miércoles, marzo 29, 2006

Literatura dance

Ahora mientras oigo "Super disco friends", aguantando las ganas de bailar a lo largo y ancho del salón de mi casa, de juguetear con la luz de la bombilla para imitar el efecto estroboscopico tipico de discoteca, he pensado en la posibilidad de una literatura dance. Una literatura rítmica, que incite a ese sentimiento de la música dance, una literatura de ritmo, de fuego, de piel, de carne. Una literatura de cuerpo contra cuerpo, que incite al lector a soltarse en su casa o en la biblioteca. Que se lea esta, con gafas de sol grandes, a poder ser iluminado por rayos verdes y rojos que revolotean por toda la casa o el lugar elegido para leer. Una literatura que lleve a la gente a reunirse los sabados por la noche hasta las seis de la mañana, a estar unos al lado de otros con sus libros en la mano y todos moviendose al ritmo que la literatura lo permita.

Literatura dance. Que se fusionen ritmos de narración, ritmos obsesivos en las frases pero intensos, frases que se vayan encadenando las unas a las otras con la marca de una narración visceral, desde dentro. El cuello que gira enloquecido frente al teclado, los dedos que marcan las teclas en una constante ascensión,tac,tac,tac. Frases no muy largas pero de una intensidad total, bestial. Y que la protagonista sea la voz negra de una hermosa mujer, acompañada por unas coristas que repiten el estribillo a modo de angeles nocturnos, que repiten la trama, que repiten los gestos de la protagonista, los modos, las melodias, los actos. Que nada pare, que no pare la noche en la literatura dance, que no dejen de pasar cosas en el lugar elegido de la trama, que no paren las luces, los ambientes. Que no pare nadie hasta el final. Que nuestra protagonista grite de vez en cuando la lector, que le anime a no parar de leer "Come on¡¡"y repiten las coristas "Come on¡¡" y el lector pasa de página enloquecido por el ritmo de la trama, por el sabor que lleva todo...

martes, marzo 28, 2006

Lo que le pasó a Antoine Maurice (Capitulo 10) . FIN

El paisaje al otro lado de la ventana del autobus donde lleva apoyada la cabeza, le recuerda a Antoine que la vida es móvil, que el tiempo es inestable, que las cosas nunca se detienen. Ahí va Antoine Maurice con un pasado reciente ya a cuestas, ya encaramado en la espalda, ya instalado solo a manera de recuerdo, ya solo como una reconstrucción de su torpe memoria.

Hace un par de horas se ha despedido de Maria Luisa en la estación de autobuses del pueblo vecino, del pueblo que estaba algunos kilómetros mas allá. Ella le ha acercado en el coche de su padre, han sacado el billete y se han tomado algo en la cafeteria de la estación para hacer tiempo mientras llegaba la hora de salida, la hora de regreso.

.- Nunca olvidaré lo que habeis hecho tu y tu padre por mi. Estaré agradecido eternamente. No dudeis en llamarme cuando viajeis a la capital, allí os atenderé como os mereceis.

.- Por nada, Antoine. Por nada.

Han hablado torpemente de algunas cosas sin importancia mientras llegaba la hora de salir. Cuando por megafonía han anunciado el anden donde ya esperaba el autobus. Antoine y Maria Luisa se han dado dos besos amables en las mejillas y se han despedido sin demasiado ruido. Antoine se ha subido y por los cristales la ha visto perderse.

En la carretera Antoine ha ido reconstruyendo estas ultimas horas de su vida. "La vida es irreal, es demasiado irreal" se repetía con una medio sonrisa en los labios. Ha ido trazandose un plan, unas frases que tendría que decir a unos y a otros, sabiendo que el tiempo iría dejando esa historia atrás. Al llegar a la ciudad, ya de noche, ha percibido todo bajo la rareza, la ciudad le parecía extraña mientras el autobus iba atravesando las arterias que le llevan hasta el terminal. Esas horas que ya hay muchos menos coches, que las luces de las casas se van apagando. Se ha bajado del autbus y ha entrado al metro. La poca gente que iba viajaba en silencio. Un hombre que entra en una estación, que viaja unas cuantas estaciones mirando al suelo, en silencio, que llega a otra estación y se baja, subirá las escaleras, irá por unas calles y entrara en un portal, subirá y entrará en su mundo y sin embargo Maurice percibe hoy, todo eso, el extraño universo de la urbe como lejano, como ausente. Ha llegado a su estación, hay un silencio tremendo, no hay gente. Sube las escaleras, sale a la calle. Las farolas y algún coche que pasa, ese restaurant, en el que a veces ha cenado, aun abierto, alguna gente dentro, en la sobremesa. Sigue andando hasta su portal, abre la puerta y llama al ascensor, mientras espera bosteza. Sube y abre la puerta de su casa. Entra, enciende la luz. Se quita los zapatos que deja tirados junto a la ropa destrozada que lleva en una bolsa que le dió Maria Luisa. Se acuesta en el sofá, enciende la T.V, cambia de canales anarquicamente, sin atención. Extiende el brazo hasta el telefono, aprieta el botón azul y oye los mensajes que tiene en el conestador. La voz electrónica le dice que tiene dos mensajes nuevos:

Mensaje numero uno. Recibido ayer a las 19 horas, 14 minutos:

.- ¿Antoine?.... Llamame cuando vengas...Hasta luego.

Mensaje numero dos. Recibido a las 22 horas y 46 minutos:
.-......

