo.

viernes, octubre 19, 2007

Historia Pop

Sol era adicta a la música. No una melómana al uso, no. Era adicta, diagnosticada como tal. Algo así dicen que le pasaba a Syd Barret, pero Sol era terrible, por que cuando se ponía de música su caracter cambiaba, esa trasformación leve y repentina que sufren los adictos cuando se surten de la sustancia adictiva. Las cosas no emepzaron de golpe, claro. Estas cosas nunca aparecen de repente. Sol comenzó como todos, en esa rueda de intercambio de cassettes allá en la época del colegio, en esas conversaciones sin fondo perverso en los pasillos del instituto. Compilaciones de las canciones del momento unificadas bajo criterio extraño por algún compañero que, además, había creado su propia caratula con un diseño que ahora melancólicamente Sol recuerda como los buenos principios. Cintas que se fueron perdiendo en mudanzas o que alguna vez encuentra en el fondo de un armario y que curiosamente aun suenan. Nada particular, nada rseñable. Sol andaba en lo que andaban todos. El descubrimiento de The Cure, la irrupción de los The Doors que venian desde otra decada para instalarse en la suya como toda una novedad, el romanticismo ruidoso de My Bloody Valentine. Grupos que se iban instalando sin precaución en las zonas mas complejas del cerebro de Sol. Así fue avanzando entre borracheras, novios olvidables y algún desamor, pero siempre con la música de fondo, o por delante, por que en el caso de Sol la música siempre fue por delante. Ahora recuerda aquella noche en la azotea de aquel edificio cuando escuchó por primera vez Pink Floyd ó la aparición del Fascination Street de los The Cure. Músicas a las que aun recurre cuando el mono es duro e insoportable.

Nada es destacable, Sol fue oyendo lo que se va oyendo según avanzan los tiempos. Pequeño matrimonio con el British pop, primera relación larga con Radiohead y el Ok Computer, el descubrimiento de otras músicas, el folklore de paises del este, músicas arabes, oriente que se mece. Primeros delirios con el descubrimiento tardío de Spaceman 3, primeras alucinaciones con Nusrat Fateh Ali Khan. Sol se va quedando sola en sus entusiasmos en discotecas y bares. La gente no entiende su viaje cuando suena algún tema del Mezzanine de Massive Attack. Con Portishead comienza a conocer la Soledad mas profunda: Ella invita agente a su casa para oir discos, mientras la gente charla Sol cierra los ojos y se sube en las mesas y susurra palabras extrañas. A Sol se le ponen los ojos saltones y se sobreexcita. En su realción con Sonic Youth explota todo. Cuando suenan ella canta como si fuera el feedback de una guitarra distorsionada, lo cual ocasiona cierta verguenza a sus novios del momento o a los amigos que van a los bares con ella.

Sol comienza a notar que la soledad es un muro, que cuando se esta solo se está cada vez mas solo y que las adiciones se potencian. En su casa se pasa 24 horas al dia chutandose discos. No duerme. Apoarece internet y todo el trajín de la música gratis. Y claro lo que sucede en Sol es la ilustración mas evidente de lo que conocemos como ansiedad. Sol anda en todo, escucha cada disco que sale, cada recopilación, cada disco viejo que se le paso en su momento. SOl no duerme. Sus vecions ponen denuncias por el volumen de la música. Sol ha dejado de trabajar, vive en un cuarto compartido en el centro, pero sus compañeros no aguantan. Sol va a mas y comienza ponerse varios discos a la vez. Así Sol, al contrario de lo que parece, es la creadora de lo de fusionar dos canciones para que parezcan uno. Este rollito Two Many Dj´s que llegaría mas tarde. Sol aumenta y suelta dos canciones a la vez, y con cascos oye otro. En su delirio va a mas. Los Mp3 le parecen un viaje fuerte, pero ella ahora se ha vuelto exquisita y solo consume Vinilos. "El viaje es mas fuerte, menos químico, mas natural. Notas el giro, la aguja contra el disco. Como una batalla en la que se sangra música". Sol está flaca pero quiere mas. No hay nadie, ya no queda nadie y quiere un viaje duro, sin vuelta. Entonces la mañana de Octubre en que murió, Sol, ceremoniosa compró agujas, trituró sus CD´s, sus vinilos e hizo un liquido sobre el papel albal que quemó. Lo introdujo en la jeringuilla y comenzo a chutarse la coleccion entera de discos, desde The Who hasta LCD Soundsystem, desde Simon and Garfunkel hasta Bonnie Prince Billy de Ali Farka Toure a Sigur Ros. En la sobredosis Sol iba emitiendo frases sueltas de estribillos, tarareaba punteos de guitarra o lineas de bajo, todo a la vez, en una especie de supraremezcla de los temas de su vida. El remix final. 4 decadas de música condensadas en un momento, en una muerte. La historia del Pop en un delirio.

