jueves, enero 19, 2012

Los laberintos de L

 Ante los acontecimientos diarios, L tiene serios problemas de percepción. No identifica con exactitud lo que sucede y lo que siente. Con su tendencia a la melancolía no reconoce con precisión que es lo que es y que es lo que viene dado por sus leves tristezas. Y todo se amontona y le genera dudas y desconcierto. No identifica con precisión el modo de actuar de los demás y duda de sus conclusiones, desconociendo sin acertadas o se mueven en ese terreno resbalidizo del error de la percepción. L es dubitativo porque no sabe leer las lecturas de la vida o lee más renglones de la cuenta y entre las posibilidades se aturde y se confunde. L camina rodeado de nieblas, nieblas que difuminan un montón de pensamientos que se suman, a veces, descoordinados. L no sabe si lloverá mañana. L ha vivido siempre así, enredado en percepciones que desconoce su naturaleza. Sin embargo L, esta vez, está convencido. Ha encontrado la respuesta y sabe que es lo que ha pasado. No duda de su resbaladiza percepción y le viene lo experimentado como un bloque, con solidez, casi como una verdad científica, comprobada, irrefutable. Mira, ha mirado a cada una de las esquinas de la situación y concluye que, por una vez, sabe cual es el misterio inamovible de lo sucedido. No le engañan ahora los falsos recuerdos o las múltiples interpretaciones. L está en posesión de una pequeña verdad. Eso sí, por la falta de costumbre, ahora no sabe como actuar, que hacer con algo, cuando se está tan convencido. L, entonces, duda de nuevo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tal cual. Un ciclo eterno con quiebres que terminan en el pubto de partida. Esto describe la realidad para tantos mas como L.

CL

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