miércoles, noviembre 30, 2011

Otra ciudad

 Me desvelé. No conseguía enganchar el sueño. Vi una película extranjera. El ritmo era extraño, como si no pasara nada pero hubiera sucedido algo terrible que nadie, ni siquiera el director, se atreviera a contar. Salían calles muy poco transitadas, desgastadas. Calles a las que al asfalto le va saliendo césped, colándose entre la masa bestial de cemento, aceras y calles. La película pasaba y no recuerdo mucho del argumento. Recuerdo una forma de tristeza total inapreciable a primera vista. Es decir, todo era triste pero no por lo que sucedía en pantalla sino por lo que uno intuía. Era una película mala, o a mi me parecía mala, no entiendo de cine, pero todo era débil, de poca calidad, cutre. Esas películas que ponen en esos canales esparcidos por el mando a distancia, de madrugada. Como si en esos canales supieran de antemano que esa película no la va a ver nadie y como si hubiera un tipo de películas creadas para eso, para ocupar espacios en mitad de la madrugada. Como si hubiera toda una industria para producir películas que serán emitidas en horas invisibles, para espectadores que miran sin mirar, que ven la pantalla de su televisión, a esa hora en la que los que están despiertos o sufren insomnio o están borrachos. La vi entera. Duró cerca de hora y media. Las calles raras de esa ciudad que no identifiqué. Una ciudad fría, con habitantes que parecen saber de antemano que van a salir en una película que nadie verá jamás. Como si fueran ciudades inventadas para esa industria de películas que nadie ve. Recuerdo a la protagonista, una tipa rubia que en los planos de perfil era atractiva pero que parecía otra cuando la cámara la enfocaba de frente, como si esa actriz fueran dos actrices. La imaginé rodando la película, tomando café entre toma y toma, en mitad de un equipo que sabe que está en ese trabajo transitoriamente con la idea permanente de conseguir cuanto antes un trabajo mejor. Me pregunté si prepararía el personaje como dicen siempre los actores en las entrevistas o si por el contrario esa actriz no tuviera método ninguno y su forma de actuar finalmente no fuera más que ella, su personalidad de verdad a la que le imponen unas cuantas frases. Luego imaginé un equipo estrafalario de guionistas escribiendo a toda prisa esa película extraña. Pero generalmente sólo observaba las imágenes de esa ciudad, la cara de la protagonista en las calles de esa ciudad. Cuando terminó, sin saber muy bien que había sucedido, apagué la televisión y se quedó la casa a oscuras. Me tapé con la manta en el sofá y pensé en esas calles. Me imaginé andando por esas calles, traté de imaginar ciudades con esas calles. Hice un recorrido prolongado por calles que se parecían a las calles de la película. Giré aleatoriamente con mi imaginación de un lado a otro en esa ciudad que iba proyectando. Al final de una calle imaginé una farola que daba una luz blanquecina y caminé hasta ella. En ese instante pensé que quizá me estaba durmiendo y me volví a desvelar. Abrí los ojos a oscuras. Escuché el motor de la nevera reverberando por toda la casa. Pensé en la actriz. Pensé:"¿Qué hará en este preciso instante esa actriz? Pensé en opciones, pero sobre todo la imaginaba durmiendo.

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