La curiosidad final fue saber cual fue el último tema que sonó en boca de Sol. Todo el mundo dudó, donde termina la banda sonora de la vida de Sol. Si escrbieramos su vida, si la llevaramos al cine, que canción pondría en los títulos de crédito el director de turno. Cual fue el último estribillo que emitió Sol. Hubo apuestas, pero nadie supo nada.

http://youtube.com/watch?v=0TAQDMu99Y8

miércoles, octubre 17, 2007

Si una mañana de otoño un internauta

Estás leyendo el nuevo post de Henri Simón Leprince (Si es que hay álguien leyendolo). Estás en el ordenador, paseando por la galaxia inabarcable que es internet y has llegado aquí y has comenzado a leer. Avanzas por el post y descubres que no parece que el post vaya a contar mucho, aunque eso lo sabes de antemano, te llama la atención, unicamente, la referencia o parodia que Henri Simón está haciendo del prologo de Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino- Y te preguntas que por que estará haciendo esa referencia o mala parodia y rápido descubres que no hay motivo, que simplemente Henri Simon Leprince no sabe que contar y se busca la excusa de Italo Calvino para rellenar de letras un post mas, que por otro lado rapidamente se olvidará y morirá en las cenizas de internet, un post que a estas alturas ya está caduco y sin sentido. Pero tu has llegado hasta aquí y te dices o te planteas seguir dandole una oportunidad, por si acaso, por esa bondad que se tiene con las cosas que no nos interesan pero de las que siempre guardamos una breve esperanza de que será justo al final cuando todo cobre un sentido y no nos parecerá tan malo, algo así como le sucedió a Henri Simon Leprince viendo en el cine Caótica Ana. Desde ya te digo que Henri Simon Leprince no escribirá un final a este post que lo haga mas atractivo o que tiña lo anterior de un sentido, no (Eso mismo le sucede a Caótica Ana). Este post camina hacía la nada, como de algún modo camina todo, pero este post, si cabe, camina con muchísima mas velocidad. Entonces ves lo que queda de post y ya que has llegado hasta aquí concluyes que lo mejor será terminar, aguantar estas frases que quedan , pero eso si, no volver a pisar este blog. En cualquier caso, y sabiendo que ya llegamos al final, Henri Simon Leprince te agradece que hayas pasado por aquí y que lo hayas leido.

Un saludo.

martes, octubre 16, 2007

Por la carretera

Huele a agua estancada y a humo. He pisado un poco de barro y he notado como se me ha enterrado medio pie derecho, he notado la humedad recorriendo el tobillo como un gusanillo nervioso y he impulsado con fuerza el pie para sacarlo. Tenía el zapato y parte de la pernera del pantalón manchadisima. He seguido andando, me parecía absurdo cualquier intento de limpiarme, sabiendo que en cualquier momento, y dadas las condiciones del terreno, podría volver a suceder. He seguido andando, en un charco gigante he visto una tabla, quizá una puerta, que flotaba como velero en el mar en los dias de poco viento y sosiego en las mareas. He barajado la posibilidad de montarme sobre ella y juguetear, dejarme arrastrar por el charco y tratar de llegar al otro extremo donde hay mas barro, pero la puerta que flota está demasiado anclada en el centro del charco y llegar hasta ella significaría empaparme seriamente hasta mas arriba de las rodillas, y esa es una sensación demasiado incomoda como para que merezca la pena el intento. Rodeo el charco, avanzo, descubro las huella de una rueda de bicicleta y la sigo, incluso me hace ilusión la posibilidad de encontrarme con alguien. El recorrido y la marca es irregular en su profundidad, lo que me hace sospechar que el ciclista a veces, ante la imposibilidad de avanzar, haya avanzado con la bicicleta en la mano. La huella hace alguna curva desconcertante, pero termina avanzando por la cuesta hacia arriba que va a dar donde las chabolas. Subo, no sin esfuerzo, hay tanto barro y charcos en la cuesta que patino al ascender. Arriba, al lado de las chabolas no hay nadie y estan medio derruidas, la huella de la bicicleta, sin embargo se hace casi invisible al lado de una, la que mejor conservada está. La rodeo y veo la bicicleta apoyada en una pared. Me asomo por una especie de puerta y no veo a nadie, lo que me hace sospechar que posiblemente el ciclista desconocido duerma en alguna parte que no alcance a ver de la chabola. Salgo y reviso la bicicleta. Está en muy buen estado. Me gusta su forma, como la de los ciclistas profesionales, esos manillares que parecen caracoles y esas ruedas finas pero grandes. Me monto y pedaleo alrededor de la chabola. En una de las vueltas veo la cuesta y me planteo si seré capaz de subir, si mis piernas tendrán fuerza para esa ascención. Compruebo, no sin esfuerzo, que si puedo, y arriba salgo a la carretera, allí me decido por seguir adelante, dirección este, que e spor donde sale el sol. En la carretera noto que mi ritmo es seguro y constante y nada lento. Me levanto y pedaleo sin apoyar el culo en el sillín, como hacen los profesionales cuando la cosa se pone recia. No pasan coches en la carretera y me pongo encima de la linea blanca, para medir mi estabilidad. El cielo está negro y decido seguir hacía adelante, cambiar de vida. Abanodono el lago y me voy a otra región, a la ciudad grande. Allí viviré una nueva vida, me trasladaré con mi nueva bicicleta por las calles, de la habitación que encuentre al trabajo que consiga y dejaré para siempre los charcos y los barros. Pedaleo, entonces, con mas calma, sabedor de que el viaje es largo.

lunes, octubre 15, 2007

iNarciso

Digamos que soy Narciso del siglo 21. Digamos que soy un tipo de mi tiempo en muchos aspectos y que además siento una profundísima atracción por mi belleza. Si, realmente soy un tipo hermoso. Alto, pero no altísimo. De cuerpo bien formado a base de dosis justas y precisas de pesas y ejercicio, buena alimentación, rasgos delicados pero no cursis. Pelo castaño claro, ojos profundamente grises, entre un verde intenso y casi azúl, pero alejado del azúl casi molesto de los nórdicos. Gris pero no ese griasaceo que recuerda a la tristeza. Me atraigo, claro, pero es además un efecto evidente en los demás. La hermosura es subjetiva, pero en mi caso es un adjetivo objetivo. Soy hermoso a los ojos de todos.

