<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-9263764</atom:id><lastBuildDate>Thu, 24 Dec 2009 06:26:22 +0000</lastBuildDate><title>.</title><description></description><link>http://blogges.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Henry S.)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1144</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-7013467922147354561</guid><pubDate>Tue, 22 Dec 2009 08:06:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-22T11:07:59.707+01:00</atom:updated><title>Nieve</title><description>Lo extraño no resultaba sólo que hubiera nevado, que lo era. Lo raro era caminar por la Argimiro Bracamonte dejando las huellas de los zapatos marcadas en el suelo y sentir un frío terrible mientras un Ruta 6 pasaba deslizándose con precaución en el giro para subir la avenida Venezuela hacia arriba y del interior del autobús saliera, hacia ese gélido e irreconocible exterior, una vieja canción de Nat King Cole. Eso era raro, aunque evidentemente raro era ver cada calle de la ciudad cubierta de nieve. Cada esquina, cada tejado, cada árbol. Decidí caminar un poco, alcancé la puerta del Parque del Este. Había algo incluso paranormal en recorrer aquellas ciudad, bajo la cortante temperatura de aquella mañana. Había algo inusual en aquellas calles vacías. Me detuve y pensé que por otro lado tampoco había que alarmarse, "los habitantes de esta ciudad desconocen el frío. Temen salir". En la puerta del Parque del Este tampoco encontré a nadie. Miré mis huellas en la nieve que venían casi lineales desde la Avenida Venezuela, pero aparte de mis huellas no había otras huellas. Giré y decidí seguir hacia abajo. Fui paralelo a la valla del parque. Dentro no había nadie pero reconocí un perro a lo lejos haciendo círculos, como si de algún modo persiguiera sus propias huellas. "Perro bobo pero astuto" pensé sin saber muy bien que escondía esa conclusión. Alcancé el monumento al Sol. Desde ahí vi que el centro comercial estaba cerrado. Seguían si pasar coches, solo de vez en cuando algún ruta vacío y emitiendo música poco común a los rutas. Me puse en el centro y pensé que ese monumento potenciaba una extraña sensación de vacío que siempre asocié a la ciudad. Sin embargo, cubierto de nieve, resultaba algo más acogedor en su interior. Di varias vueltas al monumento. Empecé como el perro, a seguir mis propias huellas y sonreí, casi solté una carcajada y comprendí la conclusión "Perro bobo pero astuto". Al ver mis huellas varias veces marcadas, me detuve de repente, algo asustado "¿Qué hace Barquisimeto nevado?". A lo lejos vi una persona viniendo por donde el cuartel. Me quedé un buen rato observando a aquel tipo venir. Mucho rato después comprendí que aquella figura humana venía, también, hacia el monumento al Sol y más tarde aún, comprendí que era El gago. Subió el tramo de escaleras sonriendo contento y me abrazó al llegar arriba: "¡Cuantos años hace, Leprince!". Sentí una ternura especial hacia El Gago. Había engordado y tenía una cicatriz, que no tenía antes, en medio de la cara. Me miró de repente preocupado y me dijo: "Pero no deberías estar aquí. Esto es zona prohibida. Lo han tomado" Miré a los lados y vi la ciudad vacía. El silencio se rompió bruscamente por una sirena intensa y absoluta que recorría la ciudad, una llamada a algo. El Gago me mira y me dice que es la hora, que nos vayamos a los subsuelos, que viene más nieve&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; .- ¿Qué subsuelos, Gago? ¿Qué nieve? Aquí no nieva, aquí no hay subsuelos&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; .- Son los nórdicos, Leprince. Ahora son los nórdicos los que manejan este peo&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-7013467922147354561?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/nieve.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-5942089147113895832</guid><pubDate>Sat, 19 Dec 2009 19:05:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-19T20:40:00.570+01:00</atom:updated><title>Los años del tigre</title><description>Despertó en medio de la madrugada, en esa hora imprecisa que no es ninguna hora porque es indefinida y constante la noche y nada se desvela al que abre los ojos. Despertó y se puso en pie convencido y firme. Decidido, pero sin saber para que estaba decidido, sin saber que había en esa contundencia y en esa fortaleza de aceptar y caminar rotundo hacia un acto desconocido. Se puso en píe, por la ventana entraba la luz tenue de la luna y de la farola que había justo al lado de su casa. Tendió la sábana, un acto que le pareció simbólico y revelador. Se puso los zapatos y salió hasta el coche. Se metió, lo encendió y se puso en marcha. Sabía que iba a algo " a lo más importante de los últimos diez años" pero aún cuando ya conducía y avanzaba a oscuras por la carretera de la meseta, en dirección a los pozos seguía desconociendo cual era ese acto definitivo al que acudía. Avanzó como si una voz muda le dirigiera, se desvió en el camino de tierra cerca de las fincas. Condujo a saltos por esa vía imposible y complicada. El coche parecía no aguantar la irregularidad y la dureza del camino pero siguió. Avanzó decidido. Se puso paralelo al río, esquivando la frondosa vegetación que iba en aumento. Se quedó un rato hipnotizado por el meneo de la luz lunar en el reflejo del agua, pero no estaba para poesías, estaba para epopeyas, para mitologías. No consultó el calendario, ya lo haría en los años posteriores. Si atendió a determinadas emociones, a los recuerdos imprecisos que acudieron de repente, a ese repaso veloz y esa sorpresa repetitiva en los hombres pero siempre demoledora que es presenciar y percibir la velocidad del paso del tiempo. El coche brincaba desquiciado ya por la casi imposibilidad de seguir avanzando. Entonces lo detuvo, lo abandonó casi a la orilla del río y avanzo el resto del camino a pie. No dudaba de seguir, pero si se preguntaba a cada paso:"pero ¿Dónde voy? ¿A qué destino acudo?". Y siguió. El río también suena de noche, pensaba, también recordó algunos viajes, algunas lecturas, algunos sueños y la sensación de lejanía constante de todos esos años. La sensación de ser una alienígena de las emociones en un planeta que aún estando en su planeta parecía un cosmos olvidado para determinadas sensibilidades.  Recordó algunas frases y algunas conclusiones definitivas de su vida ahí y siguió caminando cerca del río, atravesando la selva ya, ese terreno desconocido y temido pero que esa noche respondía al escenario. Había sido llamado y él acudía. Sintió el vacío entre la vegetación, la hostilidad de la naturaleza y recordó a Camus y una noche febril que leyó a Camus y lo sintió tan cercano que casi lo confundió consigo mismo. Camus no había escrito aquello, lo había escrito él y Camus fue la excusa pensó aquella noche mientras leía determinados párrafos y ahora recordaba un párrafo entero, una sensación determinada. Entonces tuvo delante de él, por fin, inequívocamente al Tigre. Estático, sereno, expectante.  Se detuvo, miro sin furia pero con intensidad al animal que a su vez le miraba. Comprendió entonces. Ese era su destino, a ese instante acudía. La selva, la noche y el Tigre. Pasaron unos segundos milenarios. Ojo contra ojo, líneas paralelas que se enfrentan en un punto intermedio en la madrugada salvaje, rodeados de oscuridad y selva. Avanzó, el tigre reculó para afianzar la postura, la posición exacta de las garras contra la tierra, la curvatura exacta de las patas para atacar justo a tiempo. Monod avanzó sin temor, sin dudas, el tigre aún afianzó un poco más la postura. Animal y hombre enfrentados en la noche. Tigre y Monod a centímetros, instinto contra instinto.El tigre ejerce la presión exacta de sus patas contra el suelo y comienza el salto. Monod, saca entonces el cuchillo con precisión milimétrica, sabiendo que esos diez últimos años cuelgan y viven en el filo del cuchillo, atraviesa la piel, las primeras texturas, los músculos y el corazón del Tigre. Siente el peso insoportable del animal colgando del cuchillo, sostenido por su brazo. Suelta al animal y mantiene el cuchillo en la mano. Se gira y suspira. A lo lejos el primer brillo, el cambio casi inapreciable de los tonos de la luz. Empieza el amanecer. Avanza Monod por la selva.  Se acaban los años del tigre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt; Con profundo respeto y admiración, a mi hermano Monod&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-5942089147113895832?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/los-anos-del-tigre.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-5742732304508195739</guid><pubDate>Fri, 18 Dec 2009 17:22:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-18T19:12:07.887+01:00</atom:updated><title>Aeroamor</title><description>No se si hay que culpar a los aviones o a las alturas, pero en el aire la amaba y en tierra la ignoraba. Yo no tenía decisión racional sobre eso, sobre ese sentimiento movedizo e incomprensible. Tampoco sobre que la empresa nos enviara cada semana a puntos geográficos tan distantes como equipo de control de proyectos extranjeros. La decisión venía desde arriba y la acatamos como se acatan las decisiones empresariales, sin rechistar. A mi Marina no me caía mal, pero la realidad apabullante de tener que viajar semanalmente con ella  a lo largo y ancho del planeta me produjo cierta incomodidad al principio. Todo sucedió rápido. Marina es seria y eficaz y coordinamos y organizamos nuestras tareas con velocidad de crucero. Al poco estábamos haciendo nuestros primeros viajes de control. El primero fue a Budapest, la empresa tenía una obra abierta en uno de los puentes del Danubio, un proyecto grande y ambicioso. Embarcamos un martes para estar en Budapest hasta el viernes. Acordamos, siempre, tratar de pasar la mayoría de los fines de semana en casa, con nuestras familias. Ambos éramos ambiciosos y serios laboralmente pero teníamos también un concepto elevado de la vida familiar y de su importancia. En el viaje de ida yo noté los primeros síntomas. Según fue despegando el avión, noté que mi codo se deslizaba hacia el codo de Marina, pero lo atribuí a la tensión del comienzo de una nueva etapa laboral, a esa complicidad que se crea entre los miembros de un equipo cuando están implicados en proyectos largos y laboriosos. Sobrevolando Francia noté esa sensación vaporosa de taquicardia que genera la atracción, pero no la atracción sexual sin más, no. La atracción del olor, de la piel, de la persona, la atracción por ese concepto amplio e inmenso que hay tras un nombre, tras una persona, tras Marina. Aterrizamos en Budapest y todo se diluyó y en mi memoria quedó como un momento borroso y de capricho de los nervios y de las emociones. EL viaje fue productivo y efectivo. Las reuniones fueron largas y con resultados. El segundo viaje fue a Roma y en el despegue ya noté lo mismo. En lo que el avión se deslizó por la pista y se despegó como se despegan los dedos de una piel después de una caricia, noté a Marina. Marina al completo. Marina y un olor lejano, Marina y un gesto infinito de belleza, la belleza aérea, la belleza y el esplendor. En el aire noté la laxitud de un sentimiento que ha marcado la historia de la humanidad, las grandes y peores obras de los hombres. Marina y sus dedos pasando paginas de un libro, Marina que cierra los ojos o mira a través de la ventanilla el mediterráneo ahí abajo. Un sentimiento que sobrevuela el planeta y todo lo abarca. Luego el aterrizaje y con el todo se devuelve a tierra, todo esa luz, toda la inmensidad que se detiene y se apoya en el suelo. Roma y reuniones y papeles y soluciones y vuelta a casa. Luego Londres y en el avión Marina y mi codo contra su codo, la urgencia de la piel por chocar contra la otra piel, el grito químico interior que busca y exige ese olor, esa otra piel, ese concepto infinito que es Marina y Marina me habla en el aire y en el aire su labio suelta las sílabas como notas de flauta, como mariposas que se agitan invisibles y Marina se queja de su marido, de una discusión la noche anterior, de la frialdad, de como el paso del tiempo distorsiona las relaciones y las desgasta y yo que escucho a Marina mientras sobrevolamos el principio de la costa de Gran Bretaña como nubes que se desplazan en un cielo que es el espacio que va de su boca a mis oídos. En Londres agitación laboral, carreras y mucha velocidad, resoluciones agitadas y algún encontronazo. Los ingleses barren para casa y conducen por la izquierda, acuerdos difíciles. Luego de Londres fuimos a Lisboa y en Lisboa nada porque viajamos en tren y ahí comencé a sospechar, porque el viaje fue largo y mi piel no pidió un contacto con su piel y su olor y sus labios no parecían explosiones cósmicas en medio de una galaxia única.  