lunes, octubre 20, 2008

Olor

Olía mal. Todo lo mal que se puede soportar. Hay un punto en los sentidos que se sienten tan aturdidos que comienzan a rozar otros sentidos. Olía tan mal que comencé a sentir zumbidos en los oidos y una leve ceguera. Como si el olfato dijera que aquello tenía que ser cosa de todos, que aquella carga no la podía llevar en exclusiva y exige a los otros sentidos que acudan al rescate.

No se puede describir el olor, puedes hacer semejanzas, puedes evocar olores que recuerdan a otros olores, sumar fragancias que sumadas pueden ser un resultado parecido al que se percibe en un momento exacto. Hay olores absolutamente independientes, inclasificables. El mal olor puede ir asociado a otros malos olores. Si algo tienen los malos olores, sobre todo en las ciudades, es que guardan muchas semejanzas entre si. Los buenos olores son otro mundo, llevan tanta carga que cada uno es un mundo, pero los malos tienen, no siempre, eso si, mucho de parecido entre ellos. Aquello no era ya un olor, aquello casi se podía tocar. Era casi solido. Hice el esfuerzo natural, respiré a bocanadas para sentir eso las menos veces posible. Aguantando la respiración la mayoría del tiempo. Me fui mareando. Los otros hacían lo mismo. Apenas hubo quejas, quejarse era hacer un esfuerzo que requería oxigeno extra y nadie estaba por la labor de desperdiciar oxigeno, de quedarse sin el mas rápido. El oxigeno había que administrarlo con tiento. Estabamos encerrados a oscuras, y estar sin luz casi se agradecia, se tenía la sensación de que usar la vista sería usar energia y por la mismo mótivo del ahorro, no queriamos ningun gasto extra. Como en toda situación extrema traté de pensar en otra cosa, de ausentarme mentalmente de ese presente. No lo logré, pero si conseguí tranqulizarme. Noté el tacto de uno de los compañeros, me dieron ganas de acariciar esa piel, como el recuerdo de algo humano, algo alejado de ese horror. Porque esa piel llevaba cariño, recuerdos de todo lo que estaba alejado de ese infierno. En esa piel había algo humano, en esa piel imaginé jabones deslizandose, el agua del mar, el mismo olor humano del sudor me parecía en ese instante el paraiso del olfato. Un olor que mi cuerpo acepta y codifica, no eso, aquello que nos estaba torturando, machacando las entrañas. Era una masa, una masa terrible y fria. Una masa que traspasaba cada poro de la piel y te invadia, como una guerra biológica entre el aire y tu cuerpo en la que este se iba venciendo. Escuché un lamento, mas lamentos, alguien comenzó a llorar, alguién gritó, nadie, lo supe desde ese instante, lo hacía por temor a la oscuridad, por angustia del encierro, no. Todos lo empezaron a hacer para evitar por siempre ese olor. Soy incapaz de calcular el tiempo que pasó. Encendieron la luz, uno de los nuestros había caido rendido al suelo, abrieron la puerta, entre tres cogimos al desfallecido y lo levantamos, salimos corriendo.

Al cabo de tres horas llegué a casa. Durante tres dias no pude comer. Cada cosa que hacía, cada momento de mi vida llevaba impregnado ese olor. Lo fui olvidando, lentamente.

Preguntas sin respuesta

Hagamos el ejercicio, pongamonos en su piel. Claro, este ejercicio de partida es complejo, apenas manejo unos cuántos datos de su vida, poco conocimiento incluso de su personalidad. La he visto dos veces en mi vida, y puedo jurar que en el primer minuto ya la miré y recurrí a la frase paradigma del prejuicio:" uy, que chunga es esta". Lo pensé, no se si con esa nitidiez, pero lo pensé. Apenas habían transcurrido un par de minutos de aquella reunión y no recuerdo que dijo, parecía muy colaboradora, dispuesta a ayudar a ese par de freelance que venían a terminar unos trabajos. Ahora incluso trato de descifrarme a mi mismo. ¿Que vi que saltaron las alarmas?. Hay un fondo segun como construimos las frases, y mas cuando se habla de trabajo, en el que tiendo a creer adivinar quien se defiende como si aquello fuese una batalla campal. Dejan un poso por debajo, haciendo ver, dejando clarito que la cosa no deberia ir con ellos. Es mas, creo que todos lo hacemos. En la vida laboral las pelotas se te hinchan con cierta rapidez y la selva es la selva, nadie te va a dar un duro gratis. Lo peor que puedes hacer en determinadas selvas laborales es tener dudas, ahí te vienen todas de frente, esas viborillas que tanto temen por su puesto de trabajo, que tan constantemente lo ven amenazado, ya sea por su jefe cabrón o por un freelance perdido que va con la unica intencion de terminar un trabajo y largarse a su casa. Para esta viborilla amenazada da igual. Eres una amenaza. Y como dudes ante ella, como le tengas que consultar algo que tu desconoces, estas jodido, amigo. No lo va a hacer.No va darte información que ell considera es la que la mantiene en el puesto. Si ella dice algo de lo que conoce, ya sea una gilipollez o una simple consulta profesional, tan normal a lo largo de los dias que se ejerce ya sea de informático, panadero, carpintero o editor, no va a colaborar, y no sólo no va a colaborar, sino que va a salir corriendo a decir que tu no tienes ni zorra de la profesión. La viborilla, está jodida, no la conozco de nada, pero está jodida. Vivimos tiempos raros. La gente siempre cree que se va quedar sin curro, que todo se va ir al demonio, que van a cerrar las empresas, que en poco tiempo su vida puede tambalear. Hay mucho de eso en todos los sitios donde voy. Miedo, un miedo extraño a que todo va a desaparecer. Tiene mucho de agotador eso, a veces me da por pensar que es un juego perverso, una manera de tener al rebaño controlado. Si temen no flaqueran, harán siempre lo que tengan que hacer, pero es mi tendencia a la conspiración, que en el fondo siempre es una respuesta fácil. Es complejo y mas en esta época que tienen a todo el mundo con el agua al cuello, ahora hasta el mas pintado está amenazado. Parece un juego suicida, ¿A quien le va a tocar?. Tu, yo, ¿Quien?. Este temor se traslada a la junglilla diaria. En los trabajos, mas cuando eres freelance, que vas de un sitio a otro, te encuentras de todo pero en general hay mucha solidaridad, mucha ayuda. Como autónomo tienes que llegar a muchos sitios donde desconoces dinámicas, pero también aspectos tecnicos sencillos por que se practican a diario, pero que desconoces por no haber pulsado con el ratón nunca esa opción. Es común ver que alguien se acerca y en treinta segundos te explica eso que tu desconoces. La frase común del "Aquí lo hacemos así", a ti te queda clarito y no tocas mas las pelotas a nadie. La viborilla no sólo no aclaró, sino que aprovecha la debilidad para hacer campaña con la gente que te llama. Supongo que es la crisis, que tantas portadas y noticias genera, la crisis que amenaza, que asusta, y ya sabemos que pasa con lo que asusta que lo primero que dispara son las neuras y las paranoias. Espero que no se multiplique el efecto, por que es bastante desagradable y antipático el asunto.