Me gusta estar aquí solo, como ahora. Poner la música que ahora suena y repetir lo que otras veces hago. En el amplio espejo que tengo en el medio del salón es mi cita, mi autocita. De pie, a media luz cuando es de noche comienza esta hora casi bruja. Me veo y veo que me veo. Me retuerzo en movimientos suaves frente a la inmesidad del espejo que además es frontera, los espejos son el límite entre yo y yo. Bailo delicado y me excita verme, ver que ese que soy yo, pero que es el del espejo, baila. Me veo bailar y me sigo bailando y me comienzo a desnudar mientras el otro se desnuda. Entonces aparece el deseo que es otra forma de violencia. Veo mi piel que es la piel del de el espejo. Veo que el del espejo se queda casi desnudo y pego mi cara contra su cara que es la distancia mas infinita, pues nada une esos dos mundos, esos dos cuerpos tan terriblemente alejados por cercanos, por ser el mismo. Y estoy desnudo y el otro se acaricia y durante un breve instante le odio por que toca lo que yo no puedo tocar mientras me toco. Deseo estar fuera de ese cuerpo que está en el otro lado del espejo, ese cuerpo que tanto deseo y tan terriblemente imposible y cercano. Y el otro se tumba en el suelo y veo su cuerpo extendido en el suelo y que me provoca mientras se acaricia y me mira. Y la luz a media luz como en las grandes veladas, y solos los dos. Entonces nos amamos tan lejos él de mi y yo de él. Entonces es todo deseo por que sé que el que me mira siente lo mismo y se retuerce de placer mientras se acaricia que es como acariciarme. Nos acariciamos el uno al otro y todo crece mientras los dos sabemos cual es el paso siguiente, que es lo que está por venir. Y deseo y crece y al final todo se acaba.

jueves, octubre 11, 2007

Ahora mismo en Londres

Caminamos por una calle de Londres. Nos detenemos ante una puerta verde. La calle está vacia y hace frio. Es mediodia y es posible que en unos minutos comience a llover. La puerta verde está medio abierta, por la rendija se ve un patio vacio. Por pura curiosidad empujamos la puerta y entramos. No hay nadie, hay unas ventanas que dan ahí. En una de las ventanas hay luz, una luz amarillenta que contrasta con luz azul grisaceo que tiene Londres en ese momento. Al fondo del patio hay unas escaleritas que se pierden hacía la izquierda. Caminamos, sin saber muy bien por que estamos ahí y por que nos dirigimos hacía las escaleras. Subimos los peldaños. La escalera es de hierro y está oxidada. Caen unas gotas. Al final de la escalera hay una puera. Tu la tocas y ves que se puede abrir. Entramos, vemos un pasillo con moqueta y un gato acurrucado nos mira desde la desconfianza o desde un lugar que parece sospechosamente extraño. El gato sale corriendo sin aviso previo, se pierde al final del pasillo, donde gira. Por pura inercia seguimos. El pasillo no tiene ventanas y es algo oscuro pero como hemos dejado la puerta abierta entra la luz grisacea de Londres en noviembre. El pasillo gira a la derecha y nos encontramos con más pasillo y con un par de puertas en la pared de la derecha. Están cerradas. El pasillo es sorprendentemente largo. Al lado de la primera puerta probamos a empujarla, también abre. Otro pasillo, este con moqueta pero de diferente diseño, ese pasillo da a una escalera que al fondo asciende. No entramos, seguimos andando por el primer pasillo, estamos en la segunda puerta. Antes de abrir la puerta del todo sabemos que habrá otro pasillo y efectivamente es así. La moqueta de este es igual que la de la anterior puerta, también este pasillo termina con escaleras al fondo, pero estas descienden. Salimos y seguimos por nuestro pasillo. Avanzamos y solo tenemos paredes a los lados. Todo está cada vez mas oscuro. Muchos metros después encontramos una escalera que sube y otra que baja. Subimos. Evidentemente arriba nos encontramos con mas pasillo, pero en este caso la escalera sale en mitad del pasillo y hay que decidir a que lado ir. A ambos lados el pasillo da escaleras que suben, la moqueta de este pasillo, curiosamente o por pura lógica es igual que la de abajo. Vamos a la izquierda. Subimos la nueva escalera. Arriba nos encontramos con tres habitaciones. Curioseamos en las tres, cada una tiene dos puertas, lo cual multiplica las cosas. Seis opciones. Por azar escogemos la puerta de la derecha de la habitación de color mas claro. Al abrir descubrimos que una escalera sube otra baja y un pasillo flotante lleva hasta una puerta enfrente, nos decidimos por esa. Nos atrae el pasillo flotante. Mas pasillo, mas moqueta, mas puertas. Comprendemos que estamos en un laberinto, que hemos encontrado un laberinto de moquetas, escaleras y pasillos. Que estamos en Londres y que seguramente afuera ya haya comenzado a llover.