Antoine trata de identificar algo en el silencio del mensaje.

Para volver a escuchar el mensaje pulse 1, para guardarlo pulse dos, para borrarlo pulse 3.

FIN

miércoles, marzo 22, 2006

Lo que le pasó a Antoine Maurice (Capitulo 9)

Antoine sale de la ducha y cae en cuenta que no tiene ropa limpia que ponerse. Ve amontandas en el suelo su ropa destrozada, el simbolo de las malas decisiones, el deshecho de un mal dia, los residuos del azar. Esta cubierto por la toalla que lleva a la altura de la cintura, de donde emergen los primeros sintomas de un montón de años de cervezas. Se queda pensando en que hacer, de nuevo ante la decisión. Abre un poco la puerta y se queda así asomado, su intención es llamar a Maria Luisa, a ella, a la chica, a la mujer, a ella, pero duda tanto en como hacerlo. ¿Por su nombre?, gritando un educado:"perdona", no sabe que opción usar para llamarla y que ella le escuche al otro lado del pasillo. Entonces decide cruzar descalzo y con la toalla a la cintura el pasillo y comentarle su problema.

Llega a la puerta de la cocina, ella gira algo asustada la cabeza y le mira, en seguida desvia la mirada:

.- Perdona, Maria Luisa, pero es que no tengo ropa que ponerme, no quería abusar, pero no tengo otra opción...

.- ohh, si, si. No se... no te preocupes, vuelve al baño, no vaya ser que te quedes frio, yo ahora le acerco algo de mi padre.

Antoine gira y se vuelve a paso rapido, algo comico, hasta el baño. Vuelve a entrar y se mira en el espejo, la coquetería no tiene limites en el ser humano y Antoine quiere estar al menos peinado cuando ella le traiga la ropa. Se peina con los dedos, juguetea con su pelo hasta colocarselo de algún modo en el que el se siente mas atractivo. Suena la puerta, el se observa por ultima vez y acude a la llamada, al sonido de la mano golpeando en el otro lado de la puerta. Abre y ella esta ahí. Hay un cruce de miradas que no debe durar mas de tres cuartos de segundo que si lo congelasemos sería la mirada del deseo, de la atracción, pero eso Antoine no termina de creerselo, y no sabe que ella no dará ni una sola prueba mas de esa atracción, no se permitirá ni un solo desliz mas, ni un solo reflejo mas de eso que ella lleva por dentro, esa contención que ya dura años, demasiados años.. Antoine extiende los brazos para recoger las ropas bien dobladas que trae Maria Luisa:

.- Eres muy amable, creeme. Nunca me habían tratado con tanta amabilidad en todos los dias de mi vida.

Ella se gira y se pierde en el pasillo.

Ya en la cocina, ya vestido, Antoine bebe el café y come unos panes tostados con aceite y tomate que ella le ha preparado. El placer de comer es el mayor de los placeres, piensa filosofico Antoine, y comparte con ella su pensamiento:

.- Bueno, ademas tu llevas mucho tiempo sin comer. Debes estar sintiendo mucho placer. ¿Que es lo que te ha ocurrido para estar así, aquí?. No pareces un delicuente, no pareces mala persona.

Antoine entonces comienza la narración de sus desdichas, meticuloso, reflexivo, recapitulando toda la historía como hasta ahora no habia hecho ni para el mismo. Se extiende en detalles, en la rabia que sintió hacía el hombre de la camioneta, en la cobradia y miedos experimentados, en la angustia de sentirse así, en el lado marginado del azar. Ella le escucha y al terminar de oir lka narración de Antoine le dice:

.- ¿Esta usted casado?.

A Antoine, que a estas alturas se siente terriblemente atraido por ella, la pregunta le produce una potente agitación en el pecho.

.- No

martes, marzo 21, 2006

Lo que le pasó a Antoine Maurice (Capitulo 8)

Antoine se despierta y reconstruye su ayer, su pasado mas reciente. La reconstrucción es rapida, en seguida se asimilan las cosas en este lado de la realidad, pronto te ubicas, pronto recuerdas que eres un ser humano en el arranque del siglo 21, planeta tierra, tal, tal, tal. Rapido nos reconstruimos a nosotros mismos. Soy Antoine Maurice. Se pone en pie, el sol está saliendo allí, por el este y Maurice, que en el fondo es un poeta, se recrea en los colores del dios sol, en esas pinceladas, en ese despertar maravilloso que tiene el jefe del sistema allí, siempre por el este. Va asomandose y empiezan los alegres pajarillos a cantar, Antoine se estira y comienza andar. El sueño le ha puesto de buen humor y ademas empieza a recordar sus sueños. Antoine se sonríe, esas cosas de los sueños. en cualquier lugar se puede tener humor, hasta en un sueño, ahí, en medio del monte, durmiendo sobre el frio de una piedra. Se recrea en las imagenes del sueño, ese toqueteo con esa chica que era y no era alguien, era Raquel pero podría no serlo, guardaba ciertos detalles de Beatriz, una especie de Raquel convertida en Beatriz y en el sueño, sobre la fria piedra, las cosas no habian sido nada frias con Raquel, con Beatriz. El suelo de la oficina había servido de campo de batalla, Raquel, o Beatriz, aparecian como si nada y le plantaba un beso intenso a Antoine. Antoine la mira y la dice: "Hoy me iré mas tarde. La luz no se apaga" y Raquel, convertida en Beatriz, le mira y le contesta :"No la apagues, mejor encender la radio", y de ahí al suelo, las piernas se enredan, las ropas se vuelan, los cuerpos se pegan, el suelo es infinito, no hay limites para los movimientos, para las formas de Raquel, de Beatriz. Antoine se contrae en el suelo de la oficina mira la hermosa cara de Raquel, que podría ser Beatriz, la voz es de Beatriz que se levanta y se viste:"Deberías leer a Felisberto Hernandez" y apaga la luz.

