lunes, junio 29, 2009

La primera palabra

Se me acaba de caer la primera palabra de un cuento que pretendía escribir. La llevaba entre las manos, aún caliente, después de haberla cocinado a fuego lento, siguiendo con cuidado la evolución de su proceso. La limpié las ramas, la lavé, le quite la piel para hacerla suave. La receta era sencilla, la puse en un recipiente de barro, eché sal, un poco de aceite y comino. La dejé haciéndose, a veces me asomaba y veía como la palabra iba cogiendo ese color dorado de las cosas que van a quedar bien cocinadas. Atendí pacientemente, miraba con frecuencia, olisqueaba esperando el aroma que desprenden las cosas en su punto justo. La casa se lleno de ese agradable olor, el olor de esa palabra que con esmero iba preparando. La retiré del fuego, esperé unos minutos y la cogí con las manos, como reza la tradición, para traerla hasta el texto y en el camino, no se si por torpeza o por que aún quemaba, se me ha caído de las manos. Un segundo. Menos, mucho menos. Que poco duran esos instantes que lo cambian todo, que modifican el curso de las cosas. Un instante y la palabra quebrada, diluida, esparcida como un río desbocado. Cada letra en una esquina, deformada, sin ser letra, sin unirse en palabra. El sentido invisible de las cosas que pierden su forma. Aún permanecía el olor, si, como un recordatorio de mi torpeza, de lo que pudo ser la primera palabra de un cuento eternamente inexistente. Aún huele, aún permanece el aroma. Como el alma de ese cuento no nato, que jamás fue, que nunca existió. Aún permanece ese aroma a palabra y aún no recojo los restos del accidente en el suelo, ahí están sus formas sin forma, ahí están sus letras esparcidas. El vestigio de algo que jamás fue.

viernes, junio 26, 2009

Dia 1

Son las 9:26 de la mañana. Claro, este dato no es del todo cierto, porque, por ejemplo, en Buenos Aires o en Caracas no lo son. Acabo de despegar en busca de un destino incierto. Abajo queda la ciudad, las calles, mi vida terrenal. Salgo, asciendo y empiezo a integrarme en suave transición con la atmósfera. Mi velocidad es alta. Subo. De repente la tierra se convierte primero en un balón de futbol, luego en pelota de tenis, termina convirtiendose en el punto de la i para finalmente hacerse tan minúscula que se duda de su existencia. Avanzo por el vasto universo. Sigo. Manejo una XV-78, la máquina estrella de la agencia. Pequeña, pero admirablemente precisa. Veloz y con los mejores localizadores espaciales creados hasta el momento. Confortable, ideada para los viajes unipersonales. La XV-78 cuenta con el mejor estabilizador externo y con el visualizador local para navegar lejos. Digamos, sin abandonar la modestia, que la máquina fue e creada para esta misión que empiezo. Yo fui entrenado para esta odisea, la máquina fue creada para este viaje. LA XV-78 y yo nacimos, casi, para encontrar el mismo destino. Soy el primer Cosmonauta que avanza mas allá la primera galaxia. Mi misión es narrar diariamente las peripecias de este viaje galáctico. Soy el primer explorador. Enciendo la A-Sound 2, el equipo de música ideado para hacer mi viaje mas ameno. En la agencia conocen mi melomanía. Escojo la primera canción que sonará en este inabarcable viaje. Suenan las primeras notas. Me sobrecoge el sonido de la música en este entorno infinito. El símbolo de la humanidad en esta pradera que no acaba. Puedo tararear acompañando esta melodía, los sentimientos humanos. Me siento parte, de repente, de ese colectivo casi invisible, soy un humano en medio de la nada. Me rodean piedras, otras piedras que se sostienen en la nada. Gravita mi nave, gravitan planetas, gravitan mis primeras emociones. Gravita la música, mis oidos perciben esa voz. MI cuerpo es una celda. Gravitan mis recuerdos y avanzo con la nave. Recuerdo a mis hijos, los imagino transitando por las calles de ese lugar que desde aquí ya no se ve. Siento nostalgia repentina por mi planeta, el lugar al que pertenezco. Enciendo la emisora. Saludo a la agencia. Oigo bullicio, la celebración de mis primeros pasos allí. Llevo el destino de tantos en mis manos. Hablo, describo el entorno. Oigo un aplauso ensordecedor. La voz del director de la agencia impulsándome, dándome fuerzas. me hacen una entrevista en directo. mando un beso a mis hijos. recibo felicitaciones por miles de voces que no identifico. Corto y avanzo. Bien visto esto es una larga carretera de asfalto invisible. Escogo otra canción para seguir en esta larga noche. Ahora siento que el viaje real, ha empezado. Anoto posición el el cuaderno. Anoto sensaciones. Todo se repite pero nada es igual. Reconozco esos lugares que tantas veces estudié. El plan es exacto. Acelero pero apenas noto el cambio de velocidad. Tarareo en voz alta, mi voz atraviesa el espacio. Estoy tan lejos de casa....

Manuscrito encontrado en una XV-78. Fechado dos siglos antes.

miércoles, junio 24, 2009

Verano

Se acaba de ir por la puerta. Olía todavía a champú, llevaba el pelo húmedo y recién peinado. He oído sus pasos fuera, cuando ya ha cerrado la puerta, se han ido desvaneciendo hasta desaparecer, ese sonido cae, cae y deja de oirse. Me he imaginado sus pies en la acera, pisando rápido porque llegaba tarde. Subiendo la calle, esperando en el semáforo al que siempre llegas cuando está rojo para los peatones. Ha visto un ciclista pasar, una hilera de coches y de repente el semáforo se ha puesto verde y ha cruzado. Aquí no se oían ya sus pasos y el olor del champú casi, también, había desaparecido. Me he puesto otro café y he puesto una canción que es como el verano, como esto, como esta luz, como esta temperatura. Me gusta el título de la canción, mucho mas el verano. En verano se es invencible. Invencible en batallas invisibles, pero invencible al fin y al cabo. He tecleado esto que no se que es, no es un texto. Tampoco tiene una finalidad. Es verano. Seguramente esto es verano también. Ya no huele a su champú en su pelo.No hay ni un eco de sus pasos. Irá en el metro leyendo, casi puedo ver su cara reflejada en el cristal de enfrente, donde se refleja de manera muy precisa, su cara, su pelo todavía húmedo mientras el metro sube por un túnel de la ciudad. Van pasando estaciones y aquí va avanzando esta canción que es un trozo de verano. Aquí es verano, en el metro no lo suele ser. No hay estaciones bajo tierra. Hay estaciones si, con nombres propios o de ciudades, pero no otoños ni veranos, por supuesto tampoco primaveras. Habrá, eso si, un vestigio de verano para los que vayan cerca de ella y huelan el champú en su pelo, ella lleva el verano en esa melena rubia, rubia como el sol de verano. Ella lleva el verano en el pelo y ese verano huele tan bien, a champú si, pero es un perfume que cambia al hacer contacto en su pelo, es el olor del champú que hace ebullición en su melena. Una mezcla, porque no usar la palabra, mágica. Ha llegado a la estación, se baja, sube las escaleras mecánicas, camina a ese ritmo adorable. EL pelo sigue húmedo porque el verano en su pelo es un verano fresco, agradable, casi una primavera prolongada. Sigue, pasa por donde el tipo que vende lotería que tanto la llama la atención, le mira como tantas mañanas y recuerda un número que jugo el otro día, casi con desgana, por el chiste de jugar. Sigue caminando. Aquí ya no hay eco de sus pasos, se ha desvanecido el olor... Es verano