Aun hoy seguimos sin encontrar la salida, pero descubrimos que en los laberintos es siempre presente. También afuera de ellos.

miércoles, octubre 10, 2007

1979

El asunto fue mas o menos este:

Un tipo conoce a una chica en un bar. La música suena bastante alto y la conversación es bastante atropellada. La chica, mas que el chico, está algo afectada por el alcohol y eso aun entorpece mas las palabras entre uno y otro. Aun así, el tipo siente que le gustaría salir de ahí con ella y charlar en mejores condiciones. Pasear por las calles de la ciudad que a esa hora, considera él, son perfectas para caminar despacio y charlar. La tipa, sin embargo prefiera dejarlo para otro momento, se intercambian los teléfonos y poco mas. El se va. Según camina por la calle piensa que le gustaría que eso estuviera sucediendo en 1979, no sabe muy bien por que, pero todo lo sucedido esa noche le parece perfecto para una noche del 79. Gira por las calles, llega hasta el hostal donde se hospeda y sube las escaleras hasta la segunda planta. Alcanza el pasillo. oye ruidos en una habitación, sabe que es una pareja, pero una pareja no ahora, sino en el 79. Llega hasta su habitación, la abre, entra. Se lanza a la cama y oye el bullicio que viene de la calle. No puede dormir. Se asoma a la ventana. En la ventana de enfrente un tipo fuma mirando a la calle. En la calle una chica pasa llenando la calle del ruido de sus tacones contra el suelo. No es 1979, pero podría serlo, piensa. Entra la policia en el hostal, entran en su habitación y le detienen. El no se opone, mira a uno de ellos y le dice: "Llevais varios dias de retraso. Os esperaba antes de ayer", el policía sigue a lo suyo. Le bajan por las escaleras a empujones, casi con maltrato, el mira al otro policia y le dice: "ten cuidado mañana, cuando gires con el coche en la primera rotonda al salir de tu casa" . El policia hace como que no le escucha. No es 1979, pero le hubiera gustado que fuera.

martes, octubre 09, 2007

Números

Doscientos dieciseis, doscientos diecisiete, doscientos diecinueve.... Así siguió durante unas dieciocho horas. Acurrucado en un banco del aeropuerto, esperando a que anunciaran, por fin, la salida de su vuelo. La maleta debajo del banco y un libro que terminó usando de almohada, aunque fuera una figura psicológica, pues evidentemente nada tenía de almohada ni de comodidad las mil y pico paginas de "Los hermanos Karamazov". Pero ahí, puesto debajo de la cabeza, emulaba o hacía recordar las almohadas de verdad, las que se usan en las camas... Cuatrocientos veinticinco, cuatrocientos veintiseis, cuatrocientos veintiocho.... Iba saltando numeros desrodenadamente y la cosa consistía en saltarse un numero justo en el momento antes de decirlo, Si iba por el quinientos tres y según el organismo al completo trabajaba en la formación mental del quinientos cuatro, era justo ahí cuando debía saltar, no pensar en el qunientos cuatro y si evocar, convocar a la escena mental al quinientos cinco. Había comenzado por puro aburrimiento, con la intención, quizá, de echar una cabezadita, consciente de su incapacidad para dormir en espacios públicos. Había arrancado en el lejano uno y había decidido saltarse un numero esporadicamente a partir del cincuenta y tres, numero que en el que ya no pensó. En el trescientos cuarenta y ocho tuvo la primera crisis," debería dejar de pensar en numeros", pero la bola ya estaba arrancada, y como muchas veces pasa, la cabeza no cedió ante sus deseos, sino que ajena a su petición, continuó, rítmica y obsesa, con el baile de numeros. En el setecientos decinueve pensó por primera vez en la posibilidad de que los saltos de numero tuvieran una frecuencia o una explicación no aparente. En el mil doscientos treinta y tres volvió a desear parar de contar, pero esta vez se lo dijo a si mismo con menos intensidad, consciente de que muchas veces la cabeza hace lo que le sale del forro y concluyó en el el dos mil novecientos cuarenta y uno que "la cabeza pare cuando quiera. Esto en algún momento tendrá que parar"... Cinco mil setecientos dieciocho, cinco mil setecientos veinte... Salto, pensó. Salto y sigo. Mientras la cabeza seguía alo suyo tambien reflexionó en otras cosas o se hizo preguntas "¿Como carajo entran todos esos numeros ahí, como se ordenan?, ¿Quien los ha metido si yo nunca he pensado en todos?, Debe haber muchos numeros en los que yo jamás he pensado. Por ejemplo el seis mil ciento catorce, quizá nunca antes había pensado en ese número". reflexiones, por otro lado que no llevaban a nada. A paritr del veinte mil seiscientos tres, decidió que los saltos de número debían ser de mas de uno. Incluso muy exagerados, y asi del veinte mil seiscientos ocho saltó al veitiun mil seis. se deshizo de reglas, iba y volvía. Algo de eso le llevó a comprender, repentinamente, determinadas tendencias artisticas. Cuando la reglas aburren hay que innovar, se dijo entre el treinta mil setecientos y el treinta y ocho mil dos, que supuso el mayor salto de numero hasta el momento. De repente una chica se sentó enfrente, siguió contando, pero se fue acomodando, dejó de estar tumbado y se sentó para no dar mala impresión. Ella le miró y con voz amable y dulce le preguntó si sabía algo del vuelo, que curiosamente, compartian. Ahí, justo ahí, dejó de contar y lo que viene, lo que viene ya es otra historia, otros numeros. Cero, concluyó.