Después de Lisboa a Moscú. Un viaje más largo y por lo tanto un amor más profundo. Un amor mas intenso. Marina y las bombillas de fiesta en sus ojos, las sombras de sus manos cerca de mis manos. Marina que duerme y sueña mientras el avión atraviesa el cielo de Europa y yo veo a Marina soñando y me quedo con los ojos cerrados y fuerzo, como cuando éramos pequeños y cerrabas los ojos deseando con intensidad como si de ese modo se lograra que lo deseado se volviera realidad que Marina sueñe conmigo, sueñe que estamos el uno frente al otro, que sus labios aterrizan en mis labios. En Moscú efectividad y negocio. Tras Moscú la tortura de un viaje intercontinental, un viaje muy largo a Nueva York. Horas de amor, horas de desasosiego, horas de fantasía que duran, como siempre, como cada viaje, hasta que las ruedas se apoyan en el asfalto del JFK. Y yo sigo sin comprender. Hay más viajes, mas desplazamientos y es en el vuelo de regreso del viaje a Tokio que no me doy cuenta y me posee esa fuerza, como si ese amor estuviera empujado por las turbinas del avión, por esos motores que mueven el inmenso pájaro de acero y cojo la mano de Marina y miro a sus ojos y noto su olor y el tacto de su piel y Marina no me domino, no puedo, Marina. Sin ti no soy. Eres tú, Marina. Infinita y etérea. Aire de mi aire, oxigeno y combustión y Marina que no entiende y me mira y me abraza y me convence de que estoy confundido, de que es el stress y el trabajo y los constantes cambios horarios. Y aterrizamos y todo pasa y en el aeropuerto mientras recogemos las maletas le digo que si, que me disculpe el arrebato, que efectivamente es agitación y cansancio y que no me lo tome en cuenta, pero volamos a Dubai y al rato del despegue otra vez. Marina, no es confusión. Marina esto es real y Marina que cae y me mira y me besa pero su culpa y dice en un susurro hermoso que todo es un error y llegamos a Dubai y yo lo olvido todo pero ella no. Ella viene a mi habitación de noche y a mi Marina no me agrada no me atrae en tierra y diluyo como buenamente puedo la situación. El regreso es largo, despegamos en Dubai y todo se complica y me lanzo a su boca como un desesperado se lanza desde un puente y yo insinúo el baño pero Marina no, Marina se retiene. Al aterrizar está su marido lo que agradezco porque en tierra Marina no es Marina. Y luego Buenos Aires y hasta Buenos Aires y como si todo fuera eso, un capricho del aire, de un amor que se sustenta arriba, lejos del suelo besos y la boca de Marina, pero en Buenos Aires nada y Marina no comprende y pide explicaciones y yo que voy entendiendo que es arriba, que en el suelo Marina no es Marina, la Marina que flota, que sobrevuela cada emoción de mi cuerpo. Y el regreso fogoso por el aire desde Buenos Aires y al aterrizar yo ya entiendo y en el siguiente viaje lo desvelo, lo confieso y Marina al principio llora y me mira y desgarrada me dice: "Pero yo no puedo vivir en el Aire, entiéndelo. No puedo esperar a que todo sea en un avión". Y no, claro que no y la decisión fue definitiva. Lo dejaríamos, no seguiríamos, "pero de despedida, Marina, de despedida regálame un fin de semana en Ala Delta" y así fue. Después pasó el tiempo y nuestras vidas laborales cambiaron yo cambié de empresa, ella cambió de profesión. De vez en cuando cada mucho tiempo nos llamamos quedamos y saltamos en paracaídas. El amor, como decía aquella canción, está en el aire.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-5742732304508195739?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/aeroamor.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-5274517969282462277</guid><pubDate>Thu, 17 Dec 2009 07:26:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-17T08:45:40.281+01:00</atom:updated><title>La isla remota</title><description>Vivía en la periferia de una pequeña ciudad. Una ciudad al pie de unas montañas desgastadas y algo tristes. Una ciudad básicamente fea. Su vida sin parecerse exactamente a la ciudad, tenía mucho que ver con ella. Su vida era periférica, desgastada y algo triste. No siendo triste la palabra exacta, pero si periférica. Su entorno era reducido, pero no tanto porque el fuera imbécil sino porque en ese individuo había algo que le venía dado, que ni siquiera era una elección vital, siendo una forma parecida al egoísmo, tenía que ver su forma de vida más con el aislamiento, pero no un aislamiento del mundo hacia él, sino de él hacia todo, incluso hacia al mar. Es como si los continentes le parecieran lugares remotos y a los que no es que no tuviera intención de ir, sino le parecían no existir. Era una isla, pero una isla de forma indefinida, era lejano pero necesitaba hablar, era solitario pero dependía de los otros. En general esperaba que los otros vinieran a su isla y no comprendía además que no lo hicieran más a menudo. Era torpe, sobre todo era torpe, pero no era mal tipo. Bien mirado era una isla sin mar, como si de alguna manera esa isla flotara en medio de un aire raro, un aire de humo de cigarrilo. La isla estaba estática en ese humo, en ese espacio que ni siquiera el comprendía del todo. Una isla casi sin vegetación. En su isla no había un tiempo preciso, realmente la isla vivía en un no tiempo, un tiempo pasado pero de dificil ubicación. La medida del tiempo es extraña en esa isla. Un acordeón. La isla estaba lejana, en otra época, pero una época que en el fondo tampoco había existido. Era hoy pero ayer siendo todo hace veinte o treinta años. El tiempo no es exacto y cada uno lo adapta a su forma de vida y la isla tenía una medida absolutamente amorfa de tiempo. Así vivía, periférico a los demás, al tiempo, a todo. Así vivía. No confundir con un mal tipo, su problema era que en realidad todo estaba inmensamente lejos, desde donde el estaba sólo se veía humo y eso le obligaba a estar constantemente quieto, apoyado en un acantilado de la isla, donde no pasaba nada, ni siquiera una forma precisa de tiempo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Con sentimientos periféricos, a él.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/s2YiUTh9dj4&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/s2YiUTh9dj4&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-5274517969282462277?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/la-isla-remota.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-5908577310168179390</guid><pubDate>Wed, 16 Dec 2009 09:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-16T10:53:05.468+01:00</atom:updated><title>Comic</title><description>Se acabó mi vida. No mi existencia, pero si mi vida como tal, como la conocía hasta ahora. Se acabaron las formas conocidas. Esta mañana me he convertido en una ilustración. Mi cara unos cuantos trazos imprecisos, mis manos unas líneas que se abren unas encima de otras, mi piel es blanca y su textura de papel y lo más jodido, lo que peor llevo es que cada vez que pienso, cada vez que hablo me sale un bocadillo de uno de los lados y aparecen esas letritas que me delatan, que hacen público cada cosa que pienso, cada cosa que digo. Eso es molesto, si, por no hablar de la incomodidad de habitar entre casillas, que las cosas no sean fluidas unas detrás de otra, sino que haya que ir dando saltos de una situación a otra. Porque si, ahora estoy en una viñeta estático, tecleando esto que tecleo, pero si me levanto tengo que esperar a que aparezca ese espacio nuevo y saltar, saltar de repente. Hay quien lo ve  como algo estéticamente atractivo y es cierto que mi nueva gabardina ilustrada, mi bufanda que se mantiene al aire y mi gesto son interesantes desde un punto de visto técnico, las aceras y los edificios de la ciudad ahora son menos precisos y sin embargo transpiran una atmosfera medio de cine negro, medio oscura interesante, pero vivir así, en esta capa, en esta sola capa no me agrada. Se acabaron las formas de antes, que bien mirado eran muy duras, una realidad insisitente y excesivamente sólida, pero eran mis formas, era la estética de mi vida. Ahora todo es esta bruma que no es del todo. Las aceras que no concluyen, la gente que pasa a lo lejos que son como destellos indefinidos, casi abstracciones, unas manchas que se intuyen como formas humanas y todo eso podría ser soportable, pero lo que no aguanto es que a cada cosa que pienso, a cada cosa que digo sale ese bocadillo insistente. Ahora pienso esto y ahí está: "Ahora pienso y ahí está" pone en el bocadillo y la gente que pasa cerca lo mira y lo lee y yo quiero mi intimidad, porque bien mirado esto que ahora escribo no me importa que sea leido, pero hay cosas, hay muchas cosas que uno no quiere que sepan que se están pensando. Uno quiere sus pensamientos para sí, uno quiere que ese universo corra por ahí dentro y salga lo que uno quiere que salga, no que cada cosa que pienso, cada cosa que digo sea público, sea leído por los otros ciudadanos. Porque imagínense que uno va en el metro y piensa que el de enfrente tiene cara de pulpo y que mientras le miras disimuladamente aparece o bien a tu derecha o bien a tu izquierda un bocadillo con la frase "Ese tipo tiene cara de pulpo" y todo el vagón levanta la mirada y lee y entonces tu te indignas pero no puedes evitar pensar que los demás son unos mirones y unos curiosos y claro, según te miran y tú lo piensas aparece otro bocadillo que pone "Son todos unos mirones y unos curiosos" y todos los mirones y curiosos lo leen y se acercan y se enfadan y es así porque uno no puede evitar pensar ciertas cosas sobre los demás. Eso pasa cuando eres ilustración y todo se hace bocadillo y la vida es una viñeta. Eso pasa mientras camino a solas y en esa nueva viñeta se lee un bocadillo donde se lee mi último pensamiento del capitulo de hoy: "No quiero esto, no quiero ser ilustración. Quiero ser yo, el otro. El real".