viernes, febrero 18, 2011

Amancio

Amancio era un hombre de su tiempo, aunque no le gustaban los relojes, nada que indicara la hora. Decía que aquello "es un intento bastante inocente de querer atrapar el presente". Amancio no creía en muchas cosas, pero si tenía ciertas ideas fijas. Por ejemplo que el futuro era un asunto que había que ir olvidando ya y que del pasado ya nos encargaríamos más adelante. Era escurridizo, cuando creías haberlo visto ya andaba por otro lado y nunca sabías muy bien cuando carajo te lo ibas a encontrar. No tenía una profesión conocida, no se sabía de que vivía Amancio. No era pobre, no parecía pasar hambre, pero tampoco parecía un tipo viviendo de las rentas. Alguna vez apareció en alguna fiesta, siempre se instalaba en la cocina, con un grupo de gente que le escuchaba atentamente. Hablaba de poetas, también de viajes. A mi alguna vez me daba la sensación que todo lo que decía se lo inventaba. Que no existían tales poetas, movimientos artísticos de nombres estrambóticos de los que jamás nadie había oído hablar. Los viajes eran pura ficción: viajes en barco a través del atlántico, travesías por el desierto en busca de algo invisible, África de arriba abajo tras una foto que jamás se publicó. Amancio decía creer sobre todas las cosas en el arte, o más que en el arte en la literatura. Que había escrito varios textos que inauguraban una forma memorable de nueva literatura, pero que lo más honesto, decía, era guardarselo para él mismo. Yo no creía las historias de Amancio, pero es que tampoco estaba muy seguro de si era real su existencia.

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