lunes, junio 22, 2009

La posibilidad de un final

Desperté a la misma hora de siempre, que es una hora no exacta entre las 7:30 y las 7:40. Una variación de minutos que después de tantos años todavía resulta desconcertante. No noté nada extraño. Nada. Acudí ceremonioso a mis ritos mañaneros. Tomé café frente a la ventana desde la que noto la luz del dia que empieza, la climatología con la que arranca la jornada. Anoto los sueños que recuerdo, imagenes sueltas, descripciones de determinadas sensaciones, el recuerdo de ese otro lado de la vida. encendí la radio, no había señal. Apagué el aparato y pensé en como se deshacía uno de las radios que dejan de funcionar. recreé fantasiosamente la imagen de mi radio cayendo la vacio en algún lugar desconocido, enfrentandose a kilos de basura y desperdicios humanos. Es extraño, pero sentí nostalgia. Escribí una frase que me gustaba para emepzar un cuento. Encendí el ordenador, abrí el documento "El vacío" y continúe con el largo proceso de corrección en el que estaba (estoy) sumido. Me detuve en una palabra en medio de una frase. Esa palabra hacía pomposa la descripción, manchaba, ahondaba en algo que era innecsario, sin embargo no encontraba mejor solución. Estuve mucho rato, leí la frase varias veces en alto, era evidente que el adjetivo sobraba, pero sin adjetivo había una ausencía y determinados sinónimos me sonaban a trampa. Dejé aparcada la frase y me decidí por el asunto mas espinoso de todo esto. Anotar el párrafo final donde la idea, el argumento, se cerraba definitivamente. Levanté la vista y noté el primer síntoma de una serie casi infita de síntomas extraños que se sucedieron. No había un solo sonido. Tarté de centrarme en el final. Tecleé algo, pero lo borré. Volvió a llamarme la atención el silencio. Me levanté y dije una frase en alto. Volví rápido al ordenador y la anoté. Era la primera frase del final, eso sentí rotundamente nada ams escribirla. ME puse de nuevo de pie y abrí la puerta de casa. Silencio. Miré a los lados, no había nadie. Salí al descansillo, la ventana frente al ascensor desde la que se ve la calle me dio una imagen insolita. La ciudad estaba extrañamente detenida. Miré por la ventana. Todos los coches estaban detenidos, no había transeuntes. Bajé por la escalera. No me crucé con nadie. Caminé y descubrí. No se como explicarlo, pero todos habían muerto. COmo si alguien hubiera dado al boto y hubiera detenido a cada ser humano en ese instante a todos y cada uno de ellos menos a mi. Caminé, corrí, caminé. Sentí miedo, sentí pánico, snetí desasosiego y terminé no sintiendo nada. Recorrí cada una de las calles. Todo vacío o detenido. Un infinito cementerio. Llegué al centro. Cuerpos y cuerpos como un mar incomprensible. Una imagen que la cabeza, mi cabeza, no terminaba de entender. Me tropecé con una mano. Me levanté. Sólo mucho rato depués algo me llamó al atención. Me acerqué hasta un cuerpo apoyado en un banco. Álguien que, en el instante de ese final al que yo no había acudido, leía. Me acerqué, todavía tenía el libro en la mano. QUise descubrir que libro era el elegido por ese último lector, para ese instante brutal. Me acerqué y vi primero el título " El vacío" , debajo el nombre del autor. Mi nombre. EL dedo marcaba la última página. Cogí el libro, leí el último párrafo. Reconocí la frase que antes de suceder todo aquello, había anotado en mi ordenador, justo en el momento de salir de casa. Levanté la vista y marqué punto y final.

viernes, junio 19, 2009

Basado en un hecho real

Para ella yo era una rareza, para mi ella era una lejanía, esa sensación de inalcanzable que se tiene con determinados objetos, con determinados lugares y con determinadas personas. Nos conocimos en un bazar, entre antigüedades y olor a moho. Ella estaba casada con un tipo que se dedicaba a algo importante que jamás me interesó, yo me acababa de separar y estaba sumido en un proceso entre divertido y decadente de mi vida. Ella buscaba un calendario extrañísimo proveniente del norte de México, yo no buscaba nada, yo había entrado ahí por que aquella tarde de sábado tenía todavía la resaca de la noche anterior y porque me divierten determinadas tiendas a las que no termino de verlas el sentido. A mi no se me cayó nada, a ella tampoco, pero casi nos dimos de frente junto a una estantería con objetos horrorosos del norte de Inglaterra que aparentemente tenían cierto valor. Pedí perdón, ella también. Media hora después nos tomábamos un zumo de frutas, diferentes cada uno, en un bar que no conocía y ella tampoco. Dos meses desués nos habíamos acostado varias veces, nos habíamos visto mucho y sentíamos una profunda atracción el uno por el otro. Decidimos viajar un fin de semana al extranjero. Ella argumentó no se que historia inconexa a su marido para conseguir los dias libres. Quedamos en el aeropuerto. Nos montamos en el avión juntos y pasamos un fin de semana bastante bonito juntos. Nos emborrachamos profundamente en aquellas calles ajenas, nos drogamos moderadamente y experimentos con nuevas formas de sexo. Paseamos por aquellas calles que ninguna conocía, fuimos a un par de buenos restaurantes y uno prescindible. La última noche me pidió grabarnos en video, acepté con temor, soy pudoroso, mas frente a una cámara. No negaré sentir odio, o una forma parecida al odio hacia ella, cuando la primera persona, sonriente, me comentó haberme visto en un video en una página porno. También sentí temor y unas cuantas sensaciones desagradables. La llamé, no me atendió. La volví a llamar, siguió sin hacerlo. Comprendí que no era mas que el principio aquella noche que llegué a una fiesta y varias desconocidos me reconocieron. Salió el tema del video en la página porno. Alguien describió lo que yo nunca había visto pero que recordaba con enorme exactitud. Otro me preguntó si las frases dichas las teníamos planeadas o eran espontáneas. Recordé alguna frase suelta, palabras de la euforia frenética y quizá desmedida en los segundos previos al orgasmo. No contesté, cuando buenamente pude salí de allí. LA volví a llamar. No me atendió. La cosa pintó fea cuando aquella navidad llegué a la cena de mi familia y mi hermano me saludó con una sonrisa y luego desviando, complice, la mirada hacia su mujer y nuestro cuñado, el marido de mi hermana. Traté de buscar el video, no lo encontré. Mi intención era eliminarlo de la red, pero por mas que busqué no lo conseguí. La volví a llamar. No me atendió. En el trabajo me pusieron mote, en el gimnasio me decían que no me cubriera que de sobra era conocido. La llamé me atendió. Comprendí: Ella se había separado. No me había atendido todo ese tiempo, porque creía que había sido yo, el autor de la propagación de aquella noche de sexo.