Antoine se recrea en el sueño, que la ha gustado, que ha sido placentero mientras camina sabiendo que en un rato llegará a ese pueblo que se ve a lo lejos. Va contento Antoine. Se sabe en el principio del final de esta historia algo enredada, algo inoportuna, algo molesta, pero Antoine se ha levantado optimista y se dice que hasta tiene su gracia la experiencia, algo que contar algun viernes por la noche, en alguna cena de amigos. Camina a buen ritmo y se sabe cerca ya del pueblo. El aspecto, eso si, "Es deplorable"piensa Antoine al echarse un ojo, pero lo primero que hará será tomarse un café y desayunar bien, tiene un agujero en el estomago, se acercará a la comisaria y contará su historia, asumirá el enredo, argumentará sus tres decisiones erroneas, los dos puñetazos y la huida de la guardia civil, acatará las sanciones, las multas pertinentes y volverá en cuanto pueda a su vida diaria, a su normalidad.

Cruza las primeras calles de piedra, unos hombres a la puerta de una casa le miran al pasar y el les pregunta por el bar mas cercano.

.- ¿Ha tenido algún problema?. No tiene usted muy buen aspecto.

Antoine, que se siente con ganas de sincerarse, se acercq y comienza la narración de sus desdichas, el grupo de tres hombres ancianos le mira con atención y algo de lastima.

.- Pero buen hombre, usted lo que necesita es un buen baño, arreglarse, comer, coger el autobus en el pueblo de alli arriba y volver a la capital. Olvidese de la policía, lo olvidaran pronto, vuelva a su casa y haga su vida, dentro de dos meses nadie se acordará de esto. Venga, entre en mi casa, aquí le cuidara bien mi hija.

El hombre portavoz, le coge de un brazo y con la otra coge el baston, cariñosamente le introduce en su casa en la que entra llamando a gritos a Maria Luisa. Por la vieja escalera aparece la hija, Maria Luisa, y el hombre le dice que le de algo de comer y una toalla limpia, este hombre necesita reponerse, ha tenido muchos problemas. Antoine se queda mirando a la hija del buen hombre que a su vez le mira. Ella, de mirada tímida le dice que pase a la cocina, le haré un café y algo de comer, el la sigue, ella desaparece un momento y aparece con la toalla.

.- Mientras hago el café vaya duchandose- y le pide que la acompañe, se dirigen por un pasillo estrecho y bajo, llegan a un baño, ella abre la puerta y le muestra la ducha. Pero el daño ya es irreparable. Antoine la desea, ella le desea. y cuando en estas cosas entran las atracciones de por medio la tendencia suele ser la de complejos enredos, la de historias mas enrrevesadas, con mas bifurcaciones. Ella cruza el baño, le dice como abrir el agua caliente.

.- Nunca pasa nadie por aquí. ¿De donde es usted?.

.- Por favor, no me llames de usted. Soy de la capital. Ayer fue el dia mas complejo de mi vida, hoy esta empezando de manera totalment opuesta.

.- Algo complicado ha debido ser, no lleva... no llevas buen aspecto.

.- Creame, es casi increible. Esas cosas que cuando te cuentan crees exageradas. La vida es exagerada cuando se empeña.

Estan así uno frente al otro en medio del baño.

.- Bueno duchese, yo le haré el café.

Ella sale y cierra la puerta. Antoine se queda ahí, algo confundido, se mira en el espejo.

.-¿ Antoine, güevón, como puedes ponerte como un quinceañero en el estado en el que está tu vida?.

Se empieza a desnudar, se observa con atención las heridas, los pies los tiene totalmente destrozados, cierra los ojos cuando quita un trozo de camisa adherido a una herida reseca. Está desnudo, abre las cortinas de la ducha y abre el agua caliente. Se empeiza a meter y simplemente alucina de placer cuando siente el agua sobre el cuerpo, cierra los ojos y se deja empapar, el agua caliente le recorre todo el cuerpo y piensa en la chica, en Maria Luisa.

La imagen se va a negro.

domingo, marzo 19, 2006

Lo que le pasó a Antoine Maurice (Capitulo 7)

Salimos de negro y vemos la noche, la profunda noche de la naturaleza, apenas la luz del cielo, del cielo eterno, del cielo infinito, la luz que viene de allí, de tan lejos rozando levemente en esa esquina del planeta. La luna que hoy esta en cuarto creciente, las estrellas que Maurice ha estado mirando antes de dormirse recostado en una piedra iluminan con ganas, el cielo se ha quedado despejado, sin la congestión de nubes que hasta hace rato moqueaban lluvia. Antoine duerme como un bebe, no siente el frio que no muy intenso pero si humedo revolotea por la zona. Está ahí, soñando, y es curioso por que a pesar del dia complicado, de ese destino cruel, estará soñando con otro mundo donde nada de eso ha sucedido, está tan cansado que el cansanio es dificil que otorgue sueños hostiles. No. Está tan cansado que los sueños, como se suele deir, serán dulces. Los dulces sueños de Antoine Maurice.