domingo, octubre 07, 2007

El hombre mas fuerte del mundo

Vivía recogido en una pequeña casa de un pueblo poco habitado del norte. Apoyado por unas becas mas bien escasas del estado y por un sueldo fijo que le ingresaba mensualmente su patrocinador, su existencia se basaba en alimentarse con precisión y mucho control y entrenar con intensidad, además de ocuparse de la huerta. Por las tardes subia hasta donde los castaños y se quedaba un rato mirando el valle abajo, casi siempre cubierto de niebla. Aquello no le producia melancolía, ni trsiteza pero era consciente de que las tardes en los castaños le aportaban a su vida un sosiego curioso, peculiar, que se había convertido en necesario pasar ahí un rato de cada una de sus tardes.

Por la mañana era otra cosa. Despertaba pronto, desayunaba unos batidos hiperproteicos y salía a la puerta de la casa y hacía estiramientos. Corría unos diez minutos y se iba al descampado al lado del cementerio. Allí ya tenía colocados todos sus artilugios para entrenar, la gente dle pueblo le tenía mucha estima y respetaban sus aparatos. Allí comenzaba primero conel crucifijo, que era la prueba su prueba fuerte, la que siempre mas puntos le daba en los campeonatos. Allí alzaba los brazos con un peso brutal en cada mano y aguantaba algunos minutos así. LA escena tebía algo de mistico, verle así, en aquel terreno al lado del pequeño cementerio del pueblo, con los brazos extendidos y el gesto serio y concentrado, haciendo un esfuerzo casi sublime.

Así pasaba dia tras dia. Preparando la convención anual que ese año sería en Ucrania. Callado y concentrado, gobernado por los dictados de un cuerpo que debía cuidar y proteger para ser "el hombre mas fuerte del mundo". Llegaba a su casa, controlaba su peso y comía. Dormía algo y al despertar ponía música clasica. Se le oía tararear con fuerza algunos trozos de las piezas que se oían a lo lejos. A media tarde siempre se le veía salir pueblo arriba hacía los castaños. A ritmo ligero y siempre mas abrigado, se perdía por la carretera del pueblo hacía arriba. Aquella tarde una semana antes de la competición le perseguí tratando de no ser visto. Siempre me llamó la atención ver al "Hombre mas fuerte del mundo" siguiendo ese ritual, esa constancia en sus paseos a los castaños. Le ví pasar, deje que siguiera unos cuantos pasos mas y entonces me puse detrás. Salimos del pueblo. ME costó aguantar su ritmo, ascendía con facilidad y era sorprendente ver aquel cuerpo tan grueso y gigante caminar como pluma que arrastra el viento. Yo casi jadeaba, respiraba con mas velocidad y tenía que hacer esfuerzos para mi respiración no llegara hasta sus oidos. En el camino que se desvia a los castaños se frenó un momento, miró valle abajo y levantó los brazos al cielo, cerró los ojos y soltó unas frases que no entendí. Todo fue rápido y yo estaba mas preocupado de no ser visto que de oir lo que decía el hombre mas fuerte del mundo. Siguió por el camino, algo mas rápido aun hasta que después de mucho andar, llegamos a una esplanada. Le ví arrodillarse y cerrar los ojos. Ví que soltaba algunas frases al cielo otra vez. No entendí nada o entendí que no hablaba en nuestro idioma sino en un idioma extraño. Se quitó algo de ropa, recogió algunas ramas y sacó un mechero. En la hoguera pequeña que se había formado se volvió a arrodillar y siguió hablando en el idioma extraño. Casi cantaba. De repente me vió, no se como sucedió pero me vió, me quedé helado, podía haber corrido por entre el bosque, buscar una solución, pero me quedé quieto, sin movimiento. El hombre mas fuerte del mundo se acercó y me hizo gesto de acudir hasta él. Sospeché mi final, pero cuando estaba cerca casi lloraba y me suplicó que no contara nada. "Si lo cuentas se perderá el embrujo. Si soy el hombre mas fuerte del mundo es por lo que aquí me sucede. No digas nada, por favor" Salí corriendo.