Comprendimos dos cosas:

1.- El video lo colgó el marido.

2.- Todo el mundo ve porno en internet

A ellos, que lo sufrieron.

Noches de pijama verde

Hace un rato ha entrado un enfermero, le ha dado un vasito de plástico minúsculo con un líquido de un color indefinido. El enfermero ha hablado del clima, de presiones y humedad, de nubes y sopor, de las intensidades atmosféricas del verano, luego le ha preguntado sobre su nerviosismo y ha soltado un par de frases tranquilizadoras que seguramente emita en cada habitación, cada mañana de su vida laboral. Ha medido su tensión, ha hecho un gesto afirmativo y casi en susurro se ha dicho, mas a si mismo que al enfermo, que está bien, que la tensión mantiene el pulso y anota el resultado en una carpeta. Se ha girado y ha salido de la habitación. Al salir la habitación se ha quedado en su habitual profundo silencio, ha vuelto a esa serenidad extraña, a esa quietud sospechosa. Cada vez que el enfermero o enfermera de turno cruzan la puerta y desaparecen, siente una leve nostalgia, o algo que podría parecerse a la nostalgia. Le gusta el rito de esos profesionales, su minuciosidad, su paciencia, esa tranquilidad que traen de por si. Cada vez que entran la habitación se llena de una vitalidad potente, o ni siquiera potente, sino de vitalidad. Saludan, se mueven con gracia, ejecutan y anotan, miden, entregan, mueven y se van. Luego el silencio, el constante silencio de dos que apenas hablan, dos que, estáticos, esperan en los colchones prestados del hospital. Ahora está el silencio y el reloj, en breve aparecerá una camilla y un par de personas que le moverán y se lo llevarán, atrevesarán pasillos que desde la habitación parecen otros mundos. Ascensores, plantas desconocidas, conversaciones que van de paso y que le ignoran al pasar. La vista del mundo boca arriba, las luces en el techo, las ruedas de la camilla que dos desconocidos empujan y le dan una conversación que ellos jamás recordarán y que sin embargo será su conversación antes de todo eso. Los camilleros son expertos. no sólo en los entresijos del hospital, sino de la vida. Suelen contar historias parecidas, tranqulizadoras. A ellos o algún familiar les ha pasado algo parecido y ahora están tan panchos, que ya ni se acuerdan. Y el va callado, pensando incluso en los últimos sueños, imaginando como será el viaje de anestesia, ese simulacro. Un viaje de ida y vuelta. Sueños y anestesia. Poco mas. Cruza unas puertas, las últimas puertas, hay un grupo de gente que bien podría ser un psicodélico equipo de futbol. Le hablan, le mueven de la camilla a la mesa, le desnudan. Todo sucede rápido, le hacen preguntas graciosas, hay humor en los rincones mas insospechados, piensa. De repente todo gira, hay una vuelta y se va a negro. Comienza la segunda parte del viaje.

Todo va a salir bien. Vas a ver que si.


A mi vieja

miércoles, junio 17, 2009

El escritor

Estuvo una vida entera intentando escribir un cuento breve.

lunes, junio 15, 2009

En el viaje

Se sienta en una pizzeria de Guanare. Piensa en lo mal aplicado que está el concepto "Pizzeria" en ese local. Realmente es un lugar donde dan arepas, hamburguesas y porciones de pizza de manera rápida, la decoración no existe, sino un montón de objetos que se suman unos a otros y el servicio se reduce a una persona que te toma el pedido, te lo entrega en una bandeja y te cobra, eso si, con un uniforme que evoca, o eso pretende, los uniformes de las grandes cadenas de comdia rápida del mundo. Afuera hace un calor infernal, es mediodía en ese lugar donde empieza el llano. Está sentado en una mesa que da a la calle. En la misma calle donde diecisiete años antes fumó marihuana por primera vez. En ese instante recuerda aquella noche de carnaval que terminó en un río y reflexione y se pregunta dos cosas en una, ¿Por qué carajo ha terminado volviendo a Guanare y por qué fue en Guanare que fumó marihuana por primera vez en su vida?. Las dos preguntas le parecen irreales porque su respuesta no existe. No hay porques para muchas cosas, entre otras la vida, se dice a si mismo golpeado todavía por la intensidad del calor y por el sauve delirio, parecido al de la marihuana, que siente en ese instante.

Sale a la calle. Pasa un perro que le parece enfermo. Sigue de largo. Se montra en el coche que le conduce por todo el viaje, un Malibú que está destrozado pero que, eso si, le permite usar su iPod. Arranca, sale a la carretera en dirección Barinas, pero no pone música. Enciende el aire acondicionado a pesar del sonido terrible que emite. Unos minutos después lo apaga, baja el cristal. Recuerda a su padre, a su padre conduciendo por esa misma carretera veinte años antes. Trata de recordar cosas de aquel viaje que hicieron en aquel año, en aquel diciembre extraño que vivieron. Avanza por la carretera. Se detiene en el arcen. No pasa nadie. Siente un calor tremendo. Se quita la camiseta y se apoya debajo de un árbol que no reconoce porque no tiene ni puta diea de botánica. Recuerda a Lola y siente ganas de acostarse con ella lo que le lleva a pensar en masturbarse en medio del llano. No lo hace. Vuelve al coche pero no lo arranca. Saca la marihuana de la mochila y fuma. Enciende el iPod y se pone una canción que le parece muy efectiva para potenciar la sensación de viaje mental. Se hace el porro, lo enciende y antes de aspirar huele el exquisito aroma de la marihuana. Fuma. Vuelve a fumar. Mira el humo, escucha la música. Piensa en Lola. Fuma. Mira el humo. Escucha la guitarra, como si esta se despegara de la capa uniforme de la canción, como si se desprendiese y caminara sola por un espacio irreconocible pero calido, ameno, con una textura muy orgánica. Fuma. Piensa en Lola y siente uuna leve erección. Piensa en la autonomía del pene, en la autonomía de los órganos del cuerpo, piensa en el cuerpo, en sus ritmos diferentes, en esa convivencia enloquecida de celulas y sustancias. Escucha la música. Ahora la guitarra vuelve a su plano, es la batería, mas concretamente los platos, los que viven esa independización. Explotan y reverberan durante una cantidad de tiempo incalculable. Suena el plato, parece un brillo, el reflejo de ese sol bestial en medio del llano. Vuelve a fumar y cierra los ojos. Se detiene un coche a su lado. Baja un tipo, se acerca hasta el Malibú.