sábado, octubre 18, 2008

El encargo

Le ví venir. Caminaba recto, serio, como si no hubiera una sola parte de su cuerpo que hiciera un mal gesto al andar. Como si cada parte de su cuerpo hiciera el movimiento correcto, exacto preciso en el siempre complejo arte de andar. Se iba acercando, la calle se iba estrechando entre él y yo. Yo esperaba sentado en aquel banco que daba al puerto, abajo unos hombres entraban y salian de un barco, uno de ellos hablaba muy alto y comentó al otro algo sobre el periodo vacacional que se abría para ellos. Cuando ya estuvo a mi lado me saludo, la voz era profunda, las palabras las mas educadas. Me levanté, nos dimos la mano, intercambiamos unas frases cordiales y me entregó el sobre. Se despidió y se giró. Cuando ya le veía de espaldas abrí el sobre y conté el dinero. Faltaba una parte, ese no era el dinero acordado. Me quedé unos segundos quietos. El instinto me pedía salir corriendo tras el y hacerselo saber, pero su seriedad me cohibía, como si aquel sintoma de debilidad, aquella manera de actuar ante tanta rectitud fuera en error, un fallo imperdonable. Esperé y caminé rápido, traté de darle alcance antes de que terminará el puerto, prefería que no nos vieran juntos ya entre las callejuelas del centro. A unos metros de él le llamé, giró y se detuvo. Le mostré el sobre sin hablar, comprendió en seguida, sin gestos, sin preguntas me contestó inmediatamente:

.- Falta la parte que considero justa por que usted no cumplió completamente el trato.

.- Yo hice lo que usted pidió. Yo no he fallado. Usted les quería muertos y muertos están.

.- Si, pero te dije que él primero. No fue así. Se que no fue así

.- ¿Que sabrá usted de lo qe ocurrió en aquella habitación?

.´- Lo se creame. Cada noche, cada madrugada ella me visita. Me describe y me atormenta narrandome el encargo. Su acción torpe. Su brusquedad. Yo le pedí a usted limpieza, cero sufrimiento. Yo sabía que esto iba a suceder. Sus visitas nocturnas, sus reclamos. Esto va mas allá. Este tormento es sobrenatural. Ella no era de este mundo.


Miré a ese hombre por ultima vez, me giré y traté de olvidar esas atormentadas palabras, ese incidente estupido y acepté el precio de perder dinero por no volver a ver a ese loco. En el juicio ya no apareció. Le encotraron muerto en la misma habitación de hotel donde yo cumplí el encargo.

viernes, octubre 17, 2008

Diálogo

.- Leimos unos cuántos parrafos. Lo dejamos. En seguida se ve el truco. Este hombre está acostumbrado a manejarse en un lenguaje ambigüo. Utiliza esa zona difusa para engañar y hacer creer que su obra es mas elevada de lo que realmente es. No hay nada detrás de sus textos, sus argumentos son planos, casi infantiles. El viejo truco de usar un lenguaje mas sofisticado para aumentar en intelectualidad. Este autor carece de honestidad, se adivina un acomplejado que usa para si mismo, para creerse alguien, la literatura. No hay emoción, no hay pensamiento en este hombre. Hay un cúmulo de palabrejas reunidas con la pretensión de hacer una obra culta. Malo, muy malo.

.- Si?. A mi me gustó la historia. Me emocionó a ratos. Está bien. No es el mejor libro qe he leido. Pero ¿ Todo lo que leo tiene que ser tan sublime?. Me lo pasé bien. A veces reí, a veces sentí cierta tensión. No hay mas. El lenguaje no me desconcentró. No me resultó tan artificial.

.- Es literatura de medio pelo. Un autor del que nadie se acordará pasados diez años. Ni tu mismo recordarás haber leido eso. Un libro mas. No puedo evitar sentir que pierdo el tiempo leyendo eso mientras hay grandes obras qe aún no he leido. Yo no quiero perder el tiempo



.- A mi las cosas me gustan o no me gustan. Entiendes?. No hay mas detrás de todo eso. Me ponen un canción en un bar, en una casa, me pasan un disco, me recomiendan a alguien y cuando lo escucho me gusta o no me gusta. A veces pasa que no me gusta del todo pero intuyo que un par de escuchas mas, familiarizarme con ese nuevo sonido, me va a llevar a un terreno realmente emocionante. Luego ya vienen las explicaciones, luego ya le pongo palabras a ese porque. Es como los economistas, que analizan el asunto cuando ya está montada la bola, pero en el momento no tienen ni idea de que está pasando. A menudo he ido al cine con gente y sale y ya tiene la crítica. Yo no soy capaz, yo no soy tan rápido. Veo la película, la atravieso y al dia siguiente voy comprendiendo mi reacción ante lo visto, según salgo del cine solo puedo decir: "Me gusta", "No me gusta". No puedo comprender muy velozmente lo que ha sucedido, las intenciones del tipo. No soy capaz de analizar en diez minutos lo que alguién ha estado pensando ocho meses. Luego si, luego ya voy medio descubriendo cosas, mis propias reacciones, intuyo intenciones, pero en el principio no es mas que una bocanada de sensaciones que me resultan agradables o no, me transportan o no. Me ponen a pensar o no.

.- Es la posición pasiva.

.- O no

jueves, octubre 16, 2008

Once años después

La última vez que la vi fue hace once años. Subía a casa llorando de despedirme de todos estos, con una sensación entre la nostalgia y la épica que dudo vuelva a sentir, marqué su piso antes de marcar el 10 que era el mio. Me bajé y toqué en su puerta para despedirme. Yo sabía que aquello era definitivo, casi no hablamos, nos dimos un pequeño abrazo y me fui. Se acabo, así creo que se cerró una étapa. Desde ese instate mi vida había cambiado radicalmente y si algo tenía en ese instante era la certeza de que así era. Había en aquello cierto temor, pero a su vez era lo que empujaba. Se acababa si, pero es que se tenía que acabar. Todo aquello, aquella gente, aquellas ciudades, aquella vida se qedaba atrás y yo recorría aquellas horas con una conciencia casi exagerada de que así era. Miraba cada calle tratando de no olvidar detalle, cada cara, cada frase y si me fui a despedir de ella en el último momento era porque nadie como ella representaba aquel ciclo que estaba agonizando. Ella era el simbolo definitivo de todo aquello, de los nueve años que se cerraban.

Muchas veces, evidentemente, he vuelto a pensar en ella. Con el tiempo se fue convirtiendo en una figura con un cierto halo de ficción, esa gente del pasado que en nuestra cabeza se convierten casi en algo imaginado mas que en algo real. Así le podía atribuir la magia o el destino que yo quisiera, tenía la libertad total de recrear una vida casi a mi antojo, o al antojo de mis exageradas melancolías. La convertí sobre todo en un olor, un olor que nunca volvía oler, pero era, curiosamente un olor, parecido al de algunos perfumes que alguna vez he olido por la calle. No exactamente ese que he olido en metro, autobuses o esquinas de calles de Madrid pero muy parecido.El año que volví allí no la vi, como dormí otra vez en aquel edificio miré muchas veces hacía su ventana donde yo sabía y todos me habían dicho que ya no vivía. La ventana estaba igual,las casas cambian mucho por dentro, pero las ventanas apenas cambian, es dificil que se cambien las ventanas en unas reformas de un piso de un edificio, estas estaban igual, pero a ella no la vi. Tampoco hice el intento de buscarla, cosa de la que luego me arrepetí.

