lunes, febrero 21, 2011

Los conejos desde la ventana

Los conejos no distinguen los días de semana y los fines de semana. Les da igual. Creo que son tres, al principio yo creo que veía siempre al mismo, pero luego han ido creciendo como familia. Hacen movimientos aparentemente caóticos, pero básicamente repetidos. Al mínimo ruido se esconden en los matorrales y permanecen ocultos durante un tiempo indefinido. Los días de Sol están muy activos, hay movimiento constante en los matorrales. Sale uno, sale otro, sale el que sospecho que es un tercero. Van, vuelven. Velozmente se esconden cuando cerca del portal pasa alguien. Los miro desde la ventana, a mi no me ven, lo que me da una perspectiva curiosa de su existencia. Al principio descubrí a uno, durante meses, o un tiempo indefinido que parecieron meses, ese conejo solitario hacía sus actividades, sobre todo matutinas, con un sosiego extraño para ser conejo. Como si se supiera al margen de los peligros en ese matorral metido en los jardines de la urbanización. Luego vi al segundo conejo, tiempo después al tercero. Alguna vez temí una excesiva proliferación de conejos, pero lleva un tiempo amplio que se ha quedado en tres. Los conejos llevan su existencia. Yo me entretengo mucho cada mañana, generalmente bebiendo café. Me gusta cuando se olvidan del acecho, el acecho de lo que no se ve. Un acecho que está, invisible, agotador. Se entretienen en leves movimientos por el césped, sin urgencias. Entonces se vuelven hermosos, y de algún modo vuelven también hermosa mi mañana. Están pausados y lo pausan todo, el clima, el movimiento del sol, el mundo, el ansia acumulado, en cubos, del mundo, esa masa invisible que viaja como un agujero de gusano. Respiro. Hay veces que siento una especie de comunión con esos conejos. Como si pudieran comprender algo que yo no comprendo y me indicaran lo que se esconde tras el movimiento de nubes. Hay veces que están tremendamente inquietos, como si fueran nubes cargadas antes de la lluvia. Otras veces sólo son conejos y simplemente divierte contarlos. Dudar si siguen siendo tres o hay alguno más o por el contrario son dos o uno. Sólo uno. Un conejo total. El conejo absoluto.

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