miércoles, junio 24, 2026

Noche de San Juan en Madrid

 A las 23:34 Claudia sale de casa con el ritmo cardiaco totalmente acelerado. Acaba de discutir con Pietro. La discusión ha variado del italiano al castellano en un orden no elegido. Las frases, a ratos cargadas de insultos, se han movido entre las dos lenguas de una manera no descifrable. La noche en Madrid es abrasadora. A esa hora el termómetro no ha bajado, aún, de los 35 grados.

Dos minutos antes, a las 23:32, en esa hora capicúa y hermosa, Rafael iba caminando por Gran Vía y ha visto a un grupo de jóvenes turistas nórdicos. Iban riendo y hablando alto. Llevaban ropas frescas y estaban, y eso probablemente no lo sabían, viviendo una noche memorable y triste. Rafael les ha visto pasar y ha visto pasar por su memoria, si es que la memoria fuese un lugar por el que pasan cosas, un recuerdo doloroso y triste. Parecen incompatibles el calor extremo y la nostalgia, pero se ha sentido profundamente triste, por una conjunción de sensaciones, imágenes y amontonamientos abstractos.

A las 23:35 Marco está sentado en la plaza del Alamillo. En un banco que hay justo en la curva que hace la calle de la Morería. La calle estaba casi en silencio. Se escuchaba desde la calle de Alfonso VI el sonido de platos de alguien recogiendo la cocina. Ha pasado una mujer con un perro. La mujer hablaba al perro con ternura, pero también dominante y posesiva. Pasaba del inglés a un torpe español. Marco ha pensado si el perro preferiría un idioma, si el perro entendería mejor una lengua que otra. El perro ha orinado en el árbol de enfrente. Un hombre con dos caniches ha pasado y, amable, ha saludado a la señora. "Solo se puede salir a esta hora" —ha dicho el hombre de los caniches—; la mujer ha contestado algo inaudible.

A las 23:34 Pietro ha visto salir a Claudia. Se ha lanzado al sofá con ganas de llorar. Claudia es cruel, piensa con frecuencia Pietro. Escucha la puerta del portal cerrarse. Duda de que Claudia vuelva esa noche. Deja la casa a oscuras. Tiene ganas de llorar. Tiene ganas de salir corriendo detrás de Claudia. Tiene ganas de masturbarse con rabia. Como una forma de venganza. Piensa en masturbarse pensando en Ale, la mejor amiga de Claudia, pero no porque le atraiga Ale, sino porque así, de alguna manera, se vengará de Claudia. No lo hace. Se queda mirando la marca de la farola en la pared del fondo del salón.

A las 23:36 una pareja se besa en la cuesta de los Ciegos. El más joven se llama Nico, el más mayor se llama Agustín. Se conocieron el fin de semana anterior. Se llevan 25 años. Nico apenas es recién mayor de edad. Agustín es un hombre casado y confundido. Es inconfundible el sentimiento de ambos. Se atraen profundamente y están merodeando ese torbellino que solemos llamar enamoramiento.

A las 23:37 Ander camina con sus amigos por la ciudad a la que han llegado dos noches antes. Está algo borracho y cansado. El calor le parece excesivo y casi violento. Sus amigos van gritando, atravesando Gran Vía, camino de un parque donde se reunirán con otro grupo de amigos. En ese momento se pregunta si merece la pena viajar. Si merece la pena el esfuerzo de juntarse con esos amigos con los que cada vez tiene menos que ver. Ya no siquiera le gusta estar con Elin. Elin le parece cada vez más lejana y extraña.

