viernes, agosto 29, 2008

Despertar

Desperté en medio de aquel agradabilísimo silencio. Amanecía y la sensación de ser participe de un universal despertar, de un movimiento parelelo de millones de elementos y de cuerpos, de pertenecer a ciclos indescifrables, inalcanzables me invadió. Durante algunos segundos que parecieron horas sentí la livianísima felicidad de despertar de nuevo aquí, ahora, en este instante del tiempo, del imparable tiempo. Giré la vista, la luz del amanecer golpeaba con cierta pereza, esa pereza agradable del despertar los dias de ocio, la costa. Las olas seguián, porque siempre siguen, por que siempre llegan a la orilla, golpeaban la arena, la mojaban y se sucedía ese juego en el que la arena va traspirando ese agua y cambiado de tonalidad a ritmo veloz hasta que segundos después una nueva ola llega y llena de agua esa arena. Así durante horas mientras baja la marea y ese trozo de arena pasará a estar seca unas cuántas horas seguidas. El Sol se movió imperceptiblemente y yo me bajé de la hamaca, miré la costa, miré la playa vacia y respiré como para ser plenamente consciente de ese instante de vida irrepetible. Me asomé a la barandilla, nadie cerca. Comprendí, fui comprendiendo como se comprende solo en determinados instantes de la vida que se es uno. Uno y el universo. Comprendí esa insignificancia que curiosamente me hizo sentir una potente alegria. Comprendí que era yo, unicamente yo y que aquello de algún modo era lo único que me pertenecía. En ese instante escuche unos pasos detrás de mi, giré mecánicamente, pensé que sería alguien cercano y compartiría esa breve felicidad con él. Fue así que me vi a mi mismo, yo y otro yo. Me miró ,sonrió y se dió la vuelta. Volví a mirar la costa y pensé en esa misma costa duplicada, en ese mismo dia repetido, en ese instante infinito y comprendí que ya todo se había desdoblado

miércoles, agosto 27, 2008

Nada

No queda nada, no queda tiempo, no queda nadie, ni ruido. Hay un abismo, ni siquiera, el abismo es algo y aquí lo que hay es la nada. No hay color, ruido alguno, no hay memoria, ni palabras. No hay nadie, no están. No estoy, no soy, ni tan siquiera fui, evidentemente no seré. No hay aire ni respiro posible, no hay evidencias de nada. No hay eco, un eco que provenga, aunque inaudible, de un sonido producido hace millones de años. Como digo no hay nada. Todo es nada y, nada, nada es. O no es, nada no es. No hay cosa, algo. Es tan inabarcable, tan enigmaticamente infinita esta nada que no existe y de no existir nada queda dentro de ella. No hay rocas, un vestigio de otro tiempo. Nada, una sola, no hay ramificaciones, ni bifurcaciones, no hay esquinas, ni recovecos, no hay variaciones, no hay lineas ni curvas, no hay planos, no es una masa. No es nada, cariño, no es nada lo que queda entre tu y yo.

martes, agosto 26, 2008

Silbidos

Escuché a alguien silbando en el descansillo, AL principio pensé que era algún vecino volviendo a casa, silbando por esa felicidad que da el diario regreso, la vuelta a casa, pero pasados diez minutos pensé que la cosa se estaba volviendo algo exagerada y abrí la puerta. Curiosamente el descansillo estaba a oscuras, me acerqué hasta el interruptor del descansillo que esta justo al lado de la puerta del ascensor oyendo ese silbido constante y en el instante preciso en que encencí la luz el silbido desapareció y como en las malas peliculas de miedo ahí no había nadie. Me quedé estupefacto y "sentí un latido en el pecho; uno solo, como si ,después, mi corazón hubiese cesado de palpitar". Miré a los lados, las puertas de mis vecinos cerradas, desde algunas se podía adivinar el sonido de la televisión, la voz de Juanma hablando por teléfono, los niños de Ruth correteando por el pasillo antes de ir a dormir,esos sonidos que salen de ese universo cotidiano de las casas. De repente desde abajo, volví a escuchar el silbido, la misma melodía repetida obsesivamente y salí corriendo al piso de abajo, según corría la melodía, a la misma velocidad que yo bajaba, descendia a su vez de piso. Así alcancé la calle. La calle. nadie en las aceras. Me quedé quieto en la puerta del edificio, volvía Ana con el perro y me saludó. Contesté tratando de disimular mi susto. Pasó muy cerca de mi y no pude evitar girar la cabeza cuando entró en el portal para observar ese paso lento y delicado, justo ella giró para decirle no se que al perro y me descubrió mirándola, giré rápidamente y recordé el mótivo de mi excursión, salí a la calle y no ví nada,d esde la esquina, eso si, me llegó la melodía silbada, el sonido del aire agitado por unos labios invisibles. Salí corriendo, giré la esquina y nada. Me detuve, volví a pensar en Ana, pero recordé que hace tiempo intenté cierto coqueteo que no sirvió de nada, los vecinos en el fondo solo somos vecinos. LA melodía me volvió a llegar hasta el oido y sentí cierta rabía, cierta indignación ante el gracioso. Corrí, corrí como Usian Bolt, corrí detrás de ese silbido y el silbido siempre permanecía a la misma distancia donde el interprete permanecía invisible. Corrí toda la ciudad, corrí y no alcancé, corrí y no encontré y sé, si algo se es que jamás daré alcance al Silbón.