Hace tres dias he vuelto a saber de ella, nos hemos intercambiado tres mensajes donde de manera algo veloz nos hemos contado nuestros respectivos presentes. Me parece que no tengo absolutamente nada que ver con ella, nada. Eso lo sospechaba entonces, pero la dirección vital de cada uno lo ha demostrado o creo que lo ha demostrado. En cualquier caso hay una distancia física pero además otras distancias inalterables, pero aún y a pesar de eso, a pesar de lo correcto de los mensajes, que no se han excedido ni una frase en lo emotivo, de esa distancia insalvable, de esas vidas ajenas hay un transfondo,o creo ver, quizá imagino, un transfondo mas hondo. Hay algo además de fascinación con el paso del tiempo. Once años dan mucho de si. En once años se viven por lo menos dos o tres vidas. Si te descuelgas tanto tiempo de alguien once años después te cuesta explicarte esa persona, con esas varias vidas de las que no tienes ni idea. Vete tu a saber de sus angustias y de sus grandes momentos, de sus tedios, de esas cosas que brevemente la han ido transformando. Cuando ves a alguien once años después hay mas incomprensión, casi, que cuando conoces a una persona de cero. Nos resultan mas incomprensibles. Tu intuyes a aquel en este, pero no es del todo o no es casi nada. La misma cara es pero no es, el estilo que se adivina en esa foto tomada rápidamente sin ninguna retensión te ofrece una imagen en la que te resulta extraño ver a esa persona de entonces. Si, es la misma, apenas variaciones en los rasgos, son tan mínimas que las hacen casi ya otro rostro. Se ha ensanchado muy leve la cara, los ojos están, casi imperceptiblemente, mas enterrados, hay otros que ni percatas, no descifras pero en esas minimas variaciones ya hay otra persona que ha ido absorviendo esos once años qe tu desconoces. Entonces hablamos en tres mensajes brevemente con aquel de entonces, ella hablará con aquel que fui y que yo creo que es el mismo y seguramente ya es otro también. Yo he estado estos once años conmigo y no percibo la variación diaria, pero caminé por el lado, por este por el que voy y no tengo la comparación de aquel y este y ella habla con aqul como yo hablo con aquella mas que con esta y algo tiene de viaje en el tiempo, de desdoblamiento temporal. Nos buscamos ella y yo en el otro que ya no es, que ya se fue, que se fue modificando diariamente, ns buscamos yo en ella hace once año, ella en mi hace once años, en el fondo te buscas para tratar de entender y lo mas extraño es que nada nunca se comprende. Ahora mismo se es siempre otro

miércoles, octubre 15, 2008

resultados alterados

La enorme confusión de los elementos nos llevó a pensar que un fallo en las pruebas había dado resultados alterados y que el proceso había fracasado. En algún momento miré al Dr Blanco que miraba perplejo hacía la pizarra buscando una respuesta que jamás obtuvimos. El Dr Blanco abandonó el laboratorio de repente, colgó como cada tarde la bata en el casillero y salió a la calle. Jamás volvió. Durante algunas semanas se trató de localizarle, pero al ser un especimen solitario no había mucha huella de su existencia. Simplemente el Dr Blanco desapareció. A mi me despidieron, el contrato que tenía era por obra y al entregar los resultados simplemente no me renovaron. Vinieron tiempos extraños, me planteé evidentemente tratar de conseguir plaza en la universidad y dar clases, luego bajé el listón y me presenté para los institutos. Finalmente me fui de viaje durante seis meses a Marruecos. Viví un mes y medio en Marrakech y conocí a Abdul, con quién establecí una amistad agradable. Con Abdul viajé al Sahara y ahí tuve unas sensaciones extrañas. La segunda semana en el desierto tuve fiebres y unas terribles diarreas, Abdul me había llevado a casa de sus padres y allí me atendieron. Creo que llegué a delirar o vi algo que espero no fuera real. Nunca lo conté. Una madrugada salí y casi me come el cosmos encima. Fue una manta que de repente te asfixia, se apodera de ti, te cubre y apenas te deja respirar. A lo lejos en medio de la nada vi unas sombras, estaba agotado, débil, pero aquellas sombras se movían tanto y eran tan profundas y potentes que me fui acercando para descifrarlas. Había tres personas, eso fue lo primero que identifiqué, me seguí acercando, el poblado se iba quedando atrás, y me iba acostumbrando, aunque nunca te acostumbres del todo, a ese cielo poderoso sobre la cabeza, la noche exagerada del desierto. Uno de los tres hombres al ver que me acercaba tanto se levantó, vi que tenían algo entre manos, algún objeto no identificable, pensé en magia negra, a uno de los que se quedó sentado le goteaba sangre de una mano, el que se había levantado me habló pero no le comprendí. Luego vi que los otros dos se levantaban, me miraban con cierta violencia uno de ellos tenía la cara empapada pero no parecía sudor, era tan excesivo el goteo que pensé en agua, pero parecía algo mas viscoso, el otro llevaba una camiseta con la cara del Dr Blanco y ahí sentí como jamás había sentido, un golpe único y casi solido, casi visible, de terror, de vértigo. Lo que mas miedo da es lo que no se comprende y aquello no tenía, para mi, ningún sentido. A pesar de la debilidad de los varios días enfermo salí corriendo de allí y volví a donde los padres de Abdul, me metí en la cama y durante mucho reato hice ejercicios de respiración para calmarme y tratar de dormir. Cuando desperté recordé lo sucedido y acordé conmigo mismo, que aquello había sido un delirio, un fallo producido por el agotamiento. Volvimos a Marrakech, pero algo en la actitud de Abdul había cambiado, me fui a Casablanca, luego estuve en Rabat, finalmente llegué a Fez donde pasé los mejores días de aquel viaje. Al tiempo volví a casa. Tuve varias propuestas de trabajo para varios laboratorios. Fue entonces que alguien me dijo que habían encontrado el cadáver del Dr Blanco en Budapest, que aparentemente se había suicidado. Yo recordé la noche del desierto, pero seguí convencido del delirio, aunque siempre, siempre, en estas cosas te queda la duda.

domingo, octubre 12, 2008

No es necesario escribir todos los dias un post

Estuvo durante tres años buscando la conexión entre dos números de teléfono que había encontrado al azar. El trabajo le demostraría que todo puede tener, siempre, una conexión. El primer numero lo vió anotado en una servilleta de papel que había en el suelo de un bar de Lavapies, no llevaba nombre que lo asociara a una persona. El segundo lo encontró anotado en un libro que había sacado de la biblioteca. Este estaba anotado en la página 98 en la parte alta de la hoja de "Lord Jim" de Joseph Conrad, era un teléfono fijo de alguién que se llamaba Javier. No fue obsesivo con la busqueda, simplemente le dedicaba ratos esporádicos a lo largo de esos dos años. El primer número de teléfono pertenecía y eso fue relativamente sencillo de averiguar a una empresa de envases que estaba en un poligono industrial de Getafe. La conexión, al cabo de dos años la pudo encontrar. Javier, el tal Javier, era un grafista de un canal de televisión. En la empresa de envases de Getafe trabajó durante siete meses, Almudena. Almudena y Javier no se conocían pero JAvier conocía a Marcos, amigo de un ex novio de Almudena. Quedó demostrado finalmente que dos numeros de telefono al azar tienen, de algún modo una conexión. Esto no modificó nada, no aportó nada y dos años después de averiguaciones este comprendió que el ejercicio había tenido mucho de absurdo. Y lo olvidó con cierta rapidez.