.- ¿Sabe como puedo llegar hasta Guanare, me he perdido?

.- Tiene que retroceder. Treinta kilómetros antes está la salida. Está indicado.

.- Coño, pana. No lo he visto. Gracias, broder.

El tipo vuelve a su coche. Arranca, gira y vuelve. Se termina la canción. Ve que el humo aún juguetea por el coche. Arranca y sigue. Por la noche, después de bastantes horas, llega a Mérida. Se queda en un hostal barato que no tiene vistas. Recuerda a Felix y a Jenifer, al rato recuerda a Jackeline, también una camiseta y un burro, una sopa, a un montón de gente escondida por algún lugar de la memoria. Cierra los ojos, está agotado pero no puede dormir. Se fuma otro porro, se pone el iPod, selecciona una canción que hacía mucho tiempo que no escuchaba. La escucha, la va escuchando y se queda dormido.

A la mañana siguiente se encuentra, por fin, con su destino.

domingo, junio 14, 2009

El patio de noche

Es verano ahí afuera. Cierto es que en el calendario aún no lo es, pero no nos engañemos, esto ya es verano. Oigo los ruidos de la noche en las otras casas. El murmullo de la televisión, sonidos de cocinas, conversaciones apagadas. Un tipo que habla con voz profunda. He curioseado una ventana, creo que ahí vive una chica sola y he esperado unos segundos a verla aparecer. Nunca vi su imagen al otro lado. Tampoco se si es realmente una chica la que vive ahí, es mi imaginación la que escoge que ahí vive una chica. La modelo siempre de acuerdo a un gusto muy específico que tengo para estas infantiles fantasías. Otra forma de pornografía. Luego he girado, he visto a la señora del tercer piso y he sentido esa sensación rara que da encontrar la mirada de un vecino. Ese descubrirse mirando. Normalmente la descubro yo a ella mirando a casa, tiene una vista privilegiada de nuestra cotidianeidad. El aburrimiento la lleva muchas horas a esa ventana a la que, honestamente, un día me gustaría asomarme para ver mi casa desde otra ventana, desde otro lugar. Desde la perspectiva de otra vida, la perspectiva ajena de las palabras que se suceden aquí dentro y que ella no escucha, la perspectiva en la que somos figuras, casi sin voz o con una voz casi inaudible. Imágenes que salen y entran sin saberse donde coño van. Imágenes que actúan, supongo, de manera no siempre comprensible, el sale, ella sale, ella entra, ella sale, entran los dos, sale el. Eso verá desde su ventana, vidas abstractas. Un dia me gustaría asomarme allí, a la ventana donde los habitantes de esta casa somos figuras con una vida imprecisa, indescifrable como todas las vidas de todos los vecinos que vemos. A su lado vive una pareja, son dos chicos enormemente antipáticos, sobre todo el de las gafas. El otro a veces deja caer una sonrisa tras el saludo. Un día me habló desde su ventana, se le había caído un calzoncillo en una zona del patio donde sólo podemos acceder nosotros. Fue raro, el tipo me siguió con la mirada desde arriba mientras yo recogía su calzón, cuando ya lo tenía en la mano, miré arriba e hice un gesto para indicar que ya tenía en mi mano la tela, el tipo me miró alegre de recuperar, quizá, uno de sus calzoncillos favoritos. El ser humano tiene esas extrañezas, tenemos una camiseta que nos gusta mas que las demás, un calzoncillo que preferimos a los otros. Objetos a los que otorgamos rasgos. Me dijo que bajaba a buscarlo, tocó y se asomó torpemente a curiosear nuestra casa. Se giró y se fue. A veces, pocas, me cruzó en el portal con el, saludó y sigo, pensando que quizá ese día lleva su calzoncillo favorito. El mundo del vecindario se mueve en el terreno de lo difuso. Somos personajes indefinidos los unos para los otros. Vivimos a escasos metros, compartiendo paredes, tuberías, cañerías, escuchando los mismos ruidos externos y sin embargo somos ajenos salvo en esas ocasiones que rozan el absurdo. ¿Quién cojones son estos señores que nos rodean?. ¿Que hacen en el día a día?. Ahora veo luces en sus casas, ven la televisión, navegan en internet, leen. No hacen nada, discuten, piensan en nada o en cosas que olvidarán, escriben un post prescindible, reflexionan sobre la posibilidad de no haber nacido, piensan de repente en la opción de separarse de quien tienen a su lado, se acuerdan de una anécdota escondida de la niñez, ven un partido de tenis en diferido, un programa absurdo, se masturban, se peinan, se cepillan los dientes, se tocan las pelotas sin pensar en nada. Aquí, a escasos metros de donde yo tecleo. Individuos que de algún modo se perciben como extraños desde aquí, en medio de esta noche que ya es de verano, en medio de ese aire cálido, de esos sonidos que vienen y van. Estoy casi seguro, que en el fondo, los vecinos no existen. Son proyecciones.

Teatral

Volvió al camerino. Se quitó la túnica con la que interpretaba el último acto y se encendió un cigarrillo. Se miró en el espejo y pensó en dos frases que decía su personaje, las dos frases tremendas. Pensó un poco mas en su personaje con el que no se sentía del todo a gusto, no ya tanto por que moralmente le pareciera despreciable, y era eso lo que debía trasmitir, sino porque atacaba directamente al epicentro de alguno de sus miedos mas profundos, de sus conflictos mas enquistados. Antes de aceptar el papel, cuando leyó el guión pensó no interpretarlo, pero aceptó por dinero, la cantidad le aseguraba un año menos angustioso y por terapia, suponiendo que enfrentarse a ese personaje haría desenmascarar determinadas zonas de su yo mas profundo. Desvelar esos conflictos a través de la interpretación. Tras la larga gira por teatros del país, comprendía que el conflicto se iba agudizando, trasladando a un terreno mas complejo.

La obra jamás despegó. Las pretensiones experimentales del director entorpecían al texto, la elección de secundarios era torpe, porque estos, siendo amables, eran malos. La puesta en escena era estúpida, un grave error de concepto. No aportaba, reducía. Nadie se había involucrado porque aquel proyecto, como tantos proyectos, había nacido fracasado. Como tantas vidas habían nacido para desvanecerse en el tiempo. Una obra que inicialmente tendría un reportaje en varios periódicos de tirada nacional y que terminaría desmigajándose en la memoria, donde ya nadie recordaría que hace algunos años, se representó de manera pretendidamente postmoderna, aquel texto clásico. Eso lo sabía, casi, desde el comienzo de los ensayos, cuando vio aquellas proyecciones que se sucedían a sus espaldas mientras el hablaba de la muerte, del delirio, del dolor. Eso lo supo, pero su motivo en aquel personaje, en aquel proyecto era otro, el económico, el terapéutico.