http://es.wikipedia.org/wiki/El_Silbon

lunes, agosto 25, 2008

Diario de viaje

Me he metido en ese desvio como podía haberme metido en el que venía después, no ha habido ningún motivo o sólo el cansancio de tantas horas al volante me han hecho desviarme aquí para buscar donde comer algo y dormir. Siendo tan tarde es dificil encontrar donde comer algo en estos pueblos del medio de la nada, pero la gasolinera tiene un servicio de cafeteria, que aunque lamentable, me ha servido para comer algo rápido y poreguntar por el hostal mas cercano. Un tipo, realmente desagradable, me ha indicado con cero por ciento de amabilidad por este en el que me he terminado metiendo no sin reparos. La habitación es lamentable y huele a humedad y a cocina, la cama no tiene colchón tiene una montaña rusa y la ventana da a la carretera secundaria que lleva hasta el centro del pueblo. Abajo me ha atendido una chica que dentro de este deterioro y esta sordidez parecia un angel desviado por alguna mano perversa, era tan dulce y tan agradable que resultaba casi irreal ese trato en este escenario. Me ha indicado donde estaba la habitación, me ha dado la llave y me ha pedido, casi sonrojada, que debía pagar por adelantado. Me ha pasado una toalla, que jamás usaré y le he dado las buenas noches. Ahora miro por la ventana este pueblo desagradable y unas luces que no iluminan nada, salvo un asfalto algo deteriorado un silencio que resulta molesto. A traves de la puerta puedo oir el sonido de la televisión que está viendo la chica amable, parece un concurso o algo parecido. LA televisión es extraña pero mas en este pais. He sacado el libro de la mochila y he tratado de leer, pero me resulta dificil. Es como si esta atmosfera trajera consigo un algo que no termina de dejarme realajado. Me siento incomodo por algo que no soy capaz de definir. Por eso anoto en el diario....


Ha sonado la puerta, era la chica. Me ha pedido muy sonrojada, que si la podia dar un cigarrillo, que perdonara la molestia que no quería ser maleducada pero que tenia unas ganas enormes de fumar y que no podia ir hasta la gasolinera a comprar tabaco y dejar sola la recepción, luego ha dicho con desprecio que el dueño es un imbecil que no quiere vender tabaco. Le he dicho que si, y que bajaria con ella a la puerta para fumar, único sitio donde se puede fumar en este hostal deplorable. Hemos permanecido callados mirando el suelo y las cenizas y la punta del cigarro quemandose con lentitud. Hace calor, Ella ha tratado de romper el silencio, ha dicho algo que no he terminado de comprender, hay frases de esta zona del pais que no soy capaz de traducir y lo que ella ha dicho era una de esas expresiones incomprensibles para un extranjero. He sonreido y ella también. Ella ha apagado el cigarrillo y ha mirado a la carretera y con humor ha dicho,:"Creo que ya no vendra nadie mas a casa", en ese momento me he dado cuenta que yo era el único huesped en esa mansión del antilujo, he sonreido y ratificado: "Si, no parece que vaya a venir nadie mas". Hemos cruzado la puerta y sabiendo que no podría dormir le he dicho sino tendría unas cuántas cervezas que quería leer un buen rato. Me ha sacado un pack de seis cervezas de la marca que menos me gusta de aquí, pero las he cogido y me he despedido. Ahora, mientras tomo una de esas cervezas pienso en esta situación irreal, el huesped único en este hostal desangelado....

Sonó de nuevo la puerta. Era la chica. No niego que un golpe de nervios me golpeo brevemente el pecho. SIn reparos me ha dicho que si podía tomar una de esas cervezas conmigo. Yo he evitado los rodeos. Este viaje estaba teniendo de todo menos sexo, así que he obviado el paso de las cervezas y me he lanzado a su boca como un pez a un gusano del que no sabe que viene enganchado en un anzuelo. Nos hemos besado con cierto frenesí, ese frenesí que sino se acepta visto con frialdad tiene a veces algo de absurdo. En este caso me he dejado llevar, la chica también. Nos hemos lanzado al colchón y en este caso sus huecos me han parecido hasta agradables. He descubierto que además de su carqa bonita tras esa ropa poco acertada se escondia un cuerpo muy deseable. La piel me ha parecido tan suave que era casi una ofensa que esa piel habitara en ese pueblo, esa cama no merecia ese tacto. Durante unos minutos creo que he sentido, como tantas veces, que amamaba a esa chica como nunca habia amado a nadie y en eso estaba casi confesandole ese arrebato cuando un portazo me ha devuelto a la realiad de ese pueblo. Un tipo de unos 140 kilos y dos cinco de altura se ha quedado mirandonos desde la puerta como el que acaba de descubrir que no hay vida después de la muerte. Yo no me caracterizo por ser un valiente y he pensado la máxima del cobarde "Salvese quien pueda". He cogido como bien he podido la mochila y mis cosas y he saltado por la ventana desnudo. Me he montado en el coche y he arrancado. Ahora son las cuatro y media de la mañana, estoy parado en un arcen de un punto que trato de indentificar en el mapa. Escribo esto con los nervios algo diluidos ya y por supuesto vestido. Jamás, jamás escribo este diario desnudo. Hay cosas que no me permito.