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-5908577310168179390?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/comic.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-3498629070566105322</guid><pubDate>Tue, 15 Dec 2009 22:01:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-16T09:34:00.001+01:00</atom:updated><title>Noche en el aire.</title><description>Me subí a la avioneta, a mi avioneta. La encendí, arranqué los motores y la puse en marcha. Me deslicé por la pista que a esa hora estaba helada y oscura. Pedí paso desde la radio, los del control me hicieron las preguntas rutinarias y despegué. Si conduzco mi avioneta es porque sobre todas las cosas lo que más me gusta es despegar. Dejar atrás la pista y salir volando hacia la noche absoluta, hacia el resplandor de la ciudad proyectándose en las nubes. Me gusta ir cogiendo altura y ver como todo se disminuye, como todo se va haciendo una miniatura de sí mismo, una maqueta de lo real. Me gusta atravesar las nubes en la noche e ir dejando la ciudad atrás. Me gusta imaginar el ruido del motor viejo de mi pequeña avioneta sonando en medio de ese trozo de cielo que recorro, me gusta imaginar ese espacio donde sólo suena mi motor. Me gusta ver las carreteras como venas atravesadas por microbios luminosos que son las luces de los coches, me gusta ver como aparecen las montañas al fondo y los pueblos enterrados y con poca luz que parecen luciérnagas; parece que son ellos los que flotan, los que vuelan pero que están al revés; que aquello, el suelo, es el techo del universo y están colgando como lámparas. Seguí avanzando hacia la oscuridad profunda de un país que a esa hora duerme. Seguí avanzando entre las nubes y el silencio roto por el sonido del motor. Seguí recorriendo ese circuito invisible, giré dirección noroeste en busca de nada, en busca de otro tramo inexistente. Noté a lo lejos un destello, una intermitencia, reduje altura porque aquella luz estaba en mi dirección y evitaba de este modo un encuentro con otra entidad. La intermitencia continuaba y me acerqué entre las nubes, entre la oscuridad. Me puse a la par cuando descubrí que era otra avioneta, pequeñísima, como la mía. Encendí las luces interiores y saludé con la mano, desde esa otra avioneta me saludaron mientras a su vez encendían las luces internas, a pocos metros de mi.  Mantuve la distancia, había cierto peligro, pero siendo prudente traté de saludar e identificar a la chica que la conducía. Las intermiténcias de las luces externas de nuestras avionetas en medio de la noche y entre las nubes iluminaban la escena, su cara. La seguí cuando ella me hizo el gesto de que así lo hiciera. Volé trás ella, giramos hacía el norte, atravesamos la meseta entre las nubes el uno detrás del otro. Hicimos piruetas circulares, jugamos a encender las luces en medio del cielo, abajo adivinaba el mar, el océano oscuro entremezclándose con la oscuridad total. Seguimos avanzando. Vimos islas con luces lejanas, vimos luces de barcos, vimos nubes avanzando hacia el continente y giramos avioneta sobre avioneta. Logré hacer una coreografía aérea con ella, mi avioneta giraba con precisión entre sus giros y formábamos espirales que avanzaban indefinidamente. Así volamos toda la noche, sin destino, sin ruta. g&lt;br /&gt;Guiándonos al azar fuimos viendo el amanecer desde arriba, casi sin gasolina, mientras la luz del Sol reventaba en el cielo y marcaba esa sensación de que todo empieza de nuevo. En un último giro nos miramos, nos despedimos y retrocedí hacia la ciudad, hacia la pista. Un rato después aterricé exhausto, agotado. Bajé de la avioneta y llegué a casa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-3498629070566105322?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/noche-en-el-aire.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-6779716831239523167</guid><pubDate>Tue, 15 Dec 2009 11:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-15T12:53:03.275+01:00</atom:updated><title>Los paseos nocturnos</title><description>Siempre bajaba a esa hora con el perro. Decía que le gustaba la ciudad de noche un lunes cualquiera. Hablaba del contraste, porque en realidad todo el mundo está en casa, con el frío al otro lado de las ventanas y que la soledad estaba en la calle, en el parque, en la acera que recorría mientras el perro se perdía entre arbustos y que le gustaba caminar y ver las ventanas encendidas, los reflejos de los programas de televisión. Ver los hogares en activo y la calle apagada, sin un alma. Siempre salía con el abrigo cerrado, con la bufanda y los guantes porque a esa hora el frío corta. Desaparecía; volvía al rato y ya nos dormíamos y se acababa el día. Hablaba de la acera, del vacío, de las casas. Siempre lo vi como un rito, como un viaje diario, un paseo reflexivo. Llegaba tranquilo, sosegado. De alguna manera era su momento. No hablaba de nada especial pero si describía con frecuencia las sensaciones de andar de noche por la ciudad, en pleno invierno. Insistía en el contraste, en ese vacío sorprendente y le agradaba: "Es como ser extraño de repente. Somos extraños siempre para los otros. De noche, a esa hora, la ciudad es una excusa, no hay nada. La verdad es que no hay ciudad, hay escondites de la ciudad y del frío y es hermoso ver a todos en sus cuevas, en sus chozas. Hay algo milenario en ese vacío. El hombre y el planeta. El ser humano y la noche. El frío y el tiempo". Decía con  intensidad, como si en esos paseos hubiera algo más que en llevar a mear y darle una vuelta al perro. Siempre repetía el acto de salir y volver un rato después. En verano era otra cosa, incluso yo bajaba con él y hablábamos de los hijos, de los nietos, de las vacaciones que ya llegaban. En verano le daba igual, no era su momento porque de noche la ciudad también estaba llena y la gente no volvía pronto a casa. Siempre hablaba de ese otro contraste: "En Invierno la ciudad es la excusa, en verano son las casas. Desaparecen un poco. Existe la ciudad, las casas se borran". Luego volvía el invierno y volvían los paseos solitarios, el abrigo y el perro. Y si, bajó. Como bajaba siempre. Abrió la puerta, yo cambié de canal, busqué algo distraído, amen,o en los canales. Pasó mucho tiempo. Me di cuenta porque había terminado el recorrido de canales en una película que empezaba con el actor americano ese tan guapo, tan rubio, tan atractivo, tan popular y que interpreta a un policía que tiene un compañero negro que es un actor con cara de bueno y la película avanzaba y estaba angustiada por las imágenes y me di cuenta que la película avanzaba mucho, mucho rato y el no había vuelto. Luego todo se me fue de las manos. Le buscaron durante días y no apareció, encontraron al perro pero no a él. Nadie encontraba motivos, sospechas, no había huellas. Simplemente había desaparecido, sin más. No había violencia. El perro se comportaba igual, no se percibían cambios en su forma de actuar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Pasó el tiempo, estuve afectada, tratando de comprender y comencé a bajar a la hora que él lo hacía. Me ponía el abrigo, los guantes, la bufanda, cogía al perro y bajaba. Caminaba por la acera hasta el parque. La ciudad adormecida por fuera, recogida por dentro. Las casas encendidas, las televisiones emitiendo luces en los techos, en las paredes. El vacío, el perro correteando a su aire por los arbustos, yendo y viniendo a su antojo. Comencé a comprender las agradables sensaciones. El contraste, el silencio.  Así fue a lo largo del invierno. Entonces le vi, una noche le vi tras los árboles del final del parque, donde la ciudad parece que termina. Me llamó. Tenía el pelo muy largo y con barba. Salí casi corriendo y me dijo susurrando que le siguiera. Miré atrás, el perro no venía y quise ir a buscarle, pero él me detuvo:"No quiere venir, lo conoce y no quiere venir". Ahora estoy con él allí, en aquel lado, en el otro lado. Seguramente jamás volvamos. No nos esperéis. Darle un beso muy grande a los niños e inventaros una excusa, una historia, un cuento para decirles porque es que los abuelos no están ya nunca en casa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-6779716831239523167?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/los-paseos-nocturnos.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-4702661462541469115</guid><pubDate>Mon, 14 Dec 2009 19:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-15T00:13:16.346+01:00</atom:updated><title>Paseo en el parque</title><description>He caminado hasta el parque, Victoria. Hace tanto frío hoy que no sólo se hielan las manos, también el suelo, también el tiempo y los días. Victoria no fue por ti, no fuiste tú, no fue tu voz, fue esa canción. No fuiste tú, créeme, no fue verte ahí cantando, no fue tu pelo en la cara mientras soltabas esas frases, no fueron tus manos apretando las teclas, Victoria. Fue esa canción. Fue esa melodía que va hacia allí que no es ningún sitio. Las melodías como esta se te entierran. Hay algo más que una profunda melancolía. Creo que tiene que ver con los tiempos, con las vidas, con las capas. Nadie, en el fondo, está en nuestro sitio. No fuiste tu, créeme. Pasará el tiempo, pasarán estos días fríos y volveré al parque, pero ahora, hoy, en el parque, es esta canción que no paro de escuchar mientras recuerdo. No fue esa mirada que se desplaza en el humo, en lo desconocido, no es la piel, tu piel, Victoria. Todo va en esa melodía, en tu voz, pero también en la guitarra, en ese ritmo cíclico, en esa reverberación, en la lejanía que lleva todo. Esa canción, te lo aseguro, es como estar y no estar. Se difumina la memoria. Como cuando recuerdas y no sabes del todo que estás recordando, si fue o no fue, si estuviste en esa imagen que ahora sale de tu cabeza. Como cuando vienen las caras borrosas de aquellos amigos y sus nombres vienen a trompicones. Ahora es igual, no hay caras y quizá, esa ausencia la sustituya con la tuya, con el gesto de la boca cantando hacia arriba, hacia el techo de la sala, con tus ojos cerrados. No es por ti Victoria, es por la canción y por el frío y por que es de noche en el parque y no hay nadie y voy solo y pienso que en el fondo se anda siempre en lo mismo. En una extraña melancolía cuando se viene el frío y en la agradable euforia con el calor. Y hoy, Victoria, hoy hace un frío del demonio y la melancolía ataca duro y se vienen otras épocas y suena esta canción, ese estribillo, ese estribillo me hace polvo, me ataca a las entrañas y vienen calles y caras y toda una vida que ya no se vivirá. Una vida entera, Victoria. Una vida que se esfuma y no vuelve. Ya no soy ese nunca más. Ni tu, ni ninguno. Ya no volveremos atrás, a los días de antes. Suena el estribillo y me deja aniquilado, Victoria. No es por ti, es por ese estribillo que tu cantas, es por esa voz que sueltas justo aquí, es por que sucede algo inapreciable, invisible. Es porque esta canción termina y se va cayendo y se pierde tu voz. Es por eso, Victoria Legrand. No es por ti. