lunes, enero 09, 2012

Anónimo

   No es de repente que se empieza, aunque inevitablemente siempre hay que marcar un arranque y en esta caso coincida con un coche deteniéndose, aparcando y apagando el sonido del motor. Se abre una puerta y se ve a un individuo que protagonizará de aquí en adelante la historia a contar. El tipo pasa la llave en la puerta y comienza a caminar por la acera. Va bien abrigado y respira acompasadamente. Hace frío. Las manos en los bolsillos y la mirada bastante fija en la acera. Durante su trayecto piensa en sistema financiero y en algunas cosas más, nada concreto, pensamientos de primera hora de la mañana que se irán desfigurando y evaporando hasta la noche en que quizá, por un azar o por una explicación racional laberintica, se conviertan en sueños. Algunos metros después cruza en un semáforo. Nota un dolor de cabeza, recuerda y contabiliza el alcohol consumido la noche anterior. Durante unos minutos se recrimina el consumo y se promete disminuir ese tipo de noches. Alcanza un portal. Toca en el Tercero C. Le abren sin preguntar. Va hasta el ascensor. En ese momento duda de si ha cerrado bien y rehace el camino. Trata de recordar el gesto de pasar la llave. Duda, piensa en volver para comprobarlo, pero finalmente no lo hace. El ascensor se abre. Sale, entra en un apartamento. Se escucha una música que tarda en reconocer. Deja el abrigo en un perchero y saluda a una chica que está sentada en una mesa. Se sienta y enciende el ordenador. El proceso tarda unos segundos, mientras mueve algunos papeles y ve anotaciones en una agenda. Se abre el ordenador. Entra a su correo. Ojea velozmente la lista de correos que han entrado buscando ese único que le interesa. No lo ve. Ve algunos formales, de trabajo, algún intercambio con íntimos, asuntos diarios. Hay uno de un desconocido. Es el primero que abre. Lo que lee es esto, este texto que hay escrito hasta aquí. Cuando llega a este punto del texto donde estamos mira a los lados, mira a la chica y en alto dice:

.- Tengo un correo de un desconocido muy raro. Bastante paranoico.

 La chica le mira, callada unos segundos, como si aún no tuviese reacción. Respira y le dice:

.- ¿Tú también? ¿Tú también estás leyendo paso a paso tu vida?

.- Sí. Incluso esto que hablamos está escrito. ¿Qué coño es?

.- No lo sé. Llevo toda la mañana así, desde que he llegado. Cada cosa que leo es el presente. Llamé a mi novio y también. En su oficina a todos les está pasando.

.- ¿Es un virus?

 Lentamente nuestro protagonista sigue leyendo aquí su historia, comparándola con la de los demás. Todos van encontrando este correo y sus vidas se van unificando. Nuestro protagonista llama a algunos amigos, comprueba que a todos les ha llegado el correo y que a todos su presente les está siendo enviado en forma de mail. Aquí, en este punto trata de levantarse, de dejar de leer ajeno a lo que sigue. Lo hace. Se pone en píe, se asoma a la ventana. Vuelve al correo. Lo relee y llegado de nuevo aquí, lo cierra y lo envía a la papelera. Lo que sucede a partir de ahí ya lo leeréis en vuestro mail.

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