A las 23:34 Javi sale del portal en la calle de la Redondilla con sus dos caniches. Lleva todo el día frente al ordenador. Está agotado y casi deprimido. Llega al final del proyecto prácticamente desahuciado y vacío. Los últimos dos días ha estado pensando seriamente en dejar la empresa, dejar el trabajo y hacer otra cosa. Mira a los caniches girar en Alfonso VI. Baja pensando en dinámicas de trabajo. En frases y partes del proyecto. Al fondo, en el banco de la calle de la Morería, un hombre triste y apocado le mira con desgana. Ve salir a una mujer con un perro. Javi saluda. Hace calor. Tiene ganas de irse de Madrid. Recuerda entonces que es la noche de San Juan. Recuerda una noche de San Juan del año 89 en Vigo. Una hoguera memorable y la voz de Susana diciendo: tienes que lanzar un papel escrito con las cosas que quieres que se vayan. "Que se vaya la angustia" —piensa Javi mirando al hombre del banco.

A las 23:37 Julio, un taxista serio y poco conversador, coge a una mujer en San Bernardo. La mujer va seria en la parte de atrás. Manda mensajes de móvil y a ratos mira por la ventana. Julio sospecha que está a punto de empezar a llorar. La mujer le ha dicho que la lleve hasta las Vistillas. Gira de San Bernardo hacia Gran Vía. En el semáforo en rojo, un hombre que camina cabizbajo mira a Julio mientras cruza el paso de cebra. El hombre mira desde lo lejos, desde una lejanía incomprensible. Mira, eso piensa Julio, desde el pasado. Entonces Julio mira por el retrovisor y ve a la mujer, que efectivamente se ha puesto a llorar ligeramente. Coge el teléfono y manda un audio: "Hoy no duermo en casa, Pietro. No me esperes". La mujer entonces mira por la ventanilla. Julio mira en la misma dirección que ella mira. Un grupo de jóvenes turistas avanza por Gran Vía. Son kilos de euforia en medio de esa noche de San Juan, piensa mirando cómo uno de ellos avanza, torpe y borracho.

23:41 Agustín ha subido las escaleras de la cuesta de los Ciegos. Se siente culpable y extraño. Su cerebro envía señales confusas de atracción y amor y un poderoso sentimiento de culpa. Piensa en Nico, en la vida de Nico. Piensa en el futuro de Nico. En los posibles caminos de su existencia. En su belleza y en su sinceridad. En ese momento ha decidido que jamás le volverá a ver. Cuando llega arriba, ve a Nico como una figura diminuta y lejana perderse por la calle Segovia.

A las 23:45 Pietro escucha el audio breve y conciso de Claudia. Se pone a llorar. Siente tristeza e ira a partes iguales. ¿Qué hago en este país? —piensa desconsolado. Debería dejar este país, se dice a sí mismo. Concluye que lo que debería hacer al día siguiente, día 24 de junio, es irse al aeropuerto y no volver a pisar Madrid jamás.

A las 23:51 Javi llega con los caniches a las Vistillas. Se sienta en un banco y ve el viaducto desde esa perspectiva. Se acuerda de lo que le contaba su madre. Un hombre se lanzó una mañana temprano. Debajo pasaba un joven panadero que llevaba pan a alguna parte. El suicida lo aplastó con el peso de la caída. El panadero murió y el suicida permaneció vivo e ileso. Ve desde un lado a un hombre venir. Es un tipo elegante y firme. Se miran como se miran los desconocidos en un parque vacío en la noche.

23:37 Rafael cruza un semáforo en Gran Vía. El taxista detenido le mira. Él mira al taxista. Reconoce a Julio, pero Julio no le reconoce a él. Rafael entonces recuerda la época en que trabajaban juntos. ¿Cómo habrá terminado conduciendo un taxi? En la parte de atrás una mujer tiene la cara iluminada por el teléfono. Mira la pantalla y llora. Cruza. El semáforo se pone en verde para los coches y ve el taxi salir. Entonces Rafael, absurdo y caótico, para el taxi que va detrás y le pide que siga al taxi de Julio. "Como en las pelis" —dice el joven taxista. "Como en las pelis" —confirma Rafael.

A las 23:57 Claudia se baja del taxi en Bailén con Gabriel Miró. Paga con el teléfono. Da las gracias y se despide. En la acera de enfrente una mujer con un perro la mira, como se miran los desconocidos en la noche. Claudia mira la hora y ve la fecha. "Es la noche de San Juan" —piensa y sonríe con ironía. "Hay que quemar lo malo, lo que no quieres en tu vida" —recuerda. Avanza por la acera hacia el viaducto.