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/NNCo7-LkUDE&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;/param&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;/param&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/NNCo7-LkUDE&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-4702661462541469115?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/paseo-en-el-parque.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-5356232724878533796</guid><pubDate>Fri, 11 Dec 2009 17:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-11T18:41:32.612+01:00</atom:updated><title>La tipa de anoche</title><description>Podría empeñarme en buscar una manera de decirlo más suave, pero realmente no es necesario cuando lo que sucedió según la vi fue que pensé en sexo, nada más. Hablaba con un tipo que debía ser su amigo y no prestaban demasiada atención al concierto y ella bebía cerveza y cogía la botella con empeño y en la boca y sorbía con vehemencia. Llevaba una minifalda marrón, botas altas y una camiseta con un escote que oportunamente dejaba adivinar un pecho de vértigo (¿Por qué escribo pecho si cuando la vi pensé en tetas?). Estuve un rato pendiente. Pensaba en sexo y en que la tipa trasmitía algo negativo. Dos polos opuestos que se rozan por el otro lado. Sexo y rechazo. Estaba buenísima pero en sus gestos y en su forma de expresarse se adivinaba una tipa insoportable. Luego me despisté el rato que mi yo animal lo permitió, me quedé viendo al guitarrista y su manera de interactuar con el batería y pensé en alguna etapa pasada de mi vida a la que me trasladé empujado por ese torbellino sonoro que venía del escenario. Luego mi bestia volvió a rugir y volvió a merodear por la sala. Lancé la vista y la volvía ver. Ahí andaba con la botella en la mano, hablando con su amigo, ladeada, enfrentada a la realidad como si está fuera una cámara de fotos. Hay gente que responde a los estereotipos y ella acudía sin temor al suyo, al de chica mala, al de esa personalidad refugiada en un cuerpo que incita a pensamientos primarios complementado con una feroz frivolidad y una profunda mediocridad mental. La miré, la miré porque la bestia rugía pero la cabeza me proyectaba imágenes de tedio hablando con ella. Frases establecidas, eso veía. Eso previsualicé. Esas conversaciones en las que permanezco distante porque no se que decir, no se de que hablar. Como si la cabeza y la bestia se interpusieran una a la otra, empujándose antes de hablar. Eso veía, una conversación que no llega a nada porque ella no dice nada salvo su exposición permanente y la bestia fotografía y la cabeza se ausenta. Un juego esquizofrénico donde nadie es el que es y todo se mueve en zonas de instintos, por el medio de la selva. Ella bebe cerveza, coge así la botella porque todo es medido, cada gesto, cada movimiento. Todo es preciso y exacto. Ella es eso, su proyección irreal escondida en ese pecho tan perfecto, en esa piel suculenta, en ese gesto marcado, en esa posición medida de las caderas que arquean y angulan con perfección las piernas. Es eso y no es nada. Es nada y es todo porque en eso va ella, va el resto, lo que no viene después. Luego imagino su vida, su pasado y veo y no veo, como si me faltara imaginación o empatizar realmente con ese gesto distante y frío de lo que está exageradamente calculado. La miro y está lejos y es vacía, pero está jodidamente buena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-5356232724878533796?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/la-tipa-de-anoche.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-9172182893768020883</guid><pubDate>Wed, 09 Dec 2009 18:15:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-09T19:33:03.460+01:00</atom:updated><title>Maiquetía- Caracas</title><description>Hoy he recordado esa tarde que no fue ninguna tarde y fue todas las tardes. Hoy he recordado esa tarde porque tengo una memoria demencial con respecto a las fechas y por alguna razón, sin creer en las ceremonias ni en los aniversarios, caigo en cuenta que mañana hace veinte años que llegamos a Caracas a media tarde, que fue la primera tarde del resto de todas las tardes y no fue ninguna tarde porque mientras allí, cuando aterrizamos era por la tarde, aquí que era de donde habíamos salido era de noche. Así que aquella tarde fue la tarde de todas las tardes mientras para nuestros cuerpos y nuestra biología era de noche. Subimos desde Maiquetía con la sensaciones que seguramente luego han movido buena parte de mi vida. Supongo que hay instantes que marcan el resto del tiempo y aquella entrada en Caracas fue memorable por muchas cosas que no recuerdo porque son sensaciones y estas se evocan pero no se recuerdan. No existen. Mi viejo conducía atravesando ese lugar desconocido, aquellos ranchitos que abrían la ciudad desconocida. La autopista del Este era algo así como una nevera de calor, una nevera donde se congelaba el tiempo o tomaba otra forma. Un hielo de forma imprecisa. Aquella ciudad desmesurada, aquella montaña que parece mentira, aquellos coches de película de los setenta. Aquellos letreros que avisaban de que uno no estaba en lo suyo, si es que en algún momento en la vida uno está en lo suyo. Uno nunca está en lo suyo, pero aquello era como haberse metido en el sueño de un tipo que desconocemos. Una máquina rara que te cuela en calles raras y humedades que tu piel no recuerda, la cabeza y la percepción de uno que eres tu pero que no lo eres. Supongo que subir desde Maiquetía a Caracas puede cambiarte más la vida que dos años de tu vida diaria. El tiempo hace con uno lo que quiere y aquella tarde nos mandó de ida y vuelta a varios lugares inalcanzables. Se abría Caracas, como si nunca hubiera existido y existiera de repente, sabiendo que realmente es al revés, que aquella ciudad existía a pesar de uno, que antes y después aquello estuvo y estará. Y pufff, humo y pasan veinte años de aquella tarde que fue todas las tardes y no fue ninguna. Es raro porque de alguna manera estoy en aquella tarde eternamente, en bucle, dando vueltas. Subiendo una y otra vez desde Maiquetía a Caracas, durante veinte años, cada tarde, todas las tardes. Subiendo, llegando y volviendo a subir. Veinte años después estoy aquí. Miro a los lados y el humo y la tarde, esta tarde se ha ido y anochece. Humo. No existe aquella tarde y ni siquiera esta tarde que ha ido cayendo, como el viejo. Humo, que tampoco está como aquella tarde, como todas las tardes. El viejo sin embargo anda en aquel bucle cada tarde, todas las tardes, durante veinte años, durante cien, durante millones de años subiendo cada tarde sobre aquella tarde.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-9172182893768020883?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/maiquetia-caracas.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-5604422527442303899</guid><pubDate>Mon, 07 Dec 2009 17:32:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-07T18:52:21.105+01:00</atom:updated><title>El otro tren</title><description>Nuestro amor fue corto. Una ráfaga, una ventolera, una fugacidad. Fue breve, pero intenso y profundo. El amor, como tal, como empuje como viaje no tiene medida. Que mas da.  No hubo tiempo en aquel tiempo, no hubo segundos, minutos, ni horas. Empezó como luego fue todo. Aquella mañana fría yo entré en el andén con prisas. En ese momento si había minutos y yo llevaba muchos de retraso encima y corrí hasta el andén cuatro por donde pasan los trenes hacia el norte. Bajé las escaleras. Los trabajadores de la mañana con los periódicos y con el sueño entremezclándose en una realidad confusa, el silencio de las siete de la mañana. La prisa y el reloj del andén. Caminaba hasta el final donde siempre esperó entrar en el último vagón y allí estaba ella, sentada y hermosa, al final del andén, al final de la gente. El viento que venía desde el túnel anunciando la llegada del siguiente tren agitaba su pelo liso y oscuro. Estaba sentada y miraba hacia un libro y yo sólo veía su perfil mientras avanzaba por el anden entre la gente hacia ella, convencido de algo incomprensible, pero convencido de que aquel viento anunciaba algo mas. Avanzando entre los abrigos y los periódicos y el silencio de las siente de la mañana. La voz anunció que el siguiente tren no iba a mi destino sino al otro que comparte vías en el anden cuatro. Seguí hacia ella, hacia su pelo movido por el viento del tren que no me llevaba a mi destino. Pedía permiso, a veces ni siquiera, a veces avanzaba casi a empujones con el fin de llegar hasta ese fin, hasta el último trozo de andén, hasta el banco donde ella leía y el tren entraba, y llegué, llegué justo a tiempo, justo cuando el tren que no me llevaba a mi destino se detuvo y ella se puso en pie y cerró el libro. Alcancé el trozo final de andén justo a tiempo para verla montarse, sin mirarme, haciéndome ver que ya nada tenía retorno entre nosotros, que el fin del andén marcaba nuestro fin. Se cerraron las puertas, sonaron las alarmas y el tren arrancó y se fue para siempre, sin una palabra, sin nostálgicas despedidas. Dejándome ver por última vez, como un regalo de las perspectivas el otro perfil, el otro lado que aún no había visto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-5604422527442303899?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/el-otro-tren.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-4429424691328903231</guid><pubDate>Sun, 06 Dec 2009 08:38:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-06T10:03:33.818+01:00</atom:updated><title>Otros viajes</title><description>Vamos por una carretera, entre un paisaje amplio. A lo lejos hay una montaña con forma de animal milenario. A los lados las formas de la tierra. Una extensión inmensa de tierra y vegetación escasa, el terreno es cada vez mas árido sin ser amargo. No hablamos. No hablamos durante mucho rato o lo que parece mucho rato, sin embargo vamos cómodos, tranquilos. EL coche está lleno de una forma invisible parecida a la serenidad. Hace rato que no vemos a nadie. He bajado la ventanilla para notar la temperatura exterior. Calor, pero no excesivo. El viejo ha encendido un cigarro, durante unos segundos ha olido a lumbre, el primer trozo de papel quemado del cigarro, el primer humo. He visto el paquete; está por la mitad, sin embargo no recuerdo cuando se ha fumado los otros. Hay nubes, pasan muy rápidamente y forman sombras increíbles a lo largo del paisaje. Esa luz entre blanca, gris y potente me recuerda a otra época, pero una época que no logro ubicar. El viejo ha detenido el coche a un lado de la carretera vacía. Nos hemos puesto a andar por la tierra. El viejo seguía fumando, I se ha quedado mirando la montaña y ha propuesto ir caminando hasta allí. No se en que momento hemos hecho una foto, pero se que hay una foto de ese momento. Empezamos a caminar en silencio. Hemos pasado arbustos y silencio. Si algo caracteriza ese paisaje amplio es el silencio. He puesto una mano en el hombro del viejo, me ha mirado con una sonrisa curiosa, pero hemos seguido sin hablar. Me he parado a buscar un palo, una rama para ir apoyándola mientras caminamos, ellos dos han seguido porque creo que no se han dado cuenta de que me he parado. He encontrado una rama con forma de brazo, con un extraño codo a la mitad y he seguido tras ellos. Me he fijado en las huellas que iban marcando I y el viejo y he jugado a avanzar pisando en el mismo lugar a veces siguiendo las huellas del viejo, a veces las de I. He mirado atrás, me ha sorprendido porque aún sospechándolo, la imagen generosa del mar ha sido como una bocanada de emoción. Hemos alcanzado la falda de la montaña. EL viejo se ha detenido y ha dicho que el no puede seguir, que está fatigado, que sigamos sin él. Yo he dicho que no, pero me ha mirado y me ha dicho que subiéramos, que seguro merecía la pena. Se ha quedado sentado en una piedra con el palo que le he dejado, la última vez que le he mirado estaba encendiendo otro cigarro y mirando a lo lejos, como siempre mira a lo lejos, hacia una distancia sideral. I y yo hemos empezado a subir la montaña. Al principio él quería contar los pasos que había desde abajo hasta que se llegaba a arriba, pero cuando llevaba ciento trece se ha cansado y me ha preguntado si yo estaba fatigado. He contestado que no y hemos seguido hacia arriba.  