Ahora apaga el cigarrilo, repitiendose en voz baja esas dos frases que le atormentan, esas dos frases separadas en el texto, muy distantes. La primera casi en el arranque de la obra, la segunda pasada la primera parte. Dos frases que cada vez las dice allí, frente a ese público ensimismado, no siempre concentrado en lo que sucede en el escenario, siente una nausea, una descarga que nace en la boca del estomago y que con tanta violencia interior tiene que disimular. Esas dos frases que nadie sospecha son, en el fondo, una confesión pública, un acto de sinceridad oculto. Una declaración.

Oye pasos, se abre la puerta. Le dicen que al terminar irán todos a tomarse algo juntos. El se niega, volverá pronto al hotel. No quiere, siendo honesto consigo mismo, verla de nuevo y dudar de si es cierto, de si todo eso es real. De enfrentarse de nuevo al fantasma, a ese fantasma que le acosa y que a ella, ignorante, la persigue en cada representación, en cada escenario. No es una mimetización. No. Es un reflejo, el siente eso, lo mismo que dice en esas dos frases. Siente esa nausea y ella lo que jamás sospechará es que el ahí, cuando ella mantiene el gesto exacto, poco fluido, porque es un actriz mediocre, el también habla y se adueña no ya solo del personaje, sino del texto, de la frase, de ese deseo despreciable, terrible, oscuro. Oye pasos, todos se van. Sale a la calle, camina al hotel y sin encender la luz, se acuesta. Se repite: "Ya sólo quedan cinco funciones. Aguanta. Aguanta, por dios, aguanta"

jueves, junio 11, 2009

No personaje

Lo de esta historia es bastante raro porque inicialmente debía contar una anécdota algo disparatada sobre un personaje, pero por alguna razón el personaje, a la hora de escribirla, ha desaparecido. Algo le pasaba, algo le sucedía al personaje en esa historia, estaba llamado a participar en un suceso, en una narración, en este texto pero no ha acudido a la cita. Como se puede ver, el personaje no está, por lo tanto, tampoco su historia. Esto, ineludiblemente, nos lleva a una reflexión, a un planteamiento: Sin personajes no hay historia. Recordando aquel viejo dilema de: Si un árbol cae en el bosque y nadie lo oye, ¿Suena ese árbol cayendo?.Algo así sucede con este acontecimiento que no sucede: Si hay una historia esperando por un personaje y el personaje no aparece, ¿Sucede la historia?. Había una historia esperando aquí, en este lugar preciso. Son las nueve de la mañana del 11 de Junio de 2009. La historia acude a la cita, sabe que tiene que suceder. Llega al lugar, aparece y espera. Pasa el tiempo, un tiempo que se va haciendo largo y no se activa. No es un mecanismo, la historia no es un mecanismo pero por algún motivo permanece estática, detenida. Sigue esperando, desea, sobre todas las cosas, arrancar, pero eso no sucede. Va comprendiendo, mira a los lados. Arriba, abajo, en todas las direcciones posibles y percibe que está vacía. Que si, que está, que es la historia, pero que no arranca porque el personaje no aparece, no llega. Sigue esperando perdiendo, a pasos agigantados, la esperanza. Mira a lo lejos y ve el vacío, el personaje no viene y , eso lo sabe ya, jamás va a aparecer. Se quedará vestida, con sus mejores ropas, con sus mejores intenciones, con la emoción de toda historia a punto de suceder y se rinde. Sabe que jamás comenzará, que se quedará detenida, eterna, en el tiempo. Se pregunta por el personaje:

.- ¿Se habrá perdido?, ¿Se habrá desviado por el camino equivocado viniendo hacia acá? ¿ Se habrá encontrado otra historia repentina, algo mas sorpredente, menos esperada? ¿Habrá sido eso, qué ha sido seducido por una historia fugaz que pasaba y se lo ha llevado. Una historia sin personaje que le ha arrastrado?. ¿Sabía el personaje que tenía que venir? ¿Qué ha pasado con el personaje?, ¿Dónde está?.


Y entonces nada sucede, nada de lo que debía suceder llega a ocurrir y esta historia que esperaba pacientemente se termina así, justo aquí.

domingo, junio 07, 2009

Los idiotas

Encontró la película, que el consideraba formidable, en un antiguo café de aire decadente del centro de París. Perseguidor enfermizo del material amplio del movimiento cinematográfico " El aire troll", cuyas virtudes nadie ve, salvo un grupo de niños ricos de treinta años con tendencia al aburrimiento y con la inmensa necesidad de marcar tendencia fuera de la tendencia, busco aquella película que terminó encontrando con el mismo esmero con el que muchos años antes había buscado la colección de cromos de una serie de dibujos animados que tanto le gustaba ver cuando salía de clase los días fríos y lluviosos de invierno. La película,"la mejor película de El aire Troll", era, según los diecinueve entendidos del movimieto, la obra cumbre que conjugaba con maestría todas las características fundamentales del movimiento.

.- Violencia innecesaria
.- Bajo presupuesto
.- Cámara VHS
.- Irreverencia
.- Incoherencia
.- Aburrimiento
.- Sonido distorsionado
.- Ningún personaje

Conocedor de ese dato fundamental, buscó la película con vehemencia. Tener esa obra en las vitrinas de su casa, mucho podría parecerse al roland garros que Federer consiguió en junio del 2009. Así que busco, buscó enloquecido. Buscó en la vida de su autor, Alejandro Poro, Un joven de clase alta, nacido en una familia de una ciudad del norte de España que fue erasmus en Dinamarca y que vivió en el norte de Italia y el sur de Francia, en Brujas y en Amsterdam. Que grabó la película una madrugada de sábado en la capital francesa, después de consumir algo mas de un gramo de cocaína y deprimirse en una fiesta que se daba en honor al cine post gore en una fabrica habilitada como centro de cultura underground del siglo 21. Grabó al película en tiempo real y dejó la cinta guardada en una caja que nadie abrió la mañana que apareció muerto en una acera de la ciudad, al amanecer, con un alto grado de alcohol y droga en la sangre. La caja fue enviada a sus padres, que aún le mantenian económicamente. No la abrieron por dolor, por trauma. Meses después, un amigo llamó a la casa de los padres y preguntó por la caja. Pidió por favor que la abrieran para ver si dentro estaba un paquete de fotos en blanco y negro, la madre contestó diciendo que la acababa de abrir y que no, que el paquete no estaba, que había una cinta. El que llamaba, que luego se supo era Manu Manel, pidió por favor que si le podían enviar esa cinta. Le llegó, la vió y juzgó la película como obra maestra. Se fue de París y dejó la cinta en el café de un amigo. Ahí, nuestro protagonista encontró la película. La vió y pensó, con desgana, que le había dejado de interesar " El aire troll", cogió la cinta, la quemó y ese acto lo grabó. No puso música, no acompañó con audio aquellas imagenes, pero había fundado, sin saberlo, una nueva tendencia, por supuesto caduca, de cine de culto.