domingo, agosto 24, 2008

Ciclos

En el fondo nadie sospechaba que yo podía ser el traidor, ni siquiera yo mismo lo pensaba. Nadie jamás piensa de si mismo tal cosa. Nadie es capaz de aceptar que poseé determiandas caracteristicas. Nadie se sabe traidor, nadie se sabe maldito, solemos justificar nuestros actos mas reprochables. Yo asumo que fui tridor ahora que ha pasado tiempo, ahora que las cosas han ido como han ido y la moneda me fue devuelta, la moneda con dos cruces termina volviendo y según la recibes en seguida viene a tu cabeza aquel instante en el que tu la entregaste. Solo ahí desubres y te reprochas lo que entonces justificaste.

En aquella época llevabamos siete meses viajando, siempre por tierra, junto a un grupo de africanos que de alguna manera nos guiaban por las tierras mas dificiles de domar para el hombre. Nadie sentía que nuestra empresa terminara en buen puerto, pero habiamos sido enviados en busca de nueva energía y se había concluido en un estudio realizado en los despachos de la central que en grupo de expertos debía viajar e incluso atravesar la zona y habitarla durante un periodo cercano a un año. Muchos estabamos en contra pero aceptamos la tarea mas por una pasión profesional que por creer en el absurdo proyecto que había organizado la gerencia de nuestra empresa. Siete meses apartados de nuestras comodidades, de nuestra vida cotidiana, de nuestras familias. Siete meses en los que te planteas si tiene sentido tu vida laboral, si tiene sentido el sacrificio para un trabajo en el que has dejado de creer por abusurdo, por incoherente. Los siete meses nos dejaban en una zona de conocimiento extraña, las cosas no se aclaraban pero de algún modo le daban cierta razón al estudio preliminar, lo que hacía que los siete meses no eran vanos pero tampoco productivos. En definitiva, debíamos seguir. Durmiendo, siempre durmiendo en zonas de acampada organizadas por esos africanos silenciosos y trabajadores, cada vez mas distantes entre nostros mismos, el silencio se había convertido en una normalidad y simplemente se hablaba para puras conversaciones tecnicas, para reflexiones, siempre laborales. El mundo individual quedaba al margen y cada uno masticaba sus propias emociones. Fue una noche entonces que cambié algunos datos, harto como estaba de aquel trabajo decidó modificar algunas variantes del estudio para que resultara imposible encontrar y realizar nuestra tarea. Una noche entera sin dormir en medio de aquella meseta, en medio de una naturaleza siempre hostil a nostros, en medio de africa. Variantes imperceptibles que una vez enviadas y estudiadas desde la central harían que en apenas una semana nos enviaran el mensaje de vuelta, de que todo terminaba. Así fue

LOs trabajos devoran otros trabajos y aquella tarea se boorro rápido de la memoria de la empresa. Unos cuantos millones de dolares perdidos se recuperarian rápido y en seguida fuimos encomendados a otra tarea, esta si, en nuestra ciudad, sin apartarnos de nuestra vida diaria. Todo permanció olvidado salvo en mi diario.

La vida es larga y sigiloso el destino. Ascendí, ascendí rápido y alcancé la cima. Lucha tras luicha, batalla tras batalla la empresa me pidió un nuevo proyecto de energias. Retomé el olvidado proyecto africano, olvidado como solamente borra la memoria nuestras actos reprchables, mandé a los mejores ingenieros a Africa. Siete meses después, los mismos datos modificados, las variantes aletardas me devolvián la imagen de mi mismo en medio de África, en medio de la naturaleza hostil mi propia cobardia, mi propia traición

