Llevaban dos años componiendo canciones. Habían estado discutiendo muchísimo sobre estructuras, estribillos y paisajes sonoros. Habían experimentado, pero seguía siendo música estructural. El resultado no fue malo, pero prescindible, como la mayoría de las canciones que existen.
¿Qué valida una canción? Eso nunca se sabrá.
Cuando habían terminado la grabación, mezcla y masterización, hicieron una escucha conjunta. Dos meses después el grupo se disolvió sin un motivo concreto. Entonces Pascal, guitarrista y compositor, sintió el vacío y la soledad. Decidió emprender su viaje en solitario. Pascal creía en su materia prima, en sus composiciones, en su arte. Dejó el trabajo y se dedicó de lleno a la música. Compuso varios discos de los que no se recuerda el título. Apenas algunas personas de su entorno escucharon las grabaciones. Nadie se sintió traspasado, apelado, conmovido por aquella música. Pero Pascal no desistió. "Soy músico" —decía como el que confiesa su fe en Dios. Entonces se fue de Madrid. Vivió seis meses en Nueva York y se quedó sin dinero. A los seis meses decidió recorrer y trabajar por Estados Unidos. Bajó hasta Baltimore. En Baltimore conoció a los miembros de una antigua banda de indie con los que se llevó muy bien, probó las setas y el LSD —él que había sido reacio a las drogas— y pasó una noche terrible en Patterson Park, al lado de las pistas de baloncesto, donde creyó ver hombres con forma de violín. Sintió también un pánico desaforado. Esa noche creyó morir y renacer. Se fue de Baltimore. Viajó torpemente y casi sin dinero hasta Wisconsin. Entró a trabajar en Noah's Ark Waterpark de socorrista. Una tarde sintió un golpe de calor. Le llevaron a urgencias. En urgencias creyó morir y renacer. Durmió en una casa en Church St. Pensó en la fe, pensó que lo mejor sería creer, creer en algo, pero la fe es biológica, concluyó. La segunda madrugada se despertó en esa casa que compartía con otros socorristas extranjeros. Despertó a Pier, un genovés adicto al hachís. Pier le dijo que si le volvía a despertar le mataba.
—Pier, ayúdame. No estoy bien.
Entonces Pier le miró y se dio cuenta de que Pascal sufría un ataque de pánico. Le llevó a urgencias. En urgencias le entrevistó una psiquiatra.
—¿Qué te gusta hacer? ¿Cuál es tu pasión?
—Soy músico, pero soy mal músico. ¿Cómo se resuelve eso?
—¿Por qué crees que eres mal músico?
—Porque eso se sabe. ¿Usted es buena psiquiatra? Usted sabe si sí o si no. Todos sabemos. Lo demás son merodeos que hacemos para sobrevivir. Pero yo no doy merodeos. Solo creo en la música. Solo siento pasión en hacer música, pero mi música jamás me hará vivir en este sistema.
La psiquiatra le mira y le da la razón:
—Pero ¿qué más da el resultado? —le dice ella.
Se abrazan.
—Yo creo que sí es buena psiquiatra —le dice llorando.
Ella también llora y le acompaña hasta la puerta principal del hospital. Está amaneciendo en Wisconsin. Pascal no vuelve a la casa compartida en Church St. Va hasta el terminal de autobuses y se monta en el primero sin saber a dónde va. Llega a Chicago. En Chicago pasa sus primeros días de vagabundo. Hace calor y está en un estado de ausencia. A veces no sabe si está en Chicago o si sigue en Nueva York. A las dos semanas le detienen por dormir y orinar en la calle. Le llevan a comisaría, le amenazan con deportarle. La visa está a punto de caducar. Logra un subterfugio para salir. Al salir de la comisaría vuelve a Nueva York. En Nueva York trabaja en un restaurante de tacos en Brooklyn. Una noche conoce a Pat Mahoney, el batería de LCD Soundsystem. Hablan de grabaciones, de discos antiguos, de discos actuales, de giras. Pat le lleva a su casa. Duerme en el sofá. A la mañana siguiente Pat le lleva a unos locales de ensayo. Pascal siente alegría por primera vez en dos años. Ve a Pat grabar las maquetas para un disco en solitario. Le dice que si le graba unas guitarras. Pascal, que lleva dos meses sin tocar, coge una Gibson T125 que hay apoyada en una pared y empieza a improvisar sobre una base que ha soltado Pat.
—Qué inesperado —le dice Pat sonriendo. Y lo graban.
