lunes, junio 15, 2015

Los choques

 Entiendo tarde que uno de los problemas del mundo son las luchas internas, las miles de luchas internas que hay en cada parcelación de la sociedad. Uno puede ponerse todo lo remilgado que quiera, pero a nada que se observe con cierta atención ves que por supuesto que existe una lucha de clases, y en general muchísimo más feroz y despiadada  que lo sospechado o que lo asumido. Y este tema es tratado con frecuencia por estudiosos o ideólogos. Pero además hay una lucha que también tiene sus víctimas y una permanente batalla, y es la lucha generacional. Y en este país es, seguramente, un problema grave. El poder económico y de los medios lleva demasiados años siendo de una generación que no asume los cambios con facilidad y dicta desde una visión, con frecuencia, del miedo a lo nuevo, el pensamiento colectivo. Cuando pienso en esto pienso sobre todo en gente de mi alrededor, mayores que yo, que llevan años consumiendo los mismos medios de comunicación, los mismos columnistas de opinión, las mismas líneas editoriales, que tienen como guías de la opinión a sus mentes lúcidas, en las que creen, rodeadas de un halo de lo que se llama la sensatez, el equilibrio,  de cierta moderación. Han escrito el relato del presente y llevan varias décadas escribiéndolo y los mayores de mi alrededor son los lectores de ese relato, un relato dominante y que cada vez encuentra menos lectores de mi generación para abajo. Y uno de los problemas que veo de aquí en adelante es que su relato y el que no se escribe aún de las generaciones posteriores cada vez va a chocar más y cada vez va a producir más distancia y me temo que esto va a volver los próximos tiempos a este país en una cosa posiblemente cada vez más crispada y cada vez más revuelta.

miércoles, junio 10, 2015

La mutación

Llevo dos o tres años mutando. Creo que no es un proceso individual. Hay algo que se ha removido a nivel global mucho más allá de lo evidente, pero no tengo la perspectiva histórica como para hacer un análisis. Por ejemplo, un detalle nimio,  durante algunos años este blog era una rutina en mi vida, algo con lo que tenía un contacto permanente. Mucha gente en mi entorno tenía un blog, los usaba y era consumidor de blogs. Hoy el blog, este formato como tal, parece anticuado. Ese uso que hubo hace cinco, seis años de los blogs parece desaparecido, y bien visto tiene sentido, ha pasado más de una década desde que empezamos a usarlos. Todo este lenguaje de los blogs, ese uso que se hacía, ha ido transformándose en otra cosa. En cierta manera se ha ido transformando el tamaño de lo que contamos. No estoy de acuerdo en que la velocidad o lo escueto hayan empeorado las cosas, esas nostalgias suelen ser falsas, la memoria suele ser lo primero que nos miente y en general esas reflexiones suelen tener algo más de reacción que de adaptación. Creo que tengo la edad suficiente para notar que el mundo ha variado. Hay mil detalles del día a día que ya son distintos. Llegué a Madrid a finales de siglo y la ciudad se ha transformado mucho. Hay variaciones en las construcciones, tiendas nuevas, reformas de plazas, nuevos edificios, pero también las transformaciones sociales, esta ciudad ya ha cambiado con respecto a aquella que era cuando llegué. Tiendo a ver que los cambios son una cosa muy difusa, que va sucediendo permanentemente y que es un tira y afloja. No sé si el mundo fue mejor, lo que sí creo es que el mundo pudo ser mejor: es decir, tuvo la oportunidad de ser mejor. Que en general se va han ido perdiendo, permanentemente, oportunidades de hacer del mundo un sitio mejor. Estos dos o tres últimos años, quizá cuatro, lo que sucede es que esa mutación de lo que fuimos a lo nuevo que seremos, tiene que ver más con un descrédito de lo que hemos asumido como real, como inamovible. Habitamos aquí, y parece complejísimo darle la vuelta, pero cada vez hay menos gente que cree en esta forma de vida. A veces me sorprende hasta la persona más insospechada, esa que crees absolutamente insertada en este sistema, con un discurso fugazmente hiper crítico con esto. Casi nadie acepta ya esta vida entorno a lo laboral, se acepta, pero cada vez más gente le ve las fisuras a ese disparate. Sólo hace falta tener un hijo para comprender que la forma en que estamos organizados es delirada y va contra la vida esencial de los seres humanos. Somos capaces de hacer por la vida laboral cosas que vistas con perspectiva, son enfermizas, épicas, pero esa épica terrible que nos lleva hacia el delirio. Somos capaces de hacer por el trabajo lo que no somos capaces de hacer por cambiar la vida, por modificar el mundo. Somos capaces de pasar tres horas al día en transporte público, para pasar nueve horas en una oficina y volver a casa exhaustos. Somos capaces de soportar con paciencia la hostilidad de pasillos en el entorno laboral, ser sumisos ante exigencias incomprensibles, de tipos que están por encima en una escala ridícula de la organización empresarial. Somos capaces de organizarnos con tipos que detestamos para sacar un departamento de una empresa cualquiera adelante, y no somos capaces de organizarnos con los que amamos para vivir en un entorno más amable. Estamos mutando sí, y nos va la vida en ello. Y sin embargo seguimos en ello.

