sábado, julio 16, 2011

Sonido ilocalizable

Por la rendija de la puerta o por la ventana del patio, se colaba un sonido permanente. Una repetición de un sonido agudo, algo parecido a una gota cayendo y chocando contra cuero, un sonido entre opaco y brillante. Concentré, sin decisión aparente, toda mi atención en ese sonido; lo demás se quedó aislado, a los lados de ese sonido repetitivo. Algunos minutos después, la curiosidad ejerció todo su poder y me levanté en busca del origen. En los primeros instantes de la búsqueda estaba desorientado, el sonido aún siendo estático, parecía desplazarse de un modo físicamente inexplicable, como si sabiendo de mi búsqueda, como si la acústica fuera un juego de escondite. Finalmente, tras muchas dudas, concluí que aquel sonido repetitivo venía de la ventana que da al patio interior. Abrí la ventana de mi habitación y miré, miré hacia arriba, miré hacia abajo. Luego estuve analizando la disposición de luces de otras habitaciones encendidas en el patio interior. No había orden aparente, tampoco lo busqué en exceso. El sonido, curiosamente, parecía venir de arriba, de un par de pisos o tres más arriba. Un arrebato extraño, una especie de viaje mental, me hizo recordar o imaginar invasiones extraterrestres, pero en seguida me pareció infantil el pensamiento. Miré hacía arriba, vi luz en una de las habitaciones del séptimo, el sonido parecía provenir de ahí. Me quedé mirando pero no encontraba nada que me diera una respuesta concluyente, definitiva. En la ventana con luz hubo sombras, también movimiento y se abrió. Se asomó un chico, un adolescente. Le miré, el me miró desde arriba, le pregunté si sabía que era aquel sonido:

.- No sé, lo llevo escuchando desde ayer. Es raro, porque a mi me parece que viene de tu casa.

.- ¿En serio? Yo me he asomado porque a mi me viene dirigido desde la tuya. La acústica juega al engaño, también a la manipulación.

.- Ayer lo busqué. pensé en bajar a tu casa y preguntarte, pero no me atreví.

.- ¿Lo escuchas ahora?- pregunté buscando nuevas soluciones

.- Espera- El muchacho hizo un gesto excesivo de escucha, cerró los ojos, permaneció callado unos segundos y concluyó- sí, si que lo escucho. Te juro que parece venir de ahí, desde tu ventana.

.- Lo idoneo sería que saliera algún vecino más y contrastara.

.- Si, pero este patio es raro, nadie se asoma. A veces la chica del sexto, la que está justo encima de ti, pero los demás parece que nunca se asoman al patio. A mi me gusta. Las ventanas del otro lado, las que dan a la calle, son más luminosas, seguramente mejores vistas, pero es más entrañable esto, también más enigmático. El patio nunca se entiende o se entiende demasiado. Lo otro es evidente, esto no. Yo me asomo mucho. ¿Tú?

La pregunta era desconcertante, pero había algo de cierto en la reflexión del muchacho. El patio estrecho y húmedo tenía mucho de íntimo, también de secreto.

.- Creo que prefiero esto, aunque no hay porque elegir no. También me asomo en las otras ventanas, las frontales.

.- Mira, se ha encendido la luz de la chica que vive encima de ti. Hablemos más alto para ver si se asoma y le preguntamos por el sonido- toda esa frase la dijo a un volumen muy alto, con voz muy grave. La ventana, milagrosamente, se abrió.

La chica miró primero arriba, al chico, luego abajo, a mi, desde una perspectiva realmente extraña, ella tenía la cabeza colgando yo la elevaba como una jirafa que mantuviera la costumbre de sus movimientos pero que se hubiera quedado sin cuello. Como yo era el adulto, fui el que pregunté:

.- ¿Tú escuchas ese sonido?

.- Sí- contestó a la defensiva, como si estuviéramos preguntando algo más íntimo, más terrible.

.- ¿De dónde crees que proviene?

.- Todos sabemos que viene de tu casa- me dijo con un tono aún algo agresivo.

.-¿Todos?

.- Sí, se habló de ello en la última reunión de vecinos.

Un golpe de desconcierto bajó a una velocidad irreal por el hueco del patio. Cerré los ojos concentrado buscando el origen imposible de ese sonido permanente y agotadoramente constante.

.- No entiendo- argumenté o creí argumentar algo diciendo que no entendía, pero realmente no entendía. Mi vida, durante unos segundos, me pareció inaccesible, incluso a mi mismo.

.-Sí, viene de ahí, de tu ventana- esto lo dijo en un tono nuevo, amable, casi comprensivo. Como al que le revelan que tiene un tumor y se lo quieren hacer más sencillo, más ligero. LA ternura repentina de la chica me hizo bien.

.- Pero no sé que puede ser. A mi me parece venir de casa del chico- El chico miraba desde lo alto hacia nosotros dos con curiosidad, también con distancia.

.- Créenos, viene de tu ventana- El chico cerro la suya y desapareció. Apagó la luz, pero yo sospeché que miraba entre la oscuridad, porque él había intuido, había percibido mi profundo enamoramiento, mi repentina atracción por mi vecina de arriba.

La volví a mirar, con el cuello totalmente desplegado, ella miraba desde arriba y el pelo caía hacia abajo, la cara se amontonaba y le hacían un gesto gracioso, casi como de globo.

.- Es raro, porque está en tu casa, pero no se que puede ser. ¿Me dejas bajar a ver desde allí mismo?

.- Si, por favor- le contesté.

Desapareció, yo estiré la colcha y ordené absurda y velozmente el leve caos. Sonó el timbré, abrí. Me pareció, si cabe, más hermosa.




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