sábado, diciembre 08, 2012

Liberado

 La libertad extrema: ese ejercicio emocional y racional, caóticamente comedido, responsablemente loco y sin ataduras; no existe o existe para unos pocos. Unos cuantos individuos que a lo largo de los siglos la rozan. La libertad como vehículo extremadamente duro, independiente y colectivo. Ese tubo donde se mezclan con precisión ingredientes opuestos, antónimos existenciales y dan, casi como un milagro, ese resultado único y prácticamente inaccesible: la libertad. Pero no esa libertada mal entendida que buscamos como ciegos, entre ideas mal concebidas. Esa libertad empaquetada y escondida detrás del egoísmo o el placer. La libertad, la de verdad, conlleva una responsabilidad que muy pocos, casi nadie, está dispuesto a asumir. La hombre libre, se sabe parte del mundo y conoce el engranaje del que es parte. Conoce al dedillo el peso de la consecuencia de sus actos, no sólo en él, sino en el otro. La libertad liberada del prejuicio y de las sensaciones borrosas y autoimpuestas. No comunica sobre él, comunica sobre un más allá mental. No habla de su vida, habla de las tribus, de la historia, de los otros. Es crítico y feroz, pero también es sumiso y obediente. Disfruta y sufre. Es activo y pasivo. Duda y confunde su clarividencia con el delirio. Su equilibrio no impuesto con la locura y en la batalla nos e niega, ni a si mismo ni a los otros, porque sabe que sólo en la honestidad, en la duda y en la confianza, está la esencia. No se escabulle, no sale corriendo de si mismo. Asume su miseria y su virtud. Es libre por ello, porque se sabe terrible y bondadoso, inseguro y seguro, mediocre y grandioso. En ese debate abierto, sin generalizaciones, lleno de arrugas y pliegues, en cada uno de sus gigantescos debates, en cada una de sus profundidades, habita la libertad y la asume.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Real. Honesto. Existe. A por ella sin miramientos. La vida es hoy.

CL

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