Mucho rato después hemos llegado. Desde arriba se veía la meseta amplia, las formas de la tierra, el principio del mar, un barco lejanísimo, las nubes avanzando, la luz marcando las sombras y el ánimo de la tierra. He cerrado los ojos y le he dicho a I, si el era consciente de que el viejo en verdad no estaba, que era una proyección, una fantasía. Me ha dicho que si, pero que daba igual, que bajáramos y aprovecháramos que estaba, de esa forma, como proyección, como fantasía, como invento. Mucho rato después vamos otra vez por la carretera, nadie habla, pero se va muy bien, muy cómodo, muy sereno en ese viaje inventado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-4429424691328903231?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/otros-viajes.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-3183351625428425047</guid><pubDate>Thu, 03 Dec 2009 22:29:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-03T23:52:40.005+01:00</atom:updated><title>De vuelta</title><description>Murió a los 59 años, revivió a los 63. Durante los primeros meses de su regreso dedicó todo su tiempo a convencer a su gente de que estaba muerto y que al contrario de lo que dice la canción, el no estaba de parranda." Estaba muerto de cojones" solía afirmar con rotundidad. A los 65 tuvo que empezar a trabajar, al contrario que todos sus colegas de generación que comenzaban sus días de retiro. No había una ley, ni seguro que cubriera semejante regreso y no tenía valor de reclamar algún dinero de esa herencia que había dejado y que no sólo había sido repartida entre sus hijos y nietos, sino que además, en la mayoría de los casos no quedada un resquicio de aquellos ahorros que había sumado en la primera parte de su vida o su vida previa a esta vida. Solía dormir con calma, no había insomnio ni preocupaciones. "Yo se lo que hay al otro lado y aquello da cualquier cosa menos miedo". En general era pausado y sosegado, pero no podía evitar una extraña y inexplicable sensación de nostalgia, también de extraño vacio. "Los días allá" solía decir cuando hablaba de sus días muerto, de esos cuatro años inexistentes. Encontró un filón en las conferencias. Montó una gira bajo el nombre de "La muerte: un misterio solucionable". Al principio habló en universidades, habló en encuentros filosóficos, habló en exposiciones. La fama, sin llegarle del todo, fue creciendo. Escribió un libro con un prologo memorable pero con páginas en general poco interesantes. Tenía un problema, y lo sabía. Había vuelto de la muerte, si, pero él, en esa vida y en la anterior, se había caracterizado por cierta falta de emoción y sensibilidad y un exceso de pragmatismo y algo de simpleza. Sabía que su experiencia era la cumbre las experiencias humanas, pero el no era narrador, era poco reflexivo y no solía perderse en admiraciones ante las vivencias o en este caso las no vivencias. Para él todo se reducía en haber ido y haber vuelto. Que si, que el asunto era poderosamente llamativo, pero el no sabía muy bien que contar. "He estado muerto, muerto de cojones, durante cuatro años, pero ¿Qué les puedo contar? Suceden cosas ¿Es todo negro? ¿No sucede nada? Pues tampoco se decirlo. No encuentro metáforas o palabras para definirlo. Se está muerto y ya, como cuando se está vivo. Uno está vivo ¿Como coño es estar vivo? Estar vivo es estar vivo, pues lo mismo pasa con la muerte. Se está muerto y nada más" Así arrancaba su prologo del libro, así arrancaba sus conferencias que generalmente terminaban con abucheos y rumores que insinuaban que era un farsante y que muerto no había estado. A los sesenta y seis años pensó que casi mejor no haber vuelto y entró en un proceso de extraña depresión. "Cuando estaba muerto nadie me tocaba los cojones. No es que quiera morir. Bien visto morir, vivir. No se. Da un poco igual" Cuando estás vivo tienes miedo a la muerte, cuando estás muerto no te planteas nada, ni siquiera la vida, pero cuando revives no hay mucho, hay cierta apatía, cierto cansancio. Es como si el miedo a la muerte le diera cierto empuje a la vida y yo ya no temo a la muerte. De algún modo, casi temo más a la vida". Lo de las conferencias, claro, se acabó. El libro vendió bastante poco y tuvo que empezar a buscarse otra manera de ganar dinero para sobrevivir (palabra que le producía ataques profundos de risa). Finalmente se fue a vivir a un lugar con mar. Allí trabajó de pescador a media jornada y vivía con bastante paz. En alta mar al amanecer recordaba la muerte o ese paréntesis de vida y se sentía entre desdichado y privilegiado. A nadie en el pueblo le contó su radical experiencia. Vivió diez años más con bastante calma y sereno. Pescaba, vivía de lo que pescaba y por las tardes se reunía con algunos a jugar a las cartas en el bar de la plaza. EL tiempo pasó, siempre pasa y volvió a morir, en los últimos segundos, sabedor de como entra y como te invita el de la guadaña a su terreno, pensó que quizá ahora ya no volvería jamás y cerró los ojos. Por eso  cuando lo enterraron se podía ver una sonrisa entre irónica y amable en la forma de sus labios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; No volvió. No al menos hasta ahora. Descanse en paz el tiempo que pueda. Si es que el destino, jugador extraño, lo permite.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-3183351625428425047?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/de-vuelta.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-4621696243926494733</guid><pubDate>Wed, 02 Dec 2009 18:28:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-02T19:50:53.764+01:00</atom:updated><title>Los sonidos de la tierra</title><description>Estuvimos un tiempo viviendo en esa isla. La isla era preciosa. Los atardeceres en invierno caminábamos hasta la playa que había al sudoeste, nos sentábamos en unas piedras y sentíamos el frío en la cara. En verano venía gente, turistas y algún hippie que variaban excesivamente el ambiente de la isla, pero aún así nos gustaba porque era realmente agradable. En verano nos íbamos a los bosques con la bicicleta e incluso pasábamos la noche bajo los árboles. Realmente éramos felices en la isla, pero a mi me afectaba que la isla respirara. Ella nunca comprendió aquello, decía que era una paranoia, una alucinación, pero la isla respiraba. Respiraba cansada, como un anciano que sube escaleras. Yo podría haber sido muy feliz en la isla. Teníamos una casa pequeña pero hermosa cerca del faro. Teníamos dos bicicletas y una huerta pequeña donde logré sacar todo tipo de hortalizas y alguna fruta, pero cada vez que estaba solo, cada vez que me iba a caminar por las playas, por el bosque, por el pueblo sentía aquella respiración constante, fatigada de la isla y entonces me agotaba, mi respiración se contagiaba de aquello y la isla y yo nos acompasábamos y en eso, en vez de hacerme bien, me perturbaba, me descolocaba, me dejaba fuera de lugar. Al principio se lo comentaba a ella en los paseos lentos del atardecer. Ella hablaba de las nieblas y de las formas de las piedras, se había aficionado a la geología y jugaba a adivinar las formas de la tierra. Yo le comentaba sin excesos lo de la respiración y ella no me hacía caso o lo veía como un juego poético, pero fui introduciendo el dramatismo que para mi tenía todo aquello y ella empezó a molestarse. Decía que era un inconformista, que aprendiera a apreciar el valor de la isla. Pero no se puede, no se puede habitar en un lugar donde el suelo, las piedras, la playa y los bosques respiran y se les escucha y se mueven y te desplazan una distancia inapreciable, invisible. No se puede, no lo aguantas. Así que tras muchas discusiones, muchos debates y muchos conflictos dejamos la isla. Cogimos el ferry y volvimos a la ciudad. La isla se quedaba atrás y creo poder afirmar que desde el ferry aún en la distancia lograba escuchar sus suspiros, sus fatigas y podía ver el leve movimiento de la tierra al inspirar. La ciudad no trajo nada bueno. Alquilamos un apartamento pequeño, ella encontró un trabajo en un restaurant de comida rápida, yo encontré algo en una tienda de relojes. A veces íbamos al cine, a veces salíamos a bares y terminamos separándonos. Con el tiempo comprendí que la decisión de abandonar la isla había sido un grave error. La isla respiraba, si. La isla movía sus entrañas levemente a cada instante, pero la ciudad, toda la ciudad tenía arritmias cardiacas y graves problemas de hipertensión y eso es insoportable cuando escuchas el latido constante de su corazón. Así, bajo ese sonido, bajo esa cadencia histerica de ritmo cardiaco es insoportable vivir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-4621696243926494733?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/los-sonidos-de-la-tierra.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-1678288001493659175</guid><pubDate>Wed, 02 Dec 2009 11:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-02T12:46:37.769+01:00</atom:updated><title>La primera página</title><description>Blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Vengo desde Blanco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Blanco es el primer momento. Ya luego vienen las tonalidades. Como si al principio viéramos algo compacto y ya lentamente empezáramos a identificar. En el blanco no hay descomposición. El blanco es el inicio. No hay filtro. En el blanco no hay mentira.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Apenas unos segundos de Blanco y voy volviendo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Estoy en Blanco. Arranca todo. Despierto. Vuelvo de Blanco. Comienzo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ¿Dónde estoy? He dormido un buen rato, mucho rato. El tiempo es indescifrable más aún cuando volvemos del sueño. Entra esa luz blanca del amanecer por la pequeña rendija del techo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Vuelvo. Voy volviendo. Salgo del blanco. Hay algo de volver a nacer cada vez que despertamos. Se vuelve, siempre, de un caos previo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  A mi lado el hombre que me trajo hasta aquí. Duerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Duermen también todos esos hombres que ayer no comprendí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Están todos en Blanco&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Me levanto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-1678288001493659175?