Este final, evidentemente, da sentido al título del post.

sábado, octubre 11, 2008

El otro que es él mismo

En una competición de egos hubiera quedado seguramente en primera posición, pero nunca sucedió, primero porque no hay competicion de egos, cosa que resultaría muy absurda, y segundo porque alguien con un ego tan disparado no hubiera participado en semejante evento, pero su ego era una cosa con todas las caracteristicas del gigantismo. Quien mas y quien menos tiene sus arrebatos, su relación compleja con el ego. Este es un animal que va por libre y a menudo juega malas pasadas al propio autor, nunca consciente del poder de este animal que habita dentro y que actúa en otra dimensión, independiente al cuerpo que lo carga. El ego es como un globo que se hincha con apenas unos cuántos soplidos de aire. Por otro lado ¿quien acepta así, sin mas, que es un don nadie?, que su vida es un cúmulo de desinteres para los otros, que nuestras opiniones apenas interesan. El ego construye, invisiblemente, su propia red interna y nos lanza hacía un posición privilegiada donde nosotros somos importantes, de algo invisible, de algo irreal, de algo extraño, pero ahí, en ese sitio inexistente, el ego nos hace comandantes. Hay egos aceptables, digamos que son los que aparecen en proporciones normales. Esto es dificil de medir, pero escenificandolos, son esos egos que se presentan y normalmente no se elevan excsivamente por encima de la persona que los carga. El ego se presenta en alguna frase, en algún gesto, en algún acto, en alguna anecdota, va haciendo un equilibrado acto de presencia. Pero luego está el otro, el que se superpone a todas las capas, el que está siempre, el de "aquí estoy yo". Ese ego tan enérgico, tan potente, tan rítmico. El ego está ahí, con qu tenemos una relación parecida a la que tenemos con nuestros analisis de sangre. Suben algunas constantes, menos globulos rojos, sube el colesterol, mas plaquetas, pero ¿Quién es capaz de controlar eso? Te haces una dieta apropiada, evitas determinados alimentos para controlar esos resultados, pero algo en la sangre va a su ritmo. Al final eres un cúmulo de genes y de información que no puedes controlar, sino ¿Quien iba a enfermar? Supongo que el ego lleva mucho de eso. Hay quién lo tiene altísimo, en grados peligrosos, pero va por dentro, ajeno a los intereses de ese que lo lleva. A veces hablas entre los otros y le ves que aparece, como una especie de hombre invisible que te tapa la boca, se apodera de tu voz y empieza a hablar. No siempre eres consciente, pero cuando le pillas te quedas impresionado con sus artimañas, está ahí, por delante, por encima de ti mismo. En el caso que nos lleva, ego no se va, se queda siempre y debajo vive casi ya sin aire el que lo carga, debajo hay o se sospecha un buen tipo, pero ego, que es como un globo cada vez mas grande y crecido, le entierra en si mismo. Tengo la certeza de que debajo de ese ego descomunal habita un gran tipo, pero ego cada vez nos lo pone mas dificil. Y lo intenté, te lo puedo asegurar, colega, pero ya me voy cansando.

jueves, octubre 09, 2008

Una historia no necesariamente triste

En el último momento dijo algo que nadie entendió, cerró los ojos y se murió. Así y de ese modo pasó a formar parte del extenso mundo de lo muertos. Visto de ese modo, y eso lo pensó su hermano mayor mientras le veía en sus primeros segundos en ese otro lado, el mundo de los muertos, la cantidad de ellos es mucho mas amplia que la de los que están vivos. "Hay mas muertos ya, que vivos deambulan por este planetilla" se dijo y vió a su hermano menor al que curiosamente recordaba haber visto casi nacer, al que recordaba haber visto en esos primeros minutos de vida, cuando su padre eufórico salió y dijo casi gritando:" ya está aquí Abel" y les hizo pasar donde estaba su madre con Abel entre los brazos y a él, eso lo recordaba ahora mientras le veía palido y tieso, le sorprendió el tamaño minusculo de sus manos y los ojos tan cerrados, como si se los hubieran pegado con cola de carpintero. Ahora le veía y recordaba a aquel recien nacido mientras estaba recien muerto. Aquellas manos minusculas y estas arrugadas y envejecidas, maltratadas después de esa muerte agónica y tremenda, las mismas manos y el tiempo por medio. Le miraba y casi sentía alivio, no por otra cosa sino porque la muerte suponía en el caso de Abel un gran alivio, el fin del dolor. Sus hijos miraban al padre entristecidos, pero si se percibía ese alivio final que dejan los que agonizan. Esa muerte esperada como la salida de un lugar claustrofóbico y frio. Y él miraba a su hermano menor, al bueno de Abel y le daba por recordar, ahora sin nostalgias los acontecimientos de una vida relativamente feliz y placentera. LA muerte del otro da para jugar con la balanza, las virtudes y defectos de Abel. El buen humor y su contagiosa risa, su soberbia en otros momentos, su torpeza laboral, su capacidad social, su facilidad para el cariño, su incapacidad para empatizar con determinadas experiencias, su bun oido, su buen gusto para la literatura y la música su exagerada manía de gobernar en determinadas situaciones, su buena conversación. Abel era eso que se comprendía entre las manos diminutas y esas rigidas y frias de la muerte. El pequeño Abel, ese anciano que acababa de fallecer. Sintió la certeza, como un luz que de repente ilumina tu propia vida y supo que de algún modo ahí comenzaba el princpio de su propio fin. Lo aceptó sin dramas, sin tragedias mientras unas enfermeras tapaban el cuerpo de Abel y se lo llevaban. No había dolor, había la aceptación de que el tiempo pasa y que el suyo de algún modo estaba marcando los minutos finales del partido, que es rloj había entrado en el tiempo de descuento. Miró al cielo y pensó que ni siquiera así, ni por eso creería en un dios, si algo comprendío o aceptó mas que nunca es que después de esto nada, que Abel era, inevitablemente, unicamente, un recuerdo de los vivos.

