miércoles, enero 25, 2012

Lo que vio G

 Desde aquella ventana, como una anunciación, se veía el valle y la carretera haciendo un giro permanente hacia el sur donde se dejaba de ver allí y desaparecía entre cerros verdes y arenosos. En realidad la vista era privilegiada. Un enorme valle atravesado por un río turbulento, poblaciones diminutas a lo lejos, verde suave, cerros accidentados a lo lejos y una luz peculiar. En realidad la vista podía salvar a cualquier idiota del vacío. G miraba con esperanza esa fuga, porque la vista era una fuga. El río y la carretera se prolongaban hacia otro lado y a G le agradaba imaginar que había un muro o una línea donde se volvía a empezar o se pasaba de nivel. Sin embargo no había mucho más que mirar y esperar.  G miraba permanentemente desde esa ventana hacia el valle y lo que veía no era más que el valle y la fuga y contaba horas, como si estuviera en una cuenta atrás, en una gigantesca cuenta atrás, una cuenta atrás de dos millones de años y apenas se llevaran seis minutos. Le gustaba ver caer la noche y ver las farolas de la avenida que atravesaba el valle encendiéndose y sumarse unas detrás de otras hacía la fuga. En la calle había poco ruido y de vez en cuando veía algún coche ir por la avenida hacia la fuga y alguno volver de la fuga. Pasaban pocas cosas o pasaban muchas cosas. Pasaba el tiempo en aquella interminable cuenta atrás. Una noche G vio algo insolito. Un tipo cruzó la avenida. La imagen era extraña porque la avenida no tenía nada a los lados: dos carriles por dirección y alrededor valle y destierro. El hombre parecía venir del río y cruzó rápido a pesar de que no venían coches por ningún lado. Luego se fue perdiendo porque G, desde su ventana, había una parte del valle que no alcanzaba a ver. Desde aquella noche esperó, además de la interminable cuenta atrás, a ver cruzar el hombre de vuelta, al río o la nada, que era de donde venía. Pasaron muchas tardes, muchas noches, muchas fugas, muchos coches, hasta que pasó, de nuevo, aquella figura fugaz, aquel perfil difuso en la lejanía. hacia el otro lado. Esta vez el hombre no miró, no vio venir el coche que avanzaba hacia la fuga y lo que G vio fue ese cuerpo desplazado con violencia hacia arriba, un vuelo torpe, un cuerpo que sube casi rígido hacia una altura, empujado como si apenas pesara y cayera de nuevo. Vio el coche frenarse o derrapar hacia un lado. Salieron dos tipos o lo que a G le parecieron dos tipos, porque lo veía todo como si en el fondo no estuviera sucediendo. Aquellas dos nuevas figuras que habían bajado del coche corrieron hacia la figura del hombre que había venido del río, lo levantaron entre los dos, lo metieron velocisimamente en el maletero y arrancaron. Durante los siguientes minutos G se quedó viendo aquel coche perdiéndose hacia la fuga.

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