Por supuesto Antoine ha llegado a descender toda la montaña bajo la presión agotadora de la lluvia. Descendió, tardo varias horas, pero llegó hasta abajo y al llegar abajo un valle hermoso, el otro lado de las cosas. A lo lejos se adivina un pueblo al que Antoine llegará por la mañana. Allí contará su tragedia. Esta decidido a salir de esto siendo honesto, contando la verdad. Contará la sucesión de actos, la cadena de acontecimientos que le han llevado hasta ese límite poco creible pero real. Sufrirá las consecuencias que tenga que sufrir por sus tres graves decisiones, pero acatará y concluirá la pesadilla. Volverá a la capital y volverá a su vida asumiendo los errores de tres decisiones desacertadas. Contará la historia a su jefe, contará la historia a su novia actual que es poco novia, pero que es alguien con quien al fin y al cabo se podrá desahogar.

Mientras tanto Antoine duerme y pasa la noche, duerme acurrucado para protegerse del frio.

jueves, marzo 16, 2006

La tarde frente a aquello


Hay dias en que me levanto de otra forma. Cada dia es diferente en la vida de una persona, pero hay determinadas cosas que llevan un mismo fondo, una cadencia parecida. Hay tempos, compases que se repiten y un fraseo que va variando, el acompañamiento permanece constante mientras algo va haciendo una variancion, una melodía que va recorriendo el tiempo, la pieza, la canción, la vida. Hay otros dias que eres un instrumento solitario, un violin que se oye a lo lejos, en alguna habitacion lejana de la inmensa casa del universo. Hoy soy esas teclas que se repiten en un piano roto. Hoy soy la menlancolía convertida en ser humano, hoy siento la soledad. Hoy he visto las calles llenas de gente, los coches y les he sentido lejos.

Y he llegado a casa, y me he puesto a recordar, a proyectar en esa pared, que va necesitando una capa de pintura, esa vida que he ido recorriendo. Ese trozo que llevo hecho. He visto fantasmas que venian desde atrás, que me miraban y he recordado esas tardes con ellos. He visto calles por las que pasé, calores que sentí, piernas que deseé. He visto tardes que ya no existen, ciudades en las que viví. Una vida lejana y he sentido lo que deben sentir los muertos, recordar es sentirse un poco muerto por que ya no hay nada aquí de aquello. De ellas, de aquellas bocas, de aquellas frases o aquellas calles que esta tarde se meten en esta casa, con todos sus olores, con sus tiendas, sus autobuses que pasan. No hay nada. Esas ciudades que como topdo habrán ido variando cada segundo desde que salí de ellas. Esquinas remodeladas, negocios que cerraron y otros que fueron abriendo. La vida, el paso de la vida, la huella del paso de la vida. Los pequeños detalles. Los niños aquellos que crecieron, los coches de los que conocí que se fueron quedando viejos. Los muebles de las casas en las que estuve, las ropas de mis amigos, las ropas de ellas, aquella falda que se ponía para seducirme sabiendome seducido de antemano. Aquellas telas ya no estarán, habrán ido cumpliendo sus ciclos. La hermana pequeña, la prima las habrán usado despues, no se, vaya uno a saber. El tiempo que avanza y soy ese piano que resuena en otro lado del mundo. En aquel edificio esta tarde podría estar sonando un piano y sería mi memoria, recorriendo allí donde viví, allí donde estuve. Tan lejos.

La vida es larga, claro que es larga. La vida dura y suceden tantas cosas. Vas variando tanto, vas siendo tan diferente. Esta tarde soy tan ese sonido de tecla, ese eco infinito de las teclas. Ese quedarse ahí, cayendo, cayendo. Ese no saber precisamente donde terminas de recordar una cosa cuando ya empieza a sonar la otra, la otra tecla, el otro recuerdo, ese pasado que ha sido golpeado, alli, aquí.

Lo que le pasó a Antoine Maurice (Capitulo 6)

La imagen aguanta un rato en negro, oimos el sonido ambiente. El cantar de los pajarillos, el sonido de las hojas agitado por la suave brisa, los impercetibles millones de sonidos que produce la naturaleza apiñados en una masa única para que el oido humano los capte todos inditintamente, todos como uno, la enorme e infinita masa del sonido ambiente. Antes de abrir de negro se oye un silbido humano interrumpido inmediatamente por un sonoro:

.- Joder!!!

Abrimos de negro. Antoine está mirando al cielo a traves de la visión de el que se cuela a traves de la copa de los árboles, ha sentido el tacto de una gota primero golpeando contra un punto preciso de su piel, segundo deslizandose. La amenaza negra de tormenta va cubriendo el cielo que se ve un poco mas atrás de los altos eucaliptos. Entonces Antoine Maurice recuerda su manía a los viajes a esta región del pais, la lluvia es omnipresente, como el mismo dios en el que Maurice no cree, y hace notar su presencia proporcinalemente inversa a lo que la hace notar Dios, es decir, si Dios, cualquier Dios no da muestras, jamas, de su existencia, la lluvia en esta región deja un rastro de su existencia con una perseverancia enfermiza. Y claro, empieza a llover, pero no a llover como cualquier tarde en la ciudad en la que vive, no. Llueve, llueve, llueve. Así, sin mas. Llueve como si la lluvia tuviese miedo de no poder volverlo a hacer y entregarse a esa tarde como esos enamorados que se despiden una tarde de su amada antes de irse a la guerra, o la muerta, que es lo mismo. Llueve como aquella tarde que no recuerda ya Maurice o como aquella noche de viaje que hizo el amor bajo la lluvia tropical con una alemana de la que ya tampoco recuerda el nombre. Llueve como solo llueve en el monte. Antoine entonces ve como se forman pequeños rios en la tierra, como desciende el agua por las laderas, como se humedece la flora, como se humedece el mundo. Se resbala pero no saberse observado le da cierta libertad en sus caidas, menos reparo. Se va llenando de barro, los pies son un poema, como se suele decir. Antoine se sabe perdido, se sabe rozando la locura, pero mantiene cierta serenidad.

