miércoles, mayo 15, 2013

Vida de CH

 Compraba botellas de cinco litros de un whisky que tenía un sabor dulzón y que daba muchísimo dolor de cabeza. En esa época consumía uno de aquellos al día. Quizá algo más. CH era abrumador en todo, también en el modo de beber. No te podría decir que bebía con ansiedad, no lo hacía. Era constante, no paraba. Bebía como respiraba, como un acto puramente biológico, adherido a sus constantes vitales. Esa era la época que trató de abandonar la heroína. Lo que creo que en su caso fue peor. No tengo base científica para defender esa opinión. Simplemente sustituyó heroína por cantidades abismales de alcohol. Creo que nunca he visto a nadie beber tanto. Además el alcohol potenció su manía persecutoria. CH se instaló un mundo agotador, repleto de abominables paranoias. Después del concierto en el Fanny se le perdió la pista. El concierto del Fanny fue, sin ninguna duda, la noche más enloquecida de mi vida: consumí por primera vez cocaína. CH tocó atemporal. Toda su misera existencia, todos ese mundo ingobernable en el que habitaba salió a soplidos. Yo sentía que lo que sucedía transcurría en túneles luminosos, en cavernas húmedas, llenas de velas, en cierta manera, aquello me parecía estar sucediendo antes, en una era remota, en un escondite atemporal. No sé si tocamos media hora, tres horas o seis siglos, creo que fuimos y volvimos, estuvimos deambulando siglis y diglos y luego de rebote, por un milagro, el tiempo nos dejó otra vez ahí. Cuando terminamos CH se fue al baño y no lo volvimos a ver. Dos semanas después alguien vio como un coche le recogía desnudo en una acera del centro este. Le ingresaron ocho meses en las afueras, en un centro donde nadie podía visitarle. Pero los meses previos la vida de CH fue inabarcable. CH era adicto s todo. También a las prostitutas, no tanto al sexo, sino a esa forma de ludopatía que se encerraba en su forma de tratar con prostitutas. Le gustaba sentir la ruina en ese derroche, le gustaba pagar muy caro y cierta forma de depravación. Pasaba noches enteras sin dormir, consumiendo cocaína hasta bordar el suicidio. No sé definir a CH. No temía la decadencia o la inmundicia. En su miseria, sin rmbargo, siempre conservaba un halo de absoluta elegancia. Incluso cuando balbuceaba, cuando la intoxicación le tenían casi anulado, no resultaba patético. Simplemente allí, en ese frenesí salvaje sentía que su vida tenía sentido. CH no hubiera soportado otra forma de vida. Sólo soporta a vivir intoxicado, drogado hasta las cejas. Murió joven, demente, sin nada más que frases deshilachadas. En cierta manera era un sacrificado. Dejó todo por ser traspasado por toneladas abrumadoras de ingenio musical. Nada es explicable en lo que hacía. Su legado será eterno. Su cuerpo y su cerebro eran el precio. Fue usado por un talento irrepetible. 

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