martes, febrero 04, 2014

La ola

Sucede con el análisis de la realidad que analizamos un pedazo minúsculo y ese pedazo lo extrapolamos al mundo. Nuestras vidas parecían otras vidas, porque las analizábamos siempre con un retraso abrumador y eso nos otorgaba una percepción absolutamente desviada. En realidad, todo se sustentaba en una cadena de análisis y acontecimientos que ya venían con un enorme retraso. Una buena mañana, el retraso, como esos que aparecen cuando ya no se les espera la realidad vino de golpe. Un bofetón en mitad de la cara. De esos que dejan la marca de la mano y pican en la piel. ¿Cómo no te habías dado cuenta? De nuevo haces el análisis tardío y comprendes. El presente, por fin, ha llegado a tu vida. Ahí está y no te ha dado tiempo a vestirte bien o al menos a lavarte la cara. Quitarte un poco la cara de dormido. Nada. Ya es tarde. Te pones en pié porque quedarse sentado es una utopía irrecuperable. ¿Qué habías pensado todo este tiempo? ¿Dónde andabas? Bueno, recuperas imágenes de la memoria. De repente hasta te cuesta reconstruir todo ese tiempo estático, en el que todo iba tan bien, aunque ahora, de repente, caes en cuenta que en realidad no todo iba tan bien. Te vienen golpes de realidad, imágenes dispersas. Estuviste trabajando, a ratos bebías algo en un bar. No te viene nada concreto. Sí, las imágenes, pero como carentes de contenido. Como si colgaran de nada. Como si estuvieran deshilachadas. Imágenes por ahí. De ti incrustado en sitios, escenarios diversos. ¿Dónde estuviste? Te cuesta recordar los cinco, seis o nueve años previos. Estuviste. Quizá de eso se trata la vida o quizá la vida es ahora, este bofetón repentino y sin venir mucho a cuento. ¿Qué es exactamente la vida? Seguramente la dos cosas. Aquello y el bofetón. La laxitud y el hostión en la cara. Andabas en ello y sigues. Ahora caminas abrumado, como si hubieras recuperado alguna capacidad capada durante algunos años. ¿Siempre fue así esta calle? ¿Siempre hubo esto? ¿Ya crecían aquí estos yerbajos? ¿Nunca has estado ausente por obligación de tu realidad? Los presos sienten vértigo en la calle. Los enfermos que habitaron mucho tiempo en hospitales caminan abrumados por las dimensiones de la vida. ¿Cómo es posible que todo esto fuera tan vasto? Algo así te ha pasado. De repente es vertiginoso todo aquello por donde pasaste diariamente. Todo parece distinto. Ahora, de golpe, te abruma tu indepencia vital. Ya no lo ves como independencia, estás solo. Ahora le das el valor a la quietud cuando estuviste sin parar. Mirar la nada, mirar el vacío. No hay nada que demostrarte. La mayor diversión es ser parte de un movimiento de la nada. Ya no te activas. Te encantaría pararte en seco y ser un  cuerpo estático. Habitar sin prisa en la pereza. Ya no hay tiempo. Ahora ya no te puedes quedar a observar la nada. Imaginas que de repente no hay resultados a todo lo que haces. No hay nada que esperar. No hay intercambio. No sucede nada. Ya no hay tiempo. Ahora te apremia la vida. Ya no puedes posponer decisiones. Te arrastra una marea a la que tú también has empujado. La marea también te llegó a ti. Ahora ya estás en ello, donde creías que jamás estarías.

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