Que la naturaleza se puede convertir en el infierno es algo que Maurice. Muchas obras de arte ya han hablado de eso, grandes peliculas del cine nos han introducido en el horror que puede estar oculto entre los caminos de tierra, entre los matorrales, entre el hermoso verde de los árboles. La naturaleza es cruel, tiene mas instinto de supervivencia que todos los seres urbanos del planeta juntos. Tiene mas instinto una margarita que un pelotón armado de la inmoral guerra de Irak, por ejemplo. Y claro, ahí desciende Antoine monte abajo, con los pies destrozados, el pelo empapado, las ropas pegadas al cuerpo y muy deterioradas, la lluvia resbalandose por la cara, por los brazos. Ahi va Antoine tropezandose con los arboles que van apareciendo. Si fuera un buena película, o ni siquiera un buena película, sino simplemente una película no estaría sonando nada trágico, nada cómico, ni siqiera solo el sonido ambiente de la lluvia no. Sonaría algo como Gymnopedie n1, muy usado eso si, muy evidente, pero que resalte bien el aspecto triston de ese momento en la vida de Antoine. Ese momento único e irrpetible. Mientras suenan esas hipotéticas notas de piano Antoine va pensando en si todo esto tiene sentido, si vivir tiene sentido, si ser una vida entera honesto y responsable tienen sentido cuando te ves inmerso en medio de la mierda por un azar elegido por vaya uno a saber quien. Mientras suenan esas melancólicas notas de piano Maurice piensa en su vida y recuerda algún pasaje no del todo memorable, pero si agradable. Algún beso lejano, algun atardecer en la playa, alguna noche de borrachera, algún desamor, algunas nostalgias, la universidad. Antoine Maurice mira hacía abajo donde el monte no parece terminar y continúa. Llegará, el autor de Antoine Maurice sospecha que llegará, aunque tampoco está del todo seguro.(Quien escribe la vida del autor tampoco lo sabe, y así hasta donde una celula decida parar todo esto). Antoine se pone épico y desciende con garra, en plan heroe, en plan final de pelicula, en plan momento de piel de gallina. Ahí va Antoine con toda su energia, con toda su vida, con todo su instinto, la garra de vivir, ahi va Antoine monte abajo sin obstaculo que le detenga, levantadose mas fuerte cada vez que cae, con cara de pocos amigos. Ahi va Antoine sabiendose poderoso. Llegará, el que escribe sospecha que llegará. Antoine no se detiene, solo quiere ver el final del monte. La lluvia cae sobre el planeta, los charcos parecen mares, los rios que se han ido formando parecen infinitos y la lluvia sigue con su canción pero a Maurice en este instante no le detiene nadie por que Maurice llegará, quiere sentirse dueño de su destino. Se quita las ramas de delante, arranca cualquier estorbo como el mejor de los heroes, hasta Maurice puede ser un heroe, todos podemos ser heroes y Antoine pone en practica ese lema, quiere ser ese heroe, quiere saberse ganador en esta batalla que le propone el destino.

miércoles, marzo 15, 2006

Lo que le pasó a Antoine Maurice (Capitulo 5)

Salimos de negro. Maurice esta anclado en esos segundos en los que se decide. Esos segundos en los que la cabeza se tambalea entre las opciones que ofrece la vida. Antoine ve a la guardia civil que le pide que se pare. El autor de la vida de Antoine Maurice ha tenido varios dias para decidir lo que podría hacer Antoine, pero pasados tantos dias no consiguió encontrar la decisión correcta. Así Maurice juega con ventaja, en la vida normal nadie tiene tantos dias para tomar una decisión que se tiene que tomar en apenas unos segundos. Entonces Maurice ve a la guardia civil ahí, en la curva donde comienza el desvio hacia otra carretera comarcal. Maurice ve sus pies, recuerda las gentes de la gasolinera, recuerda parte de su vida, las chicas que quisó, de las que no se enamoró, recuerda a su familia directa, a los amigos que se quedaron en el camino, a los que aun siguen en su vida, a los compañeros de trabajo, recuerda a su madre, a su novia actual.... Se mira los pies decalzos y recuerda al hombre de la camioneta. Gira hacía la guardia civil, toma la curva del desvio y acelera. Deja a un lado a los dos hombres uniformados y aprieta el acelerador hasta sentir dolor en el pie. Entra por la comarcal y sabe desde ese instante que su vida ya nunca volverá a ser igual. Antoine Maurice no sabe el por que de su decision, pero se sabe decidido a no frenar, a llegar hasta donde nadie le de alcance. Maneja el coche con una facilidad alucinante. Se mueve entre las curvas con precisión de piloto afamado y no piensa, sobre todo no piensa, la velocidad le diluye el futuro. En ese momento solo hay la siguiente curva, la presión del coche de la guardia civil que vendrá detrás, pisandole los talones. Avanza, y el mundo es solo asfalto y curvas y arboles a los lados.

