domingo, julio 03, 2011

Charla

.- Tampoco soy de allí. Nunca de aquí, pero de allí también se deja de ser. Eres esto, eres de esto, o demás es accesorio. Somos de esto: de esta madrugada pausada, de estos tragos, del silencio que hay en este pueblo a esta hora. Cuando se sale, no entras. Es mentira que entras, que vuelves. El abismal vértigo de salir es que todo eso se desvanece, deja de existir. Uno se enquista a una realidad, la asume, se la inventa, le rellena totalmente, pero si la dejas ya no vuelvas nunca a buscarla, se acabo. No vuelvas, porque siempre estarás fuera, pero un afuera extremadamente confuso, desolador. Si sales y no vuelves asumes que esto es un absoluto invento. Hace dos meses desconocía este pueblo, pisé las calles por primera vez, no sabía donde estaba el norte, donde estaba el sur, no sabía que esta calle terminaba en la avenida por donde pasa el bus que agarro para ir a trabajar a la ciudad, no sabía que esto existía hace un año ya hora mírame, estoy contigo aquí, justo aquí, dentro de esto, por más que vuelva ya no volveré; porque allí ya estará, sumado, esto también y ya no será volver a aquello, será salir de aquí, salir de allí, salir. Siempre estamos saliendo, eso es lo que descubres cuando sales por primera vez. Jamás entras ya. Uno piensa que esto es lo que hay, no es así. Es esto más todo lo demás y todo lo demás es inabarcable. ¿Quieres que paseemos? Es agradable el pueblo a esta hora. Me gusta la calma de este pueblo y de noche se queda detenido. Vayamos. Desde que llegué salgo todas las noches. Me gusta esta primera esquina. Esa casa con el jardín bonito. Este camino baja hasta la estación de tren, todo tiene su pequeño sentido. Estas calles tranquilas, el sosiego absoluto. Paseo todas estas noches por aquí. Espero una forma de inspiración. Una inspiración vital. Nunca la consigo, da igual. Lo que me gusta es pasear despacio y esperarla. Notar el olor de los jardines arreglados de las casas más caras. Ese gato que pasa. Son curiosos los gatos. Yo soy de perros. El mío es amable, tranquilo. Nos respetamos. Tienen un carácter que si bien es distante al del humano, mantienen la cordialidad o lo que el ser humano entiende por cordialidad. Los gatos no me disgustan, pero prefiero a los perros. Asumo, es cierto, que la relación con el perro no es de igual a igual. Es importante asumir eso, hay quien lo confunde y proyecta. Todas las noches, casi se ha hecho costumbre, paseo a esta hora, tan tarde. Yo soy de dormir poco y de pensar mucho y de madrugada este pueblo parece un escenario abandonado, pero eso, contrario a lo que pueda parecer, es enormemente cálido. Por eso me gusta notar la enorme pausa y pensar. Y pienso en locuras, esas cosas que un piensa y cree que son reflexiones importantes y luego olvida, inmediatamente o a las horas. Se olvidan. Son pensamientos cigarro. Se disfrutan, son adictivos, pero se deshacen en humo. Y aquí es donde uno concluye, paseando después de llevar dos meses viviendo aquí que ya nunca entraré, que las puertas cruzadas no se abren de regreso. Es como los libros, no vuelves atrás buscando leer con la inocencia y el desconocimiento primero, vuelves sabiendo que ya después sucede otra cosa y si vas es por comprender algo, que sé yo. ¿Volvemos? Podemos tomarnos la última.

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