sábado, agosto 23, 2008

Paseos de media tarde

Salimos a pasear. Cruzamos la esquina de nuestra calle y alcanzamos la avenida. Nuestra intencion era alncanzar la salida del pueblo y tomar la subida de la cueva para ver el atardecer desde esa altura y con esa vista tan prodigiosa. Llevabamos varios dias enganchados a las olimpiadas y durante el primer rato del paseo estuvimos comentando las hazañas de Usain Bolt o de Phelps, yo recordé con cierta emoción álgunos terceros puestos, de esos atletas que se cuelan en una fiesta a la que parece que no han sido invitados. Así alcanzamos los primeros metros de la subida, cuando de repente ella aceleró el paso y me dejo unos cuántos metros atrás, pensé que se había adelantado para recoger algo que había visto, pero en esos segundos en los que yo no comprendía nada, ella aceleró aún mas, miro atrás y saco metros de ese despiste. Comprendí que la subida iba consistir en eso, nada de paseos a media tarde, nada de diversión, nada de contemplar el sol en su diaria despedida. Ahí iba ella, con una ventaja de unos veinte metros, marqué un punto miré el reloj y ví que me sacaba diez segundos de ventaja, fue cuando decidí que yo tampoco me iba a tomar el paseo como un paseo, si la cosa iba de olimpiadas yo me apuntaba, miré a la cima y aceleré el paso. LA primera mitad de la subida consiguió sacarme unos cuántos segundos mas de ventaja pero yo sabía que ella no tenía la misma resistencia física que yo, y aceleré, impuse un ritmo diabolico a y falta de trescientos metros la dí alcance y la pasé. La mire y la lancé un beso, ella me miro y me dijo, agotada, que no cantara victoria, pero yo aceleré aún mas y saque metros, cuando estaba a punto de llegar arriba miré atrás y no la vi, me detuve pensando que el juego ya no era juego y que quiz,a producto dele sfuerzo ella se había quedado mareada en alguna de las últimas cuestas, retrocedí y fue cuando comprendí que la vida no son olimpiadas, ella estaba en el suelo, mirando al cielo, respirando aceleradamente. Me acerqué asustado, me ageché a tomarla el pulso, ella, en un movimiento velocisimo, se levtnató y salió corriendo, me tomó una ventaja ya irrecuperable y llegó arriba primera. Aquella tarde decidí irme de casa. Si algo tengo es mal perder

viernes, agosto 22, 2008

Noches de verano

La manía de salir de noche a dar una vuelta me viene dada genéticamente, mi abuelo lo hacía, mi madre lo hace. A la hora en que todo se comienza a detener parece la hora apropiada para coger la bicicleta y recorrer algunos trozos de la ciudad, recorrerla a ritmo lento, observando los que aún vuelven, los que se besan en los bancos, el flujo muy disminuido de coches por las avenidas. La ciudad cambia de piel y se aprecian otras formas. Así fui hace tres dias, como todas estas noches de verano, pedaleando a baja intensidad, girando por calles al azar, aquí, allí, alcanzar una zona en la que hace algunos años viviste y que ha variado ligeramente un nuevo negocio donde antes había otro en el que de tanto ir ya conocias al dueño. Iba así cuando en una esquina escuche a dos tipos, uno de ellos hablaba por teléfono y decía: "Estan ahora mismo en la puerta del hotel. Les veo desde aquí". La frase me llamó la atención, me pareció una frase de espia, de alguien que vigila a otro, la situación me pareció digna de pelicula y no de la realidad. Esas cosas de la ficción que no parecen suceder en la realidad. Miré hacía el hotel que había un poco mas arriba, dos hombres y una mujer estaban en la puerta de ese hotel de cuatro estrellas en el que jamás me había fijado. Me pareció de repente estar observando una realidad diferente. Noche de verano, la ciudad sin gente, una frase de novela de espias y yo ajeno a esa situación, giré, me coloqué en la acera de enfrente de la avenida y traté de averiguar o de comprender algo mas. En la puerta del hotel aquellas tres personas esperaban, una esquina mas allá los dos hombres que aparentemente les espiaban permanecian quietos y semi ocultos no perdiendo detalle de cada movimiento de esas tres personas. De repente aparece un coche y las tres personas se montan, los dos espias se montan en una moto y se ubican entre varios coches, atraido por una curiosidad casi insana decido pedalear intensamente y tratar de seguirles hasta donde mis piernas resistan. Ajusto el plato y pedaleo a la mayor de mis intensidades, los semáforos hacen que no les pierda. El coche gira y termina metiendose por detrás del retiro, una zona de casas y calles mas estrechas, la moto permanece relativamente cercca y yo, el menos ruidoso del extraño pelotón logro seguirles sin conflicto. El coche se detiene en la puerta de un chalet, las tres personas de la puerta del hotel descienden, los dos de la moto se quedan parados a algunas casas de ellos, paran la moto y avanzan silenciosamente hasta la puerta del chalet. Observo todo desde media manzana mas atrás, no ya sin cierto nerviosismo. Los dos tipos de la moto trepan un muro y veo que se cuelan en el chalet. De repente me veo solo y siento cierto absurdo que no dura mucho pues de nuevo la curiosidad me golpea. Me acerco hasta el chalet, veo el muro, oigo un murmullo creciente dentro del chalet. Pongo el candado a la bici en una farola y trepo, repitiendo el movimiento de los dos de la moto. AL saltar veo que hay luces en una especie de salón, avanzo moviendome entre arboles de un jardin que en la oscuridad me parece enorme y muy exótico. Veo, en una especie de salón de te a los tres de la puerta del hotel sentados con otros dos hombres mas, estos son mucho mas mayores, hay cierta tensión. No hay rastro de los de la moto. De repente la mujer, que era una de los tres de la puerta del hotel se pone en pie y da una bofetada rotunda y casi exagerada a uno de los dos hombres mas mayores, nada varía, no hay violencia que acompañe el acto, una bofetada por si sola, nadie dice nada, nadie cambia de actitud, la mujer se vuelve a sentar y siguen hablando. En ese instante entra otra mujer, todos la miran, enciende unas velas y lanza una especie de hierbas al suelo, el hombre que ha sido abofeteado se levanta, respira profundo y se acuesta en el suelo, la mujer que acaba de entrar hace unos movimientos extraños e indescifrables sobre el, los demás miran como el que ve un partido de octavos de final de waterpolo entre Australia y Japón. El hombre se queda absolutamente inmóvil. Uno de los hombres de la puerta del hotel se pone en pie y se acerca a la chica que baila o reza o yo que se que hace, e intenta besarla, ella le rechaza y se acerca al otro hombre y sin embargo si besa a este. El otro de repente también se acuesta en el suelo, junto al otro que sigue acostado. Entra otra mujer, trae un libro que abre, todos, en ese instante, salvo lo dos que estan acostados en el suelo, forman un círuclo alrededor de ella, la del libro mira hacía fuera y por un momento creo que me ve, me meto detras del árbol donde etsoy escondido y veo que justo detrás de mi están los dos de la moto, una especie de descarga electrica de nervios me sube hasta la garganta. Uno de ellos me coge de la mano con una fuerza tremenda y me tira al suelo. Así comenzó la pesadilla. Me atan y me amordazan mientras siguen espiando la escena. Desde el suelo veo que los dos miran hacía el salón donde sigue sucediendo la alucianda escena, miro al piso de arriba, buscando no se que, buscando una solución que evidentemente no voy a encontrar, veo una habitación con luz, la ventana está abierta está asomada una chica. La chica mira hacía el cielo. Los dos de la moto cada vez están mas poseidos por la escena del salón y no ven a la chica que en ese momento les está viendo. La chica se va de la ventana y se apaga la luz, cosa que los dos de la moto no aprecian. Varios minutos después, estamos los dos de la moto y yo amordazados todos en un sotano del chalet. Si previamente no había entendido nada, mi desconcierto se suma a una especie de horror. Los tres estamos cada uno en una silla. Enfrente tenemos a los seis del salón y la chica de la ventana. Nos miran sin hablar, la mujer del libro lo abre y empieza a leer, sino me equivoco, un fragmento de Lord Jim. Uno de los dos de la moto empieza a llorar, llora con el llanto mas triste que jamás había oido, desconsolado, angustiado. Miro a la chica de la ventana, en medio de tanto desconcierto, azotado por un miedo extraño, un miedo como una masa, como una bola de hielo y hierro que me recorre, siento una atracción poderosisima hacía ella y me quedo mirandola. Ella ve que la miro mientras la que lee avanza entre las hojas del libro y los otros escuchan poseidos por una magia que yo no termino de captar. La chica de la ventana se acerca hasta nosotros y comienza a contar, pasa el dedo de uno a otro de manera que a mi me resulta anarquica, el último gesto me marca a mi, su dedo me señala. Uno de los de la puerta del hotel se levanta y me quita las mordazas. La chica de la ventana me coge d eun brazo y me pone de pie, me lleva hasta fuera de esa sala y subimos por una escalera. Me lleva hasta la puerta, me da un beso en una mejilla y me aconseja que no diga nada, que no cuente nada y que mejor lo olvide. Me abraza casi con cariño, abre la puerta y la vuelve a cerrar cuando ya estoy fuera. Slago cojo la bici y vuelvo a casa a ritmo lento, a cada pedalada siento que lo sucedido se va convirtiendo en algo pasado, en algo incluso parecido a la mentira. Pedaleo lento mientras vuelvo por las calles de siempre. Cierro los ojos un momento y me hago la promesa de borrar cuanto antes esa experiencia, pero no puedo, pasan las horas y no puedo, no puedo olvidar a esa mujer, su beso, su abrazo. Por mas que lo intento no puedo