Mientras avanza con control sublime del volante por la carretera desconocida se siente invadido de repente por una terrible angustia

.- ¿Pero que hago, joder?.

Siente un terrible panico, no hay solucion, su matricula estará ya siendo identificada, encontrada en una base de datos que por desgracia no tendrá imperfecciones, fallos. Sospecha ademas de las posibles denuncias puestas por el tipo de la camioneta. El mundo puede volverse rapido en un lugar terriblemente hostil.

En un momento ve la curva y el monte que desciende a un lado de la curva que hace la carretera. Tan rapido como decidió huir de la guardia civil o golpear doblemente al hombre de la camioneta, decide en este instante, saltar con el coche en marcha y dejar su coche caer enlquecido por el monte abajo. En esto las peliculas no son honestas. La caida es torpe y no demasiado espectacular. En el salto, Maurice, poco claculador, se ha tropezado contra un arbol y se ha torcido el tobillo, se ha quedado viendo su vehiculo caer entre los arboles y quedarse algunos metros mas abajo golpeado contra un arbol. No hay fuego, no hay llamas, no hay un gran ruido. Hay silencio. Por la curva ve pasar a ritmo endiablado el coche dela guardia civil. Antoine se lavante y se mete monte adentro. Que mejor lugar para un fugitivo que el monte. Mira por ultima vez su coche ahí estatico y golpeado contra un arbol unos cuantos metros mas abajo. Avanza cojeando y empieza a descender la montaña. Entre muchos eucaliptos y distintos arboles que Antoine no reconoce.

domingo, marzo 05, 2006

Lo que le pasó a Antoine Maurice (Capitulo 4)

En el capitulo anterior( El equipo de producción ha decidido no volver a montar este micro resumen del capitulo anterior debido a los problemas que en los capítulos anteriores esto ha ocasionado. Se ha decidido finalmente enganchar los últimos segundos del capitulo anterior con la escena en la que arranca ya el nuevo)

Asi tenemos entonces a Antoine Maurice arrancando valiente y decidido hacía la puerta. Asi pasa Maurice entre el grupo Pringles y asi se detiene Maurice cuando oye la voz del hombre de la furgoneta absolutamente iracundo, con la cara llena de sangre. La imagen funde a negro.

Volvemos de negro. Antoine Maurice siente miedo. No hay mas. Miedo. Miedo al dolor físico, miedo a la furia colectiva, Miedo al ser humano, miedo al prójimo, miedo a la ira, miedo a la muerte, miedo a la venganza, miedo a los espacios cerrados, miedo al miedo. Miedo. Miedo al tiempo. Cada prsente sucesivo es una acercamiento a lo que mas teme.

.- Querido amigo- Dice con una mirada algo trastornada, el hombre de la camioneta.

El grupo Prigles trata de entender, pero no entiende. Ven sangre, ven miradas de miedo y oido, ven ira, ven venganza, ven un reencuentro no amable, pero quieren ir mas allá, la masa quiere mas y mas, saber todo, cada segundo de lo que ahí sucede. El grupo Pringles necesita porques, necesita saber, conocer, opinar, enjuiciar. El hombre de la camioneta se acerca a la manera de un Cowboy venido a menos hacia el grupo Pringles que rodea a Antoine Maurice. Hay entonces una especie de sensación cinematográfica en el ambiente. Una lentitud magistral que eleva el tono de la tensión, podria sonar a traves de los altavoces una nota con cuerdas graves, una orquetsa marcando un mi menor continuo, pero la realidad no es así, por los altavoces suena David Bisbal " Con el Pum Pum Pum de mi corazón".

Antoine mira a los lados, el grupo Pringles le observa. El hombre de la camioneta está ya terriblemente cerca. Entonces Maurice hace lo que nunca nadie hariamos o los personajes como Maurice nunca hariamos, pero que el instinto de supervivencia le obliga a hacer. En un movimiento digno de bruce Willis en un momento jodido, mueve el brazo, y le planta un ostión, al hombre de la camioneta, por segunda vez, digno de Toro Salvaje. El tipo se cae otra vez al suelo. El grupo Pringles entre asustadizo y admirado mira a Antoine que sale corriendo, cruza la puerta, corre hacie su coche, arranca como si llevase toda una vida haciendo peliculas de persecuciones y sale a una velocidad alucinante otra vez a la carretera nacional.

Cuando ya ve a algo alejada la gasolinera baja la ventanilla y grita:

.- ¡¡¡Joder!!!, ¡¡Joder!!!, ¡¡¡Joder!!!.

Despues con ironía se mira los pies descalzos, absolutamente negros y heridos. Muy nervioso enciende la radio. Las cosas han pasado tan rapido que alcanza a oir por ultima vez el estribillo del tema de Bisbal: "Con el pum pum pum de mi corazón". Cambia absolutamente nervioso, buscando algo que le relaje, en otra emisora se oyen unas declaraciones del lider de la oposición. mas nervioso aun, sigue cambiando, no encuentra nada y apaga. Avanza a toda velocidad por la nacional. En ese momento decide no parar hasta llegar a su casa. Hará el viaje entero. Mira el deposito de gasolina y calcula que puede llegar. En unas seis horas cree que llegará a su casa. Acelera hasta limites peligrosos, mira la aguja ascendiendo y siente una especie de poder creciente según sube la aguja en el velocímetro. ciento ochenta, ciento noventa, doscientos, incluso doscientos diez. Es un buen coche, piensa. Estable con la velocidad. Va por el carril de la izquierda, poderoso, veloz. De un desvio sale un coche, le hace señales, es un control de la guardia civil.

