viernes, julio 01, 2011

Lluvia

Es como cuando no llueve pero tú sientes que está lloviendo. Anochece y es verano y te parece que está cayendo un tormentón, que revienta con salvajismo el agua contra el asfalto y se cuela la humedad, huele a humedad, hay humedad en los cristales, en las nucas, en los pasillos de los edificios. Sientes que está cayendo una masa incalculable de agua y sin embargo no llueve. Anochece y no llueve a pesar de lo que tú te creas. Como cuando hueles algo que te recuerda a otro lugar y de repente ese lugar te parece el otro lugar, se superponen y te desubican las capas de lugares y épocas superpuestas, porque el olor te ha trasladado brutalmente al otro lugar, a la otra época. Y no sabes muy bien que está sucediendo, como cuando llueve pero no llueve. Es como cuando besas a alguien pero inevitablemente viene otra cara y cuando te separas unos milímeteros las caras se entremezclan, como un cristal que refleja una cara sobre otra cara. Durante dos, tres o medio segundo, esa persona es la otra persona. Hay un gesto de esta que es la otra y ¿quién sabe? ¿quién no duda? Llueve, no llueve, pero está lloviendo y hace tanto calor y la nuca está empapada. Huele a tormenta de verano, huele a esa humedad que aún no viene pero que va a venir, ese delirio de olores cuando todo se empapa después del calor. Sube un vaho invisible desde las aceras, desde el suelo, desde las calles, es la humedad de la lluvia que está cayendo. Ya es de noche o quizá, ni siquiera es de noche. Hay una luz al principio de la mañana que parece la luz del final de la tarde, es exacta pero distinta y si te soltaran de repente ahí, en medio de la esa luz, sin saber en que posición estas, ni en que hora, no sabrías si amanece o anochece. Está lloviendo. Anochece. Era ella, lo juro que por segundos fue ella.

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