miércoles, octubre 08, 2008

Narración

Nos lo empezó a contar a las 10 de la noche. Habíamos terminado de cenar, algunos estaban bebiendo algún licor, se fumaba, yo me quedé simplemente escuchandole. Arrancó sin grandilocuencia, su tono de voz era suave, muy amable, luego sospeché que todo era intencionado, de haber empezado con un tono épico o dramático la atención se hubiera disminuido y nadie hubiera aguantado las siete horas que duró la narración de aquel acontecimiento terrible. Ni siquiera s enganchó la historia en un punto lejano del pasado, apenas nos úbico, nos situó tanto geógraficamente como temporalmente y ya arrancó con e aconecimieno en sí. Diría yo que su narración duraría casi lo qe duro aquel hecho, fue lineal su manera de contarnoslo, sin desviarse en pequeños acontecimientos, si breves apuntes de sus emociones, breves reflexiones sobre la condición humana cuando se enfrenta al límite, cuando se enfrenta a su propia moral. Nadie comentó, el monologo se extendió a lo largo de aquella sobrecogedora madrugada. Su voz desmenuzaba aquello que fue un instante, un presente de su vida. Todos escuchabamos. A las siete horas, las cinco de la madrugada confesó su crimen. Se quedó callado, miró al techo y suspiró. El silencio aguanto algo mas de medio minuto, nos miró sin esperar nada de nuestras miradas, simplemente recorriendo las caras a las que había confesado por primera vez aquel crimen del que nunca se había encontrado un culpable. En ese instante se levantó de la mesa el primo Jim y desapareció. Supimos en poco tiempo que había ido a denunciarle, le encerraron en la carcel y se abrió el juicio. Algunos años después leí en el periodico que había muerto encerrado, se habló de suicidio, pero el espinoso acontecimiento s fue desvaneciendo en pequeñas notas del periodico local hasta no ser ya nunca tema de conversación, al primo Jim me lo encontré a los pocos dias. En su cara vi la expresión de un hombre atormentado y sentí cierto placer de venganza en ese gesto desquiciado e infeliz. Nadie, salvo el, que hubiera escuchado aquella confesión hubiera reaccionado de tal modo. Nunca nadie de los que estuvimos ahí comprendimos a Jim, seguramnte ni el mismo.

martes, octubre 07, 2008

La sordina de la trompeta

El trompetista se quedó absolutamente sordo en medio del concierto. No comprendió nada los primeros quince segundos. Un golpe tremendo de silencio en medio de aquel compas, le hizo abrir los ojos y observar perpeljo la cara de ese público poco exigente que miraba con atención y con bebidas en la mano el avance de un concierto olvidable. Escuchó ese silencio atronador, soplaba con intensidad la trompeta, miraba al resto del grupo cada uno golpeando sin excesiva precisión sus instrumentos y comprendió, transcurridos esos quince segundos, que la sordera se había apoderado subitamente de su vida. Siguió tocando guiado por la memoria y por el conocimiento, casi hastio, de la pieza que estaban ejecutando, mirab la mano derecha del bateria para poder, visualmente, seguir el tempo de la canción. No se dejó acobardar por el miedo o la paranoia, en medio del público, pero fue realista y comprendió que esa sordera no era pasajera, era una visitante con intenciones de quedarse a vivir. Sopló y sólamente el contrabajo notó algo extraño, le miró y sonrió, esperando un gesto por su parte. No insinuó nada, siguió tocando.

viernes, octubre 03, 2008

Esta mañana

Han cambiado algunas cosas en ese hospital desde hace cinco años. Han ido haciendo obras de esas que tanto hace el gobierno de esta comunidad, que tienen siempre un aspecto plástico, como si utilizaran materiales a medio hacer. En esas reformas hay un brillo extraño, como si el material usado tuviera una componente para brillar mas y acentuar el efecto de novedad sin embargo le da a todo una sensación de fragilidad. Son reformas que desde el minuto uno ya se saben caducas, que en apenas unos pocos años ya se habrá ido al garete todo ese esfuerzo por sacar brillo. En cualquier caso el hospital ha cambiado, se ha quedado enterrado al lado de las cuatro torres y sin embargo mantiene esa esencia antigua, de edificio depresivo que tanto lo remarca. He pasado por debajo de la ventana donde estuve tantos dias y he sentido una sensación lejana pero con ciertos ecos de nostalgia. Evidentemente no es nostalgia, seguramente es el sitio del mundo donde menos me apetece volver, pero sin embargo ha habido un eco de aquello. Aquellas mañanas oyendo Sigur Ros o Yo la Tengo para sentirme vivo de nuevo, aquellos ritos, las enfermeras entrando, el saludo con aquel compañero que una vez vi fuera y fue tan raro. Una vez leí que los compañeros de la carcel no tienen sentido fuera, creo que eso es extensible a los de hospital. se crea un vinculo tan peculiar que afuera no tiene ningún sentido y roza el absurdo. Nos vimos en un concierto de Blur y luego tomamos algo y cuando nos despedimos yo creo que ambos fuimos conscientes de que jamás nos volveriamos a ver, y así ha sido. Blur tampoco volvió y aquella gira creo que tampoco tuvo mucho sentido, sin embargo The Good, The bad and The Queen, el grupo fugaz de Damon Albarn publicó hace un año y algo uno de los discos que mas me han gustado en los últimos tiempos. Hay algo metáforico en eso. No se el que, pero algo. Así que he pasado por debajo de la ventana y he pensado que han pasado cinco años ya. Aquel vertigo, aquel encuentro con la fragilidad humana, aquel viaje por lo liviano de la vida. Es curioso pero de alguna manera hasta hace cinco años creí que era inmortal, dentro de esa habitación descubrí que no, que resulta que yo también tengo billete para el otro lado. No se que mas pasó ahí dentro pero salí siendo bastante mas optimista, y eso que los cabrones se llevaron un organo a cambio, salí siendo absolutamente mas feliz y quizá he sentido nostalgia de eso. Fue jodido estar ahí, pero tuvo algo de hermoso, no el hecho de estar ahí sino el después, la resaca. QUizá he sentido nostalgia de eso o mas que nostalgia agradecimiento. No se muy bien como explicarlo, pero me he quedado mirando la ventana y me he sentido alegre.

jueves, octubre 02, 2008

Dentro

Huele a champú y a café. Poco ruido: una de las puertas que se acaba de abrir, el ordenador agitado por ahí dentro y nada mas. Verse se ven mas cosas. La vista es el exceso, se ven un montón de cosas y la descripción de cada una llevaría un montón de tiempo, de frases. Pero verse, lo que se ve conjuntamente es la casa. Está la mañana con su luz que entra y avisa, ya la luz entra diferente estos dias, ya se nota el cambio de luz, esa impercetible variación diaria. La luz es mas tenue pero muy agradable, los dias del último verano, el primer verano aquí, entraba con potencia, con una energia tremenda. A grandes rasgos esto es lo que hay. Ella se irá en breve, yo me quedaré aquí con ese trabajo por terminar y tratando de avanzar con él lo mas posible por que el tiempo sin avisar se me está viniendo encima. Es jueves, un jueves mas. Tan indescifrable el dia que viene, tan cercano y tan lejano, está ahí, estamos en el y sin embargo iremos pasando sin saber que va a pasar. Inexplicable. Afuera del universo no hay tiempo. Aquí vamos sobre el como surfista en la ola. No tanto dentro como si sobre el. Es jueves, otro que jueves que se desliza y que llegará a la orilla y ya, una ola mas.