jueves, junio 04, 2009

La diseñadora

Ahora no te enfades. No es mas que un juego. Es la era de internet, el cambio de ciclo. No soy yo, son los tiempos. ¿Quién puede ir contracorriente?, ¿Quién?. Tu aceptaste las pocas reglas que habíamos puesto. Bien mirado a mi me gustabas y del resto no me había dado cuenta, pero fuiste tu la que lo propuso. Es el corta y pega. La era comprimida. El Mp3, el Jpeg. El collage. ¿Quién coño nos iba a decir que el collage iba ser la tendencia?. Fuiste tu, tus ideas disparatadas. Tu manía de hacer tendencia. Tus preguntas:

.- ¿ Hay algún rasgo en mi que se parezca al de alguna ex?- Preguntaste.

Y, claro, bien mirado, tu nariz se parecía un poco a la de Paula, tus labios tenían un grosor parecido al de Luisa, la curvatura del mentón tenía un ángulo ciertamente parecido al de María. Y no fui yo, fuiste tu. Tu obsesión tecnológica. Y realmente no creo que lo hicieras por amor, lo hiciste por ego, por ver sin en el fondo tu eras todas y fuiste tu la que propuso esa especie de Frankenstein. Ese coger fotos y formar el boceto ideal de mi vida emocional vino de tus ideas. Y si, internet que todo lo muestra, que ya no hay nadie sin un rastro. Fuimos encontrando las fotos de Paula, de María, de Luisa. También encontramos las piernas de Carla, la cintura de Andrea que ya casi no recordaba, las manos de Cecilia. Fuimos a mas, tu me incitabas. El pecho formidable de Susana. De María también sus caderas, el pelo de Eugenia. Y claro, tu despliegue de diseño. Si alguien se maneja bien en eso eres tu. La precisión, sin darnos cuenta era salvaje y si. Yo también me fui dando cuenta, yo también lo iba viendo, pero ya no pude parar, justo cuando tu ya quisiste detenerte yo ya estaba enganchado, finalmente estábamos creando la figura y el rostro de mi mapa emocional. En ese collage tan preciso, entiéndelo, estaba cada parte por la que yo había sentido pasión a lo largo de mi vida. Y claro, claro que lo vi muy pronto. Y mas cuando agregamos los ojos de Susana, ¿Cómo no lo iba a ver?, ¿Cómo no darme cuénta que cada parte separada de mi mapa emocional al juntarse formaban ese rostro, esa figura?, ¿Cómo crees que yo no lo ví? que aquella cara, aquella figura, todas aquellas partes juntas, formaban, con enorme exactitud, la cara y la figura de tu hermana. Claro que lo vi en seguida. Claro que lo vi.

miércoles, junio 03, 2009

Viaje a una cabeza ajena

Primera raya:

Quiero saltar de alegría. Esta música sabe a pastel de chocolate y almendras. A merienda.

Segunda raya:

Quiero mover las piernas a ritmo desigual. También me gustaría hacer círculos en dirección opuesta con cada una de las piernas. Tengo la tendencia a creer que la derecha debe ir en el sentido de las agujas del reloj. Tenemos demasiadas cosas incrustadas en el inconsciente. Por otro lado sería genial ver como ve ella detrás de esos cristales que tienden al marrón, al veige. Esos colores, por alguna razón, me parecen colores de cierta madurez. Es difícil que a un niño le gusten los marrones. El marrón es complejo, como la mente de un adulto. No así el verde. Es tan accesible el verde, tan cercano, tan real. Quisiera que esta canción durara unos minutos mas, y si por mi fuera, jamás hubiera metido ese violín. El violín dice demasiadas cosas e ilumina mucho. Prefiero las luces suaves. La luz es tan importante. Mañana revisaré como tengo colocadas las luces de casa. Es necesario construir un ambiente y una iluminación precisas


Tercera raya:

Los días no deberían llevar siempre el mismo orden. ¿Por qué no cambiamos cada semana el orden?. Que una semana empiece en miércoles, el fin de semana este en la mitad y el lunes venga antes del viernes. Me cansan los lunes y los domingos porque son la intro del lunes, los sábados me gustan, pero son el previo al domingo. Ella no se quita las gafas, que exceso. Me parece que en el fondo le gustaría no tanto que la mirasemos sino que todo se convirtiera del color ese marrón, tan adulto. Seguro mira detrás sabiendo que estamos aquí, en su lado marrón de la vida. Se sabe distante, pero ella también está cerca. Hay algo que me molesta en esa actitud. Sus prejuicios son gruesos, ese pantalón no se lo pondrá dentro de tres meses, llevará otro y habrá olvidado que llevaba este. Los cristales de las gafas de sol serán otra tonalidad de marrón. Es como este grupo que suena, cansa, cansa. Esta bien, pero hay que ir a otra cosa. Se extienden demasiado en lo mismo. Son como el trabajo. Bucles insaciables.

Cuarta raya:

Me voy a ir. Esta gente no aporta nada. En el fondo son lo mismo de siempre. Estoy cansado de este estilo. Necesito cambio. Cambio. Me largo. Me voy a ir. Estos se quedan en lo mismo. Estos no avanzan. Voy a coger el coche. Nunca hago eso. De repente irme de viaje, un sábado a mediodía, sin destino. Hoy lo hago. No puedo quedarme eternamente aquí, esperando a que la vida venga. Estos se estancan. Sin evolución. No hay que forzar los cambios, tienen que venir contenidos pero constantes. No deben ser bruscos. Lo giro ahora, justo ahora. Hoy lo cambio. Me voy a ir. Este grupo se repite. Todos se repiten o sino fuerzan su originalidad. Hay que ser naturales. Hay que dejar fluir las cosas pero también darles un tempo preciso. Ahí sigue ella mirando tras los cristales. Bucles insaciables.

Quinta raya:

En un rato me voy. Han cambiado de disco. ¿Que es esto que suena ahora?. Joder, que velocidad lleva eso. ¿Se acelera mas de la cuenta o soy yo?. ¿Por qué va tan rápido?. En un rato me voy. Estos se estancan y no avanzan. Yo creo que han aumentado la velocidad del disco. Seguro. En el fondo nos quieren despistar. Juegan a eso. A moverlo todo, a despistarnos, a cambiarnos las velocidades. En un rato me voy.

Sexta raya:

Tengo que cambiar. Me voy a ir. Estoy cansado de los lunes, de esta música. Esta gente, toda la gente agrede. Nos agredimos. Lo sensato sería vivir solo. Sin nadie alrededor, pero para eso no debería estar ni yo mismo. Me voy a ir. Voy a coger el coche y me largo.

