lunes, octubre 15, 2012

Neptuno

 A mi me gusta Neptuno. Me gusta por su nombre, por su ubicación, por ser gaseoso, tremendo. Ahí, entre Urano y Plutón, como si estuviera mediando. No sé por qué, pero Neptuno tiene personalidad. Lo fácil sería fascinarte con Marte o Jupiter, que es tan bestia, pero Neptuno, tiene esa cosa periférica. Y luego sus vientos, sus tornados salvajes, inconcebibles. Me imagino vivir una tormenta en Neptuno. Me lo imagino sin poder imaginarlo. Proyecto que habito como buenamente puedo en medio de esa violencia absoluta. Arrastrado por el mayor de los vientos. También su frío. Esas temperaturas inconcebibles. Sus horas, sus ciclos. Es tan radicalmente distinto que es atractivo de imaginar, de proyectarse. A veces cierro los ojos y me imagino en Neptuno. Las trece lunas. Entonces con estos ojos me imagino que veo las trece lunas, que las voy contando, que las comparo de tamaño y de intensidad de luz. Puntos luminosos tremendos o novedosos a mis ojos. Y allí Tritón. Las texturas de Tritón.

 No es que no me guste o no me atraiga el resto del sistema solar. Por supuesto que me atrae y por supuesto que se producen interrogantes y fantasías visuales con nuestro sistema. Incluso fantaseo con ver la tierra desde otra perspectiva no tan humana, pero Neptuno, ya sólo su nombre, me parecen esconder una forma emocionante de misterio o de sensualidad. Neptuno reverbera, como si algo de mi estuviera ligado de un modo astral con semejante piedra. A veces sueño que camino por un trozo reducido de Neptuno, hay gases, como en esas discotecas que sale humo del suelo, hay elementos disparatados, y un olor que asfixia. Apenas respito, voy cubierto con un traje gigante, que suena o que yo sé que suena pero no suena porque la gravedad en Neptuno aniquila y transforma el sonido. Hay una forma de silencio que parece un ruido. En realidad en mi sueño lo más desorbitado e incomprensible es la percepción del sonido. No es y es a la vez. Suena y no suena. Cae y sube. Es una música que produce un efecto casi en el tacto. El olor, ese olor tremendo y asfixiante en mi sueño, no sé si viene del exterior o de los plásticos industriales y la química inevitable de mi traje. A veces creo que mis sueños son reales, que si camino por esa parcela pequeña de Neptuno, que en realidad esa caminata neptuniana si está sucediendo y cuando despierto pienso que en realidad he sido empujado aquí, de repente, desde un año remoto, porque los años, claro está no coinciden con los años terrestres y en esa atemporalidad aún estoy allí, en Neptuno. En cierta forma vivo viviendo a su vez en Neptuno. Quizá soy gas o parte de un tornado brutal atravesando estepas hostiles de Neptuno. Quizá soy eso. Luego salgo la calle y conduzco el taxi o lo olvido, o no siempre lo olvido. Se montan clientes, los traslado or la ciudad, direcciones inconexas. Rutas entre calles y pienso que quizá eso es una imagen superpuesta de esto en aquello. Que quizá mi taxi es un gas en Neptuno. Y el cliente se baja y paga y todo, a veces, me parece absurdo.

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