miércoles, octubre 01, 2008

Instantes

A las cuatro y media de la madrugada dejó de escribir. Miró hacía el techo frotandose los ojos, encendió un cigarillo y se asomó a la ventana, era la primera vez que se levantaba desde las once de la noche. En la calle no había nadie y aquello le pareció que tenía que ver mas con el final de lo que acaba de escibir que con la realidad misma. Abrió la ventana y dejó entrar el frio aire del invierno, unicamente se escuchaba el ruido del ordenador, el ventilador o algo que jamás el comprendería, pues los ordenadores para el tenían mucho de irreal, de inexplicable. Lanzó algunas bocanadas de humo contra ese frio cuando el ordenador dejó de emitir ese sonido inexplicable. Se volvió a sentar, cogió el ratón, lo deslizó por la pantalla en dirección "Archivo", bajó la flecha entre las diferentes opciones y le da a guardar, en ese instante el ordenador se va a negro, se detiene, se para, se apaga del todo. Mueve el ratón esperando algo, no sabe que es pero algo. No sucede nada, mira debajo de la mesa, trata de encenderlo pero no lo consigue durante algunos segundos no comprende nada. Esta cansado, acaba de terminar la que el considera su mejor novela, la mas trabajada, el argumento mas tremendo. Esta agotado, inquieto pero además de todo esto siente una cierta satisfacción sabedor de que acaba de concluir el mejor texto o el texto que tantos años llevaba buscando.

Evidentemente las cosas son lo que parecen. A la mañana siguiente un informático, amgio de su editor confirma la tragedia. Insalvable, irrecuperables todos los archivos que hay dentro de ese disco duro. De alguna manera eso le recuerda a la muerte, o lo que debe ser la muerte; un fin donde nada, absolutamente nada ya se recupera, se devuelve. De un cajón recupera la parte salvada del texto, lo que llevaba hasta un par de dias antes que había decidido imprimir el camino andado con ese texto. Falta la parte final, la apoteosis, la cumbre de su creación, pero eso, lo asume con cierta rapidez no sin dolor, es irrecuperable. Entonces piensa que apenas son dos dias y que emulando el ritmo y la intensidad logrará recrear las mejores páginas de su obra. Se dice:" El libro de antemano ya está en la cabeza, unicamente hay que ordenarlo, sacarlo". Se sienta, repite las acciones. Comprueba que aún habiendo cierto parecido el nivel no es exactamente el mismo, se ha perdido parte de algo, no sabe el que, pero hay algo que se esta perdiendo en esta nueva recreación. Se detiene y piensa que quizá debería tomarse un descanso, olvidar lo anterior y empezar como si nada hubiera pasado. Espera un par de dias mas, se sienta de nuevo y arranca, otra vez las sensaciones son negativas. Vuelve a pararse. Un año después decide publicar lo que ha concluido después de un largo tormento. NO ha conseguido alcanzar la precisión, el ritmo, la cadencia que había logrado en aquellos dos dias que ahora el mitifica y considera mágicos. Desde entonces su obra se basa unica y exclusivamente en una busqueda de aquellos dos dias irrepetibles. Nada vuelve a ser lo mismo

martes, septiembre 30, 2008

Blogs

Anoche estuve en una cena, la mayoria de la gente eran desconocidos o gente con la que tengo poco trato, pero gente, eso lo pensé mientras avanzaba la cena y las conversaciones, gente realmente agradable. Se abrio el espinoso tema del Blogguer y los comentaristas. Evidentemente me mantuve en silencio, opiné cobardamente con el bando de los que no tenian blog y me metí con cierta distancia, manteniendo la compostura, cuando salió el complejo asunto de los usuarios anónimos. La mayoría de los bloguers hablaban pestes de estos. Los tildaban de cobardes, de tipos con problemas con la libertad. Una persona admitió ser usuario anónimo varias veces y reconozco que a mi se me despertó el instinto de la curiosidad. Ella hablaba que le molestaba ese tono del comentarista de blogs casi siempre vacio, que los blogs que leía muchas veces quedaban corrompidos por los analisis tontos y vacios que había en los comentarios, que mas que por querer comentar, ella sospechaba que en el comentarista de blogs hay un afan de publicitar su propio blog, una especie de "te dejo mensaje que para que leas mi blog". No dije nada. Sólo cuento con una comentarista fija y estoy absolutamente convencido que sus motivos no son esos. Si tengo un usuario anónimo, este es rarillo, pero simpaticón, pero tampoco dije nada. No conozco sus motivos, pero evidentemente no son los de la chica que ejerce de anónima y que ayer me explicó y argumentó sus motivos. Para ella ser usuario anónimo tenia algo de rebeldia, de protesta, de no ser, de comentar sin cara.. La crítica no tiene por que tener rostro, viene de una zona que no necesariamente tiene que tener caras. Creo, o así lo entiendo, lo mismo sucede con el bloguer. De ahí este juego de nadie sabe quien es el otro. Pero me pareció curioso que exista la posibilidad de que usuario anonimo y bloguer se conozcan y se hablen y conversen y en el fondo uno y otro, sin saberlo, mantienen una relación diferente, paralela en esta red infinita de mascaras

