lunes, septiembre 03, 2012

Texto

 Desperté creyendo que anoche había escrito un texto en el blog. No lo dudé, la información estaba adherida como piel a mi memoria. En esencia, la sinopsis y algunas sensaciones de ese texto, transitaban como ya escritos por los recovecos inaccesibles de mi cabeza. Había una sensación general a ese texto ya trasladado a escritura. A grandes rasgos el texto narraba un sueño que debía haber tenido hace una o dos noches, un sueño en el que Madrid y posiblemente más ciudades del país quedaban sumidas en una forma peculiar de agonía: todos los servicios básicos colapsaban: luz, agua, etc, etc. Las noche en Madrid se volvía tremenda y el ambiente rozaba lo que uno imagina que sería la ciudad amenazada por una guerra. El caos y el pánico colectivo eran el pulso permanente de las calles, de los habitantes. Desaparecían paulatinamente, y con cierta velocidad, las normas, las reglas, las leyes y se imponía el sálvese quien pueda. El sueño y su posterior transcripción en texto estaban muy inundados de temores con respecto a mantener a salvo a mis hijas y volvía a comprobar algo desde que ellas nacieron: mis sueños espesos o pesadillas ahora se proyectan en ellas. Mis temores básicos han saltado de mi a ellas. No es un mal sueño ya para mi los peligros en mi vida, ahora el temor es por sus vidas. Algo biológico, algo ancestral hay en ese salto en el temor de los sueños. Mis pesadillas son más pesadillas cuando la amenaza cae sobre ellas.

 Desperté ajeno a todo eso, porque en mi memoria, ese sueño y esa transcripción de sueño a texto había sucedido ya, quizá ayer, quizá antes de ayer. No calculé porque actué con la normalidad del que ha vivido ya algo y no lo examina. En mi memoria habitaba el recuerdo de ese sueño y de ese texto como habitan recuerdos de antes de ayer, la cena del viernes o el paseo entre piedras y sol del domingo. estuve trabajando, sumido con bastante concentración en mi tarea. A media mañana revisé mi correo, paseé por la red y pensé en escribir un texto. Fue ahí cuando me pregunté: ¿Cómo había titulado ese texto? En esa pregunta cayeron otras preguntas. Recordaba haberlo escrito pero se iba borrando todo, su sinopsis, su esencia, sus sensaciones. Corrí a buscarlo y vi que no había nada. Recordé que sueño y la escritura del sueño fueron sueño y entonces escribí este texto que ya no sé si es texto o parte de ese sueño inabarcable.

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