sábado, diciembre 24, 2011

Inmortal

 Tengo la espalda apoyada contra el muro. En cierto modo dejo caer el cuerpo. No podría hablar exactamente de placer, pero dentro de todo, me gusta ese frío suave que da trasmite sobre mi espalda el muro. Hay cierta humedad que imagino traspasando a velocidades inimaginables a través de mi camisa. Procesos invisibles, procesos que marcan todo. Veo poco, estoy deslumbrado. Lucho entre permanecer con los ojos abiertos y adivinar o cerrarlos y dejarme llevar definitvamente. Estoy cansado. Estoy rendido. Sin embargo no siento que mi derrota sea algo cruel, inmerecido. Si miro velozmente mi pasado, merezco estar ahí y aunque no sea un final heroico, si es un final hermoso. La hermosura de lo irremediable. es curioso pero por mi cabeza circulan algunas imágenes peculiares, ambiguas, placenteras: algunos prados, algunas plantas, algunos árboles, luces abstractas de atardeceres de verano. Evoco voces, sonidos, olores. La cara de una chica que conocí a los catorce años. Asuntos dispersos de mi vida. Mi vida. En esos fragmentos de cosas, pienso de repente, está mi vida. Eso ha sido mi vida. Horas que han pasado, silencios, tardes, cafés, algunos sueños permanentes, idealizaciones. La piel blanca y dulce de ella. Su olor. Algunas ideas vagas sobre política, algunos disgustos universales. Los errores, pequeños logros, algunos textos simpáticos, una acumulación infinita de borradores que jamás corregí. Me vienen imagenes de ciudades, playas. Un balón de futbol  rodando por la arena de la playa, mi padre me devuelve el balón con precisión. Me veo corriendo por la orilla. Junto a mis dos pies, al mismo ritmo, veo otros dos pies, son los de mi hermano. Me vienen borracheras, amigos jóvenes, euforias nocturnas, la idea permanente de buscar una música que, ya lo sé, jamás encontré. Me vienen melodías a toda velocidad, un resumen veloz de unas ocho mil canciones importantes, autobiográficas en el sentido de que cada una me traslada, con precisión a un instante o una sensación muy concreta. Finalmente me viene la cara sublime de una niña. Esa niña contiene en su expresión el secreto preciso de mi existencia. En ese rostro veo la luz, veo el sentido. Ahora abro los ojos, sigo viendo sombras que me apuntan. Me apuntan y me tienen a tiro. Pueden disparar, pueden hacer desvanecer este cuerpo, pero por esos instantes que he recordado a velocidad inconcebible, sé que soy inmortal.

1 comentario:

Anónimo dijo...

"Si miro velozmente mi pasado, merezco estar ahí y aunque no sea un final heroico, si es un final hermoso". Este post es sencillamente precioso. Te quiero mucho. Mucho.

CL

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