jueves, agosto 21, 2008

Escapista

Se cortó el pelo, cambió su forma de vestir y a partir de ese instante comenzó o intentó comenzar una nueva vida. Evidentemente las nuevas vidas no existen. Nada cambió salvo esos detalles y decidió cambiar de ciudad. En la nueva ciudad se sintió nuevo durante algún tiempo, como si de alguna manera las ciudades nos cambiaran la piel. Fue un desconocido en aquellas calles y disfrutaba de ese doble anonimato que nos dan las ciudades en las que somos absolutos desconocidos para todos sus habitantes. Alquiló una habitación en una pensión del centro, trató de no ser muy amigable, sino simplemente educado con la gente de la pensión. Lo logró. Así pasó los tres primeros meses y cuandod escubrió que lentamente iba perdiendo esa invisibilidad que da el anonimato decidió cambiar nuevamente de ciudad, se fue aún mas lejos, a una ciudad elegida casi al azar en un atlas en la biblioteca pública. Compró un billete y allí se fue. En la nueva ciudad se sintió nuevamente anónimo, pero además el ser un absoluto desconocedor de aquel idioma multiplicaba considerablemente esa invisibilidad. Alquiló una habitación en otra pensión, esta, y eso lo pensó inmediatamente, era mas agradable que la anterior, la de la ciudad de la que se acababa de ir. Se acomodó, fue descubriendo las calles de esa nueva ciduad a la que decidió viajar y vivr sin plano, sin ninguna referenci, quería descubrir cada calle, cada trazo, cada peculiardiad por sus propios ojos, pensó que esa tarea era hermosa y le otorgaba cierto aire de descubridor. Esa ciudad de la que apenas conocía el nombre era un enigma absoluto, un enigma que el descubriria a la vez, eso lo sospechaba, que su anonimato iría desapareciendo, sabía que ese anonimato reciproco iria desapareciendo de manera paralela, equitativa y que ambos ciudad y persona se irian descubriendo a la vez. Cuatro meses después los trucos estaban descubiertos, los escondites, las esquinas, las peculiaridades se iban transformando en normalidad, en cotidiano, en habitual. Se fue, se fue a un sitio, si cabe, mas lejano, mas enigmático, mas ajeno. Alquiló una cabaña en un lugar recondito, vivía rodeado de naturaleza, de selva, cubierto por una nueva forma de vida que estaba dispuesto a aceptar, Así lo decidió hasta que en una camino de arena una chica que venía a lo lejos, en dirección contraria le miró y sonrió, era ella, ella otra vez, ella de nuevo, ella siempre...