.- Joder!!!- y se mira los pies

sábado, marzo 04, 2006

Lo que le pasó a Antoine Maurice (Capitulo 3)

En el capítulo anterior (Aqui, nuevamente, haríamos montaje de los momentos mas dramáticos del capitulo anterior. Producción ha decidido no volver a encargarle este montaje al becario puesto que en el anterior el buen muchacho debido a la presión y la inseguridad termino metiendo imagenes muy equivocadas. Eso supuso que las altos mandos del canal organizasen una reunión de urgencia con el equipo de producción de "Lo que le pasó a Antoine Maurice". En la caliente reunión rodaron algunas cabezas y fueron despedidos los ayudantes de producción, que a su vz mantuvieron un encuentro durisimo con el bacerio, que a su vez discutió con su novia, que a su vez peleo con su hermana, que a su vez....Ya se sabe, el efecto mariposa).

Antoine Maurice se desvia hacia la gasolinera. Aparca el coche cerca de la puerta donde está la tiendecilla con miles de productos diferentes. Entra, un niño que compra unos chocolates rellenos de fresa en el pasillo del medio, le mira, dirige la mirada a sus pies y grita asustado. Sale corriendo llamando a la madre. La mujer aparece, mira a Antoine, el niño agarrado a la madre le dice asustado:

.- Mira mama, ese hombre va descalzo.

Antoine, que tras las visicitudes, lleva un aspecto algo deplorable, hace oidos sordos. Ni mira. Alrededor de la señora y el niño, se va formando un grupo de curiosos, todos muy cerca de la estanteria de las Pringles. Antoine ojea tratando de no prestar atención , la estanteria donde estan las alpargatas veraniegas, que a pesar del frio, es el único calzado que ha visto en toda la tienda. El grupo Pringles va creciendo, y ante la curiosidad y a modo de entretenimiento algunos abren las cajas y empiezan a comer. Antoine Maurice, algo nervioso ya, gira la cabeza y les mira. Unas diez personas, todas ya comiendo Pringles, le miran entre interesados y asustados:

.- ¿Sucede algo?- pregunta Maurice educadamente.

.- Debe abandonar la tienda- Dice un joven uniformado con gorra en la cabeza.

.- Perdone, solo queria comprar una de estas alpargatas. Me han robado los zapatos.

.- Debe abandonar la tienda ahora mismo- Insiste el uniformado rodeado del grupo Pringles, que espera con atención la reacción de Antoine.

.- Joder!!- Dice Antoine

.- Mama, ese señor me da miedo- Dice el niño


Se empieza a mascar un pre-revuelo. Una tensión creciente que Antoine sospecha va terminar de forma negativa contra el.

-Si no se va tendré que llamar a la policía- Al oir eso Maurice recuerda el golpe en la cara al tipo de la camioneta.
.- Está bien. Me iré.

El grupo Pringles empieza a aplaudir, se oye repetidamente un "Que se vaya. Que se vaya, ya".
Maurice, se mira los pies, empieza andar por el pasillo, se acerca peligrosamente al grupo Pringles en dirección a la puerta. algunos se abren a su paso, le miran pasar. Cuando de repente se oye.

.- Paren a ese hijo de puta ahí. Parenlo ya.

Antoine MAurice sabe en ese instante que la cosa no va terminar bien, sabe que la realidad se volverá un lugar hostil cuando ve en la puerta al hombre de la camioneta con la nariz aun sangrando.

jueves, marzo 02, 2006

Noticia

Titular:
Arrestados por el ordenador
Un programa informático vigila que se cumplan las penas de localización permanente.

Mas abajo:

...En la unidad hay gente las 24 horas del día, si el sistema fallara- aunque que nunca ha pasado- o si viéramos que están suplantando a alguien, comunicamos el quebrantamiento al juez”, señala el jefe de la unidad.

Pregunta que me hago:

¿ Quien de los dos es el preso?. ¿Los vigilantes o los detenidos?

miércoles, marzo 01, 2006

Lo que le pasó a Antoine Maurice (Capitulo 2)

En el capitulo anterior (Aquí se haría un montaje con los puntos de inflexión en la trama del capitulo anterior. Producción ha puesto al becario a realizar este montaje): Antoine Maurice pisando charco, Antoine Maurice guardando zapato y calcetín en bolsa., encuentro en carretera, huida, lanza el otro zapato, encuentra la bolsa, vuelve a buscar el zapato lanzado, aparece el hombre de la furgoneta. Fundimos a negro. Rotulo "Lo que le pasó a Antoine Maurice (Cap 2)

.- Joder!!- Se repite Antoine Maurice. Mientras el hombre de la furgoneta le observa con cierta malicia ascender.

.- Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos.¿Que coño hace ahí amigo mio?

.- Ya le digo, largo de explicar. Usted malinterpreta mi huida antes. Me fuí por que iba descalzo, no encontraba mi zapato....- Antoine Maurice se queda callado- Es absrudo- se dice a si mismo.

El hombre le mira desde arriba:

.- Pero coño, si va descalzo. Amigo, usted esta muy loco. ¿No?.

