martes, junio 09, 2015

Ignorante

 Yo no tengo ni idea de las cosas. Sé muy poco de casi nada. A veces me atormenta esa ignorancia. Quisiera saber más, quisiera comprender más, no ya sólo lo ajeno, a veces incluso mis propios pensamientos, que de no ser tan ignorante como soy, al menos podría modelarlos con más eficacia, verbalizarlos, asumirlos y ser capaz de manejarlos. No aspiro ya al conocimiento enciclopédico que sé que jamás tendré, sino, tan sólo, a cierta capacidad de comprensión. Me abruma saber tan poco. De cada tema del que siempre se puede leer o escuchar, siempre mi conocimiento navega en un agujero negro, lleno de vacíos. Intuyo cosas, apenas algunos datos, pocas reflexiones. ¿Dónde he metido lo poco que sé y por qué no me ha dado tiempo a saber más? Qué frágil, además, lo poco que aprendí. Pero no quisiera conocer por ese uso mercantilizado de conocer. Quisiera saber para comprender.  No quisiera saber por poseer conocimiento, sino por comprender lo que leo y lo que pienso, pero comprenderlo de verdad, desde el tuétano. No aspiro sumar saberes como el que compra coches: también el conocimiento se ha vuelto consumista, el aprendizaje capitalista: la monetización de lo que sabemos. Quisiera conocer para comprender ciertos flujos o la cadencia de las cosas. Para poder capturar con precisión lo que escucho o determinadas intuiciones que pasean por mi cabeza. Quisiera saber más para comprender y poder aplicarlo. Quisiera saber para pelear con conocimiento por un mundo más justo. Quisiera saber porque me resulta tan abominable, y cada vez más, esta estructura social en la que habitamos. Quisiera desmontarla con criterio no con intuiciones. Saber porque eso que me resulta terroríficamente cruel y desigual lo es. No es una cabezonería, lo intuyo. La forma en que está desorganizado el mundo es evidentemente atroz, pero es atroz por lo evidente y por más asuntos que no alcanzo a entender. Soy ignorante y nunca sabré, y sólo el que algo sabe, puede producir el cambio en si mismo y en los otros. Lo poco que sé es que la mayoría de nuestro conocimiento, ese saber que impera desde lo poderoso es un saber vacío. Observar a un político o a personajes públicos emitiendo opiniones, viene en la mayoría de los casos lleno de palabras sin contenido, de significantes vacíos. En esto hay un ejemplo cotidiano, el uso permanente que se hace de la palabra sensatez. La sensatez soy yo. La sensatez es los que piensan esto que yo pienso. Todo este conocimiento en forma de agujero negro es lo que nos tiene paralizados. Y aquí entra de nuevo ese no conocimiento que padezco. Intuyo que esto es relativamente cierto, pero no puedo argumentarlo, no sé porque esto que intuyo es cierto, con lo cual no tiene ninguna validez. Sé que habitamos en un saber vacío, en un saber sin nada. Las ideologías, las reflexiones políticas de los que me rodean en el 90% de los casos no llevan saber detrás: es una maraña de emociones, de prejuicios y de acto de fe, pero no es conocimiento. Hay casos que se asemejan al conocimiento, tipos que manejan con habilidad cierto entender, pero nos movemos, y en mi caso el que más, en una masa de cosas que intuimos, pero no desciframos.

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