sábado, septiembre 22, 2012

Los recuerdos borrados de A

 El pasado es un asunto inapreciable, hay muchas partes que suceden todo en una nebulosa tremenda. Se escapan al análisis porque no quedan casi evidencias. En realidad todo parece no haber sucedido. Recuerdos confusos de los que recordamos pocas cosas, con poca precisión y no sabemos si sucedió o fue un sueño que tuvimos en un pasado lejano, quizá de niños. Sin embargo, si se hubiera realizado un diario de acontecimientos, hubieran estado allí, seguramente mal descrito, muy impreciso, pero hubiera quedado reflejado: a una hora, en un día, en una semana perdida en el pasado, pero los acontecimientos, al menos, no habitarían entre la duda de lo soñado o lo recordado borrosamente. Se pueden recordar muchos elementos del pasado, no se pueden reconstruir con precisión. El paso del tiempo, como a los muebles, como a las paredes, como a los cuerpos, también erosiona la memoria y arruga su textura inicial y se llena de grietas y arrugas y se pierde la imagen inicial. Pero no siquiera así lo recordaba A aquella madrugada cuando se encontró con aquel tipo que le hablaba de su pasado con precisión y él era incapaz de reconstruir aquella época que A había ido borrando lentamente. "también soy ese" pensaba A, mientras aquel viejo compañero del que no recordaba nada, o apenas una bruma incierta, le desmenuzaba anécdotas divertidas y frases que aparentemente A había emitido y de las que no se sentía autor. Opiniones que no sólo no recordaba sino que no compartía "¿Cómo pude ser ese miserable y no recordarme?2 Quizá frases sacadas de contexto, quizá frases dichas como pura supervivencia, adaptándose a un medio que curiosamente ya no recordaba.

 Claro que A recordaba a muchos del colegio y aún mantenía trato con algún compañero. Claro que A tenía memoria y recordaba tardes memorables o mañanas aburridas de su vida escolar. Por supuesto que evocaba y no huía de aquel pasado, pero mientras aquel compañero rememoraba un pasado divertido y simpático A sentía que él no había estado allí y sin embargo ciertas descripciones si venían, o si coincidían. Pero lo que más angustiaba en cierto modo a A era el tipo que le hablaba, podría ser un psicópata inventándose esas historias porque él no recordaba nada de ese individuo de sonrisa feroz y entusiasmado ante el reencuentro. Y mientras el tipo hablaba de ese pasado erosionado en la mente de A, A buscaba con linterna en las cavidades más profundas del recuerdo y el recuerdo caprichoso, no aparecía. Incluso ansioso, A trataba de descifrar ese mecanismo de la memoria que de repente abre una compuerta y desvela ese pasado en la tiniebla. A recordó reencuentros en los que el mismo reencuentro revelaba e iluminaba zonas de la memoria olvidadas y aparecían recuerdos uno detrás de otro, casi atropellándose. Eso buscaba A, ese mecanismo inescrutable de la memoria que brotaba eufórico en los reencuentros con viejas relaciones o con ciudades en las que se estuvo. Calles que ves de nuevo y te arrastran a esa misma calle en aquella época que parecía olvidada y emerge, como hubiera estado enterrado en el asfalto, voces, caras, olores de cuando se pasó por ahí.

 Disimuló A como pudo y evitó ser preguntado para no ser descubierto, también como pudo salió de allí, a la calle. Caminó en la madrugada sin recordar nada de aquel individuo con el que había estado hablando: Lo curioso, pensó A, es que ahora siempre recordaré este reencuentro sin, seguramente, recordar el pasado previo a este reencuentro con este individuo sin pasado en mi memoria. Decidió caminar por las calles hasta su casa. Ensimismado, evocando, de repente, aquella época entre séptimo y octavo de bachillerato, aquellos meses difusos donde aparecen las caras de esas chicas o aquellas peripecias o la primera cerveza. A recuerda paisajes diarios, el timbre de salida al patio, la bajada por las escaleras, los pupitres y su orden establecido, su pupitre casi al fondo, delante de B y detrás de S, pero no aparece en esa reconstrucción ese tipo que se le ha acercado y que ha recordado una tarde de futbol, una pelea cobarde, una chica de la que ambos se enamoraron. No recuerda nada de eso A y sin embargo también A es eso, todo eso que no recuerda y que jamás, seguramente, volverá a recordar.

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