Aquel año no ganó. Su patrocinador le abandonó, el dinero fue escaso. Comenzó a fracasar en las competiciones nacionales, comenzó a abandonar su cuerpo. Aquel cuerpo gigante y grande pero duro y potente se convirtió en una masa blanda rellena de alcohol. Perdió la beca, abandonó el pueblo y bajó a vivir ala ciudad. Al principio en la plaza de la catedral hacía demostraciones públicas de su fuerza y la gente lanzaba monedas, pero aquella fuera que aun conservaba eran un eco de los años de entrenamiento y cuidado que pronto se fueron desvaneciendo. Dormía en un banco de la plaza. Iba rodeado de tres perros y con un carrito con un par de piedras gigantes que usaba en sus cada vez mas espóradicas demostraciones públicas. Un dia de primavera apareció muerto. Por nostalgía de los buenos tiempos se le enterró en el cementerio del pueblo. Escrito en la tumba ponía que ahí descansaban los restos del que fue El hombre mas fuerte del mundo. Yo cada tarde visitó esa piedra que en su vida el hubiera levantado con facilidad. Allí cada tarde le pido perdón por bajar corriendo al pueblo aquella tarde y contarle a mis padres lo que había visto en los castaños. Rompí el embrujo y me cargue su vida de un plumazo. Yo fui el chico que acabó con el hombre mas fuerte del mundo. Aquello, en el fondo, tenía, aunque solo para mi, algo de mitológico, de legendario.

http://es.wikipedia.org/wiki/El_hombre_m%C3%A1s_fuerte_del_mundo

jueves, octubre 04, 2007

Extraños

No había nadie en la calle y esperé a que parara la lluvia, que nunca paró o al menos no aquella noche. Miré un rato mas desde el portal con la luz apagada al asfalto, o mas bien a un charco en el asfalto que era donde mejor se notaba la lluvia. Es hipnótico ver caer la lluvia sobre un charco que ha formado la misma lluvia, hay algo de breve monotonía, de rebote, de humano, de chocar mil veces en la misma piedra. No dejó de llover ni sobre aquel charco en el asfalto ni sobre toda la ciudad así que salí del portal. Caminé por la acera empapandome. Primero apresuré mucho el paso, pero descubrí que no iba aningún lado y que la decisión de mojarme era unicamente mia. Así que reduje la velocidad al caminar. Noté, en seguida, la ropa humeda, primero los zapatos, la tela de esos zapatos, los calcetines... así cada prenda se fue empapando. Me paré entonces en una esquina, vi un coche a lo lejos y el reflejo extraño que produce la lluvia en los focos de un coche. Pasó muy cerca, a traves de los cristales vi a un tipo que me miró con curiosidad, posiblemente sorprendido, incluso algo asustado. Siguió de largo. Volví a caminar, llegué a una avenida ancha. Era tarde y solo había luces de farola rebotando contra el asfalto, la lluvia que seguía a su ritmo y yo que seguía al mio. Decidí, como la lluvia, cambiar de ritmo en ese preciso instante y comencé a correr avenida hacía abajo. No había coches, no había gente, solo luces lluvia y asfalto, los edificios como actores secundarios, con su silencio, con los que duermen o no pueden dormir dentro. Y corrí mas, muy depirsa, la lluvia me incitaba a un ritmo mas acelerado aun, el golpe de la lluvia contra la cara, contra la ropa me llevaba a ser mas rápido por aquella avenida. Vi, de repente, otro coche venir. Me paré en medio de la calzada. El coche se detuvo a unos metros de mi. El parabrisas seguía constante arrastrando el agua del cristal y en esos intervalos que permanecia brevemente limpio podía distinguir un rostro, un rostro que en seguida se desenfocaba trás el agua de lluvia y el reflejo que esto producía en el cristal. No eras tu, pero me hubiera gustado que fueras tu, me gustó ese instante que imaginé que hubieras sido tu, pero no, no eras. Era una mujer que se desenfocaba constantemente mientras pasaba sin pausa el parabrisas. Era una mujer que me miró, me miro todos esos segundos que permanecimos así. LA calle, la lluvia y yo ahí, empapado y jodido. Me aparté pero el coche no arrancó. La mujer del coche agachó la cabeza, puso las manos en la cara. Sospeché que estaba llorando, afuera seguía lloviendo y la mujer se quedó así, mucho rato.

http://youtube.com/watch?v=Oxt_kbb-VwI

Car & driver

No le arrancaba el coche. Giraba la llave y sonaba el motor con ese aire de quiero y no puedo que incluso le desesperaba mas. Volvía a girar y ahí el soniquete maldito. Ese punto donde el motor no termina de hacer el giro definitivo para sonar como debe sonar, para que todo de paso a un juego de pedales, de marchas, de espejos. Intentó varias veces, el giro de la llave y ese sonido de nuevo, ese bucle en el que se queda el motor cuando no arranca sino que todo es amago de arrancar. Lo intentó mas veces, por esa manía que tenemos de darle emociones a las cosas materiales, por lo mismo que se insulta a un ordenador cuando se queda colgado, Lo intentó muchas veces mas, pensando casi que en una de las veces el motor estaría despistado, no pendiente de esa guerra abierta contra él y arrancaría, por pura inercia arrancaría y se perdería al final de su calle y saldría a la avenida y subiría ya con la radio puesta, con el disco previamente seleccionado. Pero no, el motor, empeñado en su batalla no bajó la intensidad ni un momento. Su agonía no era una agonía de segunda, era la agonía del que ya no puede, la definitiva. Giró otra vez, ya sin saber que lo hacía, desesperado, pensando en consecuencias de todo ese retraso mas que en el motor mismo. Otra vez el sonido agónico del motor. Dió un golpe al volante y apoyó la cabeza en el. Suspiró y miró la hora. Ya no había solución, las consecuencias ya habían comenzado, también, su ciclo. Era tarde, ya era tarde para todo, ya no llegaría e inevitablemente ya todo cogería, eternamente, otra dirección. Encendió la radio, encendió un cigarrillo y se apoyó con resignación en el asiento. Miró el reloj. La pelicula ya llevaría diez minutos.

