lunes, noviembre 28, 2011

La señora L

  La señora L se dio cuenta que estaba en la sala de espera a las 13:35. Miró la hora y durante algunos minutos trató de rehacer el camino que la había llevado hasta esa sala de espera. Volvió a mirar el reloj: 13:36. La puerta de la consulta se abrió, una mujer mayor dijo su nombre y sonrió. La señora L se levantó y entró. Saludó y la Doctora la invitó a sentarse. Se sentó con extremo cuidado y con desconcierto. Miró alrededor y siguió callada. La doctora, una mujer elegante y que inspiraba sosiego y seriedad la miró de nuevo con una sonrisa afable y le preguntó cual era el motivo de la visita.

.- Sospecho que el motivo es no recordar el motivo por el que estoy aquí. ¿Qué hago aquí doctora?- La señora L hizo la pregunta con un tono tranquilo que revelaba cierto desamparo lejano.

 .- Bueno, al menos en el no recordar el motivo sabemos que ya hay un motivo. Lo cual nos ayuda para empezar a buscar un diagnóstico y para ayudar a su memoria. Su aspecto es formidable y no hay evidencias visuales de contunsiones ni nada alarmante. Las cosas no están tan mal, señora L.

 La señora L sintió ese alivio que sólo saben dar muy pocos médicos del mundo, poquísimos de la historia de la medicina. "Uno de los mejores regalos del azar es dar con un médico no alarmista, pausado y sosegado. Un médico que relativiza" pensó la Señora L conteniendo esa preocupación y esa sensación emergente de angustia. Miró el reloj. 13:38. Seguí sin recordar.

 .- Bien, lo más sensato sería hacerle un electrocardiograma y algunas pruebas. Creo que lo mejor será mandarla a urgencias del hospital, no porque me parezca que esté en una situación de urgencia ahora mismo, pero si para descartar algunos factores que si podrían serlo. La amnesia puede ser pasajera pero hay que descartar si es más profunda. ¿Recuerda que le haya pasado esto más veces?

 .- Doctora, ahora mismo todos los recuerdos cuelgan de un modo peculiar. Todo lo vivido está de un modo etéreo por ahí dentro. No recuerdo que me haya pasado esto antes, pero no recuerdo que nada haya sucedido de un modo concreto. Mi vida, mi memoria, en este instante, no parece mía.

 .- Ok. ¿Podemos llamar a algún familiar? Lo idóneo ahora mismo es que no vaya sola al hospital. Sería bueno que fuera acompañada.

.- Debo tener el teléfono aquí, en el bolso. Llamaré a mi sobrina.

 .- Perfecto, llamé.

 Las manos recorren ese túnel temporal que es su bolso. Busca entre objetos prescindibles y previsores el teléfono. Lo encuentra. Sin agilidad busca el número. Encuentra entre todos esos caracteres el nombre de su sobrina y marca. Al otro lado nadie contesta. Se queda pensando y se lo comunica a la doctora. La doctora le dice que llame a otra persona. Llamaré a mi hermana, contesta la señora L. Busca en el listín electrónico de su teléfono móvil. Marca. Ve el nombre de su hermana en la pantalla, la señal de un teléfono parpadeando que indica que está llamando a ese número. Espera paciente. Al rato se corta con un tono rotundo la llamada, lo vuelve a intentar y sucede lo mismo. Sin comunicarselo a la doctora decide llamar a su sobrino. No contesta. Llama a su vecina. Llama a su otra vecina. Al marido de su sobrina. Va encadenando llamadas con extrañeza, con vacío, con desconcierto. No mira a la doctora. Vuelve a llamar a su sobrina. Se desplaza por la agenda del teléfono viendo los nombres, poniéndole caras a esos nombres. Va llamando y nadie contesta. Duda un instante de la fiabilidad de su teléfono. Como si estuviera funcionando mal. Llama por orden alfabético y al rato no llama, se queda pensando. Piensa en los nombres y duda de ellos. AL se le entremezcla con BL, CD con CL y L con D. Como si todos entremezclaran su personalidad y estuvieran dejando de ser para ser otro. Conjuntos y subcojuntos de personalidades con fronteras difusas. En eso va. En eso. En letras que se mezclan. En una D que se convierte en C y esa C que va a una O, en marcas que van. Luces que se entremezclan, cuando mira la hora: 13:35 y durante algunos minutos trata de rehacer el camino que la ha llevado hasta esa sala de espera. La puerta de la consulta se abre y una mujer mayor dice su nombre.

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