martes, junio 09, 2015

Ignorante

 Yo no tengo ni idea de las cosas. Sé muy poco de casi nada. A veces me atormenta esa ignorancia. Quisiera saber más, quisiera comprender más, no ya sólo lo ajeno, a veces incluso mis propios pensamientos, que de no ser tan ignorante como soy, al menos podría modelarlos con más eficacia, verbalizarlos, asumirlos y ser capaz de manejarlos. No aspiro ya al conocimiento enciclopédico que sé que jamás tendré, sino, tan sólo, a cierta capacidad de comprensión. Me abruma saber tan poco. De cada tema del que siempre se puede leer o escuchar, siempre mi conocimiento navega en un agujero negro, lleno de vacíos. Intuyo cosas, apenas algunos datos, pocas reflexiones. ¿Dónde he metido lo poco que sé y por qué no me ha dado tiempo a saber más? Qué frágil, además, lo poco que aprendí. Pero no quisiera conocer por ese uso mercantilizado de conocer. Quisiera saber para comprender.  No quisiera saber por poseer conocimiento, sino por comprender lo que leo y lo que pienso, pero comprenderlo de verdad, desde el tuétano. No aspiro sumar saberes como el que compra coches: también el conocimiento se ha vuelto consumista, el aprendizaje capitalista: la monetización de lo que sabemos. Quisiera conocer para comprender ciertos flujos o la cadencia de las cosas. Para poder capturar con precisión lo que escucho o determinadas intuiciones que pasean por mi cabeza. Quisiera saber más para comprender y poder aplicarlo. Quisiera saber para pelear con conocimiento por un mundo más justo. Quisiera saber porque me resulta tan abominable, y cada vez más, esta estructura social en la que habitamos. Quisiera desmontarla con criterio no con intuiciones. Saber porque eso que me resulta terroríficamente cruel y desigual lo es. No es una cabezonería, lo intuyo. La forma en que está desorganizado el mundo es evidentemente atroz, pero es atroz por lo evidente y por más asuntos que no alcanzo a entender. Soy ignorante y nunca sabré, y sólo el que algo sabe, puede producir el cambio en si mismo y en los otros. Lo poco que sé es que la mayoría de nuestro conocimiento, ese saber que impera desde lo poderoso es un saber vacío. Observar a un político o a personajes públicos emitiendo opiniones, viene en la mayoría de los casos lleno de palabras sin contenido, de significantes vacíos. En esto hay un ejemplo cotidiano, el uso permanente que se hace de la palabra sensatez. La sensatez soy yo. La sensatez es los que piensan esto que yo pienso. Todo este conocimiento en forma de agujero negro es lo que nos tiene paralizados. Y aquí entra de nuevo ese no conocimiento que padezco. Intuyo que esto es relativamente cierto, pero no puedo argumentarlo, no sé porque esto que intuyo es cierto, con lo cual no tiene ninguna validez. Sé que habitamos en un saber vacío, en un saber sin nada. Las ideologías, las reflexiones políticas de los que me rodean en el 90% de los casos no llevan saber detrás: es una maraña de emociones, de prejuicios y de acto de fe, pero no es conocimiento. Hay casos que se asemejan al conocimiento, tipos que manejan con habilidad cierto entender, pero nos movemos, y en mi caso el que más, en una masa de cosas que intuimos, pero no desciframos.

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