http://youtube.com/watch?v=2uZiWwPHXiw


Para JB, que ha ingresado con méritos propios en el mundo del volante

miércoles, octubre 03, 2007

Un tipo cualquiera

La tipa bailaba suvemente mientras seguía hablando conmigo. La música se deshacía a un ritmo agradable en mis oidos. Yo bebía los restos de una cerveza que ya no me apetecía tanto. Me concentré en lo gracioso que era el movimiento de luces detrás de su cabeza y que le daban a todas esas frases, que no siempre entendía, algo de movilidad, de ajetreo agregado a la música y a la velocidad con la que hablaba. Su cabeza era entonces el nacimiento de colores que partían de la parte de atrás de su pelo al ritmo de la música. Ella calló y comenzó a bailar con mas intensidad, con los ojos cerrados. Traté de despedirme pero ella ya estaba en otro lado, el mismo, pero en otro. Bailaba moviendo exageradamente los brazos, los ojos muy cerrados y el movimiento de piernas que evocaba un poco a los tipos que hacen marcha. Dije un par de veces casi gritando que debía irme pero ella estaba a otra cosa. Entonces me dí media vuelta y salí de allí, encontré la calle mas sucia de lo normal. Era tarde y no había demasiada gente en la calle. Encendí un cigarro y no pasó nada mas. Caminé por algunas calles buscando un taxi. Me soprendió lo vacio que estaba todo, pero no pasó nada. Como personaje de este texto que soy traté de encontrar algo que le diera una gracia a este post, sentí el peso y la responsabilidad de ser el protagonista de esta historia que iba hacía la nada, hacía el vacio, no sucedía algo por lo que resultara interesante contarme, contar esa noche de mi existencia. Caminé un poco mas, esperé ya hasta la irrealidad, una aparición extraña, miré ventanas esperando un asesinato en una de ellas , la bajada de un ovni desde el cielo, pero nada. No sucedía nada que le diera color al texto. Paré un taxi y me monté con la esperanza última de que en el taxi sucediera lo que había que contar, lo que cerrara la historia. Atravesamos la ciudad sin hablar, siempre agradezco esos taxistas que no dan conversación. Cuando fuí a pagar el taxista se giró. Era Henri Simon Leprince. Descubrí entonces que el taxi no me había llevado a casa sino al final de mi historia.

martes, octubre 02, 2007

Hipnosis

Silvia salió a la calle y yo la ví desde la ventana de mi habitación, cruzó la calle y giró en la esquina. Me quedé mirando con la extraña esperanza de que volviera, de que apareciese desde la esquina otra vez, como si aquella esquina fuera un lugar de ida y vuelta, de rebote, donde cruzas y de nuevo vuelves, en vez de ser eso que traga gente. Las esquinas se tragan a la gente. Las personas giran y las dejas de ver y esperas y no aparecen. Se pierden en las infinidades en las que se abre la esquina. así Silvia cruzó y no volvió, yo me quedé pegado al cristal de la ventana de mi habitación, no llovía, hacía calor. No era domingo, pero no recuerdo que dia era.

Silvia era hermosa, pero no es conveniente resaltarlo, eso siempre es así, o siempre le parece así al heroe trágico de este tipo de historias. La belleza en cualquier caso es subjetiva y a mi me parecía hermosa, a su nuevo novio, por el que me había dejado, seguramente también y a su madre. Un amigo me decía que Silvia no le parecía hermosa, aunque realmente no usamos la palabra hermosa en esa conversación, sino que hablabamos de si Silvia estaba buena o no. El caso es que Silvia era hermosa o estaba buena y yo lo pasé bastante mal entonces, en aquella época. Mas que pasarlo mal me sumí en una especie de sensaciones confusas y algo tortuosas. Recuerdo por ejemplo aquello de mirar por la ventana para verla salir por el portal y ser tragada por la esquina y pasarme luego un buen rato pensando donde coño sería que aquella esquina tragaba a Silvia, donde se la llevaba. Recuerdo imaginarme de todo, la imaginación puede ser infinita y retorcida. Ver imagenes muy bien grabadas, muy poeticas, muy visuales, muy retorcidas en mi cabeza. Era, por decirlo de algún modo, un directorde culto y desconcido, mis peliculas se proyectaban solo en mi cabeza, una sala con aforo limitado y para un público exclusivo. Desde la ventana miraba la calle vacía, la esquina que se había tragado a Silvia y comenzaba la función, una pelicula sin título, pero que empezaba con Silvia que se encontraba con un tipo, un tipo por supuesto, muchísimo mas guapo y grande que yo, también muchísimo mas malo y mas perverso´que tenía la capacidad de hipnotizar. Entonces este hipnotizaba con facilidad enorme a Silvia y Silvia mantenía todo el film una sonrisa entre atontada e ingenua pero feliz. La felicidad que solo sienten los hipnotizados. Y yo miraba desde la ventana y recuerdo rezar, mirar al cielo y exigir la aparición inmediata de Silvia, por que justo en ese momento iba a comenzar la parte mas jodida de la pelicula. Silvia se montaba en el coche del hipnotizador, que era un coche cojonudo, y el tipo conducía rápido y sonriente y oía música muy mala. Estos tipos, pensaba yo, serán guapos, pero oyen muy mala música.