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/la-primera-pagina.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-7811371051061727313</guid><pubDate>Tue, 01 Dec 2009 16:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-12-01T17:24:42.745+01:00</atom:updated><title>Proyectados</title><description>Era invisible. No hablo en un sentido ficticio. No es que ella fuera la mujer invisible o la metáfora de un ser que nadie ve, pero se movía en un terreno de mi realidad donde habitualmente era inaccesible, muy complejo verla. No es que se escondiera, que no era así. Es mas bien que permanecía en otro plano, en otro nivel. En el mismo lado pero en una capa distinta. Realidades superpuestas. Es decir: si yo estaba aqui, ella estaba aqui pero sin estarlo. Con ella, a pesar de todo eso, de toda esa distancia insalvable, me llevaba enormemente bien y contrario a lo que pudiera entenderse, la comunicación era sensacional, limpia y sin malos entendidos. No había reglas, porque no puede haberlas entre dos seres que permanecen separados por planos separados, tampoco había trucos ni trampas. Era, como si la distancia insalvable, el muro invisible, nos permitiera ser absolutamente honestos al otro. El hecho de que ella fuera invisible, de que estuviera proyectada en el mismo trozo de tela, pero en proyecciones distantes, que vienen de proyectores separados, distintos, lejanos nos diera la posibilidad absoluta de no usar máscaras. El caso es curioso porque cuando no ves con quien hablas se suele jugar al personaje, a la interpretación de ese que no somos del todo y que queremos ser a toda costa, sin embargo, manteniendonos en ese lado que el otro no ve, fuimos honestos, sinceros. Fuimos nosotros a toda costa, lo que no siempre es fácil. Siempre sospeché que tras esa honestidad absolutamente sincera se escondía la esperanza de encontrarnos algún día en la misma proyección, proyectados a la vez, desde el mismo punto y que por esa esperanza eramos siempre honestos, para no sentir que todo había sido mentira. Al contrario, de suceder aquel milagro, veriamos el sentido absoluto y la magica realidad. El otro era tal cual, sin máscaras, sin engaños. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Eso sucedió durante muchos años y mereció la pena.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-7811371051061727313?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/12/proyectados.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-5209989061966880007</guid><pubDate>Sat, 28 Nov 2009 16:30:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-28T18:15:51.400+01:00</atom:updated><title>Historia al azar</title><description>emgjep nvoevpv  nvowinv kdvnqvn nvnd i v onvovm opnwekfl cnp mpefmfpe mepwfmwepmf&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Estaba tratando de escribir un texto al azar. Es decir, jugar al azar con todas sus consecuencias. Lanzar los dedos a lo loco y ver que pasa. El resultado, por mas que lo busco, no tiene sentido. Me puedo poner analítico y sacar algunas conclusiones estadísticas. Hay unas letras que aparecen con muchísima mas frecuencia que otras, hay algunas que ni siquiera aparecen. En una mirada rápida saco que la m, por ejemplo, tiene una presencia notable y que no ha aparecido una a, con lo bien que viene siempre una a. Con la apertura que da la a. Con lo que reverbera esa letra. Pero el caso no es ese, el caso es que he lanzado los dedos con la intención de encontrarme con un texto alucinante. No voy a ser yo el que niegue que quizá sea el mejor texto que he escrito, porque mucha diferencia no hay entre éste y cualquiera de toda esa masa enloquecida que hay ahí abajo. Podría memorizarlo, aprendérmelo de memoria y sacarlo en conversaciones: "emgjep nvoevpv  nvowinv kdvnqvn nvnd i v onvovm opnwekfl cnp mpefmfpe mepwfmwepmf" pero la pronunciación parece mas compleja que el húngaro. Tampoco aportaría mucho a futuras conversaciones. Aunque estaría bien soltarla de repente y argumentar que estas muy contento porque ese es tu mejor texto o el texto que el azar te ha regalado como obra maestra. El asunto va mas allá, o eso queremos aparentar siempre, que todo va más allá, que lo aquí dicho contiene mucho más. Entonces visto así, bien mirado, el azar me ha regalado un texto apasionante, perfecto, sublime. Bien leído, ya en la prímera palabra se deja caer el enfrentamiento de un hombre de su época frente al destino, frente al tiempo. emgjep, también podría ser el nombre del protagonista de la historia breve y extraña escrita al azar. emgjep, ese héroe desterrado, víctima de un destino cruel, de un destino sin sentido. Porque esa es al final la gran metáfora, lo que no se lee pero queda dicho. emgjep es otro de nosotros, un muñeco del azar que dicta a su antojo, sin reglas, sin formas precisas y que nos mueve por un tablero indescifrable. Eso podría quedar dicho, pero no. No es eso. La idea inicial era ver que pasaba. Realmente por teclear no cobran, así que lanzas los dedos a las teclas, le das golpes que en el fondo irán sincronizados con algún biorritmo que desconoces y aparece esa maraña caótica y te quedas pensando que si esto fuera un juego de cartas tenías una mano horrorosa. Porque si de repente hubiera aparecido una palabreja, una cualquiera, si hubieras tecleado enloquecídamente durante ocho o siete segundos y apareciera que se yo, una palabra miserable, una cualquiera. Este texto de análisis hubiera sido de locos, porque entonces nada de esto hubiera aparecido sino que todo hubiera girado en torno a la magia del azar y esa palabra fortuita, pero aparece eso, ese mogollón y  bueno, te pones a escribir este texto de análisis con una sensación de desengaño, de segundo premio. Un poco como la historia de emgjep que abre el texto y se enfrenta a ese destino indiferente, caótico. Un azar indescifrable, juguetón y algo cruel. Quizá sea eso, quizá sea esa metáfora lo que esconde ese texto al azar. Quizá de eso hablan esos teclazos al azar, que narran la historia de ese protagonista confundido. El trágico y cruel destino de emgjep. Quizá sea eso o quizá no sea nada, sino un montón de letras que bien miradas no dicen absolutamente nada. Signos, interpretaciones. El viaje de ida y vuelta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-5209989061966880007?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/11/historia-al-azar.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-5284289482499602431</guid><pubDate>Wed, 25 Nov 2009 09:11:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-26T09:27:04.455+01:00</atom:updated><title>Volcano</title><description>Nunca queda claro, jamás. Ni siquiera se mueve en el terreno de las decisiones, se mueve en algún lugar aún desconocido. Hay tanto ahí dentro por descubrir ¿Qué decide que un recuerdo perdure y mantenga mas nitidez que otros? ¿Por qué cada vez que escucho esa canción recuerdo aquella tarde lenta, en aquella playa por donde no pasaba nadie, aquel vacío amable? No queda claro, porque narrado, contado como secuencia, realmente no pasó nada. Un tipo camina por una playa vacía que va recorriendo la costa. La playa está maltratada, llena de escombros, sin embargo conserva su encanto tropical. Hay un ritmo raro de olas y algo de viento que mueve las palmeras anunciando algo que parece que va a ser y luego no es nada. Va cayendo la luz y un barco a lo lejos avanza sin urgencias hacia el precipicio del horizonte. No pasa nada más. Ya todo se mueve en un terreno inabarcable de sensaciones en ese tipo que camina a solas por la playa. La luz se va volviendo tenue y las palmeras se van ensombreciendo, todo está entre el naranja y el azul. El tipo se queda unos diez minutos mirando el mar, ve las olas romper y la reverberación brutal de ese sonido de olas rompiendo le rebota como un eco que suma grados a la sensación de vacío. En ese instante recuerda, pero no recuerda nada preciso. Vienen cosas, destellos, trozos de cosas que tampoco están muy hiladas. Cierra los ojos y siente algo primitivo. Viene su vida pero no en una forma precisa, sino la forma básica del instinto, de la supervivencia. Su sensación única y explicable de sentirse vivo. Viene ese animal o sale de él hacia afuera. El caso es que siente su conciencia despegándose y percibe que es un cuerpo en un lugar impreciso. Rompen las olas. Imagina su sangre a toda velocidad por el cuerpo. Los órganos en movimiento, el estómago desplazándose mínimamente como un planeta ingrávido, el hígado, los tejidos, la piel, todo eso que sucede ajeno a el mismo. Hay algo invisible e imposible para su conocimiento ahora mismo. Hay doscientos millones de sensaciones que habría que cerrar con un sólo adjetivo y sabe que eso no es cierto. Trata de dejar el idioma atrás, que suceda lo que tenga que suceder. Trata de no traducir todo eso en palabras, que no es lo mismo que dejar de pensar. El error es querer dejar de pensar. El intento que ahora considera acertado es percibir intentando no traducir. No hay lenguaje que abarque todo lo que está sucediendo en esa quietud en un atardecer de una playa tropical a ocho mil kilómetros de casa. La playa está vacía y naranja. Imágenes del pasado, ficciones, sensaciones del presente. Humedad, caras, melodías, alegrías, miedos. Hay una sensación constante por ahí, en medio de esa sinfonía inalcanzable que es su cuerpo en ese momento. La perplejidad, el desconocimiento absoluto. Todo es remoto, como si descubriera que lo que percibe, lo que siente a cada milésima de segundo no le perteneciera sino que viniera grabado y viniera de entonces, desde los prímeros hombres en la tierra. Nada se aclarará esa tarde, porque nunca nada se aclara, pero la intuición de que tampoco nos pertenecemos emerge con claridad, con fuerza. La fascinación eterna de un ser vivo ante las luces del atardecer, la encantamiento de caminar por una playa vacía, de aspecto tropical, son sensaciones que vienen de atrás, de dentro, por encima, por debajo, por dentro, pero vienen de atrás, de antes, de otros. Somos cadenas. No es él el que está fascinado, es la humanidad entera, un montón de individuos que habitaron este planeta hace siglos. Son todos a la vez mirando ese atardecer extraño y lejano en una playa vacía y descuidada, por donde no pasa nadie ¿Es por eso que recuerdo, porque no recuerdo yo, sino que recordamos todos miles de individuos atraídos por aquella luz, por aquel vacío, por aquella inabarcable extrañeza, porque no era yo?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-5284289482499602431?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/11/nunca-queda-claro-jamas.