miércoles, noviembre 02, 2011

Turquía

  Conduzco por una carretera de Turquía. Evidentemente no sé que hago en Turquía, pero me esfuerzo en mantener la concentración en la conducción. He tratado de sintonizar alguna emisora, pero la tarea es imposible y sólo oigo locutores interrumpidos por interferencias. Apago la radio. Miro la velocidad a la que conduzco, voy excedido. La carretera atraviesa un paisaje común, nada reseñable, pero me recuerda a otras carreteras, a otros viajes. Mis manos sujetan con cierta tensión el volante. Tengo una molestia constante en la encía y temo un dolor de muelas nocturno. Llegaré en unas horas a mi destino y de antemano sé que esta noche dormiré en un lugar difícil, el dolor de muelas sería absolutamente inoportuno. No tengo medicinas para paliar el dolor y sé que no las conseguiría. Una bandada de pájaros viene de frente, me suben el ánimo y acelero. Los veo perderse por el retrovisor, pienso en su ruta, en su destino y durante unos minutos me comparo con un pájaro, mi vuelo es por carretera, por Turquía. Miro el móvil, sé que sigue descargado, pero es un gesto, un tic. Lo lanzo al asiento del copiloto. Veo una especie de restaurante de carretera. Freno el coche y aparco sobre la arena. En la puerta un chico joven fuma y me mira. Paso a su lado y dice algo que no entiendo. Entro pido un té. Busco el baño. En el baño veo una pintada en inglés, es un fragmento de un poema que recuerdo de Allen Ginsberg y me sobrecoge. El baño está bastante sucio, me veo reflejado en el espejo, me sigue costando reconocerme sin barba, con el pelo corto y con tantos kilos de menos, pero soy yo. Mi mirada, no obstante está algo más encendida. Descubro que mi aspecto, mi forma de mirar, tienen algo de tipo perdido. Salgo del baño. El lugar está algo más vacío. Bebo el té velozmente y cuando voy a pagar, veo en la televisión imágenes de un país donde se están produciendo unas tormentas terribles. Veo objetos, coches, gente arrastrada por la lluvia. Me pregunto donde está ocurriendo eso, pero nada me hace descubrirlo. Salgo al coche, veo al chico, me vuelve a decir algo y le contesto en inglés que no entiendo. El chico me mira desafiante y en un inglés extraño me dice:

 .- Ahora no comprendes, pero en unos cuantos días comprenderás.

 La frase, extrañamente, me altera. Me acerco y le digo que repita. Lo vuelve a decir. Le pregunto que cual es el sentido de su frase. Sonríe irónico. Le pregunto con cierta violencia y tratando de ofender que si es un brujo para saber lo que sucederá en el futuro. Contesta que no, pero que todo el mundo sabe lo que hay en esa zona del país. Me dan ganas de darle un tortazo, pero me contengo. Al montarme en el coche, le miro por última vez. Se ríe y entra al bar. Arranco y levanto polvo. Vuelvo a la carretera y conduzco algunas horas más. Siento que nada de lo que estoy haciendo tiene sentido, pero sin embargo hago todo el viaje, cumplo los plazos y llego a tiempo a Londres, una semana después, con el encargo. Me pagan bien y me despido del ministro:

.- Se cauteloso- me exige.

 Cuando voy saliendo y lanzo la mano para cerrar la puerta de su despacho me dice:

.- Ni una palabra. Ya lo sabes. Las consecuencias ya las conoces, ¿verdad?

.-Sí- respondo.

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