sábado, mayo 07, 2011

Tuberías

Tampoco era exactamente un descenso. No era una pendiente. Podía sentir que había una especie de caída, una caída estática, pero no era un vértigo. En ese instante las cosas estaban relativamente quietas. Sonaba la televisión a poco volumen. En la pantalla se sucedían imágenes de un programa en el que se mostraban escenas de la vida diaria de unos tipos que vivían en los Andes, a una altura poco recomendable para el ser humano. No prestaba atención al programa, su intención era concentrarse en la narración pausada, pero la concentración se trasladaba como un insecto con alas por la habitación. La concentración, que a su modo era la realidad, giraba inconstante por las esquinas. Afuera le pareció que empezaba a llover, o sonaba como si algo cayera contra el asfalto de ese modo melódico y rítmico que lo hace la lluvia poco potente. Se asomó y no llovía, entonces pensó que ese sonido podía ser de los aires, de las tuberías, de los respiraderos del hotel. En ese instante le hubiera gustado tener algún tipo de reflexión profunda, descabellada u original. Algo casi para escribir, pero pensó en las tuberías, en como a alguien se le ocurrió las tuberías, no a alguien, a la humanidad con sus cadenas, con sus evoluciones o esa forma de avanzar hacia adelante, por el camino que se puede, en cual fue el camino del intelecto humano para terminar desarrollando las tuberías. El metal de las tuberías del patio de atrás del hotel brillaban tenues. Tuvo entonces un curioso viaje imaginativo. Sin cerrar los ojos, y durante algunos segundos, imaginó un paseo agazapado por las tuberías. Un viaje incómodo, levemente claustrofóbico y mal oliente, pero un viaje, por otro lado, psicodélico, veloz y del que se conoce el destino, el destino real, el destino cierto del final de una tubería. En la televisión se sucedían, casi infinitamente, todos los nombres de los títulos de crédito del programa que estaba terminando ya. Leyó, sin darse cuenta: Clint Ford. Creyó leer que era ayudante de cámara. Imaginó a Clint Ford, concentrado, profesional, viviendo unos meses fuera de Inglaterra, allí en Los Andes. Clint Ford, al que imaginó de unos treinta años, hospedado con un largo equipo n algún lugar acomodado por el equipo de producción, escuchando música en los ratos libres allí en los Andes, escuchando música anglosajona en medio de otras formas de vida. Luego imaginó a Clint Ford volviendo al Reino unido. Viviendo en un apartamento pequeño de la zona 3 de Londres. Llegando a casa después de unos meses fuera. En Londres no llueve y Clint se lanza a la cama y piensa en alguien. Luego olvida a Clint, también las tuberías. Se gira y cambia de canal. Un hombre serio habla de noticas recientes. Bosteza. Empieza, por fin, a tener sueño.

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