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-7520884571213856230</guid><pubDate>Tue, 24 Nov 2009 09:35:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-24T11:07:52.885+01:00</atom:updated><title>Juegos</title><description>A veces jugábamos a los papeles, a los roles. En general jugábamos a no conocernos. Entrábamos en el metro y ella se ponía en una esquina y yo en la otra. Entonces forzábamos las percepciones para parecer que el otro era un desconocido más dentro del vagón y nos mirábamos con distancia, tratando de adivinar si la mirada de ese nuevo desconocido contenía un vestigio de seducción, una atracción indescifrable en la brevedad de un viaje en metro o si por el contrario era una mirada despistada que coincidía repentinamente en el mismo punto, en la misma línea de visión.  La duda nunca quedaba clara porque siempre había un momento en el que uno de los dos sonreía y desmoronaba la sensación de desconocidos. Una especie de toma falsa donde uno de los actores pierde concentración y ríe en medio de la actuación. Pasó muchas veces. Otras jugábamos a entrar en algún restaurant, en algún bar y sentarnos en lugares diferentes, separados, distanciados. Cada uno debía asumir un papel que el otro desconocía y adivinarlo a lo largo de la noche. A veces intervenían otras personas. De repente, era lo común, a ella se le acercaba algún tipo y ella tenía que seguir interpretando el rol que yo desconocía desde la otra punta del bar. Así fuimos abogados recién salidos del trabajo o arquitectos que acababan de entregar un proyecto. Yo fui poeta, escritor de guías de viaje, pianista de hotel, asesino a sueldo. Ella fue camarera en paro, diseñadora gráfica, fotógrafa y otorrinolaringóloga.  A eso jugábamos, a desconocernos para reconocernos otra vez. Era casi un enfrentamiento contra las posibilidades, como si nos quisiéramos demostrar que hubiéramos sido lo que hubiéramos sido, siempre habríamos terminado juntos. Un desafío al azar o una forma imprecisa llamada destino. En cada bar, en cada vagón ella volvía ser alguien que no conocía y la atracción permanecía intacta y la volvía a seducir. Cada día era el día que marcaría nuestro posterior aniversario porque siempre estábamos empezando de nuevo, siendo otros. Cada día podía llamar a un amigo y decirle: " He conocido a una periodista que me encanta" y al día siguiente llamarle otra vez y decirle: " He empezado a salir con una alpinista que me vuelve loco". A eso jugabamos. Cada día. Ayer, sin ir mas lejos, entramos en el metro. Nos separamos ya en el andén. Entró por un lado, yo por otro. La vi de nuevo allí, a un lado, sentada junto a un anciano de cara entrañable y a un tipo  de mi edad. Me gustó porque mas que ningún dia noté que ella interpretaba el papel, como si hubiera alcanzado la perfección en un interpretación y resultará, realmente, una desconocida. La miré y mi mirada no la encontró. La volví a mirar y nada, ella jugaba a mirar a otro, al chico que tenía al lado. Le miró, la miró. Se miraron tanto que de repente sentí que no participaba en el juego, que había sido expulsado. Me acerqué sonriendo, quizá celoso, para detener el juego y volver a ser nosotros. Le dije que si nos bajábamos en la siguiente estación, entonces ella me miró con ojos raros, con ojos distantes y miró al chico y le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.- Cariño, este hombre me está molestando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El tren llegó a la siguiente estación y se bajaron juntos, agarrados de la mano. Les vi irse y comprendí que el juego había terminado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-7520884571213856230?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/11/juegos.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-8667458429850137134</guid><pubDate>Mon, 23 Nov 2009 20:14:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-23T21:33:14.710+01:00</atom:updated><title>El viaje eterno</title><description>Pegué la cabeza al cristal del autobús, cerré el libro, cerré los ojos y me fui un rato a ese entresueño leve de viaje de autobús. El zumbido del motor y la vibración del cristal en mi cabeza debieron trasladarme a un estado de pseudo hipnosis y ese estado, por extraño que parezca, me trajo un paisaje campestre a la cabeza. La imagen era muy sólida, contundente, pero además venía acompañada de otros elementos: olores, sonidos, temperaturas, humedades y táctos. El tacto del un árbol en mi mano, el tacto de hierba salvaje en mis pies que en ese momento aparentemente están descalzos. En ese ambiente, afectado por una visión absolutamente otoñal que tengo potente ante mis ojos, creo sentir un sosiego y una calma total. La sensación de que todo se ha detenido en un momento idóneo, casi perfecto. Respiro y siento el olor a tierra húmeda, la sensación de humedad me atraviesa no sólo la piel sino cada inspiración. De repente camino, me dejo llevar por mis pies, por mis piernas, por mi ritmo. Casi floto. Atravieso ese campo en medio del otoño y anochece. Camino, veo árboles, veo imágenes, veo algunas nubes en el cielo que juegan y forman tonalidades, por supuesto, sorprendentes. Se va yendo la luz y camino, dejo de reconocer todas las formas, las sombras que van formando el principio de la noche. La oscuridad crece a un ritmo curioso, su velocidad es cada vez mas veloz hasta que se implanta la noche y se detiene. Entonces, como no veo, me apoyo a los pies de un árbol, apoyo la cabeza y cierro los ojos. Oigo un zumbido, se agita el árbol. A mi cabeza viene una imagen. Un autobús atraviesa una carretera. Voy sentado en uno de los asientos, mi cabeza está pegada al cristal, la vibración de ese cristal, por extraño que parezca, me trae una imagen campestre a la cabeza.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-8667458429850137134?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/11/el-viaje-eterno.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-9218471450653398858</guid><pubDate>Sun, 22 Nov 2009 09:56:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-22T11:13:52.410+01:00</atom:updated><title>Súplica</title><description>No, Padre. No quiero morir ahora. No es éste el momento. Faltan tantas cosas, tanto camino, tantas mañanas. No quiero perderme algunos amaneceres. No quiero dejar de ver esas tardes. Aún faltan cosas, Padre, por vivir. No ahora. No quiero perder las palabras, las sensaciones. No creo como usted en el después. No quiero irme ahora. No así. Se perderán los paseos con Julia, los anocheceres en la plaza hablando de Baseball, el sonido de la guitarra de el buen Mateo. Esas canciones que invitan al sosiego, a la calma. El placer de determinadas lecturas, la fascinación ante habilidades de los otros seres humanos. El deleite de observar obras, pinturas, arquitecturas, películas. No ahora Padre. No es miedo. No es miedo al fin. No temo eso, a ese cambio final y definitivo. No creo como usted en la continuidad, en una nueva habitación. Queda. Algo mas de tiempo, una cantidad inapreciable para lo eterno. Unos cuantos años más, Padre. Eso es lo que quiero. Una propina de tiempo, arrancarle una miserable cantidad de tiempo a la eternidad y seguir un poco más. Me gusta esto. El café de la mañana. El brillo del Sol en el mar. Cuando los días se alargan en la primavera. Pequeños detalles. No son grandes ambiciones. Es el placer único y exclusivo de estar aquí. Los adornos que decoran cada instante. Ver otro gol de Messi, la sorpresa de otra novela que me fascinará, el descubrimiento de una canción emocionante. El tacto de las manos de Julia, la risa por un chiste malo, la complicidad con determinados amigos. No ahora, Padre. Quiero vivir alguna tarde mas de tedio, las complicaciones y las preocupaciones diarias, no ya sólo lo bueno, quiero vivir algo mas de lo que no se reconoce como parte imprescindible de esto. El insomnio por una deuda, la fatiga por un largo día de trabajo, pero sobre todo por los pequeños detalles. La emoción de unos zapatos nuevos. La atracción por una chica que pasa por la otra acera en la calle, caminando con prisa hacia ninguna parte. No ahora, no quiero perderme esos grandes y prescindibles acontecimientos. El abrazo por algún reencuentro que aún debería tener, el placer de estornudar. Son todos esos detalles, Padre. Cada cosa que completa las 24 horas del día. Los sueños incomprensibles y que perduran el día siguiente. Los otros, los que se borran según te despiertas. No Padre. No ahora. No todavía. No ya.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-9218471450653398858?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/11/suplica.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-7723034863019079842</guid><pubDate>Sat, 21 Nov 2009 11:09:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-21T12:24:15.357+01:00</atom:updated><title>Otro</title><description>El suelo de manos, el techo de ojos, las puertas abiertas. Todo se abre y se mueve. Las manos sostienen mis pies, mis ojos miran los ojos. Hay una luz que va variando su tonalidad constantemente. Avanzo por la habitación extraña. Las paredes están empapeladas y hacen formas caleidoscópicas. Hay unas voces susurrando una canción. Hay un espejo donde no hay reflejo sino que se ve algo que aun no ha sucedido en algún lugar del mundo donde nunca voy a estar. Hay una mujer desconocida al otro lado de la puerta. Las manos del suelo me trasladan épicamente hasta allí. Cuando me acercó dice algo que no comprendo y susurra la canción que susurran las voces. Me acerco más y bailamos. Soy torpe bailando porque es difícil bailar en un suelo de manos, porque es inexacto el baile y porque ella ahora tararea una canción que no es la misma que suena. Me separo y camino. Avanzo por un pasillo, al fondo está al mar y salgo corriendo. De repente es verano y brillan reflejos del sol en el agua. Salto y siento el agua. Buceo. Salgo a flote. Pasa un barco. Pasa una gaviota. Pasa el tiempo. Salgo del mar. Camino por una playa y me encuentro con un amigo de la infancia que me invita a una fiesta donde estará, dice, mucha gente del colegio. Me da una nota hay una dirección y un número.  Mientras se va me dice que sobre todo no olvide ese número. Me quedo solo y miro al mar. Me quedo viendo el mar y pensando que si esto fuera un sueño ese momento debería servir para despertar, pero no despierto. Tampoco sueño. Es sólo ficción, pienso. Es un paisaje inventado. Es otro post. Otro texto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-7723034863019079842?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/11/otro.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-7992159035478937595</guid><pubDate>Fri, 20 Nov 2009 10:27:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-20T11:59:12.643+01:00</atom:updated><title>El niño caprichoso</title><description>No encuentro la metáfora exacta. Estaba pensando en un laberinto, luego he pensado en las ramas de un árbol, seguramente un sauce llorón. Luego he pensado que realmente es mucho mas sencillo. Tiene mucho de juego de espejos y de enredo, pero sobre todo tiene mucho de infantilismo y de capricho y los enredos de un ser humano caprichoso, un niño mimado que cumplió años y le salieron canas y no las aceptó.  