martes, octubre 23, 2012

El niño

 Ese niño se medicaba con una frecuencia terrorífica. Físicamente era ligero y hermoso. Anunciaba un posible atleta de medio fondo. Internamente habitaba en un no lugar, o en un lugar desterrado y solemnemente vacío. Ese niño sufría de tristeza, una tristeza milenaria, una tristeza pozo. Su tristeza  venía del interior de la tierra. No siempre iba a clase, porque la escuela quedaba lejos y porque el transporte era caprichoso en la periferia del desierto. ¿Quién regula el horario de esos autobuses inconstantes? Y esa irregularidad aniquilaban la constancia escolar del muchacho. Así que muchas mañanas terminaba deambulando por los matorrales de detrás de las caravanas. "Cazando osos" decía él. Batallando con los leves remolinos del viento si se le veía desde lejos. Asustaba hablar con él, asustaba porque no parecía real. Hablaba como si fuera un reencarnado. Como si hubiera vivido cien mil vidas. Como si en verdad su tristeza viniera enquistada de haber visto el horror siglo tras siglo. Fantaseaba con vidas lejanas que ya había vivido y a veces abrumaba que se imaginara las cosas que imaginaba

.- Antes de vivir aquí, fui jardinero en un palacio gigante. Lleno de oro y reflejos. Siempre estaba vacío y medio abandonado.

 Su voz era siempre suave, como si temiera ser escuchado. Sus frases eran cortas y el diálogo breve. COmo si cada vez que hablara se arrepintiera inmediatamente de haberse confesado. Porque realmente cada frase parecía una confesión aunque provenieran todas de ese mundo de fantasía en el que parecía instalado. Pero no un mundo de fantasía ameno y rosa. Su fantasía estaba llena de recovecos y era retorcida.

.- A veces soy un pastor. Llevo mis ovejas por los montes. Las ovejas están porque arriba, en la montaña, las cosas se han puesto feas.

Sus frases contenían una forma de amenaza. Quizá aquellas frases venían de la fuerte medicación recetada por el psiquiatra. La madre soportaba unos gastos terribles en médicos y medicinas. La mujer sólo quería "salvar" a su hijo, decía llena de angustia y temor: "No quiero que se vuelve loco. No quiero que padezca del mal mental"

  EL chico era ágil se movía con rapidez, a veces se iba corriendo por el lado de la carretera. Como si buscara batir una marca. Yo le preguntaba si le gustaba el atletismo y él decía que no. QUe sólo corría por costumbre. Porque en la guerra siempre corría. Una guerra atroz que se inventaba, una guerra cruel y tremenda.

 Un par de años después se fueron de la zona de las caravanas. No siguieron por la periferia del desierto. Alguien comentó que se habían ido a la ciudad. A veces, algunas tardes, recordaba al chico y me daba por pensar que en realidad todo eso si le había sucedido, aunque fuera mentira, aunque fuera fantasía.

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