La pelicula realmente era mala y de argumento obvio. Yo abandonaba la ventana y me iba con alguien a pasar la tarde y a aburrirme o hablar con otros mientras pensaba en Silvia y en frases como "Ya se dará cuenta que el hipnotizador no merece la pena". Claro, eso no pasó. Pero eso pensaba para darme aliento, sino la vida sería muy jodida, algo desgarradilla. Así que me agarraba a eso, "ya se le pasaran los poderes de hipnosis a ese hijo puta" y camianaba con alguno por la ciudad y no llovia ni era domingo, pero lo recuerdo siempre comno si todo el rato fuera domingo de lluvia.

lunes, octubre 01, 2007

Submarino

Recuerdo mas el previo y el post. Aquel tipo con el que hasta entonces no había tenido demasiado trato me dijo al terminar la clase que en su ciudad eran fiestas y que sería la primera vez que se las perdería. Nos miramos con cierta calma y casi a la vez decidimos que mejor saliamos corriendo que cogieramos un autobus y que nos fueramos él a sus fiestas de siempre, yo a unas fiestas desconocidas en una ciudad desconocida con gente desconocida. El plan era sencillo. Saliamos en ese instante, cogiamos uno de esos autobuses atestados de gente e incomodos y en tres o cuatro horas llegabamos allí. Nos emborrachariamos, aquel tipo se encontraría con su novia y en el primer autobus de vuelta regresariamos para estar a media mañana en casa. Yo llamé a casa, expliqué la urgencia de dormir en casa de un compañero para preparar un dificilisimo examen el dia siguiente y salimos corriendo a la avenida por donde pasaba el Bus.

A aquella ciudad volví mas veces, pero esa primera ya fue extraña. A medianoche me ví rodeado de un extraño baile regional, sonaba música folclórica, bebía. Mi amigo se había acercado a casa de su novia, aprovechaba que los padres de ella dormían para saludarla. Yo le esperé en el centro de la ciudad con su gente, fumando marihuana y bebiendo ron terriblemente barato. Una tipa americana, que nunca entendí que hacía ahí, que acompañaba al grupo de gente con el que estaba comenzó a hablarme con cierta incoherencia de no se que literatura, de no se que autor, y reflexionó sobre el poder psicodelico de una fiesta popular en una ciudad de latinoamerica. Yo contesté o no contesté pero pensé que el poder psicodélico no le pertencía a la fiesta sino a la cantidad de porros que llevaba encima, cuando ví que la americana y yo nos habíamos perdido o que el grupo se había movido y la amerciana y yo seguiamos ahí, en una situación que no terminé de comprender. Entonces la americana dijo que sospechaba donde estaban y yo dije que era relativamente urgente buscarles, que en un rato me tendría que volver con aquel amigo y que mejor buscabamos a toda esta gente inmediatamente. Pero las multitudes son incomodas y es dificil encontrar a la gente entre la gente. La americana a su vez se separó de mi, perdida en la multitud de la psicodelia latinoamericana y me ví, sorprendentemente, solo en aquella ciudad, borracho y aturdido por el sonido atronador de la música popular. Caminé por calles repletas de borrachos, por calles desconocidas inundadas de gente. Caminé sin orden ni sentido, pero no paré de caminar. Iba de un lado a otro sin saber realmente donde quería ir o que cojones andaba buscando, me movia, pero sin saber a que calle quería ir. Pensé entonces en la hora de salida del bus, pensé qiue sería sencillo entontrar el terminal y que lo mejor sería navegar a favor de la situación. Esperar entre la gente y beber mas, y cuando la hora se acercase volver hasta allí que seguro me encontraría con mi amigo. Entonces ví la fiesta desde una nueva perspectiva. Me quedé quieto en un punto fijo, hablé con unos tipos que tenía al lado que me invitaron a mas bebida y a cigarros, baile torpemente con unas chicas y jamás comí nada. Entonces concluí que no era psicodelia lo que yo sentía sino que aquella fiesta me parecía un submarino en el fondo del mar y que a pesar del calor aquello me recordaba mas a un documental de esos que graban con cámaras especiales y en las que se ve la vida en el fondo de un oceano perdido. Ví pulpos y algas, seres que se movían a una velocidad diferente. Bailé y me vi como calamar gigante y sentí ganas de reproducirme bajo aquel agua verdosa y algo desenfocada. Entonces ví la hora y pensé que debía salir pitando a la estación. Pregunté y como bien pude llegué al terminal. En el anden ví a mi amigo, que sereno, fuamaba un cigarro, sonrió al verme pero yo me agaché y vomité al lado de una columna. El viaje de vuelta fue algo tormentoso por el dolor de cabeza y el estomago revuelto. Volví mas veces aquella ciudad. Volví a aquel enorme submarino en medio del oceano.

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