lunes, septiembre 29, 2008

Fiestas

Llegué a la fiesta cuando ya había bastante gente. Saludé a los anfitriones y me acerqué a coger algo de beber. Comprendí en ese momento algo en lo que no había reparado, que estaba solo y que no conocía a nadie salvoa los dueños, así que pasee despistadamente entre la gente observando la fiesta. El jardín era amplio, muy cuidado y realmente agradable, lo habían iluminado tenuemente y de fondo sonaba música en directo, me acerqué hasta donde los músicos y me quedé viendoles tocar. Desde la posición donde estaba traté de ver que gente venía a esa fiesta, no estaba acostumbrado a fiestas como esa y quería adivinar o curiosear en ese ambiente diferente. Al rato la anfitriona, la persona que me había invitado y que conocía por trabajo, me llamó y me presentó a alguna gente. Mi poca capacidad para ese tipo de conversaciones se vió compensada por la gran facilidad de los otros, que se manejaban en ese trato con enorme faciliad. Así que durante un buen rato hablé con un grupo de gente de diferentes asuntos tales como los beneficios de un buen vino o algunos sitios donde se come la mejor lubina en la ciudad. No aporté mucho pero escuché y lo pasé bien en ese rato. El grupo se diluyó lentamente,cada fue a saludar a otros y me ví de nuevo solo, asi que me acerqué de nuevo hasta donde los músicos, que comprendí sería mi centro neurálgico durante el rato que permaneciese en esa fiesta. Un hombre se me acercó en ese instanté, saludo con amabilidad y dijo algo que no acabé de escuchar pero asentí, como se asiente cuando no nos atrevemos a decir que no hemos entendido lo que se nos ha dicho. El hombre de repente me llamó por mi nombre y me sorprendió, pregunté si nos conociamos, y no contesto simplemente me dijo que si quería ver algo sorprendente le acompañase. Por alguna extraña razón que aun hoy no alcanzo a comprender le seguí. Pasamos por el jardín y llegamos a una especie de casa de servicio, muy pequeña, realmente pequeña. El hombre abrió una puerta y me dijo que entraramos. Al cruzar la puerta ví a tres tipos enormes dentro, apagaron la luz, y me golpearon cerca de quince minutos, o al menos es me pareció a mi. Luego me ataron, me metieron en un coche y viajaron. Pasaron varias horas o perdi el conocimiento. Me bajaron del coche en medio del campo y me metieron en una casa viejisima. Había dos hombres as ahí. Uno me saludó y me snetó frente a el. Me miró y luego estuvo hablandome durante tres horas. Lloré, reí, pasé por muchas emociones. Me soltaron en medio del monte y no volví a saber de ellos. TArdé cerca de cinco dias en volver a casa. Me repuse y lentamente fui olvidando la incomprensible experiencia. Algun tiempo después me encontré con la anfitriona de la fiesta, casi enfadada me preguntó porque me había ido sin avisar de la fiesta, sin despedirme. Me quedé un minuto callado y le conté lo sucedido. Ella me miró con cierta indignación. Nadie de los invitrados, según ella se correspondía con la descrpción de esa persona. Insistí, le mostré mis moratones. Me miró y me dijo que ella no sabía de que hablaba, que si estaba loco. Me gritó. Desde entonces comencé a espiar obsesivamente aquella casa de la fiesta, noche tras noche observaba los movimientos. Comprendí que hay se movía algo extraño. Movimientos indescifrables, gente que aparecia y se iba o que no salía en toda la noche. Varias semanas despues el hombre que me secuestró apareció en un BMW y se bajó, entró y salió con la mujer, la anfitriona, se montaron en el BMW y arrancaron, les seguí. Salieron de la ciudad por carretera, me mantuve a una distancia prudente. Reconocí el desvio un par de horas después, la carretera estrecha por en medio de la sierra, se dirigian a la casa donde me tuvieron a mi. Reconcí el camino que yo había hecho totalmente golpeado y herido de vuelta. PAré el coche, lo escondí entre los árboles y subí el resto del trayecto caminando entre el bosque. Vi la casa, vi el BMW en la puerta. se abrió, hablaban con normalidad, había risas, ningún sintoma de nada extraño. Salieron al porche, el hombre y la mujer, alguien venía detras. Entonces ví que con ellos venía mi ex mujer, hablando con normalidad, con mucha confianza. Y me quede congelado y sin entender. Aun hoy, sigo sin entender.

domingo, septiembre 28, 2008

Historias

Se conocían desde hacía casi 20 años. Era una relación sólida, una amistad y una confianza ganada a punta de años juntos, de viajes en común, de tantas cenas hablando de literatura, de politica o debatiendo con entusiasmo algún nuevo programa de la televisión. De esa relación cuadrado se podría decir que no habia fisuras, las parejas se llevaban bien entre todos, no había ningún punto debil y después de 20 años la relación estaba basada en un cariño muy bien cosntruido, en un respeto común y sobre todo en el buen humor de los cuatro. Aquella cena podría ser una cena mas, otra de esas que se mezclarian en el recuerdo, las conversaciones se hilaban, se pasaba de un tema a otro, nada diferente. Alguien propuso una cerveza, una copa para después y así fue. Las mismas risas, los cuatro sentados anarquicamente en una mesa de un sitio mas, de fondo sonaba música no recordable. Asi mientras hablaban sobre la última película de un director afamado, contrastaban opiniones, reflexiones comunes, detalles y recordaban otras peliculas de ese director, cuando de repente Alfred se quedó callado, brevemente, un detalle que nadie percato, todo corría normal, los otros tres hablaban y Alfred comenzó a reirse fuerte, muy fuerte y nadie se percató de nada, la risa de Alfred entre el bullicio, como tantas veces, como tantas noches y Alfred se reía mas y mas y ya hubo algo raro cuando Molly giró y le preguntó con una sonrisa que cual era la risa, y Alfred se desternillaba, se reía cada vez mas fuerte, agarrandose el abdomen, esa risa que no se detiene, y Joseph se sumó a la curiosidad y preguntaron que detalle no habían percatado, que se les había escapado para no comprender la risa de Alfred y Alfred se paró brevemente de reir, porque la risa profunda nunca se detiene en seco, colea un rato sobre las frases que explican el motivo. Alfred aún frotandose los ojos arrastrandoi las lágrimas producidas por la tremenda risa. Y entonces dijo:

.- Jim, es Jim que me estaba contando algo que le pasó ayer.

TRes segundos de silencio entre los tres restantes.

.- Jim, Jim con sus cosas. Jim ayer que salió y que volvió tarde a casa y llegó borracho.

Y de nuevo la risa, la risa que crece. Y nadie comprende. Y Alfred que mira a los otros tres mira a un lado, a un lado vacio e invisible, a un lado vertiginoso que hay a su lado, mira y habla a ese vacio que tiene al lado.

.- Jim, cuéntales. Cuentales lo de anoche, que es buenísimo.

Y ya nunca nada volvió a ser lo mismo. Jim, inevitablemente, se apoderó de todo.

jueves, septiembre 25, 2008

Extrañas explicaciones

Al fondo alguién afinaba un Cello. Yo estaba en la puerta de una vieja casa en medio del campo, un dia de otoño y sin saber porque me venían las notas de un cello afinandose. Me resultaba incomprensible ese sonido, como solo resulta incomprensible las cosas que oimos sin saber porque nos están llegando a nuestros oidos. Llevaba cinco dias en ese sitio solo, estaba tan solo, y acostumbrandome tanto a ese silecio permanente que a menudo decía palabras en alto y me resultaban una invasión, de repente el lenguaje emitido, las palabras pronunciadas, no las que se piensan, las que van por dentro, sino las otras, las que salen, me parecían una autentica agresión. Así que me acostymbre a escuchar el silencio del campo, del otoño en ese estancia temporal en aquella vieja y destrozada casa de pueblo. Así hasta que escuché aquel Cello, aquel arco deslizandose por la cuerda, aquel sónido profundo que me llegó hasta el pecho. Miré a los lados y pensé:"Joder, sabia yo que esto iba a pasar. Al fin y al cabo llevo toda una vida esperando la alucinación definitiva. La perdida total de la noción de la realidad", pero no, seguí escuchando y me giré, entré en aquel espacio vacio que en su tiempo debió ser un establo y me encontré con un hombre mayor afinando paciente y parsimonioso un hermoso Cello. Saludé con descaro como tratando de dejar claro que aquello no me parecía bien, aquella repentina invasión. El hombre me miró y sonrió tiernamente. LA cara se llenó de arrugas en ese cariñosisimo saludo. Me queé entonces quieto esperando el siguiente momento, para ver por donde trasncurriria la situación. El hombre, se calentó las manos, lanzó la boina al suelo, miró hacía arriba como esperando las indicaciones del cielo o de alguien importante que habitase en las alturas y comenzóa tocar. Durante cinco mintuos pensé que me había muerto y que aquello era un rito de bienvenida en el mas allá, con todo y que no creo en el mas allá, aquello resultó sublime. No puedo decir que tocó aquel buen hombre, pero dada mi fácil tendencia a la lagrima no pude evitar dejar correr unas cuantas por la mejilla ante aquella mística situación. El hombre frenó en seco la ejecución y se quedó absolutamente estático. Tanto que primero me quedé quieto, habituado como estaba en ese instante a que todo fuera extraño, no me moví, pero comprendí unos cuántos segundos después que aquello pasaba de lo extraño a lo incomprensible. El hombre se había muerto. Luego llegaron ustedes, entraron y casi no recuerdo. Creo que ustedes me montaron en el coche y ahora estamos aquí. ¿Que mas quiere que le diga?.

