lunes, marzo 31, 2014

Uno y el mundo

 No sé si debe a un problema estructural o a un problema de conocimiento, pero mis opiniones son de una debilidad pasmosa. Nunca he sido capaz de explicárselo a los otros, como suelo ser incapaz de explicar algunas de mis posturas, pero en general no tengo argumentos para debatir, me quedo en blanco cuando alguien me argumenta y aunque sea una opinión que instintivamente entiendo como disparatada o muy lejana de mi pensamiento, me cuesta rebatir, me cuesta contraargumentar, porque me aturullo. No lo termino de ver como una debilidad, en general todo tiene dos caras. Tengo posturas políticas claras, pero se difuminan, se entremezclan, se apelotonan. Sobre todo últimamente. Estoy aturdido, francamente aturdido, diría casi que atravieso un momento delicado ideológicamente que roza el existencialismo, porque no me termino de encontrar, porque no encuentro como posicionarme, qué pensar y eso me lleva a dudar incluso de mis elecciones existenciales, de mi forma de vida. Paso en diez minutos de una idea a otra. Puedo venir caminando por la calle y pensar que creo en la ruptura radical y definitiva del sistema tal y cómo lo conocemos, para pensar, cuarenta segundos después, que todo es más complejo y delicado y que el acuerdo social para estar en otra cosa es lento y menos evidente de lo que sospechamos. Analizo mi vida, insertada de lleno en las costumbres de esta forma de vida tan deleznable, tan terriblemente injusta. Metido de lleno en la cadena de la que soy muy partícipe y consciente de que mi postura, inevitablemente, afecta a todas las posturas. Nadie es inocente y todo el mundo lo es ¿Cómo cambiarlo todo si me cuesta cambiar tanto mi propia vida, mis propias costumbres? ¿Por donde empezar la ruptura? ¿Cómo empezar a modificar la realidad si estamos rodeados de tantas realidades? No creo en la violencia. Sé que para mi no es válida. No puedo asumir un cambio basado  en el dolor físico de otro, seguramente es bueno por un lado, seguramente me hace algo más conservador por otro. Todo tiene doble cara. No sé cómo se reconstruye esto y no tengo ni idea de cómo posicionarme; o más qué cómo posicionarme, como habitar para propulsar ese cambio esperado o ese ideal de justicia e igualdad que veo como opción para vivir en sociedad. Sé lo que no me gusta de esto. Lo despiadado de este sistema financiero. Las incoherencias entre que expulsen de sus casas a gente muy débil económicamente y que sin embargo se cuide o se salve a empresas que han despilfarrado y han arruinado negocios de carreteras. Hay tipos que te pueden argumentar esto, a mi, sin potentes argumentos, sin conocimientos teóricos, simplemente me parece contranatura, contrahumano, nauseabundo. Admiro a esa gente activa en movimientos políticos alternativos. Como ese grupo de gente que tiene esa plataforma tan admirablemente bien organizada como los afectados por la hipoteca. Veo claramente que el cambio viene por ahí. No creo que venga de la ruina, de esperar a que todo se agote. Tampoco termino de verme reflejado en determinados movimientos alternativos porque una especie de prejuicio me lleva a ver cierto elitismo. Ahora hay mucha actividad y cada vez veo más gente implicada. Eso es bueno, pero su contraparte es ese aire de desprecio al otro que a veces veo que rezuma cada argumento. Tiendo a rechazar eso. No es una postura adoptada racionalmente. Es que cuando veo desprecio al otro me suelo sentir identificado con el despreciado, por muy lejana que esté su forma de vida de la mía y muy cercana del que desprecia. Seguramente si alguien, con buenos argumentos, viniera a desmontar esta confesión, me pondría de su parte. No suelo tener capacidad de ver ciertas esquinas de los pensamientos. No estoy escondiéndome, estoy tratando de ubicarme, de ser útil al todo. Sé que no quiero vivir en el indivualismo, pero ¿a quién me junto? ¿Qué puedo sacrificar para que mi vida se aglutine a una comunidad benigna? Benigna en el sentido de qué su hacer no sólo no afecta negativamente a otras, sino que lo haga positivamente. No quiero vivir aislado porque asumo que somos seres sociales, afectados absolutamente por el mundo en el que vivimos. No sería quién soy si el mundo no fuera como es. No quiero ser, quiero estar. Pero como compatibilizo todo eso con la forma en la que vivo. ¿Como actúo o como apoyo si en el día a día me faltan horas? ¿Por dónde se empieza a romper la costumbre para pasar a un nuevo estado?

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