miércoles, agosto 20, 2008

Declaración

Aquella mañana una bruma espesa se posaba sobre la costa pareciendo anunciar algo que jamás sería desvelado. Una bruma que recordaba no tanto a los sueños sino a la memoria en sí, a como se recuerdan las cosas cuando pasa mucho tiempo. Lo curioso de los recuerdos no es tanto que las cosas pierdan su dimensión real sino que se borran elementos que completan lo sucedido. Y ahora yo recuerdo aquella mañana no ya sólo con elementos de toda aquella costa, que era el escenario de lo ocurrido, con una bruma que lo difuminaba todo, sino que mi propio recuerdo agrega mas bruma y aún difumina si cabe mas las cosas. Aquella mañana había bajado muy temprano hasta el pequeño puerto, en el barco de primera hora llegaría, si todo iba bien, el sobre que tantos dias llevaba esperando. La tensión previa a la respuesta y al manuscrito que venian en ese sobre hizo que despertara cuando aun no había amanecido, así que bajé toda la cuesta mientras el sol iba saliendo desde detrás de la montaña. Tomé café en el pequeño bar de los pescadores que a esa hora era el único abierto, leí unas noticias que la bruma del recuerdo han borrado, noticias en cualquier caso olvidables y seguí bajando la cuesta hasta el puerto. Ví que el barco venía por el norte pasados unos veinte minutos, emergiendo de entre la bruma como una especie de pequeño monstruo milenario. Seguí el movimiento que se sucedía entre el agua según avnzaba. Alcanzó la orilla, un chico joven bajó unas cuántas cajas, y pregunto por varios apellidos, entre los que se encontraba el mio. Cogí el sobre, me di media vuelta y me fui caminando hasta la piedra que marca el final del pueblo y desde donde se ve la forma de la isla de una manera realmente peculiar. Me quedé mirando hacía poniente y esperé unos minutos mientras las pulsaciones trataban de volver a su ritmo normal. Respiré hondo y abrí el sobre. El manuscrito era gordo, como supuse y una nota agregada con un imperdible por la parte de arriba de la primera hoja contenía, escrita a mano, la respuesta:" Hemos decidido que finalmente existen al menos diecinueve personajes mas, de entre ellos cabe la posibilidad de que en la isla habiten ahora mismo, sino el cien por cien, si al menos un noventa por cien. Debes hacerlo con prisa, con precisión y de manera perfecta. Sólo tu puedes hacerlo, nadie mas a lo largo de este planeta podría realizar semejante empresa. Todo el grupo de expertos confia en tí. Decidamente tu eres el hombre". Cerré los ojos y dejé correr la única lágrima que me permitiría. Al desaparecer de mi cara ese último arrebato de sentimentalismo, decidí que comenzaría el momento, sin duda, mas trágico de la historia de esa trágica isla. Enterré el manuscrito y volví al pueblo.

Fue así como comenzó todo...

martes, agosto 19, 2008

Vacaciones

Media tarde. Ya es media tarde otra vez. Ya estoy como tantas veces viendo la tarde caer. El ritmo que tanto me contagia, en el que inevitablemente caigo y en el que me dejo llevar. Media tarde otra vez, como cada dia, como tantos dias, aunque hay dias que parecen no tener media tarde. Por eso el verano, por eso esas medias tardes largas del verano, por eso sentarse aquí y pensar en cualquier cosa, preferiblemente del pasado o quedarse mirando esta media tarde, esta media tarde precisa y el sol jugueteando con una curiosa y agrdable paleta de colores o mirar a ese tipo que pasa por encima de todo esto en parapente y pensar en la posibilidad de volar aunque esto se sabe que es imposible. Pensar que se vuelva es parecido a pensar que se es inmortal