23:58 Agustín alcanza Bailén. Ve a una mujer pasar firme por la acera. Al otro lado una mujer con un perro mira a la mujer. Un taxi se detiene justo a su lado. Baja un hombre apocado y triste, que intenta detener el taxi de delante que ya ha arrancado. ¿Quién quiere detener un taxi bajando desde otro taxi? —piensa Agustín.

23:59 Marco ha seguido paseando. Del Alamillo ha girado y ha merodeado la plaza de Granado. En el paseo piensa que lo que menos le gusta de Madrid es que no celebra la noche de San Juan. Piensa, inocente y esperanzador, que el parque de las Vistillas es idóneo para unas hogueras controladas y que quizá hay una asociación de vecinos motivada que está celebrando algo allí. En la cuesta de Caños Viejos ve el viaducto. Sube las escaleras para alcanzar Bailén.

23:59 Claudia sabe que las mamparas que pusieron a lo largo del viaducto se pueden sortear desde el lado de las Vistillas. Entra y avanza entre el pretil y las mamparas. Ha guardado el móvil en el bolso. Ya no piensa en Pietro. Ya no piensa en nada. Mantiene una sensación parecida al sosiego y a la paz.

23:59 Rafael no ha logrado ser visto por Julio. Paga el taxi. "Se acabó la película" —le dice al joven taxista y se queda parado en medio de la calle Bailén. Mira a los lados. Mira la hora y se acuerda de las hogueras en Coruña. "Hay que eliminar lo que no se quiere" —le dijo su abuela una noche en Riazor.

23:59 Javi ve a la mujer avanzar por el viaducto y sale corriendo. Corre con los dos caniches y las correas. Los caniches ladran. La mujer se pone en pie.

23:59 Marco reconoce al hombre de los caniches corriendo por la acera de enfrente. Mira a los lados. Un poco más allá la mujer bilingüe con el perro bilingüe. Un hombre apocado y triste le mira desde la otra acera. Los dos tratan de comprender.

00:00 Agustín se ha sumado a la carrera de Marco, pero llegan tarde. Ya es muy tarde. Ya es 24 de junio. Ya es San Juan.

00:01 Pietro empieza a hacer la maleta, porque decididamente se va de Madrid. Mantiene la casa a oscuras, porque la luz, esta noche, le recuerda al fuego.

00:14 Ander está tan mareado que ya no siente nada. El grupo avanza siguiendo el GPS. La voz del móvil les indica que avancen 135 metros y llegarán a su destino: las Vistillas. Pero el puente está bloqueado. Está lleno de patrullas y luces de policía. La zona está acordonada y no les dejan pasar. "Es una noche extraña" —piensa Ander, con ganas de irse a dormir al hostal.

00:16 Nico abre la puerta de la casa de sus padres. Intenta no hacer ruido para no despertar a nadie. Sin embargo, su padre está sudado y desvelado en el salón. Le saluda con cariño y le dice que no puede dormir. Que el calor es insoportable. "Me acabo de dar cuenta de que es la noche de San Juan. Era mi noche favorita cuando era pequeño". Nico tiene ganas de llorar pero retiene, como buenamente puede, las lágrimas. "En la noche de San Juan hay que escribir en un papel lo que quieres dejar ir y quemarlo". Nico entonces arranca dos hojas de un cuaderno que hay sobre la mesa. Coge dos bolígrafos y le da uno al padre y otro para él. Escriben y queman los papeles en la terraza. Huele a humo y a verano. Nico entonces abraza al padre y se pone a llorar. El padre mira desde la terraza. Al fondo, a lo lejos, el viaducto lleno de luces azules. "Es extraño que no se celebre la noche de San Juan en Madrid" —dice contrariado.

No hay comentarios.:

Mi lista de blogs

Afuera