Septima raya:

Estoy cansado de esto, pero en el fondo también de mi. Parezco un pastel de chocolate y almendras. Debería saltar. Me voy a ir


Para N, que tanto le funciona la cabeza en modo Loop.

martes, junio 02, 2009

Escribir sobre escritura

No estoy para ficciones, pero tampoco para realidades.

Creo que debo detenerme y corregir. Esa es la nueva misión. He descubierto que es la tarea mas amplia e infinita que he realizado nunca. La variación infinita de una frase. El camino a elegir. El valor preciso de cada palabra. Hay en corregir mucho de aceptarse. Si lo hago es porque de algún modo empiezo a aceptar esto que escribo.

Cada texto lleva subterráneamente otra historia además de la que cuenta. Es eso precisamente en lo que consiste corregir, en desvelarte lo que sin querer también has contado. Tiene mucho de psiquiatría. Primero se escribe bajo cierta inconsciencia, ese es el paciente. Luego se interpreta eso escrito, ese es el psiquiatra.

Ciertamente en eso de escribir hay mucho de salvación. Es un acto que se asemeja a la risa. Libera algo que de no hacer jamás se comprendería. Ayer por ejemplo escribí mucho rato algo sobre por que me gusta la música que me gusta y comprendí cosas que jamás había sospechado.

Es curioso, a pesar de mi tormento frente a la escritura, para muchas cosas prefiero mandar un mail que hablar en persona. Siento que soy mas preciso. Hablando suelo ser caótico y mucho menos concreto, si cabe, que escribiendo.

M escribe de una manera realmente curiosa. Juguetea mucho mas que hablando. M mueve las frases como pequeños juguetes. Me gusta recibir correos o sms de M, porque veo otra parte que permanece invisible.

Con J sucede algo bien parecido, en el sentido de transformación. Las reflexiones de J sobre sus dibujos son memorables. También descubro a otro ahí. Digamos que accedo a una parte que se sospecha pero que al leerlo se hace evidente. J lanza y observa. Creo que usa la escritura de un modo semejante a la que la uso yo, para ver con lejanía entrando a lo mas profundo.

I es otra cosa. I se mete a la batalla. Es él contra él. Es un juego de espejos.

Recuerdo leer algo de C. Sucede lo que sucede cuando habla. Hay exceso, pero un absoluto temor a bucear. C parece esa gente que rellena su casa de cosas y cosas y cosas. En el caso de C no hay liberación escribiendo. Al contrario, hay maquillaje, hay impostura.

En cuanto a los escritores eso es otro universo. Iba a hablar de Conrad, que de alguna manera es la forma de escritura mas impactante a la que yo he accedido, pero no se si es sensato hablar de alguien a quien sólo he leído traducido. Me impresiona de Conrad o de las traducciones de Conrad la precisión del instante. Siento que Conrad es una sucesión de narración de instantes muy precisos, desde una perspectiva absolutamente psicológica. Se detiene en un punto muy preciso de cada instante, pero se detiene en algo concreto de manera muy abstracta. Por ejemplo en Lord Jim: " A nuestro alrededor reinaba la calma hasta donde el oído podía alcanzar. La neblina de los sentimientos de Jim se estremecía entre nosotros, como perturbada por sus luchas internas; y, en las fisuras de ese velo inmaterial, él se revelaba ante mis ojos observadores como una forma definida y elocuente con un vago atractivo, cual figura simbólica de un cuadro".

Recuerdo algo de Mecm. Una vez leí un su blog una frase que realmente no aportaba nada a la historia universal de la literatura, pero nada mas leerla pensé: " Es así como me gustaría escribir". Ese es otro caso curioso. También en Mecm hay otro invisible cuando escribe, otro que no se ve a simple vista. Diría que Mecm es mucho mas agudo racionalmente. Se le comprende mejor como individuo. Aquella frase intrascendente, que seguramente ni el mismo recuerde era esta: "De Urko Suaya no hablaré mucho, solo diré que hace las fotos de chicas desnudas para una revista de aquí de Buenos Aires llamada Love, una revista pretenciosa (escrita en inglés y cara) de la cual me gustaría ser el fotógrafo." Es exactamente la parte final la que me atrae. Hay una honestidad total, pero no en el hecho de reconocer que a pesar de ser una revista pretenciosa le gustaría trabajar en ella, sino la honestidad con la que está escrita. Me cuesta comprender que es exactamente lo que me atrae de esa frase, creo que es el ritmo, la dirección exacta en la que va.

Volviendo a escritores. Realmente suelo estar mas pendiente precisamente de eso, de la forma que de el contenido. Por ejemplo, con Borges la forma me mantiene distante. Borges es frío, sin embargo a veces se cuela un desgarro emocional que asusta. Hay frases muy escasas en cada cuento de Borges que son, casi seguro, confesiones íntimas. Creo que es ahí donde Borges resulta tremendo. Los cuentos van distantes, filosóficos, fríos y por ahí en medio se cuela, sin aviso, seguramente con mas calculo del sospechado, una frase demoledora, mas emotiva que cualquier confesión suicida. Casi pasando desapercibido, casi, casi, ajeno a la trama, al contenido, aunque nada sea ajeno nunca en Borges. En Borges todo es ficción y aprovecha esa telaraña de ficción para soltar autenticas bombas.

En estos días había una polémica bastante insulsa para el bombo que le dan entre un crítico de cine y un director. Siempre he observado con peculiaridad a ese crítico. Es un caso curioso, no tiene ni puta idea de cine. Sabe porque ha visto mucho, pero desconoce mucho de su técnica, de su historia y es poco académico. Es bastante prejuicioso y sus críticas son repetitivas en adjetivos. Se mueve entre tres o cuatro denominaciones y desde ahí maneja toda su profesión. Sin embargo hay en su forma de escribir algo que me llama la atención. Creo que escribe, también, confesando todos sus miedos y dudas. Tengo la impresión de que es un tipo absolutamente autodidacta y esa inseguridad intrínseca que va con todo autodidacta emerge en cada crítica. Estoy casi convencido que cada vez que termina una crítica siente temor. El temor de todo autodidacta sabedor de que técnicamente y académicamente, lo que hace es absolutamente imperfecto. Eso transpira, inevitablemente, cada uno de sus textos.

Ayer leí los blogs de F. Ese es otro caso. De algún modo F se maneja bien en todos los aspectos. No reprime emociones pero es un erudito. Me encanta cuando con una frase describe, por ejemplo, el momento en el que empieza a escribir. Ubica todo en un presente, da datos objetivos pero hay una emoción tremenda: "18-04-03: Viernes Santo. Mañana lluviosa y fresca". Realmente no hay emoción,es pura objetividad, pero el tipo ya te ha llevado a su instante. Como lector ya sientes curiosidad por lo que va a suceder a partir de ahí.

