jueves, junio 16, 2011

Inmóvil

A golpes, a puñetazos, a patadas. En el suelo, con la cara pegada al asfalto y babilla cayendo de la boca. Hay un moratón en un costado que no me deja respirar, hace dolorosa la inspiración. He decidido hacerlo mínimante pero mucho más seguido, respiraciones extremadamente cortas que sin embargo me evitan esa aguja aguda en el costado. Las manos las puedo mover, allí, en ese extremo que ahora resulta tremendamente lejano de mi cuerpo. Las piernas son la zona menos perjudicada. El pecho, no obstante, está lleno de diminutos y remotos dolores que sumados resultan molestos. Pero toda la concentración está en ese dolor del costado, ese que marca la respiración. Previsualizo ligeramente la posibilidad de ponerme de píe, sin embargo no me decido a hacer el mínimo movimiento, me mantengo inmóvil por necesidad y por precaución. Respiro, pienso en emitir alguna sílaba, pero eso producirá un gasto tremendo y me obligaría a respirar más fuerte, con lo cual tampoco hablo, tampoco compruebo el estado de mi voz. Decido, si es que hay algo que decida, dejar pasar el tiempo. Horas, días, lo que haga faltaa. Habrá un momento, un instante, finalmente, en el que se empieza a diluir este dolor.

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