.- Que lo entienda, amigo. Que ese hombre era su padre.


miércoles, septiembre 24, 2008

La última noche

A esa hora no suele quedar nadie en el edificio. LAs demás plantas tienen las luces apagadas y se potencia, por ese vacio, el ruido de los aires acondicionados y tus pasos sobre el suelo de la oficina. A veces me gusta quedarme a esa hora soolo, terminando algún proyecto. Hay muy buenas vistas, el edificio es de los mas altos de la ciudad y te puedes quedar viendo la noche sobre la ciudad, el paso de los coches abajo en la avenida. Esa sensación extraña de ver tu propia ciudad desde una perspectiva que no te incluye. Mirarlo todo a traves de una especie de filtro. Luego vuelves al trabajo con esa concetración que no te da el dia con toda la gente caminado alrededor, hablando y el movimiento constante de la oficina. Llevaba un rato en eso cuando de repente se fue la luz. Se quedó todo a oscuras. Me quedé cerca de quince segundos sin moverme, esperando quizá a que volviese, pero no sucedió. LA oscuridad seguía presente. Me levanté, iluminado por las luces que venían de la calle y recorrí el pasillo, este sin ventanas, muy oscuro y de díficil transito. Me acerqué hasta la puerta y descubrí que estaba cerrada. Hice un par de movimientos, para tratar de abrirla, pero fue imposible. Vólví hasta mi mesa y marque el numero de la recepción de abajo, no me daba señal. Marqué el teléfono de mi casa, pero tampoco dió señal, entonces busqué mi móvil. Tarea imposible en esa oscuridad creciente. Decidí sentarme y respirar hondo, estaba indignado, sentía una terrible indignacion con la gente de seguridad del edificio que habían cerrado la planta sin comprobar si había gente. Miré hacía la calle, la ciudad se apagaba lentamente, cada vez menos coches abajo, cada vez menos gente despierta. Pensé, no se muy bien porque, en un amigo de la infancia, un chico del que nunca supe nada mas. Me volví a sentar y traté de pensar en alguna solución. Levanté el teléfono obsesivamente, muchas veces hasta que entendí que el teléfono definitivamente no tenía linea. Traté de encontrar mi abrigo en el cuarto de las perchas, pero era imposible, la oscuridad ahí dentro era total y no recordaba en que zona lo había dejado colgado. Siempre dejo el móvil en el abrigo, al jefe de mi departameneto no le gusta que suenen nuestros móviles en horas de trabajo y prefiero dejarlo allí, ajeno a los ojos de esté. ME levanté y caminé hasta la puerta y entonces me encontré en medio del pasillo con Susana Molina. Esto se comprendería mejor si contase toda mi vida, pero no lo haré, no ahora. Susana Molina en medio del pasillo. Quieta, visible en medio de la oscuridad, reconocible y con actitud extraña. Me quedé quieto, como el que ve una aparicioón, pues al fin y al cabo esta lo era. Susana Molina. La misma cara, el mismo pelo, el mismo cuerpo. Ella, como entonces, como aquella vez. LA miré una y otra vez, uno frente al otro en medio del vacio o esa sensación de vacio. LA oscuridad potente y ella extrañamente visible en esa oscuridad a la que los ojos no se hacían:

.- Pero ¿Tu?. ¿Que haces Susana, que haces aquí?

.- Se acabo GUIstavo. Se acabo. Estás muerto.

Y así, exactamente así, morí en aquel instante. No puedo decir mas

martes, septiembre 23, 2008

Amsterdam

Sonó el vinilo y en seguida reconocimos que aquello era un gran disco. Cada uno siguió bebiendo lo que tenía a mano y todos permanecimos callados al menos los primeros quince minutos del disco. La trompeta de Jesse se desplazaba como una serpiente, una melodia minima que se arrastraba por un fondo casi quieto, los platos de Nick marcaban un tempo lento, suave, acompasado con el contrabajo de Carlitos. Poco mas, sin embargo en aquellos quince minutos parecía que todo se había detenido. El trio tenía la virtud de detener el tiempo y de crear una atmosfera realmente única. Si algo sucede con la música, con la buena música, es que el tiempo se convierte en un instrumento mas, tu percepción de los minutos sufre variaciones, es un acordeón que aunque no suene, marca definitivamente el estilo de lo que se estña escuchando, el Trio sometía el tiempo a un impresionante prolongamiento. Los minutos ya no eran minutos, eran otra cosa, posiblemente mucho mas larga. El contrabajo d carlitos se quedaba tres compases solo, repitiendo tres notas obsesivamente, entraba el plato y luego un golpe de aro, una nota de la trompeta irrumpía, como irrumpe por ejemplo un coche de madrugada en una calle vacia, y se perdía. La vida es fugaz y todo lo que sucede en ella pasa y se va. Nada se detiene. Durante la escucha pensabas en cualquier cosa, sobre todo en ese aspecto indescifrable de la vida, la percpeción de la realidad. Todo quedaba cubierto por esa manta invisible que creaba el trio, todo era lento, laxo el principio de algo que no se sabe muy bien que es. Al rato alguien habló, dijo que el disco era bueno y que necesitaba un empujón."Hay público para esto, pero hay que buscarlo. No podemos esperar que el público lo busque" Dos meses después de editarse el disco "Amsterdam", Jesse apareció muerto en el baño de una cafetería del centro. Se habló de muchas cosas los meses después de la muerte de Jesse. Recuerdo, como valida, una sola cosa. Algunas semanas después salí con Carlitos, todavía estaba afectado pero algo en el era ajeno al bullicio por la muerte de Jesse. Me habló de no se que pacto, de una historia oculta entre los tres. Habló de unos poderes extraños de Jesse, de como le había visto tocar en el local cuando preparaban la grabación de "Amsterdam".

.- Jesse no ha muerto. Se lo han llevado. Creéme. Jesse no era de aquí. Vino a grabar Amsterdam, nos eligió a nosotros. Amsterdam es un mensaje en clave y solamente ahora estoy aprendiendo a descifrarlo. Jesse era de lejos, de otro mundo, venía a contarnos algo, a avisarnos del error. COmo el que ve algo desde la lajania y puede advertir al que esta cerca y que por esa misma cercanía no puede ver el peligro. LA clave está en la parte final de la primera pieza de la cara B de Amsterdam. Cerca de los últimos compases de la canción hay un aviso, hay un mensaje. Escuchalo, aprende a leer lo que dice esa trompeta. Jesse no ha muerto, se lo han llevado los suyos, los de afuera. Aun tenemos tiempo de escapar.

Aún hoy, tantos años después oigo ese fragmento y esucho no se si un mensaje, pero si unoi de los fragmentos mas hermosos de la música del siglo 20.

Eternidad para Jesse, donde quiera que esté.

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