miércoles, septiembre 19, 2012

Etérea

 Ella solía caminar ligera. Mirándola uno tenía la sensación de que caminaba al revés, como si viniera yendo. En ella el tiempo se hacía elástico, un juguete. Con ella se habitaba en una forma juguetona de realidad, en cierta manera volvías a ser tú desvestido de toda camiseta, esa ropa que te ha ido cubriendo. La ropa de todas tus épocas se iban de vuelta al armario, a los cajones.  Si se volvía era una vuelta a un lugar desconocido, remoto e indescifrable. Con ella se habitaba con la alegría que da saber que la vida no tiene sentido, que se empuja ajena a nuestros designios. Con ella las viejas calles eran aquellas calles siendo nuevas. Con ella se daba la vuelta y se estaba al derecho sabiéndose al revés, como si no te dieras cuenta que ahora percibías todo desde el otro, tú mismo allí, en el otro lado del espejo. Un día era un mes, los años se diluían: el tiempo acordeón. No había urgencias porque se sabía todo breve y tremendo, abrumador, inabarcable. Nunca se pisaba el mismo suelo, nunca los pasos se repetían. Nunca se volvía. El destello daba siempre en la espalda y el sol se escondía por delante.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La felicidad.

CL

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