Al terminar, Pat le paga por la grabación, cosa que Pascal no esperaba. Salen a la calle. Pascal entonces le dice que le gustaría que escuchara algo de su música. Vuelven a casa de Pat. Lo ponen a todo volumen mientras beben vino. Pat le dice que hace una música fascinante, pero que tiene poco recorrido.
—En el fondo, es como si fueras poeta en vez de músico —Pat se lo dice como halago. Pero Pascal lo siente como un desprecio. Siente ganas de llorar.
Dos días después está en el JFK. Ha decidido volver a casa. Ha comprado el billete con lo poco que le quedaba para sobrevivir.
Cuando llega a Madrid se da cuenta de que no tiene casa, de que no tiene dónde ir. Llama a su hermano para pedirle asilo. Su hermano, que está harto de él, le dice que sí, pero que solo tres o cuatro noches. Se instala allí. Duerme quince horas porque su cuerpo está exhausto. Lleva meses sin dormir bien. A los tres días, sin que el hermano le diga nada, se va. Busca trabajo, pero no encuentra. Se para en la plaza 2 de Mayo. Ve a la gente sentada en las terrazas, a unos jóvenes fumando porros, el movimiento de gente, y piensa que en el fondo su música habla de eso, por eso no lo entienden. Hay dos chicos de unos dieciocho años tocando la guitarra. Uno de ellos toca, el otro rapea. Se acerca a escucharles porque la mezcla le parece curiosa. Escucha las frases y se emociona.
—El delirio y la razón matan al corazón —canta el joven rapero.
Luego hablan. Les cuenta su viaje por Estados Unidos. Los chicos no saben quién es LCD Soundsystem y lo buscan en el móvil. Lo ponen a todo volumen. Pasan dos tipos de aspecto moderno y sonríen.
—Hemos llegado ya al revival de LCD —dice uno de ellos al ver que dos chicos jóvenes lo oyen.
Los modernos se detienen y los cinco empiezan a hablar de música. Pascal cuenta, de nuevo, su aventura con Pat Mahoney. Los modernos invitan a Pascal y a los dos jóvenes al piso de uno de ellos. Beben vino, escuchan música y aparece más gente. Dos horas después el piso está lleno de gente. Pascal habla con un tipo que trabaja en una discográfica independiente y le habla de su música, de su viaje, de su proyecto vital, que no existe, pero que Pascal cree que existe. El tipo de la discográfica, que se llama Juan, le dice que ponga su música para que la oiga todo el mundo. Pascal está borracho y se anima. La pone a todo volumen. Se produce un silencio atronador en el salón. Nadie habla. Todos escuchan. Pascal sabe que a nadie le está gustando. Entonces detiene la música y habla.
—Solo sé hacer esto. Solo me interesa esto y, sin embargo, no lo sé hacer. ¿Qué se hace cuando sucede esto?
Nadie contesta durante unos quince segundos. Es el ambiente más melancólico jamás visto, porque es como si todos cobraran conciencia de que el arte, sobre todo, es absurdo, importante, fundamental, pero absurdo. Entonces Juan, el de la discográfica, le mira y le dice:
—Pero ¿por qué todo es una mentira? —y se pone a llorar.
Es ahí cuando el rapero y su compañero, el de la guitarra, empiezan a tocar. Improvisan unas estrofas hermosas, directas, punzantes, pero llenas de poesía. Todos escuchan atentos. Juan, que ha dejado de llorar, activa su motor empresarial y, al terminar, les ofrece contrato. Ellos aceptan exigiendo más dinero y sus condiciones. Dos meses después, May Sarton System, que así se llaman, han publicado su primer single.
Pascal camina por el paseo de Extremadura escuchando las dos canciones de adelanto de May Sarton System. Reconoce, sin ninguna duda, que la segunda, "El viaje de Pascal", habla de él, y se emociona. La letra es hermosa y épica y es un hermoso homenaje de los dos jóvenes a él. La escucha otra vez con lágrimas en los ojos. "El delirio y la razón matan al corazón. La poesía y la canción son parte del mismo amor. El poeta y el gran músico son canciones sin caparazón." Se detiene frente a la parroquia de Santa Cristina y le manda un mensaje a Pat: "Tenías razón, más que músico soy poeta. Abrazo, amigo." Pat le contesta que ese verano tocan en Bilbao, que viaje para verles, que le invita. Pascal siente que es, probablemente, uno de los mejores días de su vida.
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