Antoine Maurice se sienta un momento en el suelo ante lo complicado que se esta volviendo su ascensión. Ambos pies sangran levemente.

.- ¿Quien cojones escribe mi vida?- se dice muy bajo

El hombre de la camioneta gira la cabeza y en ese momento ve la bolsa en el asiento del coche de Antoine. La coge, la mira y grita:

.- Pero mira lo que tienes aquí, imbecil. Aquí esta tu zapato. Amigo, usted esta muy mal, creame. Que cojones hará por ahí descalzo. He visto locos y a usted. Y ahora le voy a enseñar yo a ser mas solidario.

El hombre, cual lanzador de disco en la antigua Grecia, va girando su cuerpo con la bolsa en la mano, se inclina, gira su cuerpo hacía atrás, y en un movimiento admirablemente rapido y potente, lanza la bolsa con el zapato y el calcetín de Antoine y se ve la bolsa sobre volar algunos de los eucaliptos, desciende en un bello vuelo la bolsa, se va, se va, se pierde.

.- Hasta luego, colega.

Antoine Maurice, casi siente alivio. El bosque de eucaliptos se ha devorado los dos pares de zapatos. Como si un destino pre-escrito obligase a los dos zapatos morir uno cerca del otro, desaparecer.

En ese momento Antoine, se siente mas fuerte y empieza a subir, se resbala, pero la rabia le hace subir algo mejor. Llega hasta el coche, se mete, enciende la radio y con los dos pies descalzos empieza a conducir, nuevamente, por la carretera comarcal.

Los pies los tiene destrozados, y su plan es detenerse en el primer pueblo a comprar algun tipo de calzado. Asumirá la verguenza de caminar y entrar al establecimiento descalzo. Ya le da igual. Las cosas no se podrían haber puesto peor y lo único que pretende Antoine Maurice es calzarse, continuar el viaje y llegar a media noche a su casa.

Refelxivo, Antoine piensa entonces que la vida es como hacer auto escultura. Cada uno nace como una inmensa piedra, y desde el primer dia debes ir esculpiendote, cada dia es un paso para esa creación. El resultado solo se verá al final de tu vida. Aquí una forma contruida por ti, una curvatura buscada. Aquí un golpe desigual, torpe, no terminado. Mi propia escultura es una mierda, piensa deprimido Antoine. Me esculpo a medias, todo lo hago a medias, si fuese un buen escultor estas cosas no me sucederían. Mi vida es una escultura mediocre, mal hecha, con los pies descalzos, me olvide esculpirme con zapatos, los pies estan construidos con golpes bruscos, imperfectos, la forma que le estoy dando a mi propia escultura es un enorme error. Una piedra que sigue siendo piedra, un fallo. Si al menos no hubiese esculpido tendría una forma natural.

El mal humor ha llevado a Antoine a conducir rápido y, claro, en la estrecha carretera pocos coches pasan, al rato de conducir y casi a punto de llegar al cruce con la carretera nacional ve que delante de el conduce mas lento su buen amigo, el hombre de la furgoneta. Como aun queda casi un kilometro hasta el cruce, La furgoneta empieza a ir muy despacio, Antoine ni siquiera se atreve a adelantar, simplemente le sigue el juego. 30 por hora, 20 por hora, 10 por hora. Ambos coches van despacio, Antoine aguanta, respira profundo. 10 por hora. 10 por hora. el tipo de la camioneta saca la mano y empieza saludar, Antoine heroico, sonrie y le contesta el saludo. 10 por hora. El cruce con la nacional se ve allí, tan cerca. 10 por hora y desciende aun mas, se para.

.- Joder!!- piensa en alto Antoine. Y se toca las sienes con los ojos cerrados. Respira profundo.

El hombre de la furgoneta se baja y se acerca hasta Antoine.

.- Amigo mio!!.
.- ¿Como está?
.- Bueno, bueno. Muy sorprendido. Nos une el destino.

El hombre mira desde fuera hacía dentro. Dirige la mirada hacia los pies de Antoine.

.- Usted no sabe que no se puede conducir descalzo. Como le vea la policía a lo mejor tiene problemas.

.- Si, ya lo se- Antoine aguanta la tensión, respira y suelta con precisión y fuerza, evocando el lanzamiento que el hombre había realizado con su bolsa, un puñetazo poderosisimo en su nariz.

.- Cabrón- grita el hombre mientras cae. Antoine, poseido, sale del coche y al hombre, en el suelo con la mano en la nariz, le empieza a dar patadas en silencio, concentrado, con una fuerza que a Antoine, en las breves milesimas de raciocinio que le invaden, le sorprende. El hombre no hace nada, simplemente resiste la paliza. Las patadas son incontables, en el estomago, en las piernas, en la espalda, en la cara. De repente todo pasa. El hombre se queda inmóvil. Antoine apoya la cabeza en el techo del coche, respira, respira y grita:

.- Joder!!!-

.- Hijo de puta- le dice el hombre en el suelo. Antoine ya ni le oye, coge el coche. Arranca, dribla y se va.

Llega a la carretera nacional. Entra y comienza conducir. Se siente mal. Tiene ganas de vomitar. Tiene ganas de no parar de conducir. Se mira los pies, muy negros, con alguna pequeña herida que ya no sangra. Conduce con rapidez por la nacional. No hay muchos coches. Hay un aviso de estación de servicio a un kilómetro. Decide que es ahí donde parará a comprar su nuevo calzado, a respostar gasolina.

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