Ese tipo del parapente ¿donde va? , ¿de donde viene que se pierde allí a lo lejos?, el tipo sobrevuela todo esto mientras cae la tarde y pienso que el verano por alguna extraña razón parece infinito y que multiplica los dias yse parece también, por pura metafora sencilla, a volar en parapente o la que parece volar en parapente cuando se mira desde abajo, desde esta calle cerrada que termina en cuesta y da al mar. Ya no me recrimino, he vuelto a pensar en las canciones de este verano, he vuelto a pensar en alguien del pasado del que ya nose nada, he pensado en esa chica que se bajo algunas estaciones antes el otro lunes cuando llegué hasta aquí en tren. ¿Que sería eso? ¿Amor fugaz? ¿Atracciones temporales en breves espacios?,¿Movimientos emocionales que se trasladan rapidamente en el tiempo y el espacio?. La tipa era realmente hermosa, pero esa hermosura que supongo que tiene que ver con mi concepto de hermosura. Iba con sus cascos y yo traté sabiendome derrotado en ese juego, de adivinar que música podría ir escuchando. Miré, la miré muchas veces en ese trayecto de tren, se sentó y me vió mirandola, en ese momento estaba escuchando Comfy In nautica de Panda Bear y desvié la mirada hacía el mar, que justo en ese instante el tren bordeaba, pensé que en realidad soy de mar, que me encanta el mar, que me siento comodo en el mar y volví a mirar y sucedió que de nuevo coincidimos mirandonos. Luego siempre pienso:¿Esto solo sucede aquí, en mi lado?. Uno mira y muchas veces no mira y yo miraba mirando pero ella ¿Miraba o miraba a otro plano, quizá descifrando la letra de la canción?. Bajó en una estación cualquiera en medio de la costa en un punto preciso del mediterraneo y me quedé viendo como se despegaba del tren mientras caminaba hacía unas calles que jamás conoceré, en las que nunca estaré y justo cuando se cerraban las puertas y ella ya estaba separada de la estación la vi que se giraba y yo pensé inicialmente que era parte del juego y luego pensé que no, y justo sonó "Corrientes circulares en el tiempo", me había preparado una lista de reproducción que había titulado "Viaje hacía la playa" y aquella sensación espacial de esa canción se traslado al movimiento del tren y al movimiento imperceptible de esa masa gigante que es el mar y esos brillos que rebotan y se pierden y que hacen una especie de juego de luces realmente hipnótico. Era verano. Y ahora es verano, media tarde de verano y ahí abajo esta el mar y ya no veo al tipo del parapente que venía descendiendo desde las montañas de allí atrás, donde el otro dia fuimos de excursión y nos besamos bajo una roca y no había tiempo o fuimos conscientes de que de algún modo ese beso era eterno. Y vimos la costa abajo haciendo una linea imposible de prefigurar. Dan ganas de quedarse eternamente de vacaciones....

domingo, agosto 10, 2008

Tardes de verano

Nos habiamos quedado sentados un buen rato, hacía tanto calor y el cielo estaba tan espeso, tan crgado de nubes que lo único que haciamos era esperar el instante en que empezaran a caer las grandes gotas de la tormenta y salir corriendo. Hacía tanto calor aquella tarde y tanta humedad que apenas hablabamos el uno con el otro. Sólamente al cabo de un buen rato me miró y me dijo que creía que nunca llovería, que hasta las nubes sentían esa pesadumbre, ese sofocón y que ni siquiera las nubes se veían con intención de descargar. Yo me quédé mirando el paso de un coche a lo lejos en la avenida que se veía desde ahí arriba donde estabamos sentados y seguí todo el trayecto hasta que se perdía en un giro inesperado que formaba la avenida. De repente pasó una pareja cerca de nosotros discutiendo, ella hacía gestos y estaba muy enfadada, el la seguía unos cuántos centimetros por detrás, casi a la par, pero siempre un poco mas retrasado, estaba callado y miraba al suelo y la seguía y ella decía todo el rato que no se lo podía creer y el no hablaba, asi pasaron esos metros delante de nosotros y se perdieron. Yo le dije a Flo que si el también sentía que el verano nunca debería de terminar y Flo dijo que lo bueno son los cambios, que siempre verano a el le aburriría, y yo no dije nada, pero me quedaría siempre en el verano, siempre sintiendo calor y los dias largos y la ciudad mas vacía y esperar siempre a que no pase nada y sentirme ajeno a todo ese cúmulo de cosas que significan invierno. FLo no habló mas nos levantamos sin decir nada, empezamos a caminar sin rumbo fijo, sin destino las aceras me parecieron de repente mas anchas, los edificios mas altos la ciudad mas grande pero no le dije nada a Flo al que vi mas alto que antes. Los coches parecían mas amplios,las tiendas con sus puertas mas gigantes, como si todo creciera a la vez, pero Flo iba tan callado y tan despistado que no dije nada, y empezó a llover, cayó primero una gota gigante sobre mi frente luego vi que la acera iba marcandose de gotas y Flo dijo:"Ya está aquí" y de repente empezó a caer todo el agua del mundo y Flo salió corriendo pero yo me quedé quieto, saiendon que ya nada volvería a tener el tamaño de antes, que yo inevitablemente estaba menguando y me dejé empapar por esa tormenta infinita.