El gran problema es la intransigencia y determinadas formas de orgullo, también las máscaras. No podemos pretender, por mas que queramos, que en la vida todo suceda bajo el signo de nuestro gusto. Es obvio que la convivencia entre los seres humanos no tiene trucos. Esta suele  ser compleja y variable. Cada relación abre universos desconocidos y no hay ciencia exacta para el trato entre los seres humanos, pero si hay una ley ésta es la de ceder y encontrar el equilibrio en ello. No es sano ceder a todo, mas insano no ceder a nada. Ese hombre del que ahora no encuentro la metáfora exacta se pierde en esa regla. En esa imposición en la que si vas en dirección de su corriente te hará sentir un gran amigo, pero al mínimo giro deseará que tu barco se hunda y se desmorone en medio de esa contracorriente.  Hay algo más que egoísmo en ese gesto, hay algo más turbio y deshonesto que el egoísmo en ese deseo. No encuentro la metáfora para ese camino mental. No es un laberinto. Es menos enredado que un laberinto o las ramas de un árbol. Es mas evidente. El problema es que es demasiado evidente. Todos, o casi todos, hemos actuado para hacer sentir mal al otro. Todos hemos despreciado, hemos manipulado, hemos detestado. Yo lo he hecho, no una vez sino mil. He despreciado, he actuado para hacerlo saber. He mirado mal, he dicho frases duras, he manipulado realidades para hacer sentir culpable a otro. Miro a mi alrededor y veo que en general todos lo hacemos. Esporádicamente, con mas o menos frecuencia, pero todos lo hemos hecho. Este hombre sin metáfora vive en ese viaje. Ese viaje doloroso y mal oliente. Hay dos caras en su realidad. Cuando el viaje va a favor he visto un tipo amable, sensato, sensible, amable, entrañable, profundo, cálido, enérgico, reflexivo. Cuando va en contra he visto el gesto del daño, el daño que destruye todos los adjetivos anteriores y todos los paisajes de su alrededor. Me recuerda al mal olor. A ese olor que te lanza levemente hacia atrás. Me recuerda a eso, al mal aliento. Ese aliento que viene de una digestión terrible. Ese aliento que afecta la conversación  con quien se habla. Ese aliento que rompe cada palabra del que te está hablando. Tratas de mantener el tipo pero ese aliento intenso te afecta y te mantiene desconcertado. Quieres ignorar ese aliento que te viene directamente mientras el otro habla, pero no puedes. He encontrado la metáfora. No es un laberinto, no es un árbol. La metáfora era mas desagradable. El texto debería empezar hablando de eso. Un olor terrible que te echa hacia atrás. Uno de esos olores que se rechazan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Me hubiera gustado no escribir este texto&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-7992159035478937595?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/11/el-nino-caprichoso.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-2806339883967183413</guid><pubDate>Thu, 19 Nov 2009 07:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-19T09:47:14.818+01:00</atom:updated><title>Días sueltos</title><description>Fuimos juntos a un concierto. A mi me gustaban mucho los teloneros, a ella el grupo principal. El telonero  no estuvo mal, arriesgado, solitario pero algo impreciso. Había en la figura de aquel tipo algo que me conmovía. Su estatura, su delgadez, el rostro marcado por un gesto infinito. Había algo tierno y triste en aquel individuo. Aquellas canciones aéreas y vaporosas sonorizaban toda una historia infantil que me imaginé sobre él mientras ejecutaba el repertorio. Me imaginé una infancia solitaria. Sospeché que la música había sido en aquel niño una especie de amigo invisible. Luego terminó su concierto y abandoné esas reflexiones. Me puse a hablar con ella de una web de videoclips y bebimos un par de cervezas. Apareció el grupo cabeza de cartel. En el primer acorde, ella se giró y me miró sonriente: " Me encantan" dijo con emoción. Durante esa primera canción la miré desde atrás, la perspectiva era hermosa. Su pelo, la forma de su cabeza, hacía contraluz con los focos movedizos del escenario. A ratos su pelo era azul, rojo, casi blanco. Movía la cabeza suave, y yo puse mis manos en sus hombros. Sospeché que aquello tenía buena pinta, ella era preciosa y sentía algo emocionante con ella. Durante toda esa canción, quizá las tres o cuatro primeras, sentí que volvía de esa anestesia emocional, de ese letargo sensitivo en el que vivía en los últimos tiempos, incluso en el arranque de la quinta o sexta canción, un autentico himno emocional, le di un beso suave en los labios, al separarlos ella me miró y sonrió de nuevo y en medio del estribillo dijo :"Me lo estoy pasando genial". El concierto luego fue perdiendo fuerza, la repetición de la formula hacía que aquello no entrara tan fácil sino que aquella canciones empezaban a generar una sensación parecida al hastío. Lo que era emocionante al principio se volvió predecible al final. Al terminar el concierto terminamos en su casa. Ella compartía piso con una alemana que escribía sobre moda y hacía poemas electropunks, lo cual nunca me quedó muy claro que tipo de poema encerraba aquella etiqueta. Nos acostamos e hicimos el amor por primera vez. Me quedé a dormir ahí. A medianoche me desperté de repente y me desvelé sin descubrir cual era el motivo. Ella dormía profundamente. La miré y sucedió ese juego extraño de la oscuridad, que la tiniebla me devolvía un rostro que no coincidía exactamente con el de ella. Esas variaciones de las sombras y la ausencia de luz que modifican nuestra visión y varían los rasgos creando un rostro semejante pero no idéntico al de la persona que realmente conocemos. Tuve ganas de ponerme en pie, caminar hasta el salón y acostarme en el sofá, pero la falta de confianza me producía inseguridad y me quedé quieto en la cama. Recordé al músico, la telonero del concierto. Ese rostro tiernamente triste, esa música onírica y lejana. Miré la hora y ví que aún quedaba noche por delante. Me puse en pie y caminé hasta el salón  a oscuras. Me asomé a una de las ventanas del salón que daban a una calle. Me parecía raro percibir la ciudad desde ese lugar no habitual para mi. Escuché unos sonidos, venían de la habitación de la alemana. Apareció por el pasillo en ropa interior, encendió la luz y me miró con mala cara. Con una sonrisa dije que me había desvelado, pero ella no contestó, caminó hasta la cocina y se quedó allí un rato. No supe que hacer, si volver a la habitación y quedarme dando vueltas en la cama o quedarme en esa ventana pensando que todo era extraño, lejano, solitario, como la música del telonero. De la cocina venían ruidos y un reflejo de luz. Mucho rato después la alemana volvió a pasar, me miró y me pasó un papel. Escrito a mano había un poema, la miré y le dije que no sabía alemán, que con gusto lo hubiera leído. Ella recogió el papel, me miró y lo empezó a traducir en voz alta. El poema me pareció una mierda, pero según lo leía la alemana me iba pareciendo cada vez mas atractiva. Al terminar el poema, nos revolcamos en el sofá. Seguramente fue el peor polvo de mi vida porque ella apareció por el fondo del pasillo y nos vio desnudos y poseídos en el suelo a la alemana y a mi. Encendió la luz del salón y recobré el rostro que la oscuridad de su habitación había variado. Ella nos miró y dijo que podíamos haber sido ligeramente mas discretos. La alemana se puso en pie, todavía desnuda y la abrazó a modo de disculpa. Yo pensé que quizá aquella escena tenía mucho de poema electropunk o que seguramente había algo de cualquier tipo de poema en ese instante, también pensé que era bastante torpe y me recriminé a gran velocidad interior, bastantes actitudes y rasgos de mi personalidad. Minutos después estaba solo de nuevo en el salón. Me puse el pantalón y salí a la calle. Caminé mucho rato memorizando algunas frases sueltas que había oído del poema traducido de la alemana, también recordé su pelo en contraluz con los focos del escenario en el concierto. Mucho rato después, casi al amanecer, llegué a casa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-2806339883967183413?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/11/dias-sueltos.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-9263764.post-5693030487628363735</guid><pubDate>Tue, 17 Nov 2009 08:16:00 +0000</pubDate><atom:updated>2009-11-17T09:38:52.088+01:00</atom:updated><title>En el túnel</title><description>Llevábamos diez meses trabajando en el túnel. La obra se había complicado por muchos asuntos que nunca se aclaraban del todo. Al principio hicieron un corte muy brusco de personal y éramos realmente pocos para avanzar con cierta fluidez. Luego, incluso, estuvimos algunos días parados, sin avanzar nada. Luego nos dijeron que trabajáramos a la mayor velocidad posible, doblaron la plantilla y trabajamos con turnos de día y de noche para que la obra estuviera en constante avance. Nos pusieron una fecha para terminar, al menos el grueso de la obra, excesivamente apretada y el jefe de obra trasmitía con furia la presión a la que le sometían sus jefes que a su vez eran sometidos a mucha presión por alguien invisible que era sometido a presión por alguien aún mas invisible aún. A la altura del 17-8 hubo una complicación en la excavación porque la tuneladora se encontró con un muro metálico imposible de atravesar. Uno de los ingenieros apareció de urgencia y la primera orden que dio fue seguir cavando, ignorar el muro, atravesarlo y echarlo abajo, pero fue imposible. La tuneladora incluso sufrió una avería. El asunto del muro se complicó. EL ingeniero junto a gente de su equipo estuvieron una mañana sacando fotos y describiendo la posición y posibles usos. Aquella mañana a la hora del desayuno todos salieron pero yo me quedé comiendo el bocadillo junto al muro. A veces me gustaba quedarme en esa parte del túnel solo. Los túneles en plena obra y cuando están vacíos tienen un silencio que jamás he percibido en otro lugar. El silencio de los túneles en obra es parecido al silencio absoluto, que seguramente no exista. Pero hay una sequedad total, un apaciguamiento, un colchón invisible que condensa el vacío y lo extiende y tiene algo de enigmático quedarse a solas en un túnel en obras. Comí mi bocadillo sin prisas, frente al muro metálico, iluminado por una tenue luz de lámparas. Me puse en pie, no hubo eco, nunca hay eco cuando el túnel se queda vacío, y me acerqué hasta el muro. Toqué el muro con la mano y descubrí que ese metal reflejaba. El metal estaba lleno de arena, de polvo, pero reflejaba y vi mi reflejo en el muro. Me vi solo en el túnel, me vi de frente luego busqué alguna señal en el muro. Pensé durante un rato que ese muro contestaría algo, sería una respuesta, algún tipo de señal. Busqué una puerta, busqué un jeroglífico, busqué mas imágenes, otros reflejos, pero sólo me vi a mi y lo que llevábamos de túnel tras de mi. Empecé a escuchar a mis compañeros a lo lejos, el bullicio de todos. Guardé mis cosas en la mochila y les esperé encendiendo un cigarro. Cuando llegaron el superior me dijo que no debía fumar en el túnel, que la próxima vez no había más avisos. Lo apagué apretando la colilla contra el muro. Fue así que descubrimos lo que era aquel muro. Eso es todo lo que tengo que decir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9263764-5693030487628363735?l=blogges.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://blogges.blogspot.com/2009/11/en-el-tunel.html</link><author>noreply@blogger.com (Henry S.)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item></channel></rss>