El uso de adjetivos no es casual. Si algo viene de muy dentro son los adjetivos que usamos.

lunes, junio 01, 2009

Ahora mismo

Huele a cena en el patio. Viene el murmullo lejano de una conversación, algo de música que no logro identificar. Ha pasado un pájaro por el hueco del patio y ha desaparecido. Ha desaparecido, también, la mosca que observé esta tarde. Suena un pájaro constantemente. Suena un aire acondicionado y de la campana de humos del restaurante que sale arriba del patio. Esos dos sonidos me recuerdan a Caracas y al escribir esto he recordado a Marian otra vez. Una chica que besé en Caracas con catorce años y de la que jamás volví a saber nada. Inevitablemente ese recuerdo me está llevando a otros recuerdos, a un nombre: Enrique Martinez. Detrás de ese nombre me han venido un montón de imágenes a una velocidad que la escritura no puede igualar. La cabeza recuerda tan rápido y es tan inalcanzable recrear ese recuerdo que renuncio a escribirlos para pasar a escribir lo que ha venido, después, tras muchas imágenes y sensaciones en un espacio brevísimo de tiempo: La entrada de la estación de metro de Petare. A su vez la imagen me ha traído sensaciones olvidadas. Y de repente y sin aviso previo, de nuevo, estoy aquí. Ahora hay bastantes pájaros sobrevolando el hueco del patio. No se porque se mueven así, en círculos irregulares, caóticos. Son muchos, van y vienen, sin avanzar. Como si esperaran algo preciso en ese lugar exacto, alrededor de ese casi círculo que trazan . Se ha encendido una luz en casa de una vecina que casi nunca he visto. Es argentina, algo antipática y nada atractiva. Tiene mas o menos mi edad, siempre la veo sola. No contesta el saludo o si lo hace es como volviendo de un lugar mental que debe ser ciertamente parecido al movimiento de los pájaros ahí arriba. La memoria, de nuevo se activa, he recordado otros vecinos, en otros edificios, en casi lo que podría llamar para mi mismo, otras vidas. En eso mi edificio de Barquisimeto es clave. Soy muchas de las cosas que soy por los vecinos de aquella época que finalmente son los amigos de la adolescencia, y siempre he pensado que los amigos de la adolescencia son casi, con los que aterrizas en la isla de robinson que son las vidas de cada persona. Vivimos en islas y eso se viene a comprender en la adolescencia. Con los amigos de esa época se forma un archipiélago, extraño, confuso pero poderosamente importante. Tu archipiélago. Luego pasan cientos de milenios y te haces adulto y el archipiélago sufre sus variaciones, sus desplazamientos y sus movimientos volcánicos, pero no deja de ser el archipiélago. Vuelvo a esta isla, sigo en el patio. Hay mas pájaros que antes, aún no anochece. Creo que este es el momento mas acojonante del día. Suenan mas pájaros, suenan platos en otra cocina, la luz es notablemente mas suave, nadie mas ha encendido la luz. Suenan los tubos y recuerdo Caracas, el edificio donde viví en Caracas. Las sensaciones de aquellos atardeceres de hace casi 20 años. Sonaban los tubos del centro comercial que había al lado y me asomaba a la ventana y pasaba gente de un lado al otro del último piso del centro comercial que estaba al aire libre. En ese piso que era una especie de azotea del centro comercial se sentaban parejas. Se va la luz, cada vez mas rápido. Este es el presente, mi presente, del único del que puedo hablar. Aún así es inabarcable. Pasan imagenes, suenan cosas, recuerdo, percibo. Estoy anclado en este instante caduco. Se acaba y sigue. Nada quedará dentro de algunos años. Moriré, morirán los pájaros, morirá la vecina argentina, morirá toda la gente que pasba por aquella azotea del centro comercial de Caracas. Morirá todo y sin embargo sigue. No se porque pero esto ya no me duele. Acepto el trato, acepto la muerte a cambio de esto, de vivir este montón de presentes. Estoy vivo

La última escena

Al fondo de un pasillo que me recordaba a algo que nunca había conocido pero que parecía incrustado en mi memoria, pude ver por primera vez la figura de Tomás A. Caminé con la expectación de los días de viaje acumulados, del cansancio de avanzar hacia lo desconocido y de la indudable tensión de conocer al hombre que tanto había buscado. Caminé transformando la porosa imagen inicial en algo concreto. La imagen inmensa de un hombre con ciertos rasgos de gigantismo. Saludé primero:

.- Buenos dias. Usted es Tomas A. ¿Verdad?

.- Si. ¿Con quién tengo el placer de hablar?

.- Con su asesino

No cambió el gesto. Tomas A. vivía, seguramente, en una permanente amenaza y no era yo, seguro, el primer hombre que se presentaba en aquel lugar que algunos llamaban "la casa de gobierno". Me invitó a sentarme con voz pausada mientras dejaba lo que leía, un cuaderno de cuero donde pude distinguir una letra escrita a mano.

.- Este es el diario de mi último enemigo. No le maté yo, créame. Aunque muchos dirán lo contrario. Me interesan estas lecturas. Están escritos todos los días previos al intento de asesinato que tenía planeado contra mi. Leo esto tratando de no verme en ese que describe y ciertamente yo también siento odio por ese hombre que retrata. Leyendo este cuaderno siento odio por mi mismo y no es agradable. Podría estar horas, una vida entera para tratar de convencerle de que yo no soy ese, pero las pasiones humanas se manejan ajenas a las palabras. Seguramente usted o quien le mande a usted, me odia y su fin será eliminar mi figura del planeta. ¿Que despierto en los hombres?.

.- Es usted un hombre terrible. No creo en la muerte como solución pero usted es algo mas que un hombre, usted es la tragedia, el drama, el dolor. Usted es mas que un virus, que una agonía impuesta, mas que la muerte misma. No hay solución en usted, la solución está sin usted. Hay tantas personas en esta mano que empuña esta pistola que tengo un deber mas que moral, mas que ético. Todo a su paso se devasta. Es un cancer, una epidemia en si mismo.

.- Y si le pido perdón. Si le pido perdón de verdad, de corazón. Arrepentido.¿ Podría trasmitirles mi perdón a todos los que, con usted, empuñan esa pistola?. Lleve mi arrepentimiento. Mi cambio. No sigo, pero no es en la muerte donde debemos sanar esto. Es en mi mismo. No habría un mayor triunfo que detenerme aquí y deterner mi muerte.

.- Eso nunca sucederá.

.- Si sucederá.

Miré sus ojos y le creí. Disparé al techo. Sentí primero nervios, luego pánico, pero le creí. Me levanté y deshice el camino. Lancé la pistola al río. Subí calle arriba y me crucé con un niño que corría tras un balón. Detuve el balón con el pie y se lo di al niño. Aún hoy no se si la decisión fue correcta. no he vuelto a tener contacto con el mundo.

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