viernes, agosto 08, 2008

Paseo pasado

Volví caminando por la 19 hacia abajo. Fui pasando los mismos sitios de siempre, algunos nuevos, algunos que ya no estaban los traté de encontrar descubriendo que el paso del tiempo es para todos, incluso para el mercado, para el comercio, para el consumo. No encontré un bazar que había en la esquina con la 29, no encontré una tienda de discos que había algo mas abajo. Fui caminando como entonces sin ser entonces. En esos casos se tiene una sensación parecida al viaje en el tiempo. Caminar por la 19 de repente no era un acto lejano, pasado, de repente hacía lo mismo que entonces y el tiempo se fundía en una extraña pasta. Un amasijo complejo de instantes separados que se apelotonan ahí, en ese momento. Seguí caminando hacia abajo como entonces, reconociendo edificios que había olvidado, trozos de calle que no recordaba. Recordando, y eso es lo curioso, ahí quizá la sensación de viaje temporal, a gente que había casi desaparecido en las paredes de la memoria, musgo que se hacía caras, caras que venian de repente. La ciudad era y no era. Esa es la otra historia de la vida, el regreso es siempre inutil, nunca se vuelve, jamás se vuelve. Ni el sitio, ni uno mismo, ni los otros son ya lo misma cosa. No hay regreso, hay una nueva situación, pero no hay regreso. La ciudad sufría las minimas variaciones que te recuerdan que todo ese tiempo no estuviste, que las cosas fueron cambiando y tu no fuiste testigo y de algún modo ya no eres participe de ese algo colectivo, no hablaste con nadie de esas obras que no viviste, no viste como se fue haciendo ese nuevo centro comercial, como la 19 fue sumando capas de asfalto que tapan los huecos de entonces, huecos que estaran enterrados bajo otros asfaltos. Como esa tienda cambio de dueños varias veces, y el neon se fue adaptando. Bajar por la 19 no es bajar, entonces por la 19. Si, pero no

miércoles, agosto 06, 2008

La elección

Entra las seiscientas opciones que tenía para elegir, pre organizó una primera selección con sus cincuenta opciones favoritas. Una vez resumidas las opciones a 50 dejó pasar un dia, para refrescar la cabeza y reiniciar de nuevo el proceso. Avanzó, entonces, por la senda de las preferencias. Eligió diez de entre los cincuenta para hacer un selectisimo grupo en el que saldría su opción definitiva. Fue mas lento este proceso, deshacerse de 40 opciones le resultó algo mas complejo que desahacerse de 550 el dia anterior, y bien visto nada nos puede asegurar que si volviera a ver las 550 opciones deshechadas incialmente, alguna no entraría en ese selecto grupo de 50. Nada, ni el mismo podría asegurarlo ahora. Cuando se deshace de la ultima opcion para completar el grupo de diez. Finalmente dejó pasar 24 horas mas y se plantó ante las diez opciones finales. Las miró rapidamente y levantó el dedo en diez segundos aproximadamente. Se dió la vuelta y se largó de allí. Según abandonaba el edificio se preguntó a si mismo por el valor de la elección. Todo se diluye cuando la atención se dispersa entre tantas opciones. Su mente es incapaz de distinguir seiscientas variaciones de una misma cosa. Abandona entonces el edificio caminando por la acera. Ve los coches, los edificios, la gente caminando, el ruido sumado de las cosas. Esa sinfonia de opciones, de decisiones, de elecciones. Eso es el presente, pensó y subió Reforma hacía arriba, pensando en Martina Oliveira, en la cara que pondría, en el gesto que saldría de su cara al ver el vestido que había elegido de entre seiscientos par invitarla a bailar.

martes, agosto 05, 2008

Abdul conduce

Abdul miró serenamente la carretera y siguió avanzando consciente de que el tiempo y el espacio juegan a la manera de un acordeón y que mucho tienen los paisajes de delirio, de no realidad en este punto exacto del planeta. Abdul avanza y siente el calor en la ventanilla del coche y sube el volumen de ese disco que se compró la última vez que viajó al desierto. Saca de la guantera algunas fotos y se las enseña al copiloto y sonrie ofeciendo esas postales de ese viaje, el copiloto sonrie agradecido del gesto, no se entieden, Abdul no comprende el español pero es consciente de que con gestos es fácil comunicarse, con gestos y con cuatro palabras en ingles cualquiera se dice lo que sea, lo que demuestra, según Abdul, que el lenguaje tiene algo de esclavitud, de sometimiento. El lenguaje nos detiene, piensa mientras el copiloto observa con atención esas fotos del desierto. Abdul sabe que ese copiloto desearía dar la vuelta en ese punto de la carretera y correr pais abajo y llegar al desierto, lo sabe y sonríe y sube la música del disco, un disco que apropiadamente se llama algo así como "Las músicas del desierto", y Abdul ve que el copiloto mira y mira las fotos y los dos saben que en el desierto no hay respuestas, ni revelaciones pero que algo esconde el desierto en esa hipervisibilidad, que el desierto algo da, algo tiene, algo guarda. Que como los laberintos el desierto se detiene y crece a cada instante, que el tiempo y espacio, como un acordeón, juegan con las sensaciones variables de las cosas. Arena y tiempo. Abdul sabe y mira y conduce y el copiloto que jamás ha estado en el desierto piensa que le gustaría ir con Abdul al desierto. Callar y avanzar, darse la mano al final del viaje y ver que el tiempo y el desierto en el fondo no son mas que un juego, un juego que se estira y encoge, y que las respuestas, nunca, estan en ningún lado.

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